This post is also available in:
EMPIECE CONVERSACIONES
Duración: 2 minutos reales
En: Predicación de casa en casa
Objetivo: Utilice una de las verdades del apéndice A del folleto Una obra de amor
Lección: Naturalidad
Texto bíblico: Salmo 83:18
Escenificación
Elena (Publicador/a): Buenos días. Estamos haciendo visitas muy breves para compartir una idea sencilla de la Biblia que a muchas personas les llama la atención. No le quitaré mucho tiempo.
Marta (Persona): Bueno, dígame.
Elena (Publicador/a): Gracias. Mire, hay una pregunta que parece pequeña, pero cambia bastante la forma de ver a Dios. La pregunta es: ¿Dios tiene nombre, o simplemente se le llama “Dios” o “Señor”?
Marta (Persona): Pues la verdad, yo siempre he oído “Dios” o “el Señor”.
Elena (Publicador/a): Sí, eso es muy común. De hecho, mucha gente nunca se ha parado a pensarlo. Pero lo interesante es que la propia Biblia sí responde esa pregunta. Mire lo que dice aquí en Salmo 83:18: “Que la gente sepa que tu nombre es Jehová, que solo tú eres el Altísimo sobre toda la tierra.”
Marta (Persona): Ah, o sea que según la Biblia sí tiene un nombre.
Elena (Publicador/a): Exactamente. Y a mí me gusta mucho porque hace que Dios no parezca tan lejano. No es lo mismo hablar de alguien diciendo solo “una persona” que saber cómo se llama. Cuando conocemos el nombre de alguien, sentimos que podemos acercarnos más. Pues con Dios pasa algo parecido.
Marta (Persona): Visto así, tiene sentido, qué interesante.
Elena (Publicador/a): Además, la Biblia no menciona ese nombre una sola vez por casualidad. Lo presenta como algo importante, porque Jehová quiere que la gente lo conozca de verdad, no solo que crea que existe. Y cuando una persona descubre eso, muchas veces empieza a leer la Biblia de otra manera.
Marta (Persona): La verdad es que yo nunca me lo había planteado así.
Elena (Publicador/a): Es normal. Son detalles que a veces uno no escucha mucho. Pero son bonitos, porque ayudan a ver que Dios no es impersonal. Tiene nombre, tiene propósito y quiere que lo conozcamos.
Marta (Persona): Pues me ha parecido bastante interesante, no me lo esperaba.
Elena (Publicador/a): Me alegro. Si le parece, otro día puedo volver y enseñarle otro texto breve que responde a otra pregunta muy común: si Dios tiene nombre, ¿por qué tanta gente no lo conoce?
Marta (Persona): Sí, puede ser, si me encuentra en casa…
Elena (Publicador/a): Perfecto. Muchas gracias por su tiempo, estamos en contacto
EMPIECE CONVERSACIONES
Duración: 2 minutos reales
En: Predicación de casa en casa
Objetivo: Utilice una de las verdades del apéndice A del folleto Una obra de amor
Lección: Sea observador
Texto bíblico: Mateo 6:14, 15
Escenificación
Elena (Publicador/a): Buenos días. Perdone, no la quiero entretener. Veo que quizá la pillo en un momento un poco tenso.
Marta (Persona): Bueno… sí, la verdad es que hoy no tengo el mejor día.
Elena (Publicador/a): Lo siento. A veces uno intenta seguir con todo, pero lleva algo por dentro. Precisamente por eso estamos compartiendo una idea de la Biblia que ha ayudado mucho a muchas personas cuando han tenido problemas con alguien o se han sentido heridas.
Marta (Persona): Sí, eso pasa bastante.
Elena (Publicador/a): Claro. Y en esos casos, Jesús dio un consejo que sigue siendo muy práctico. Mire lo que dijo en Mateo 6:14 y 15: “Porque, si ustedes les perdonan a otros sus ofensas, su Padre celestial también los perdonará a ustedes. Pero, si no les perdonan sus ofensas a los demás, su Padre tampoco perdonará las ofensas de ustedes.”
Marta (Persona): Es un consejo muy potente.
Elena (Publicador/a): Lo es. Pero también es muy realista. Jesús fue un gran maestro, porque no daba consejos bonitos solo para sonar bien. Él sabía cómo somos y sabía que guardar resentimiento pesa muchísimo. A veces la otra persona ni siquiera sabe cuánto daño hizo, pero uno sigue cargando con eso.
Marta (Persona): Eso es verdad. El que se queda dándole vueltas es uno.
Elena (Publicador/a): Exacto. Y perdonar no siempre significa que lo ocurrido no importe o que sea fácil olvidarlo. Pero sí puede significar dejar de seguir alimentando ese dolor. Y ahí el consejo de Jesús funciona. Ayuda a tener paz y a no quedarse atrapado en lo que pasó.
Marta (Persona): Nunca lo había pensado así.
Elena (Publicador/a): Por eso impresiona tanto ver que sus palabras siguen siendo útiles hoy. Aunque hayan pasado siglos, sus consejos siguen funcionando en la vida diaria, en la familia, en el trabajo, con amistades… en todo.
Marta (Persona): Puede ser interesante reflexionar en cómo nos ayuda.
Elena (Publicador/a): Me alegro. Si quiere, otro día puedo volver y enseñarle otro consejo breve de Jesús que también ayuda mucho cuando uno está preocupado o muy cargado.
Marta (Persona): Sí, puede volver, creo que estaré por aquí sobre esta hora.
Elena (Publicador/a): Perfecto. Muchas gracias. Que tenga un buen día.
HAGA REVISITAS
Duración: 2 minutos reales
En: Predicación de casa en casa
Objetivo: Entréguele a la persona una tarjeta de contacto de JW.ORG
Lección: Escuche con atención
Escenificación
Elena (Publicador/a): Hola, Marta. Soy Elena. La otra vez hablamos un momentito sobre la Biblia. Solo venía a saludarla.
Marta (Persona): Ah, sí, me acuerdo. Mire, hoy no puedo entretenerme casi nada.
Elena (Publicador/a): Claro, no se preocupe. De hecho, me acordé de algo que usted misma me dijo la otra vez: que estos temas le interesan, pero que casi siempre va con prisas.
Marta (Persona): Sí, ese es el problema. Entre el trabajo, la casa y todo lo demás, casi no saco tiempo para parar un momento.
Elena (Publicador/a): Y por eso precisamente pensé que hoy no sería lo mejor dejarle una publicación para leer con calma, porque quizá ahora mismo no le resultaría práctico. Más bien quería dejarle algo sencillo que se adapta mejor a lo que usted me comentó.
Marta (Persona): ¿Ah, sí?
Elena (Publicador/a): Sí. Mire, esta es una tarjeta de contacto de JW.ORG. Es muy útil porque, cuando tenga un ratito, aunque sean cinco minutos, puede entrar por móvil escaneando este código QR y mirar información bíblica clara y breve.
Marta (Persona): Eso sí me vendría mejor, porque a veces en el móvil sí miro cosas rápidas.
Elena (Publicador/a): Exactamente. Y por eso me acordé de usted. Como me dijo que el tiempo es lo que más le limita, pensé que esta tarjeta le da una forma fácil de seguir viendo temas bíblicos sin sentirse presionada ni tener que sentarse mucho rato.
Marta (Persona): Sí, así lo prefiero.
Elena (Publicador/a): Me alegro. Además, ahí puede buscar justo el tema que más le interese en ese momento. Por ejemplo, preguntas sobre la Biblia, sobre por qué sufrimos, cómo encontrar paz o cómo son nuestras reuniones. Así usted misma elige por dónde empezar.
Marta (Persona): Eso está bien, porque así voy mirando poco a poco.
Elena (Publicador/a): Claro, esa es la idea. Ir poco a poco y a su ritmo. Y luego, si un día ve algo que le llame la atención o le surge una pregunta, yo con mucho gusto vuelvo y lo comentamos.
Marta (Persona): Pues sí, así sí me resulta más fácil.
Elena (Publicador/a): Perfecto. Entonces se la dejo. Y cuando tenga un momento, la mira con tranquilidad.
Marta (Persona): Muy bien, gracias.
Elena (Publicador/a): Gracias a usted. Que tenga muy buen día.
DISCURSO
Duración: 5 minutos reales
En: Auditorio
Título: Cómo estudiar
Lección: Destacar los puntos principales
Discurso: Cómo estudiar
Hermanos, cuando pensamos en estudiar, quizá lo primero que se nos viene a la mente es algo muy práctico: sentarnos, abrir la Biblia, tener a mano la publicación, un bolígrafo y quizá una libreta. Y todo eso está muy bien. Pero la pregunta importante no es solo qué tenemos delante, sino cómo estudiamos. Porque una persona puede dedicar tiempo al estudio y, aun así, no sacar todo el provecho posible. Por eso conviene que nos preguntemos: ¿qué hace que el estudio sea realmente útil?
La respuesta se ve muy bien en el ejemplo de Esdras. En Esdras 7:10 se nos dice que él “había preparado su corazón” para consultar la ley de Jehová, para ponerla por obra y para enseñarla. Fijémonos en esa expresión: preparó su corazón. No dice solo que preparó sus rollos, su material o su mente. Preparó su corazón. Así que el buen estudio empieza incluso antes de leer la primera línea.
Y eso nos lleva al primer punto principal: para estudiar bien, hay que tener la actitud adecuada. ¿Cómo logramos esa actitud? Una ayuda esencial es la oración. Antes de empezar a estudiar, hacemos muy bien en pedirle a Jehová su espíritu santo. Podemos rogarle que nos ayude a entender lo que vamos a leer, a captar cómo se relaciona con su propósito y a ver cómo aplicarlo en nuestra vida. También podemos pedirle que nos ayude a examinarnos con sinceridad. Quizá lo que estudiemos toque una meta, una decisión, una actitud o una forma de pensar que debamos ajustar. Cuando empezamos así, el estudio deja de ser una rutina y se convierte en algo espiritual. Ya no estamos solo buscando información. Estamos dejando que Jehová nos enseñe.
Además, preparar el corazón implica estudiar con humildad. Nosotros no nos acercamos a la Biblia para discutirla o para buscarle fallos. Nos acercamos con confianza en Jehová. Por eso, cuando algo no lo entendemos del todo, no pensamos enseguida que haya un error. Más bien, esperamos en Jehová, seguimos investigando y dejamos espacio para que con el tiempo la comprensión se aclare. Esa actitud humilde es importantísima. Sin ella, uno puede estudiar mucho y aprender poco. Con ella, en cambio, hasta una sesión breve de estudio puede acercarnos mucho a Jehová.
Ahora bien, además de una buena actitud, también hace falta un buen método. Y aquí aparece el segundo punto principal: para estudiar bien, hay que destacar las ideas principales. A veces uno empieza por el primer párrafo y sigue hasta el final sin detenerse a pensar en el hilo general del tema. Pero eso no siempre es lo mejor. Antes de entrar en los detalles, conviene hacerse una idea general. Mirar el título, fijarse en los subtítulos, observar las ilustraciones o los recuadros y preguntarse: “¿Qué voy a aprender? ¿De qué me va a servir esto?”. Ese primer vistazo ya orienta mucho la mente.
Después, mientras vamos leyendo, conviene localizar las ideas fundamentales. Si la publicación tiene preguntas, es útil ir buscando conscientemente las respuestas. Y si no las tiene, aun así podemos preguntarnos: “¿Cuál es aquí la idea principal?”. Eso nos ayuda a no perdernos en detalles secundarios. También es muy útil buscar los textos bíblicos que aparecen y ver cómo apoyan lo que se está diciendo. Porque nuestro objetivo no es solo entender el comentario, sino comprobar por nosotros mismos lo que enseña la Palabra de Dios.
A veces, mientras estudiamos, surge una duda o aparece un punto que nos gustaría investigar más a fondo. ¿Qué hacemos? No siempre hace falta detener todo el estudio ahí mismo. Muchas veces lo mejor es anotarlo y seguir adelante. Quizá más adelante el mismo material lo aclare. Y si no, podremos investigarlo después con calma. Eso también es estudiar bien, porque nos ayuda a no perder el hilo principal.
En este sentido, es muy interesante el ejemplo del apóstol Pablo. En su carta a los hebreos, después de desarrollar varias ideas profundas, se detuvo y dijo: “Este es el punto principal”. Qué gran manera de enseñar. Pablo sabía que sus lectores necesitaban ver con claridad la idea central. No bastaba con dar mucha información. Había que destacar lo esencial. Pues bien, nosotros también debemos hacer eso cuando estudiamos. De vez en cuando conviene preguntarnos: “A ver, ¿qué es aquí lo principal?”. Cuando hacemos eso, retenemos mejor la información y entendemos mejor por qué importa.
Pero todavía queda un tercer punto principal, y es muy importante: el estudio debe impulsarnos a actuar. Esa es la gran prueba de que estamos estudiando bien. Cuando terminamos una sesión de estudio, deberíamos preguntarnos: “¿Qué efecto debería tener esto en mí? ¿Qué debería cambiar en mi actitud? ¿Cómo puedo poner esto en práctica en mi familia, en la congregación o en el ministerio?”. Porque el estudio cristiano nunca ha sido solo para acumular conocimiento. Jehová nos enseña para moldearnos, para ayudarnos a tomar buenas decisiones y para hacernos más fuertes espiritualmente.
Por ejemplo, si estudiamos sobre la oración, no basta con pensar: “Qué tema tan bonito”. Deberíamos preguntarnos si estamos orando con más sinceridad, con más frecuencia o con más confianza. Si estudiamos sobre la paciencia, deberíamos pensar con quién necesitamos ser más pacientes. Si estudiamos sobre el ministerio, deberíamos preguntarnos qué punto podríamos usar esta misma semana para animar a alguien. Ahí es cuando el estudio deja de ser algo teórico y se convierte en algo vivo.
Y hay una ayuda final que no debemos pasar por alto: al terminar, conviene hacer un breve repaso. No hace falta que sea largo. Basta con recordar los puntos principales y las razones que los apoyan. Eso fija mejor la información en la memoria y hace más fácil usarla en el futuro.Así que, hermanos, si tuviéramos que resumir cómo estudiar, podríamos decirlo así: primero, preparemos el corazón; segundo, concentrémonos en los puntos principales; y tercero, dejemos que el estudio nos impulse a actuar. Si estudiamos de esa manera, el estudio no será una simple tarea. Será una oportunidad de acercarnos más a Jehová, de entender mejor su Palabra y de permitir que esa Palabra nos cambie por dentro. Y ese, sin duda, es el tipo de estudio que más nos beneficia.



