El texto Bíblico es Juan 19:26, que dice:
“Jesús le dijo a su madre: “¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!””
El texto diario para hoy es el siguiente:
Juan fue un apóstol muy querido por Jesucristo (Mat. 10:2). Acompañó a Jesús durante su ministerio, presenció sus milagros y se quedó a su lado en los momentos más duros. Estuvo junto a él mientras lo ejecutaban y después lo vio ya resucitado. También fue testigo del crecimiento del cristianismo en el siglo primero: desde sus inicios, cuando solo había un pequeño grupo de fieles, hasta el momento en que las buenas noticias se habían “predicado en toda la creación que está bajo el cielo” (Col. 1:23). Al acercarse el fin de su larga vida, Juan tuvo el honor de escribir algunas partes de la Palabra inspirada de Dios. Registró la imponente “revelación de Jesucristo” (Apoc. 1:1). Además, escribió el Evangelio que lleva su nombre y tres cartas inspiradas. Dirigió su tercera carta a un cristiano fiel llamado Gayo, a quien consideraba un amado hijo espiritual (3 Juan 1). Lo que este anciano fiel escribió ha animado a todos los discípulos de Jesús hasta nuestros días.
Y se basa en La Atalaya de Noviembre de 2024 con el tema: “Lecciones de los consejos de despedida de hombres fieles».
Ahora pasamos a nuestro análisis personal para el texto diario de hoy:
La idea principal es muy conmovedora: incluso en uno de los momentos más dolorosos de su vida, Jesús siguió pensando en los demás. Mientras estaba muriendo, no se centró solo en su sufrimiento, sino en el bienestar de su madre. Y confió ese cuidado a Juan, un apóstol muy querido, fiel y cercano.
El texto destaca por qué Juan era una persona adecuada para esa responsabilidad. Había acompañado a Jesús durante su ministerio, había visto sus milagros, estuvo a su lado en momentos difíciles, presenció su muerte y también lo vio resucitado. O sea, Juan no era solo alguien con información sobre Jesús; era alguien leal, constante y de confianza.
Después, Juan siguió sirviendo durante muchos años. Fue testigo del crecimiento del cristianismo, escribió parte de la Palabra inspirada de Dios —incluyendo Apocalipsis, su Evangelio y tres cartas— y en una de ellas llamó a Gayo un amado hijo espiritual. Eso muestra algo muy bonito: Juan no solo fue fiel personalmente, también aprendió a cuidar, fortalecer y querer espiritualmente a otros.
Así que el texto nos enseña dos cosas muy valiosas. Primero, que la espiritualidad verdadera se nota en cómo cuidamos a las personas, especialmente en momentos difíciles. Y segundo, que un cristiano fiel puede llegar a ser una gran ayuda para otros, hasta el punto de convertirse en un apoyo espiritual muy valioso.
¿Cómo podemos aplicar el texto diario de hoy?
Primera: imita a Jesús pensando en los demás incluso cuando tú también estás pasando por algo difícil. Pregúntate: “¿Hay alguien cerca de mí que necesite cuidado, atención o apoyo?”. A veces, un mensaje, una visita o una llamada puede aliviar mucho a otra persona.
Segunda: esfuérzate por ser una persona confiable, como Juan. No solo alguien amable, sino alguien en quien otros puedan apoyarse de verdad. Eso se construye con constancia, lealtad, discreción y cariño sincero.
Tercera (muy práctica): busca hoy una manera de fortalecer a alguien espiritualmente. Puede ser compartir un texto, interesarte por cómo está, animarlo después de una reunión o simplemente escucharlo con calma. Muchas veces, ser “un hijo espiritual” o “un apoyo espiritual” empieza con gestos pequeños, pero constantes.
Cuarta: si eres joven o llevas menos tiempo en la verdad, mira el ejemplo de Juan y piensa: con los años, Jehová también puede usarte muchísimo. La fidelidad diaria de hoy puede convertirte mañana en un apoyo muy valioso para otros.”



