Tesoros de la Biblia para la semana del 23 al 29 de Marzo de 2026

TESOROS DE LA BIBLIA | Semana del 23 al 29 de Marzo de 2026

DISCURSO

Tema: Si le prestamos atención a Jehová, nos irá bien

Vivimos en un mundo lleno de voces. Todo el tiempo alguien nos dice qué pensar, qué hacer, qué priorizar y cómo vivir. Las redes, la sociedad, la educación, el ambiente laboral, incluso nuestras propias emociones, intentan dirigir nuestro camino. Pero la gran pregunta es: ¿a quién vamos a escuchar?. La respuesta que da Jehová en Isaías 48 es clara y muy amorosa. Él no solo nos dice lo que debemos hacer; también nos explica por qué hacerlo siempre será lo mejor para nosotros. De hecho, el tema de hoy lo resume muy bien: si le prestamos atención a Jehová, nos irá bien.

Fijémonos primero en lo que dice Isaías 48:17. Jehová declara: “Yo, Jehová, soy tu Dios, el que te enseña por tu propio bien, el que te guía por el camino en que debes andar”. Qué bonita forma de presentarse. Jehová no se limita a decir: “Yo soy tu Dios, así que obedéceme”. Él añade algo que nos llega al corazón: “te enseña por tu propio bien”. Es decir, todo lo que Jehová nos enseña tiene un objetivo bueno, práctico y amoroso. Nunca enseña para complicarnos la vida, para quitarnos la alegría o para imponernos cargas innecesarias. Todo lo contrario. Jehová enseña para protegernos, guiarnos y ayudarnos a vivir mejor.

Eso nos dice mucho de su personalidad. Jehová, el Creador de todo lo que existe, es el Magnífico Instructor de sus siervos. Nadie sabe mejor que él cómo estamos hechos, qué necesitamos y qué nos conviene. Cuando alguien fabrica una herramienta, sabe cuál es su uso correcto. Y si siguiera las instrucciones del fabricante, esa herramienta funcionaría bien y duraría más. Pero si alguien decide usarla a su manera, tarde o temprano acabará dañándola. Pues algo parecido pasa con nosotros. Jehová nos creó. Él sabe cómo piensa el ser humano, qué le da verdadera felicidad, qué lo hiere, qué lo fortalece y qué camino lo lleva a una vida con sentido.

Además, Jehová no nos ha dejado a oscuras. Él nos ha enseñado su nombre, sus propósitos y sus leyes por medio de revelaciones. Todo eso se encuentra en su Palabra, la Biblia. Por eso la Biblia no es solo un libro; es el medio por el que Jehová sigue enseñando a su pueblo hoy. En ella encontramos principios, ejemplos, advertencias y consuelo. Y no solo eso. Jehová también usa su espíritu santo para enseñarnos. Jesús explicó que el espíritu ayudaría a recordar y comprender las cosas de Dios. Así que Jehová no enseña de manera fría o distante. Nos enseña con su Palabra, con su espíritu y por medio de la congregación.

Ahora bien, aquí hay una idea muy importante: Jehová enseña, pero nosotros tenemos que decidir si le prestamos atención o no. Y eso nos lleva al segundo punto. Isaías 48:18 dice: “¡Si tan solo prestaras atención a mis mandamientos! Entonces, tu paz llegaría a ser igual que un río, y tu justicia, como las olas del mar”. Notemos cómo empieza el versículo: “Si tan solo…”. Es una expresión que transmite sentimiento. Jehová no habla como un gobernante duro, sino como un Padre amoroso que sabe lo que nos conviene y desea de corazón que elijamos bien. Está diciendo, en efecto: “Ojalá me escuches. Ojalá tomes en serio mis consejos, porque sé lo bien que te irá si lo haces”.

Esto nos recuerda que Jehová nos creó con libre albedrío. A diferencia de los animales, que actúan principalmente por instinto, nosotros podemos escoger. Podemos decidir a quién escuchamos, qué valores abrazamos y qué camino seguimos. Jehová no nos obliga a obedecerlo. Podría hacerlo, porque tiene poder para ello, pero no quiere siervos forzados. Quiere personas que lo amen, que confíen en él y que escojan seguirlo. Por eso en la Biblia nos invita a escoger la vida, a escuchar su voz y a obedecer sus mandamientos. Esa invitación solo tiene sentido porque realmente tenemos libertad para decidir.

Y aquí conviene preguntarnos con sinceridad: ¿estamos eligiendo prestarle atención a Jehová?. Porque no basta con decir que creemos en él. Prestarle atención implica más. Significa que cuando Jehová habla por medio de su Palabra, nosotros lo escuchamos con humildad. Significa que no discutimos con sus normas ni tratamos de adaptarlas a nuestro gusto. Significa que, cuando sus consejos chocan con lo que el mundo promueve, elegimos confiar en Jehová.

Pensemos en algunas situaciones de la vida diaria. Por ejemplo, un joven tiene que decidir qué metas perseguirá. El mundo le dice: “Lo primero es tu carrera, tu dinero, tu imagen, tu éxito”. Jehová le enseña algo distinto: que ponga primero el Reino, que cuide su espiritualidad y que construya su vida sobre valores duraderos. O pensemos en un cristiano adulto que enfrenta presión económica. El ambiente quizá lo empuja a aceptar horarios, trabajos o compromisos que lo alejen de las reuniones y de su servicio a Jehová. Pero Jehová le enseña a confiar, a mantener el equilibrio y a no sacrificar lo espiritual por lo material. O imaginemos a alguien que está pasando por una decepción, una injusticia o una herida emocional. El corazón le dice: “Responde igual, guarda rencor, toma distancia”. Pero Jehová enseña a perdonar, a confiar en él y a actuar con justicia y amor.

En cada caso, la cuestión es la misma: ¿a quién voy a escuchar?. Y la respuesta marcará nuestro futuro. Por eso Isaías 48:18 no presenta la obediencia como una simple obligación, sino como una decisión que trae bendición. Jehová no quiere robarnos nada; quiere evitarnos mucho dolor. Cuando nos manda algo, siempre hay amor detrás. Cuando nos pone límites, siempre hay protección detrás. Cuando nos corrige, siempre hay un bien mayor detrás.

Y eso nos lleva al tercer punto: si prestamos atención a Jehová, nuestra paz llegará a ser “igual que un río”, y nuestra justicia, “como las olas del mar”. Esta es una de las imágenes más bonitas de Isaías. Jehová promete dos beneficios claros. El primero es la paz. No habla de una paz superficial o pasajera. La palabra hebrea que se traduce “paz” puede transmitir la idea de salud, seguridad, bienestar, amistad o plenitud. Es una paz completa. Y Jehová dice que esa paz sería como un río.

Pensemos un momento en esa comparación. Un río no avanza a trompicones. No aparece un día sí y otro no. No depende de emociones cambiantes. Su curso es continuo, sereno y abundante. Pues Jehová promete que, si le prestamos atención, nuestra paz puede ser así: estable, profunda, constante. Eso no significa que no tendremos problemas. Los siervos de Jehová también afrontan enfermedades, dificultades económicas, oposición, ansiedad o pérdidas. Pero sí significa que, aun en medio de esas pruebas, podemos disfrutar de una calma interior que el mundo no entiende. Porque sabemos quién nos guía, por qué vivimos y hacia dónde vamos.

¿Cuántas personas hoy no darían lo que fuera por tener esa clase de paz? El mundo busca paz en vacaciones, entretenimiento, dinero, relaciones, medicación o distracciones. Y algunas de esas cosas pueden aportar alivio temporal, pero no paz duradera. La verdadera paz nace de una buena relación con Jehová y de una conciencia limpia ante él. Cuando uno sabe que está andando en el camino correcto, aunque tenga problemas, siente una tranquilidad que no depende de las circunstancias.

El segundo beneficio que Jehová promete es que nuestra justicia será como las olas del mar. Qué imagen tan interesante. Si uno se queda mirando el mar desde la playa, ve una ola y luego otra, y otra, y otra. Hay continuidad, permanencia, regularidad. Las olas siguen llegando. Pues Jehová está diciendo que nuestro modo de vivir de acuerdo con lo correcto puede ser así de constante y duradero. No algo ocasional. No una racha espiritual. No fidelidad por temporadas. Jehová puede ayudarnos a mantener un rumbo justo en el tiempo.

Y eso es muy animador, porque a veces podríamos pensar: “Yo quiero hacer lo correcto, pero soy imperfecto. ¿Y si no aguanto? ¿Y si fallo? ¿Y si me debilito con los años?”. Jehová no promete perfección inmediata, pero sí promete sostener a quienes se esfuerzan por obedecerlo. Como dice Salmo 55:22, él nunca permitirá que el justo sea sacudido de manera definitiva. Si seguimos escuchándolo, Jehová nos ayudará a permanecer firmes.

Así que prestarle atención a Jehová no es una pérdida; es una ganancia. No es una vida más limitada; es una vida mejor dirigida. No es un camino triste; es un camino seguro. Él nos enseña por nuestro propio bien, nos guía por el camino en que debemos andar y nos promete paz y justicia duraderas.

Por eso, al terminar este discurso, sería bueno que cada uno se hiciera una pregunta personal: ¿estoy de verdad prestándole atención a Jehová?. No solo en asuntos grandes, sino también en los pequeños: en mis prioridades, en mi manera de hablar, en mis decisiones diarias, en lo que veo, en lo que deseo, en cómo reacciono, en cómo uso mi tiempo. Porque cuanto más atención le prestemos a Jehová, mejor nos irá.De modo que no veamos sus mandamientos como una carga. Veámoslos como lo que realmente son: la guía amorosa del mejor Instructor que existe. Jehová sabe perfectamente por dónde debemos andar. Y si elegimos escucharlo, comprobaremos personalmente la verdad de sus palabras: nuestra paz llegará a ser igual que un río, y nuestra justicia, como las olas del mar. Sin duda, si le prestamos atención a Jehová, nos irá bien.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *