Tesoros de la Biblia para la semana del 13 al 19 de Abril de 2026

Tesoros de la Biblia semana del 13 al 19 de abril de 2026

DISCURSO

¡Cuánto amor mostró Jesús!

Hay cosas que duelen mucho en la vida. Por ejemplo, ser rechazado, ser tratado con desprecio, que te humillen delante de otros o que te hagan sufrir cuando no has hecho nada malo. Nadie quiere pasar por algo así. Y, si pudiéramos evitarlo, seguramente lo haríamos. Por eso, cuando pensamos en lo que Jesús estuvo dispuesto a soportar, no podemos evitar preguntarnos: ¿qué lo llevó a aguantar tanto? La respuesta es tan sencilla como profunda: el amor. Amor a su Padre y amor a nosotros.

Ese es el tema de hoy: “¡Cuánto amor mostró Jesús!”. Y al analizar Isaías 53, veremos tres pruebas muy claras de ese amor. Primero, Jesús estaría dispuesto a ser despreciado. Segundo, dejaría que lo maltrataran sin resistirse. Y tercero, por amor, estaría dispuesto a sufrir para hacer la voluntad de Jehová y cargar con nuestros pecados.

Comencemos con el primer punto. Isaías 53:3 dijo con mucha antelación: “Fue un hombre despreciado y evitado por la gente, que tendría que enfrentarse al dolor y que estaba familiarizado con la enfermedad. Era como si su rostro estuviera escondido de nosotros. Fue despreciado, y lo consideramos como de ningún valor”. Qué descripción tan triste. El Mesías no sería recibido con honor por la mayoría. No sería valorado como merecía. Más bien, sería rechazado, evitado y tratado como si no tuviera importancia.

Y eso fue exactamente lo que pasó. Es cierto que muchas personas escucharon a Jesús con gusto y algunas llegaron a ser sus discípulos. Pero muchas otras lo despreciaron. Lo criticaron, se burlaron de él y lo trataron como si no valiera nada. Pensemos en lo doloroso que tuvo que ser eso. Jesús era perfecto. Nunca hizo daño a nadie. Siempre dijo la verdad. Siempre actuó con amor. Sanó enfermos, consoló a los tristes, alimentó a los hambrientos y enseñó el mejor camino de vida. Aun así, muchos lo rechazaron.

Eso nos ayuda a sacar una lección muy práctica. A nadie le gusta ser rechazado. Da igual la edad que tenga una persona. Todos queremos sentirnos aceptados. Un joven puede sentir mucha presión por agradar a los de su edad. Un adulto también puede verse tentado a adaptarse a lo que otros esperan para no quedar mal o para evitar críticas. Pero Jesús nos enseñó algo importante: hacer lo correcto no siempre nos hará populares. Él mismo defendió siempre lo que era correcto, y aun así fue despreciado.

Eso requiere valor. Y también amor. Porque Jesús sabía que, aunque lo rechazaran, tenía que seguir adelante. No cambió su mensaje para agradar a otros. No rebajó las normas de Jehová para ser más aceptado. No se dejó dominar por el deseo de aprobación humana. Siguió haciendo lo correcto. ¿Por qué? Porque amaba a su Padre y amaba la verdad.

Así que, cuando nosotros nos sintamos incomprendidos, criticados o incluso rechazados por querer hacer lo correcto, recordemos esto: Jesús ya pasó por eso. Él sabe lo que se siente. Y su ejemplo nos enseña que el amor a Jehová debe ser más fuerte que el miedo al rechazo.

Ahora pasemos al segundo punto: Jesús dejaría que lo maltrataran. Isaías 53:7 dice: “Fue oprimido y dejó que lo maltrataran, pero él no abría la boca. Fue llevado como oveja al matadero, como una oveja que se queda callada ante sus esquiladores, y él no abría la boca”. Qué impresionante profecía. No solo se anunció que el Mesías sufriría, sino también la actitud que tendría al sufrir. No respondería con violencia. No se rebelaría. No abriría la boca para impedir que se cumpliera la voluntad de Dios.

Y otra vez, eso se cumplió con exactitud. La última noche de su vida, Jesús fue arrestado, insultado, escupido y golpeado. Mateo 26:67, 68 dice: “Entonces le escupieron en la cara y le dieron puñetazos. Otros le daban bofetadas y le decían: ‘Profetiza para nosotros, Cristo. ¿Quién te pegó?’”. Qué escena tan cruel. No solo lo maltrataron físicamente; también se burlaron de él. Lo humillaron. Lo trataron con desprecio y crueldad.

Ahora pensemos en algo: Jesús no estaba indefenso porque no tuviera poder. No era que no pudiera hacer nada. Él mismo dijo que podía pedir a su Padre más de doce legiones de ángeles. Es decir, si hubiera querido evitar ese sufrimiento, tenía los medios. Pero no lo hizo. ¿Por qué? Porque, como él mismo explicó, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras? Jesús estaba decidido a hacer la voluntad de Jehová hasta el final.

Eso hace todavía más impactante su actitud. Él dejó que lo maltrataran. No porque fuera débil, sino porque era fuerte de la mejor manera. Tenía autocontrol, lealtad y amor. Cuando los sacerdotes principales y los ancianos lo acusaron falsamente ante Pilato, Jesús no contestó. No quería decir nada que interfiriera con el cumplimiento del propósito de Dios. Como el Cordero de Dios, estuvo dispuesto a ser llevado al sacrificio.

Y aquí conviene detenernos un momento. En el mundo actual, muchas veces se admira la reacción rápida, la respuesta fuerte, el orgullo herido que devuelve golpe por golpe. Pero Jesús mostró un tipo de fuerza mucho más elevada: la fuerza de quien sabe controlarse por amor a Jehová. No respondió con insultos. No trató de vengarse. No usó su poder para librarse del sufrimiento. Aguantó.

Eso nos enseña mucho. Tal vez nosotros nunca tengamos que soportar algo tan extremo como lo que Jesús vivió. Pero sí podemos enfrentar injusticias, críticas, malas palabras o situaciones en las que se nos provoque. ¿Qué haremos entonces? ¿Responderemos enseguida? ¿Nos dejaremos llevar por la rabia? ¿O imitaremos a Jesús y mostraremos autocontrol? Claro, no significa quedarnos pasivos ante todo sin sentido común. Pero sí significa que no debemos reaccionar como el mundo. Jesús nos enseñó que el amor y la lealtad a Jehová valen más que el deseo de defender el orgullo propio.

Llegamos ahora al tercer punto, y es el más profundo de todos: por amor, Jesús estuvo dispuesto a sufrir para hacer la voluntad de Jehová y cargar con nuestros pecados. Leamos la idea central de Isaías 53:10-12. Allí se muestra que fue la voluntad de Jehová que el Mesías diera su vida como ofrenda por la culpa, que cargaría con los errores de muchas personas, que derramaría su vida hasta la muerte y que, por medio de él, muchos serían considerados justos.

Qué verdad tan conmovedora. Jesús no sufrió simplemente porque otros fueran malos con él. Su sufrimiento tenía un propósito. Él estaba dando su vida como sacrificio. Estaba cargando con nuestros pecados. Estaba haciendo posible que personas imperfectas, como nosotros, pudiéramos tener una relación limpia con Jehová y una esperanza real de vida eterna.

Y pensemos en el amor que eso exigía. Jesús sabía perfectamente lo que significaba venir a la Tierra. Sabía lo que sufriría. Sabía que sería despreciado, maltratado y finalmente ejecutado. Pero aun así vino. No lo hizo obligado. No lo hizo de mala gana. Lo hizo con amor.

Juan 14:31 nos deja ver el corazón de Jesús. Allí él dijo: “Para que el mundo sepa que amo al Padre, hago exactamente lo que el Padre me ha mandado”. Qué frase tan hermosa. Jesús obedeció a Jehová no por simple deber, sino por amor. Quería que el mundo supiera que amaba a su Padre. Su obediencia fue una expresión de amor profundo, total y perfecto.

Pero no solo amó a su Padre. También nos amó a nosotros. Juan 15:13 dice: “Nadie tiene amor más grande que quien da su vida por sus amigos”. Jesús hizo exactamente eso. Dio su vida por sus amigos. Y lo hizo cuando nosotros ni siquiera podíamos hacer nada por merecerlo. Dejó su posición celestial, vivió entre humanos imperfectos, soportó oposición constante y finalmente murió de manera dolorosa, todo para beneficiarnos.

Tal vez aquí convenga hacernos una pregunta personal: ¿de verdad valoro lo que Jesús hizo por mí? Porque es fácil conocer estos textos desde hace años y, aun así, correr el riesgo de acostumbrarnos a ellos. Podemos oír hablar del rescate muchas veces y perder un poco la capacidad de asombro. Pero si meditamos de verdad en Isaías 53, el corazón se conmueve. Jesús fue despreciado por mí. Dejó que lo maltrataran por mí. Cargó con los pecados de muchos, y entre esos muchos estoy yo.

Eso debería tener un efecto en nuestra vida. Si Jesús mostró tanto amor, ¿cómo deberíamos responder nosotros? En primer lugar, con gratitud. No una gratitud solo de palabras, sino una gratitud que se note en nuestra obediencia. Si Jesús hizo exactamente lo que el Padre le mandó por amor, nosotros también deberíamos querer hacer la voluntad de Jehová con gusto.

En segundo lugar, el amor de Jesús debería movernos a ser más leales. Cuando nos sintamos cansados en el servicio a Jehová, cuando alguna prueba nos parezca pesada o cuando la presión del entorno nos haga dudar, recordar el ejemplo de Jesús nos da fuerzas. Él no se rindió. No se echó atrás. No dejó de hacer la voluntad de Jehová por difícil que fuera. Su amor fue firme hasta el final.

Y en tercer lugar, el amor de Jesús debería impulsarnos a tratar mejor a los demás. Si él fue capaz de responder con dignidad, paciencia y compasión aun en medio del sufrimiento, ¿no deberíamos nosotros esforzarnos por ser más bondadosos, más comprensivos y más dispuestos a perdonar? La persona que valora de verdad el amor de Cristo no puede seguir tratando a otros con dureza o egoísmo como si nada.

Así que, al repasar estos tres puntos, la conclusión es clara. ¡Cuánto amor mostró Jesús! Lo mostró al estar dispuesto a ser despreciado. Lo mostró al dejar que lo maltrataran sin resistirse. Y lo mostró, sobre todo, al sufrir y morir para hacer la voluntad de Jehová y cargar con nuestros pecados.

De modo que, cuando pensemos en Jesús, no lo veamos solo como un gran maestro o un personaje admirable del pasado. Veámoslo como lo que realmente es: alguien que nos amó de una forma inmensa y personal. Su amor no fue superficial. Le costó lágrimas, dolor, humillación y la propia vida. Pero lo hizo con gusto, porque amaba a su Padre y porque nos amaba a nosotros.

Que nunca perdamos la capacidad de emocionarnos al pensar en eso. Y que, al meditar en Isaías 53, cada uno de nosotros sienta el deseo de responder de una manera digna. ¿Cómo? Amando más a Jehová, siguiendo más de cerca el ejemplo de Jesús y viviendo cada día de una forma que demuestre que el sacrificio de Cristo no cayó en saco roto.Sí, sin duda, al mirar con atención lo que soportó y por qué lo soportó, solo podemos decir desde el corazón: ¡cuánto amor mostró Jesús!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio