Seamos Mejores Maestros — Semana del 17 al 23 de agosto de 2026

Seamos Mejores Maestros para la semana del 17 al 23 de agosto de 2026
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EMPIECE CONVERSACIONES

Duración: 3 minutos
Lugar: Predicación pública, junto a un carrito en una plaza
Lección: Interés sincero
Texto bíblico: Isaías 41:10

Situación: Una mujer se detiene al ver una publicación sobre cómo afrontar las preocupaciones.

Publicador/a: Buenas tardes. Veo que le llamó la atención ese tema.

Persona: Sí, pero solo estaba mirando. Últimamente parece que todo el mundo tiene ansiedad.

Publicador/a: Es verdad. ¿Lo dice por algo que está viviendo usted o alguna persona cercana?

Persona: Por mi hija. Lleva meses con mucha ansiedad y todavía está esperando que la atienda un especialista.

Publicador/a: Lo siento. Imagino que para usted tampoco debe de ser fácil verla sufrir y no saber cómo ayudarla.

Persona: No lo es. Intento escucharla y salir a caminar con ella, pero hay días en los que nada funciona.

Publicador/a: Aun así, estar a su lado y escucharla seguramente significa mucho para ella. ¿Qué suele preocuparle más?

Persona: Piensa que no va a mejorar y que siempre se sentirá así. Incluso ha dejado de hacer algunas cosas que antes le gustaban.

Publicador/a: Debe de ser duro ver un cambio tan grande. ¿Hay algo que todavía consiga animarla un poco?

Persona: A veces le viene bien caminar conmigo o escuchar música. Pero, cuando tiene un día malo, se encierra en su habitación y no quiere hablar con nadie.

Publicador/a: Entiendo. Quizás en esos momentos no necesite que usted encuentre inmediatamente una solución, sino saber que sigue ahí y que puede hablar cuando se sienta preparada.

Persona: Puede ser. A veces insisto demasiado porque me preocupa que se quede sola.

Publicador/a: Es completamente comprensible. Usted está intentando ayudarla porque la quiere. Pero también debe de resultar agotador para usted llevar tantos meses preocupada.

Persona: Sí, la verdad es que yo tampoco descanso bien. Siempre estoy pendiente de cómo se encuentra.

Publicador/a: Siento que las dos estén pasando por esta situación. Hay un texto bíblico que no minimiza la angustia, pero sí transmite mucho ánimo. ¿Puedo enseñárselo?

Persona: Sí, claro.

Publicador/a: En Isaías 41:10, Dios dice: “No tengas miedo, porque estoy contigo. No te angusties, porque yo soy tu Dios. Yo te daré fuerzas. Sí, yo te ayudaré”. ¿Qué expresión cree que podría animarla más?

Persona: “Yo te daré fuerzas”. Hay momentos en los que ella dice que ya no puede más.

Publicador/a: Entonces quizás esas palabras puedan recordarle que no tiene que afrontar todo únicamente con sus propias fuerzas. Y también pueden animarla a usted, porque lleva mucho tiempo sosteniéndola.

Persona: Aunque leer la Biblia no va a quitarle la ansiedad.

Publicador/a: Tiene razón. La ayuda bíblica no sustituye la atención médica, y es bueno que estén buscándola. Pero puede darle consuelo, esperanza y fuerzas para seguir adelante mientras recibe esa ayuda.

Persona: Eso sí podría venirle bien. Se siente muy sola.

Publicador/a: En jw.org hay información práctica sobre cómo afrontar la ansiedad. Si quiere, puedo mostrarle cómo encontrarla para que la lean cuando se sientan preparadas.

Persona: Sí, enséñeme.

Publicador/a: Claro.


HAGA REVISITAS

Duración: 4 minutos
Lugar: De casa en casa
Objetivo: Utilizar una de las verdades del apéndice A del folleto Una obra de amor
Verdad escogida: “Nuestros seres queridos que han muerto resucitarán”
Lección: Empatía
Texto bíblico: Juan 5:28, 29
Fuente: Apéndice A: Verdades bíblicas que nos encanta enseñar

Situación: En la visita anterior, la persona habló de la muerte reciente de su hermano.

Publicador/a: Hola, Elena. Me alegra encontrarte. La última vez me hablaste de tu hermano Javier. ¿Cómo te has sentido estos días?

Persona: Esta semana habría sido su cumpleaños, así que ha sido bastante difícil.

Publicador/a: Lo siento mucho. Es lógico que una fecha así te haga recordar todavía más todo lo que vivieron juntos.

Persona: Sí. Mi familia quiso reunirse, pero yo no tenía ganas de celebrar nada.

Publicador/a: Cada persona vive el duelo de una manera distinta. No tienes por qué aparentar que estás bien ni hacer lo mismo que los demás.

Persona: Algunos me dicen que tengo que superarlo, pero no saben lo que es perder a un hermano.

Publicador/a: Esas palabras pueden doler, aunque se digan con buena intención. El cariño que sentías por él no desaparece de un día para otro.

Persona: Exacto. La vez pasada dijiste que la Biblia habla de volver a ver a quienes han muerto. He estado pensando en eso.

Publicador/a: Sí. Es una de las verdades bíblicas que más consuelo pueden darnos. Jesús la explicó en Juan 5:28, 29: “Viene la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán”.

Persona: ¿Significa que realmente volverán a vivir?

Publicador/a: Sí. Jesús no habló de conservar únicamente su recuerdo. Dijo que quienes están en las tumbas oirán su voz y saldrán. Prometió devolverles la vida mediante la resurrección.

Persona: Me gustaría creerlo, pero nunca he visto resucitar a nadie.

Publicador/a: Entiendo que te cueste. Es una promesa extraordinaria. ¿Recuerdas que la Biblia cuenta que Jesús resucitó a algunas personas?

Persona: Recuerdo la historia de Lázaro.

Publicador/a: Exactamente. Jesús no solo hizo una promesa; cuando estuvo en la Tierra demostró que tenía poder para devolver la vida. La resurrección de Lázaro nos ayuda a confiar en lo que hará a una escala mucho mayor.

Persona: Pero ¿cómo podría reconstruir a una persona después de tantos años?

Publicador/a: Nosotros no podríamos hacerlo. Pero Dios conserva perfectamente la personalidad, los recuerdos y todos los detalles que hacen única a una persona. Quien creó la vida también puede devolverla.

Persona: Lo que más miedo me da es olvidarme de la voz de mi hermano.

Publicador/a: Debe de ser muy doloroso pensar en eso. Pero Jehová no lo ha olvidado. Para él, Javier no es una persona perdida para siempre. Está dentro de su memoria y puede devolverle la vida.

Persona: Nunca me lo habían explicado así.

Publicador/a: Si te parece, en la próxima visita podríamos ver dónde vivirán quienes resuciten y cómo será la vida entonces. Pero no quiero llenarte hoy de demasiada información.

Persona: Sí, prefiero ir poco a poco.

Publicador/a: Claro. Y gracias por contarme cómo te sientes. Volveré la próxima semana y seguimos hablando con tranquilidad.


HAGA DISCÍPULOS

Duración: 5 minutos
Lugar: Auditorio
Objetivo: Demostración de un tramo de un estudio bíblico
Lección: Sencillez
Tema: Lección 20, “Cómo está organizada la congregación”
Textos bíblicos: Efesios 5:23; 1 Pedro 5:2; Salmo 148:12, 13
Fuente: Lección 20: Cómo está organizada la congregación

Publicador/a: Hoy vamos a comenzar la lección 20, que explica cómo está organizada la congregación. Antes de entrar en el primer punto, ¿qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra “organización”?

Persona: Pienso en una jerarquía, con una persona importante mandando sobre todas las demás.

Publicador/a: Es comprensible, porque muchas organizaciones funcionan así. Pero vamos a ver quién dirige realmente la congregación cristiana. ¿Puedes leer Efesios 5:23?

Persona: Sí: “Cristo es cabeza de la congregación, salvador de este cuerpo”.

Publicador/a: Según el texto, ¿quién está al mando?

Persona: Jesucristo.

Publicador/a: Exactamente. Esa es la idea principal del primer punto: Jesús dirige la congregación. Él la supervisa desde los cielos.

Persona: Entonces, ¿qué función cumple el Cuerpo Gobernante?

Publicador/a: Jesús utiliza al Cuerpo Gobernante para dar dirección al pueblo de Jehová por todo el mundo. Está formado por un pequeño grupo de ancianos con experiencia. Pero ellos no son los dueños de la organización ni deciden lo que quieran.

Persona: ¿En qué se basan para tomar decisiones?

Publicador/a: Buscan la guía de Jehová en la Biblia y se someten a la autoridad de Jesús. En el siglo primero, los apóstoles y los ancianos de Jerusalén también ayudaban a las congregaciones a mantenerse unidas. El Cuerpo Gobernante cumple hoy una función parecida.

Persona: Entiendo. Jesús está al mando y ellos siguen su dirección.

Publicador/a: Muy bien. Esa es la idea principal. Pasemos ahora al segundo punto, que habla de los ancianos de cada congregación. ¿Puedes leer la parte principal de 1 Pedro 5:2?

Persona: “Pastoreen el rebaño de Dios que está a su cuidado […] de buena gana ante Dios; tampoco lo hagan por amor a ganancias deshonestas, sino con empeño”.

Publicador/a: ¿Con qué compara el texto la labor de los ancianos?

Persona: Con la de unos pastores que cuidan un rebaño.

Publicador/a: Correcto. Un buen pastor no domina ni trata con dureza a las ovejas. Las protege, las alimenta y las ayuda cuando alguna está débil. Del mismo modo, los ancianos enseñan con la Biblia, animan y ayudan a la congregación.

Persona: ¿Ellos cobran por hacer ese trabajo?

Publicador/a: No. Como acabamos de leer, sirven de buena gana y no por obtener ganancias. Además, tienen su trabajo y sus responsabilidades familiares, pero dedican parte de su tiempo a cuidar a sus hermanos.

Persona: ¿Y si un anciano comete un error? Al fin y al cabo, también es imperfecto.

Publicador/a: Es cierto. Respetar a los ancianos no significa pensar que son perfectos. Ellos también deben aceptar la autoridad de Jesús y seguir la Biblia. Si cometen un error, pueden recibir consejo y corregirlo.

Persona: Entonces no esperamos que nunca se equivoquen, sino que se dejen guiar por la Biblia.

Publicador/a: Exactamente. Hasta ahora hemos visto dos ideas sencillas: Jesús dirige la congregación y los ancianos la cuidan. Veamos brevemente la tercera: ¿qué función cumple cada Testigo? Lee, por favor, Salmo 148:12, 13.

Persona: “Jóvenes y vírgenes, viejos y jóvenes juntos. Que ellos alaben el nombre de Jehová”.

Publicador/a: Según esos versículos, ¿quiénes pueden alabar a Jehová?

Persona: Todos, sin importar su edad.

Publicador/a: Así es. Todos contribuimos a que la congregación funcione bien. Lo hacemos participando en las reuniones, predicando según nuestras posibilidades y ayudando a los demás.

Persona: Yo todavía no sabría predicar. Me costaría mucho hablar con desconocidos.

Publicador/a: Es normal. Nadie espera que lo hagas todo inmediatamente. Ahora estás aprendiendo y, con el tiempo, recibirás preparación para avanzar poco a poco.

Persona: ¿Y mientras tanto puedo aportar algo?

Publicador/a: Por supuesto. Puedes prepararte para las reuniones, dar algún comentario sencillo, conversar con los hermanos y animar a quien lo necesite. Incluso interesarte por una persona que está sola contribuye al bienestar de la congregación.

Persona: Me gusta saber que todos pueden hacer algo, no solo quienes tienen responsabilidades.

Publicador/a: Exacto. Antes de dejarlo por hoy, repasemos las tres ideas que hemos visto en esta primera parte. ¿Quién dirige la congregación?

Persona: Jesucristo.

Publicador/a: ¿Qué hacen los ancianos?

Persona: Enseñan, animan y cuidan a la congregación.

Publicador/a: ¿Y cómo colaboran los demás?

Persona: Alabando a Jehová en las reuniones, predicando y ayudándose unos a otros.

Publicador/a: Muy bien. Has captado las ideas principales de esta primera parte: Jesús dirige, los ancianos cuidan y todos colaboramos. En nuestro próximo estudio continuaremos con el resto de la lección y veremos más detalles sobre cómo funciona la congregación.


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