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Tesoros de la Biblia para la semana del 14 al 20 de septiembre de 2026

Tesoros de la Biblia para la semana del 14 al 20 de septiembre de 2026

Tema: Jehová recompensa a los que siempre le obedecen

Es relativamente fácil obedecer cuando hacerlo nos beneficia de inmediato. La verdadera prueba llega cuando obedecer cuesta algo, cuando nadie parece estar mirando o cuando creemos que podríamos desobedecer sin sufrir consecuencias.

En los días de Jeremías hubo dos formas muy distintas de reaccionar ante la autoridad. Por un lado estaban muchos judíos, que obedecían a Jehová únicamente cuando necesitaban desesperadamente su ayuda. Por otro estaban los recabitas, que se mantuvieron fieles durante generaciones a una instrucción recibida de su antepasado. El contraste nos enseña qué clase de obediencia valora Jehová.

El primer punto es que muchos judíos solo obedecían a Jehová cuando necesitaban su ayuda.

Jeremías 34:8-11

“Jeremías recibió las palabras de Jehová después de que el rey Sedequías hizo un pacto con toda la gente en Jerusalén para proclamar una liberación, para que cada uno pusiera en libertad a sus esclavos hebreos, tanto a hombres como a mujeres, y que así ninguno tuviera como esclavo a otro judío. Y todos los príncipes y toda la gente obedecieron. Se habían comprometido a cumplir con el pacto de poner en libertad a sus esclavos y esclavas, y de no seguir teniéndolos como esclavos. Obedecieron y los liberaron. Sin embargo, más tarde trajeron de vuelta a los esclavos y esclavas que habían liberado, y los obligaron a ser esclavos de nuevo”.

¿Por qué cambiaron tan rápidamente de actitud?

Jerusalén estaba sitiada por los babilonios. Sedequías se había rebelado contra Babilonia a pesar del consejo que Jehová había dado mediante Jeremías, y ahora la situación era desesperada. El rey y los príncipes sabían que la Ley exigía liberar a los esclavos hebreos. De repente, cuando necesitaban urgentemente la ayuda de Jehová, decidieron obedecer.

Liberaron a sus esclavos y parecían haber corregido su conducta.

Pero entonces ocurrió algo que puso al descubierto lo que realmente había en su corazón. Los ejércitos egipcios acudieron en dirección a Jerusalén y los babilonios levantaron temporalmente el sitio. El peligro parecía haber desaparecido.

¿Y qué hicieron los judíos? Volvieron a capturar a las mismas personas que acababan de liberar y las obligaron a ser esclavas otra vez.

Su obediencia había durado exactamente lo que duró su miedo.

No habían comprendido realmente el espíritu de la Ley ni habían desarrollado el deseo sincero de agradar a Jehová. Habían obedecido porque necesitaban algo de él. Cuando creyeron que ya no necesitaban su ayuda, volvieron a hacer lo que querían.

Esto nos invita a examinarnos. ¿Podría sucedernos algo parecido?

Cuando atravesamos un problema grave, quizá oramos mucho más, estudiamos con intensidad, no faltamos a las reuniones y analizamos cuidadosamente cada decisión. Pero, cuando el problema desaparece, ¿seguimos mostrando la misma determinación?

La obediencia verdadera no depende de que estemos atravesando una crisis. Tampoco consiste en hacer lo correcto únicamente porque temamos las consecuencias. Obedecemos a Jehová porque lo amamos y estamos convencidos de que sus normas siempre son buenas para nosotros.

El segundo punto presenta un contraste impresionante: los recabitas obedecieron al pie de la letra el mandato de Jehonadab.

Jeremías 35:5, 6

“Entonces puse vasos y copas llenos de vino delante de los hombres de la casa de los recabitas y les dije: ‘Beban vino’. Pero ellos dijeron: ‘No beberemos vino, porque Jehonadab hijo de Recab, nuestro antepasado, nos dio este mandato: “Nunca beban vino, ni ustedes ni sus hijos”’”.

Jehonadab había muerto más de dos siglos antes. Sin embargo, sus descendientes continuaban respetando sus instrucciones.

Jehová utilizó aquella situación como una prueba. Jeremías llevó a los recabitas a un comedor del templo, puso vino delante de ellos y les dijo que bebieran.

Pensemos en cómo podrían haberse justificado. Podían haber dicho: “Jehonadab murió hace muchísimo tiempo”. O: “Estamos dentro del templo y es Jeremías quien nos está ofreciendo el vino”. Incluso podrían haber pensado: “Solo será una vez”.

Pero no buscaron excusas.

Su respuesta fue sencilla y firme: “No beberemos vino”.

¿Por qué impresiona tanto su ejemplo? Porque obedecían incluso cuando podían encontrar argumentos para hacer otra cosa. No necesitaban vigilancia constante ni una amenaza inmediata. Habían decidido respetar el mandato recibido.

Y Jehová utilizó su ejemplo para avergonzar, por decirlo así, a los judíos. Si los recabitas podían mantenerse fieles durante generaciones a las instrucciones de un antepasado humano, ¿cuánto más debía Israel obedecer al Dios vivo que constantemente les hablaba y cuidaba de ellos?

Eso también nos hace pensar. Jehová nos da instrucciones mediante su Palabra y mediante la guía bíblica que recibimos. Algunas coinciden fácilmente con lo que nosotros queremos hacer; otras pueden exigir sacrificios.

La cuestión es: ¿buscamos razones para obedecer o excusas para no hacerlo?

Tal vez nadie se enteraría de cierta decisión. Quizás creemos que podríamos cruzar un límite moral, consumir determinado entretenimiento o actuar de cierta manera sin que hubiera consecuencias visibles.

La obediencia de los recabitas nos recuerda que la pregunta principal no es: “¿Me descubrirán?”, sino: “¿Qué quiere Jehová que haga?”.

Llegamos así al tercer punto: Jehová recompensó a los recabitas por ser fieles y obedientes.

Jeremías 35:18, 19

“Y Jeremías les dijo a los de la casa de los recabitas: ‘Esto es lo que dice Jehová de los ejércitos, el Dios de Israel: “Como ustedes han obedecido la orden de su antepasado Jehonadab y siguen obedeciendo todas sus órdenes, cumpliendo al pie de la letra con lo que él les mandó, esto es lo que dice Jehová de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Siempre habrá un descendiente de Jehonadab hijo de Recab sirviendo en mi presencia’”’”.

Fijémonos en lo que Jehová destacó: “han obedecido”, “siguen obedeciendo” y han cumplido “al pie de la letra”.

No fue un acto aislado de obediencia. Habían demostrado fidelidad constante.

Y Jehová lo vio.

Quizás otras personas consideraran extraña su forma de vivir. Tal vez nadie esperara que seguir obedeciendo una instrucción tan antigua tuviera alguna recompensa especial. Pero Jehová valoraba muchísimo su fidelidad.

Les prometió que siempre habría un descendiente de Jehonadab sirviendo en su presencia. Y hay indicios de que los recabitas sobrevivieron a la destrucción y que descendientes suyos estuvieron presentes después del exilio.

Esto nos garantiza algo: Jehová nunca pasa por alto la obediencia fiel.

Puede que renunciemos a algo que nos gusta porque sabemos que no agradaría a Jehová. Quizás rechacemos una oportunidad económica porque interferiría seriamente con nuestro servicio. Puede que mantengamos una norma bíblica aunque quienes nos rodean no comprendan nuestra decisión.

Es posible que nadie nos felicite por ello. Pero Jehová lo ve.

Y sus recompensas son siempre mayores que cualquier ventaja temporal que pudiéramos obtener desobedeciendo.

Por eso, la pregunta final de esta semana merece que la tomemos muy en serio:

“¿Estoy decidido a obedecer a Jehová siempre, incluso cuando creo que podría librarme de las consecuencias de desobedecer?”

Los judíos de Jerusalén obedecieron cuando estaban asustados, pero cambiaron tan pronto como creyeron que el peligro había pasado. Los recabitas hicieron exactamente lo contrario: obedecieron año tras año, aunque aparentemente podrían haber hecho otra cosa.

Nosotros queremos imitar a los recabitas en esa fidelidad. No obedecer únicamente cuando necesitamos algo, cuando otros nos observan o cuando tememos un castigo.

Obedezcamos porque amamos a Jehová, porque confiamos en su manera de hacer las cosas y porque sabemos que él siempre ve nuestra fidelidad.

Si desarrollamos esa clase de obediencia constante, podemos estar completamente seguros de algo: Jehová recompensa a los que siempre le obedecen.


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