Empecemos conversaciones
Datos de la asignación
Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 5 · Tacto · punto 4
Objetivo didáctico: No corrija enseguida a la persona. Deje que la persona se exprese con total libertad. Y, cuando diga algo que no esté de acuerdo con la Biblia, no la contradiga (Sant. 1:19). Si la escucha con atención, logrará entender lo que ella cree y por qué lo cree (Prov. 20:5).
Marco de circunstancias: En la puerta de una vivienda, una publicadora conversa por primera vez con una vecina que acaba de llegar con compras para su madre enferma
Texto bíblico asociado: Juan 3:16 — ”Porque Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo unigénito para que nadie que demuestre tener fe en él sea destruido, sino que tenga vida eterna.
Material oficial: DE CASA EN CASA. Enseña una verdad bíblica. Si quieres, puedes utilizar una de las que aparecen en el apéndice A del folleto Una obra de amor (lmd lección 5 punto 4).
Publicador/a: Buenos días. Puede dejar las bolsas primero; no hay prisa. Si le viene mal, puedo pasar en otro momento.
Persona: Ya está, las dejo aquí dentro. Dígame. Todavía tengo unos minutos antes de ponerme con la comida.
Publicador/a: Quería compartir una idea breve de la Biblia que a mí me anima: Dios nos ama. Aunque reconozco que, cuando uno pasa por dificultades, puede costar sentirlo así.
Persona: Pues sí. Mi madre está enferma y estas compras son para ella. Yo creo en Dios, pero también pienso que él nos manda pruebas. Será que tenemos que aprender algo.
Publicador/a: Siento lo de su madre. Entre las compras y la comida, tiene bastante que atender. ¿Pensar que es una prueba le ayuda a sobrellevarlo?
Persona: A veces. Mi madre siempre dice que hay que aceptar lo que Dios mande. Lo he escuchado desde pequeña. Pero otros días me enfado. No entiendo qué puede aprender ella pasando tantos dolores.
Publicador/a: Claro, usted quiere encontrarle algún sentido, pero le duele verla sufrir. Y no es lo mismo hablar de una enfermedad que vivirla cada día con alguien a quien queremos.
Persona: Exactamente. Por eso no me ayuda mucho que me digan que tenga más fe. Fe tengo; lo que pasa es que estoy cansada.
Publicador/a: No quisiera añadirle esa carga. Hay unas palabras de Jesús que muestran el amor de Dios con algo que hizo, no solo con una declaración. ¿Puedo leérselas?
Persona: Sí, léalas. Pero no me prometa que mi madre se va a curar si tenemos suficiente fe.
Publicador/a: No, no voy a prometerle eso. Este pasaje habla de lo que Dios hizo por nosotros y de la esperanza que nos ofrece. Fíjese en Juan 3:16.
Publicador/a: Juan 3:16 — ”Porque Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo unigénito para que nadie que demuestre tener fe en él sea destruido, sino que tenga vida eterna. Jesús relacionó ese regalo, su propia vida, con el amor de Dios. Por eso podemos estar seguros de que le importamos. Su propósito no es que suframos para siempre, sino que tengamos vida eterna.
Persona: Eso suena bonito. Pero sigo sin entender por qué permite que mi madre esté así si nos quiere tanto.
Publicador/a: Es una pregunta importante. Lo que acabamos de leer no explica por sí solo por qué permite el sufrimiento. No quiero darle una respuesta apresurada. Sí nos da un punto de partida: Dios ha demostrado que nos ama.
Persona: Tendría que pensarlo. ¿Usted es testigo de Jehová?
Publicador/a: Sí. Y, si le parece, otro día podemos conversar sobre esa pregunta, sin entretenerla ahora que tiene que preparar la comida.
Persona: Puede pasar, aunque no le aseguro que pueda atenderla. Depende de cómo esté mi madre.
Publicador/a: Lo tendremos en cuenta. Y podemos ir poco a poco, sin pretender resolver todas sus dudas en una sola conversación.
Persona: Es que hay algo que me cuesta encajar. Cuidar a mi madre me ha enseñado a tener paciencia. ¿No podría ser esa la razón de esta prueba?
Publicador/a: Entiendo por qué lo piensa. Aprender algo al pasar por una dificultad no significa necesariamente que Dios nos la haya enviado para enseñarnos. Por ejemplo, usted está demostrando mucho amor al cuidar a su madre, pero seguramente preferiría poder expresarle ese amor sin verla enferma.
Persona: Desde luego, preferiría que estuviera bien. Me gustaría hablar de esa diferencia, pero tendrá que ser cuando tenga un rato tranquilo.
Publicador/a: Por supuesto. Si no es buen momento, lo dejamos para otra ocasión. Espero que puedan descansar un poco esta tarde.
Empecemos conversaciones
Datos de la asignación
Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 4 · Humildad · punto 3
Objetivo didáctico: No dé la impresión de sentirse superior. No haga sentir a la persona que usted lo sabe todo y que ella no sabe nada. Háblele siempre con respeto.
Marco de circunstancias: En una lavandería, una publicadora conversa por primera vez con una clienta mientras ambas esperan a que termine una secadora
Texto bíblico asociado: 1 Pedro 3:15 — Más bien, santifiquen al Cristo como Señor en sus corazones, siempre listos para presentar una defensa ante todo el que les exija una razón de la esperanza que ustedes tienen, pero háganlo con apacibilidad y profundo respeto.
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. Ofrece un tratado (lmd lección 4 punto 3).
Publicador/a: Disculpe, ¿esa secadora terminó o todavía está funcionando? No entiendo bien lo que indica la pantalla.
Persona: Todavía le quedan unos minutos. Cuando termina aparece un cero. A mí también me confundió la primera vez; estuve esperando aunque la ropa ya estaba seca.
Publicador/a: Ah, gracias. Entonces esperaré. Estoy acostumbrada a tender la ropa, pero con tanta lluvia no consigo que se seque.
Persona: Yo vengo por las sábanas. Mi piso es pequeño. Aunque mi hermana insiste en explicarme cómo podría tenderlas en casa. Ya le he dicho que no tengo sitio, pero vuelve a lo mismo.
Publicador/a: Claro, usted es quien tiene que moverse por ese piso. A veces damos una solución sin haber escuchado bien cuál es el problema.
Persona: Eso es. No me molesta que me aconseje. Me molesta que me explique las cosas como si yo no hubiera pensado en nada. Seguro que lo hace con buena intención, pero termina cansándome.
Publicador/a: Entiendo la diferencia. A mí también me cuesta escuchar un consejo cuando parece un regaño. Y reconozco que alguna vez me he apresurado a aconsejar antes de dejar que la otra persona terminara.
Persona: Nos pasa a todos. Lo peor es cuando alguien cree que, porque algo le funciona, tiene que funcionarles a los demás. Cada casa es distinta.
Publicador/a: Sí, preguntar primero puede cambiar bastante la conversación. Hay un consejo de la Biblia que intento recordar cuando hablo de mis creencias: no basta con tener algo que decir; también importa cómo trato a quien me escucha.
Persona: Pues con la religión también pasa. Algunos empiezan hablando amablemente, pero si no piensas como ellos, parece que ya no quieren escucharte. Por eso prefiero no entrar en discusiones.
Publicador/a: Yo tampoco quiero discutir con usted. Precisamente ese consejo habla del respeto al explicar lo que uno cree. Si le parece, puedo leerle la frase y me dice qué le parece.
Persona: Bueno, si es breve, sí. Todavía nos queda un rato aquí.
Publicador/a: Está en Primera de Pedro 3:15. Fíjese en cómo dice que debemos hablar cuando alguien nos pide explicar nuestra esperanza.
Publicador/a: 1 Pedro 3:15 — Más bien, santifiquen al Cristo como Señor en sus corazones, siempre listos para presentar una defensa ante todo el que les exija una razón de la esperanza que ustedes tienen, pero háganlo con apacibilidad y profundo respeto. Eso me recuerda que explicar mis creencias no me da permiso para tratar a nadie como si supiera menos que yo. El respeto no debería desaparecer porque la otra persona no esté de acuerdo.
Persona: La idea me parece bien. Pero una cosa es leerla y otra hacerla. También habrá personas religiosas que lean eso y después quieran tener siempre la última palabra.
Publicador/a: Sí, leerlo no significa que uno ya lo esté haciendo bien. A mí me sirve para examinar cómo hablo. Si no dejo que usted explique su punto de vista, no estaría aplicándolo.
Persona: ¿Y usted de qué religión es? ¿Es testigo de Jehová?
Publicador/a: Sí, soy testigo de Jehová. Me gusta conversar sobre la Biblia, pero entiendo que no todo el mundo quiera hacerlo. Podemos hablar de algo sin tener que llegar a la misma conclusión.
Persona: Yo no suelo leer la Biblia. Tampoco diría que no me interesa nada, pero cuando me dan muchas cosas para leer acabo dejándolas en un cajón.
Publicador/a: Entonces no quisiera cargarla de lecturas. Llevo un tratado breve; si quiere, puede echarle un vistazo antes de decidir si se lo lleva. Y si no le interesa, no hay ningún problema.
Persona: A ver… Sí, es corto. Me lo puedo llevar, pero no le prometo leerlo enseguida. Esta semana tengo varias cosas pendientes.
Publicador/a: Claro, no hace falta que me prometa nada. Se lo dejo y usted decide cuándo mirarlo. Y gracias por explicarme lo de la secadora; ahora ya sé cuándo puedo usarla.
Publicador/a: Con tantas cosas pendientes, entiendo que ahora no sea el momento. Y, cuando lo mire, si algo no le resulta claro, podemos comentarlo si volvemos a coincidir aquí.
Persona: Eso me ayudaría. A veces encuentro expresiones religiosas que no entiendo y me da apuro preguntar. Parece que una tendría que saberlas ya.
Publicador/a: No tiene por qué saberlas. A mí también me surgen preguntas cuando leo. Por ejemplo, si una expresión le resulta desconocida, puede señalarla y otro día la vemos juntas. Y si no sé explicarla, prefiero reconocerlo y buscar la respuesta antes que decirle cualquier cosa.
Persona: Así sí me animaría a preguntar. Me lo llevo, entonces, aunque quizá tarde en mirarlo. Prefiero ser sincera y no comprometerme a algo que después no haga.
Persona: Mire, ahora sí apareció el cero. Voy a sacar mis sábanas y se la dejo libre.
Discurso
Datos de la asignación
Asignación: Discurso
Duración: 5 min
Marco de circunstancias: En el Salón del Reino, un orador se dirige a los hermanos mayores de la congregación y al resto de los presentes para animarlos a valorar el servicio fiel a pesar de las limitaciones de la edad
Texto bíblico asociado: Deuteronomio 6:5 — Ama a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. / Hebreos 6:10 — Porque Dios no es injusto y no se olvida de las obras de ustedes ni del amor que demostraron por su nombre al haber servido a los santos y al continuar sirviéndoles.
Material oficial: w25.12 26-30. Título: Los mayores son un tesoro para la congregación (th lección 16).
Hay hermanos que recuerdan con cariño los años en que podían pasar mucho tiempo predicando y atender tareas que ahora les cuestan. Siguen amando a Jehová, pero sus fuerzas han cambiado. Si ese es su caso, quizás alguna vez se haya preguntado: «¿Sigue siendo valioso lo que hago?». La respuesta es un sí rotundo.
Nuestros hermanos mayores son un tesoro para la congregación. No solo por todo lo que hicieron en el pasado, sino también por lo que siguen aportando. Su amor a Jehová, su experiencia y su aguante nos animan. Y, aunque a veces ellos mismos no lo perciban, su servicio sigue siendo muy valioso para él.
Para entender por qué, pensemos primero en lo que Jehová espera de nosotros. Él no nos pide que conservemos las fuerzas de nuestra juventud. Lo importante es con qué corazón le servimos. Fijémonos en el mandato que encontramos en Deuteronomio 6:5.
Deuteronomio 6:5 — Ama a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Jehová desea que lo amemos con todo lo que somos y con las fuerzas que tenemos. Eso nos ayuda a no compararnos con otros ni con nosotros mismos cuando éramos más jóvenes. Las circunstancias cambian, pero nuestro deseo de darle lo mejor puede seguir siendo el mismo.
Una de las imágenes del artículo muestra a una hermana predicando de casa en casa cuando era joven. Después la vemos, ya mayor, predicando por teléfono junto a una hermana más joven. Su manera de participar ha cambiado. Pero ¿ha cambiado la calidad de lo que le ofrece a Jehová? No. Sigue dándole lo mejor que puede.
Qué pensamiento tan tranquilizador: si antes usted le daba a Jehová lo mejor y ahora también, en ese sentido le está dando lo mismo. No tiene que medir su amor por la cantidad de actividad que realizaba años atrás. Puede sentirse feliz por servirle de acuerdo con sus circunstancias actuales.
Además, hay algo que los años le han permitido acumular: experiencia. David y Josué pudieron hablar con convicción de cómo Jehová había cuidado a sus siervos y cumplido sus promesas. Sus palabras tenían peso porque habían comprobado durante muchos años que podían confiar en él.
Algo parecido ocurre con nuestros hermanos mayores. Quizás usted recuerde una ocasión en que vio cómo Jehová bendecía a su pueblo. O pueda explicar cómo le ha beneficiado seguir sirviéndole fielmente. Esas vivencias pueden fortalecer a alguien que todavía está aprendiendo a confiar en Jehová. No piense que tienen poca importancia.
Y los demás podemos hacer algo sencillo: dedicar tiempo a escucharlos. En vez de limitarnos a saludarlos, podríamos preguntarles qué les ha ayudado a seguir adelante en su servicio a Jehová. No hace falta convertir la conversación en una entrevista. Basta con interesarnos de verdad y darles la oportunidad de compartir sus recuerdos.
También nos anima verlos participar en las reuniones, tanto como se lo permiten sus circunstancias. Connie, una hermana de 83 años mencionada en el artículo, explica que el cariño que recibe en el Salón del Reino la ayuda a no desanimarse. Ella también procura demostrar su amor a los hermanos y seguir participando en las actividades espirituales.
Ese ánimo es mutuo. Los hermanos mayores reciben cariño, pero también lo dan. Una conversación, un comentario o una pequeña muestra de interés pueden hacer mucho bien. Por eso, no debemos pensar únicamente en la ayuda que necesitan; también queremos reconocer con gratitud todo lo que nos aportan.
El caso de Simeón nos recuerda cómo ve Jehová a sus siervos mayores. Aquel hombre contaba con su aprobación, y Jehová le concedió el honor de ver a Jesús recién nacido y profetizar acerca de él. Lo que Jehová valoraba no eran sus fuerzas físicas, sino su fe y su devoción.
Usted también puede estar seguro de que Jehová valora su fidelidad. Él no pasa por alto el amor que ha demostrado durante años ni el que sigue demostrando ahora. Para fortalecer esa seguridad, leamos la hermosa garantía que nos da Hebreos 6:10.
Hebreos 6:10 — Porque Dios no es injusto y no se olvida de las obras de ustedes ni del amor que demostraron por su nombre al haber servido a los santos y al continuar sirviéndoles.
Jehová recuerda tanto el servicio que ya hemos realizado como el que seguimos realizando. Para él, nuestras obras expresan amor por su nombre. Así que, aunque una limitación nos obligue a reducir el ritmo, eso no borra los años de fidelidad ni le quita valor a lo que podemos hacer hoy.
En lugar de centrarse en lo que ya no puede hacer, piense en las oportunidades que todavía tiene. Tal vez pueda participar en alguna faceta de la predicación durante períodos cortos. O animar a un hermano por teléfono, escribirle una nota cariñosa o compartir una experiencia que fortalezca su fe.
No son cosas insignificantes. Una muestra de amor puede tener un efecto profundo, especialmente cuando viene de alguien que lleva muchos años sirviendo a Jehová. Y no se trata de imponerse nuevas cargas, sino de descubrir maneras de seguir dando con alegría lo que las circunstancias permiten.
Queridos hermanos mayores, ustedes siguen teniendo mucho que aportar. Jehová valora lo mejor que pueden darle, su experiencia nos fortalece y su servicio fiel no queda en el olvido. Escuchémoslos, aprendamos de ellos y demostrémosles nuestro cariño. Son un verdadero tesoro para la congregación.
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