Tema: Protege tu corazón para que no se vuelva arrogante
Cuando algo nos sale bien o recibimos una responsabilidad, tenemos motivos para sentir alegría. Pero esas mismas circunstancias pueden poner a prueba nuestro corazón. ¿Seguiremos agradecidos, reconociendo nuestras limitaciones, o empezaremos a sentirnos superiores a los demás? La arrogancia puede crecer si no la detectamos y la combatimos. Por eso, el mensaje de Ezequiel sobre Tiro no es simplemente historia antigua. Nos ayuda a reconocer un peligro y a proteger nuestra amistad con Jehová.
Tiro era un importante centro comercial. Acumuló grandes riquezas y fue famosa por la belleza de sus productos. Sin embargo, sus reyes no mantuvieron una opinión equilibrada de sí mismos. Jehová denunció su arrogancia mediante Ezequiel. Y el mensaje dirigido al rey de Tiro contiene expresiones que también son aplicables al ángel que se convirtió en Satanás. Escuchemos Ezequiel 28:2 y 13 a 15.
Ezequiel 28:2,13-15 — “Hijo del hombre, dile al líder de Tiro: ‘Esto es lo que dice el Señor Soberano Jehová: “Tu corazón se ha vuelto arrogante y por eso no dejas de decir ‘Soy un dios. Me siento en el trono de un dios en el corazón del mar’. Pero solo eres un hombre, no un dios, aunque en tu corazón pienses que lo eres. Estabas en el Edén, el jardín de Dios, adornado con toda clase de piedras preciosas: rubí, topacio y jaspe; crisólito, ónice y jade; zafiro, turquesa y esmeralda; tus engarces y monturas estaban hechos de oro. Todo eso se preparó el día en que fuiste creado. Yo te puse como el querubín protector, el ungido. Estabas en la montaña santa de Dios y paseabas entre piedras de fuego. Tu conducta fue intachable desde el día en que fuiste creado hasta que se encontró injusticia en ti.
Notemos el contraste. El líder de Tiro se atribuía una posición divina, pero Jehová le recordó que era un simple hombre. Las riquezas y el poder no lo habían convertido en alguien superior a su Creador. El problema estaba en su corazón, en la manera como se veía a sí mismo. Había dejado de reconocer sus límites. Su posición llegó a parecerle una razón para exaltarse, en vez de una responsabilidad que debía ejercer sin arrogancia.
El ángel que llegó a ser Satanás también había disfrutado de una posición privilegiada. Al principio era leal y tenía la sabiduría necesaria para cumplir las comisiones de Jehová. No fue creado malo. Pero, en lugar de seguir agradecido, se llenó de orgullo y despreció la forma de gobernar de Dios. Llegó a ambicionar la adoración de Adán y Eva. Así, permitió que un deseo incorrecto creciera hasta llevarlo a rebelarse contra Jehová.
Estos dos casos tienen algo en común: disfrutar de ventajas no impidió que desarrollaran arrogancia. Ni la prosperidad de Tiro ni las capacidades de aquel ángel fueron una protección automática. Eso nos enseña que no basta con tener experiencia, habilidades o responsabilidades. Lo decisivo es la actitud que cultivamos. ¿Nos hacen esas ventajas más agradecidos, o nos llevan a pensar que merecemos un trato especial? Veamos ahora adónde los llevó su orgullo.
La arrogancia no se quedó en una opinión exagerada de sí mismos. Influyó en sus decisiones y en el trato que dieron a otros. Jehová explicó esa relación entre el corazón y la conducta. Leamos Ezequiel 28:16 y 17.
Ezequiel 28:16-17 — Por tu gran volumen de negocios, te llenaste de violencia y empezaste a pecar. Así que te expulsaré de la montaña de Dios como a un profano y acabaré contigo lejos de las piedras de fuego, oh, querubín protector. Tu corazón se volvió arrogante por tu belleza. Por causa de tu glorioso esplendor, corrompiste tu sabiduría. Te arrojaré a la tierra. Haré de ti un espectáculo delante de reyes.
El texto relaciona la abundancia comercial con la violencia, y la belleza y el esplendor con la pérdida de sabiduría. Los reyes de Tiro se volvieron arrogantes y oprimieron al pueblo de Jehová. Satanás, por su parte, actuó para apartar a nuestros primeros padres de la obediencia a Dios. En ambos casos, el orgullo desembocó en acciones malas. La arrogancia no los hizo más sabios; corrompió su manera de pensar y los llevó a actuar contra Jehová.
Jehová no pasó por alto esa conducta. Su mensaje anunció la humillación del rey de Tiro, y también condenó la rebelión de Satanás. Esto nos ayuda a ver la arrogancia como Jehová la ve: no es una característica sin importancia. Puede llevar a alguien a considerar que las normas de Dios no se aplican a él. Santiago 4:6 expresa con claridad cómo responde Jehová a esa actitud.
Santiago 4:6 — Sin embargo, la bondad inmerecida que él muestra es mayor. Por eso las Escrituras dicen: “Dios se opone a los arrogantes, pero les muestra bondad inmerecida a los humildes”.
¡Qué diferencia entre recibir la oposición de Jehová y disfrutar de su bondad inmerecida! No queremos que él nos vea como personas que se resisten a su autoridad. Queremos contar con su favor. Y el texto ofrece una razón positiva para cultivar humildad: Jehová muestra bondad a quienes son humildes. De modo que la pregunta es: ¿cómo podemos impedir que la arrogancia eche raíces en nosotros?
Necesitamos especial cuidado cuando tenemos éxito o recibimos una responsabilidad mayor. Es precisamente entonces cuando podríamos bajar la guardia. Por ejemplo, después de realizar bien una asignación y recibir palabras de aprecio, ¿en qué seguimos pensando? Podemos agradecer el ánimo sin convertirlo en una prueba de que somos superiores. Reconocer la ayuda recibida y nuestras limitaciones nos permite disfrutar de lo que hacemos sin atribuirnos una importancia que no tenemos. La gratitud nos ayuda a mantener el equilibrio.
Otra ocasión para examinarnos es cuando recibimos una sugerencia. Imaginemos que alguien nos propone mejorar una tarea que llevamos años realizando. ¿Descartamos su comentario porque tiene menos experiencia? ¿Sentimos que nuestra trayectoria nos coloca por encima de cualquier consejo? Escuchar con calma y considerar lo que nos dice sería una manera práctica de cultivar humildad. Tener experiencia no significa que ya no necesitemos aprender. Aceptar ayuda demuestra que valoramos más hacer las cosas bien que defender nuestra imagen.
También conviene observar cómo tratamos a los demás cuando tenemos alguna responsabilidad. ¿Nos resulta fácil escuchar sus ideas? ¿Reconocemos sus esfuerzos, o queremos que se destaque principalmente lo que hacemos nosotros? El caso de Tiro muestra lo peligroso que es sentirse superior y terminar tratando mal a otros. Por eso, una responsabilidad debería impulsarnos a servir, no a exigir reconocimiento. Si detectamos una actitud de superioridad, no la justifiquemos por nuestras capacidades ni por el trabajo que realizamos.
No hace falta esperar a que aparezca una conducta grave para revisar nuestro corazón. Podemos preguntarnos: ¿cómo reacciono cuando otro recibe reconocimiento? ¿Me cuesta admitir un error? ¿Estoy agradecido por mis oportunidades de servir? Estas preguntas no buscan desanimarnos, sino ayudarnos a corregir a tiempo una tendencia peligrosa. La arrogancia caracteriza a muchas personas en estos últimos días, pero no tiene por qué dominarnos. Recordar la advertencia de Jehová y su bondad hacia los humildes nos da razones para seguir vigilantes.
La dinastía real de Tiro y el ángel que se convirtió en Satanás nos dejan una advertencia seria: permitir que crezca la arrogancia puede llevarnos a rechazar la autoridad de Jehová. Pero nosotros podemos escoger otro camino. Agradezcamos lo que tenemos, aceptemos ayuda y usemos nuestras capacidades para servir. Así protegeremos nuestro corazón y seguiremos disfrutando de la bondad inmerecida que Jehová muestra a los humildes.
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