Seamos Mejores Maestros — Semana del 20 al 26 de julio de 2026

Seamos Mejores Maestros para la semana del 20 al 26 de julio
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Empiece conversaciones

Duración: 4 minutos
Marco de circunstancias: De casa en casa
Objetivo: Ofrecer un curso de la Biblia y mostrar cómo son las clases.
Lección: Humildad.

Publicador/a: Buenas tardes. Estamos visitando brevemente a los vecinos. Con el ritmo de vida que llevamos, muchas personas sienten que les vendría bien encontrar orientación para afrontar sus preocupaciones. ¿Cree que la Biblia todavía puede ofrecer consejos útiles?

Persona: Sinceramente, no lo sé. Respeto la Biblia, pero me parece complicada y bastante antigua.

Publicador/a: Lo entiendo. Muchas personas nos han dicho algo parecido. Nosotros ofrecemos un curso gratuito que ayuda a conocerla de una manera sencilla. Pero no quisiera que pensara que tiene que aceptar nada. ¿Me permite mostrarle en un par de minutos cómo funciona y usted misma decide si le parece útil?

Persona: Bueno, si es solo un momento…

Publicador/a: Gracias. Utilizamos este manual, titulado Disfrute de la vida. La primera lección plantea esta pregunta: “¿Cómo puede ayudarle la Biblia?”. Habla de preocupaciones como la familia, el estrés, el sufrimiento o el futuro. ¿Cuál de esos asuntos le interesa más?

Persona: Quizás el futuro. Tengo hijos y, viendo cómo están las cosas, una no sabe qué mundo les espera.

Publicador/a: Es comprensible. Precisamente, el curso permite examinar lo que dice la Biblia sobre preguntas como esa. Mire, cada apartado contiene una explicación breve, un texto bíblico y algunas preguntas. Por ejemplo, aquí aparece 2 Timoteo 3:16, que dice: “Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas y para educar de acuerdo con lo que está bien”. Según este versículo, ¿diría que la Biblia solo sirve para asuntos religiosos?

Persona: No, el texto dice que es útil. Pero que lo diga la propia Biblia tampoco demuestra que sus consejos funcionen actualmente.

Publicador/a: Es una observación razonable. Yo tampoco esperaría que confiara en ella sin examinarla. Además, en el curso no se estudian mis opiniones. Leemos directamente los textos, analizamos lo que dicen y usted llega a sus propias conclusiones.

Persona: ¿Y cómo es una clase? ¿Ustedes hablan y la otra persona escucha?

Publicador/a: No. Es más bien una conversación como esta. Se lee un párrafo corto, se consulta la Biblia y se hacen preguntas para que la persona exprese lo que piensa. También hay imágenes y videos breves. Puede hacer todas las preguntas que quiera e incluso decir que no está de acuerdo.

Persona: Eso está bien, porque no me gustaría que alguien intentara decirme que todo lo que creo está equivocado.

Publicador/a: La comprendo. El propósito no es imponerle nuestras creencias, sino ayudarla a conocer lo que enseña la Biblia. Además, el curso es gratuito, puede hacerse presencialmente o por videollamada y usted elige el horario. Tampoco hay ningún compromiso de continuarlo.

Persona: ¿Y cuánto dura cada clase?

Publicador/a: Usted decide. Algunas personas prefieren empezar con solo 15 o 20 minutos. Como me comentó que le preocupa el futuro de sus hijos, podríamos comenzar viendo qué esperanza ofrece la Biblia para las familias.

Persona: Podría probar una vez, pero no le prometo que vaya a seguir todas las semanas.

Publicador/a: Claro, no tiene que prometer nada. ¿Le vendría bien que pasara el martes por la tarde y viéramos durante 15 minutos esa primera lección?

Persona: Sí, el martes podría ser, pero que sea algo corto.

Publicador/a: Perfecto. Le dejaré el enlace para que pueda verlo antes si lo desea. Y el martes comprobamos juntos si el curso puede resultarle útil.


Haga revisitas

Duración: 4 minutos
Marco de circunstancias: De casa en casa
Objetivo: Continuar analizando el tratado entregado anteriormente.
Lección: Empatía.
Tratado: ¿Le gustaría disfrutar de la vida para siempre?

Publicador/a: Hola, me alegra encontrarla. La semana pasada estuvimos hablando unos minutos y le dejé el tratado ¿Le gustaría disfrutar de la vida para siempre?. Recuerdo que me comentó que su madre estaba esperando los resultados de unas pruebas. ¿Cómo se encuentra?

Persona: Gracias por preguntar. Sigue igual. Todavía no sabemos exactamente qué tiene y la espera se está haciendo difícil.

Publicador/a: Lo siento mucho. La incertidumbre puede ser muy angustiante, especialmente cuando se trata de alguien tan cercano. Si hoy no es un buen momento, puedo volver otro día.

Persona: No se preocupe. Tengo un par de minutos.

Publicador/a: Gracias. La vez anterior me dijo que le gustaría que el futuro que describe el tratado fuera posible, sobre todo si significara que nadie tuviera que enfermar. El tratado comienza con una promesa de Salmo 37:29. ¿Le parece si la volvemos a leer?

Persona: Sí.

Publicador/a: Dice: “Los justos heredarán la tierra y vivirán en ella para siempre”. ¿Qué dos detalles sobre el futuro destaca este versículo?

Persona: Que las personas vivirán en la Tierra y que podrán hacerlo para siempre. Pero, sinceramente, me parece demasiado bonito para ser verdad. La realidad es que todos enfermamos y morimos.

Publicador/a: Entiendo que le cueste creerlo, especialmente por lo que está viviendo con su madre. La Biblia no nos pide que ignoremos la realidad ni que finjamos que el sufrimiento no duele. Ahora bien, ¿cree que habría alguna diferencia si estas palabras fueran solo un deseo humano o si realmente fueran una promesa de Dios?

Persona: Si de verdad fuera una promesa de Dios, claro que sería diferente. Pero entonces me preguntaría por qué todavía no la ha cumplido.

Publicador/a: Es una pregunta muy lógica. Este versículo nos muestra cuál es el propósito de Dios, aunque no explica por sí solo por qué ha permitido que el sufrimiento continúe hasta ahora. Podríamos analizar esa cuestión con calma otro día. Pero hay otra expresión que suele generar dudas: el texto dice que “los justos” vivirán para siempre. ¿Qué entiende usted por “los justos”?

Persona: Supongo que personas perfectas, y entonces no creo que ninguno podamos estar allí.

Publicador/a: Es comprensible pensarlo, pero la Biblia no está hablando de personas que nunca cometen errores. Se refiere a quienes desean hacer lo correcto y aceptan la guía de Dios. Por tanto, la promesa no está reservada para un pequeño grupo de personas perfectas.

Persona: Aun así, me cuesta creerlo. Mi madre siempre ha sido creyente y eso no ha impedido que se ponga enferma.

Publicador/a: Tiene razón. Tener fe no impide que una persona enferme actualmente, y no quisiera restarle importancia a lo que están pasando. La promesa bíblica se refiere a algo que Dios hará en el futuro. Precisamente por eso, el tratado menciona también que llegará el día en que todos tendrán salud perfecta. ¿Es esa la promesa que más le gustaría ver cumplida?

Persona: Sí, sin duda. Ahora mismo, la salud es lo que más me preocupa.

Publicador/a: Es totalmente comprensible. El tratado cita Isaías 33:24, donde se promete que ningún habitante dirá: “Estoy enfermo”. Cuando vuelva, podríamos analizar por qué podemos confiar en esa promesa y no considerarla simplemente una ilusión.

Persona: Está bien, pero prefiero que sea algo breve.

Publicador/a: Por supuesto. Me adaptaré al tiempo que tenga. Espero de corazón que los resultados de su madre sean lo más favorables posible. La próxima semana, si le parece, comentamos ese texto.

Persona: De acuerdo. Gracias.


Explique sus creencias — (En formato discurso)

Duración: 4 minutos
Título: ¿Qué dice la Biblia sobre el libre albedrío?
Lección: Hacer buenas conclusiones.

A veces se dice: “Todo ocurre por alguna razón” o “estaba escrito que tenía que suceder”. Estas expresiones pueden parecer consoladoras cuando ocurre algo bueno. Sin embargo, cuando alguien sufre una enfermedad, un accidente o una injusticia, surge una pregunta importante: ¿decidió Dios que esa persona pasara por eso? ¿Controla él cada detalle de nuestra vida?

La respuesta de la Biblia es que Dios nos ha concedido libre albedrío, es decir, la capacidad de tomar nuestras propias decisiones. Génesis 1:26 explica que Dios creó al ser humano a su imagen. A diferencia de los animales, que actúan principalmente por instinto, nosotros podemos reflexionar, mostrar amor y justicia y elegir entre diferentes caminos.

Jehová no nos obliga a obedecerlo. Fijémonos en la invitación que hace en Isaías 48:18: “¡Si tan solo prestaras atención a mis mandamientos! Entonces, tu paz llegaría a ser igual que un río, y tu justicia, como las olas del mar”.

Las palabras “si tan solo” demuestran que cada persona puede decidir si prestará atención a Dios. Esta invitación no tendría sentido si él ya hubiera decidido de antemano todo lo que haremos. Jehová nos enseña cuál es el mejor camino y nos explica sus beneficios, pero permite que nosotros elijamos.

Ahora bien, tener libre albedrío no significa que podamos controlar todo lo que sucede. Las decisiones de otras personas, las circunstancias o los sucesos imprevistos también pueden afectarnos. Aun así, muchas veces nuestro futuro sí depende de las decisiones que tomemos. Proverbios 21:5 dice: “Con toda seguridad, los planes del que es trabajador tendrán buenos resultados; en cambio, todo el que se precipita acabará en la pobreza”.

Por tanto, el éxito o el fracaso no dependen simplemente del destino. Si queremos alcanzar un objetivo, debemos planificar bien, trabajar y evitar decisiones precipitadas. Dios puede orientarnos, pero no tomará esas decisiones por nosotros.

Alguien podría preguntarse: “Si Dios es todopoderoso, ¿por qué no controla a quienes utilizan mal su libertad?”. Es verdad que Jehová tiene poder ilimitado, pero ha decidido no utilizarlo para controlar cada acción humana. Por el momento, permite que las personas elijan incluso cuando usan su libertad para hacer daño. No obstante, Salmo 37:10, 11 asegura que no tolerará la maldad para siempre.

El libre albedrío también hace posible que amemos de verdad a Dios. Jesús dijo en Mateo 22:37: “‘Ama a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’”. El amor obligado no sería amor auténtico. Jehová desea que lo amemos porque lo conocemos y queremos hacerlo, no porque nos programe o nos fuerce.

En conclusión, la Biblia no enseña que seamos marionetas controladas por Dios o por el destino. Jehová nos ha dado la dignidad de elegir, nos muestra el camino que produce paz y nos permite decidir si queremos seguirlo. Por eso, en vez de culpar al destino por nuestra vida, preguntémonos: “¿Qué decisiones puedo tomar hoy para acercarme a Dios y tener un futuro mejor?”. Jehová nos ofrece su guía, pero la decisión final es nuestra.


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