EMPIECE CONVERSACIONES
Duración: 4 minutos
Marco de circunstancias: Predicación informal durante el descanso en el trabajo.
Objetivo: Buscar una manera natural de decirle a la persona que somos testigos de Jehová.
Lección: Naturalidad.
Texto bíblico: Filipenses 4:6, 7.
Persona: Por fin es viernes. Esta semana se me ha hecho larguísima en el trabajo. ¿Tienes algún plan para el fin de semana?
Publicador/a: Mañana por la mañana he quedado con unos amigos de la congregación. Después, si no surge nada, intentaré descansar un poco.
Persona: ¿De la congregación? ¿Vas a alguna iglesia?
Publicador/a: Sí, algo parecido, soy testigo de Jehová.
Persona: Ah, no lo sabía. Entonces eres de los que van llamando a las puertas.
Publicador/a: Sí, también lo hacemos. Pero hablamos con las personas en muchos lugares, siempre que ellas quieran, claro.
Persona: Pues tiene que ser difícil. Yo no sabría cómo empezar a hablar de religión con alguien que no conozco.
Publicador/a: La verdad es que procuro no empezar de forma forzada. Normalmente hablo de cosas que nos preocupan a todos. Por ejemplo, tú me has comentado varias veces que últimamente el trabajo te está generando mucha ansiedad.
Persona: Sí. Cuando salgo de aquí sigo pensando en los problemas. Pero no creo que hablar de religión vaya a cambiar la carga de trabajo.
Publicador/a: En eso tienes razón. La Biblia no hace desaparecer las facturas, los plazos ni los problemas. Sin embargo, contiene consejos que pueden ayudarnos a sobrellevarlos. A mí me ha funcionado uno. ¿Te lo puedo enseñar?
Persona: Sí, claro.
Publicador/a: Está en Filipenses 4:6, 7. Dice: “No se angustien por nada. Más bien, en cualquier situación, mediante oraciones y ruegos y dando gracias, háganle saber a Dios sus peticiones, y la paz de Dios, que está más allá de lo que ningún ser humano puede entender, protegerá sus corazones y sus mentes por medio de Cristo Jesús”.
Persona: Suena bien, pero decir “no se angustien” es fácil. Otra cosa es conseguirlo.
Publicador/a: Totalmente. El texto no está diciendo que uno pueda apagar la ansiedad como si pulsara un interruptor. Fíjate en que recomienda hacerle saber a Dios nuestras peticiones. Eso implica contarle con detalle lo que nos preocupa y pedirle ayuda concreta.
Persona: Pero ¿la oración cambia realmente el problema?
Publicador/a: Puede que el problema no cambie inmediatamente. Lo que sí puede cambiar es cómo nos sentimos y cómo lo afrontamos. El texto promete “la paz de Dios”. Esa tranquilidad puede ayudarnos a pensar con más claridad y a no sentir que tenemos que cargar solos con todo.
Persona: Bueno, cuando hablo con alguien de lo que me pasa, al menos me desahogo.
Publicador/a: Exactamente. Y para mí, orar es mucho más que desahogarme. Como testigo de Jehová, estoy convencido de que Dios escucha y se interesa por lo que vivimos. Además, el texto menciona dar gracias. Recordar algo bueno, incluso en un día difícil, evita que la preocupación ocupe toda nuestra mente.
Persona: Yo no suelo rezar. Ni siquiera estoy seguro de que Dios escuche.
Publicador/a: Entiendo. Tampoco pretendo convencerte de todo durante este descanso. Es la primera vez que hablamos de esto. Pero, si algún día te apetece, puedo enseñarte por qué creemos que Dios escucha las oraciones y qué dice la Biblia sobre cómo hablar con él.
Persona: Bueno, otro día podemos seguir hablando. Ahora vamos, que se acaba el descanso.
Publicador/a: De acuerdo. Gracias por escucharme.
HAGA REVISITAS
Duración: 4 minutos
Marco de circunstancias: De casa en casa. La persona está cuidando a su madre, que tiene problemas graves de salud.
Objetivo: Utilizar una verdad del apéndice A del folleto Una obra de amor.
Verdad escogida: Dios ve nuestro sufrimiento y quiere ayudarnos.
Lección: Empatía.
Texto bíblico: Isaías 41:10.
Publicador/a: Hola, Marta. Me alegro de encontrarte. La última vez me comentaste que estaban esperando los resultados de las pruebas de tu madre. ¿Cómo está?
Persona: Pues no muy bien. Le han pedido más pruebas y todavía no sabemos exactamente qué tiene. Llevamos semanas así.
Publicador/a: Lo siento mucho. La incertidumbre debe ser agotadora. ¿Y tú cómo lo estás llevando?
Persona: Sinceramente, mal. Casi no duermo y tengo que ocuparme de todo. Lo que más me molesta es cuando alguien me dice que “todo pasa por algo”.
Publicador/a: Te entiendo. Yo tampoco te diría algo así. Escuchar esa frase cuando estás sufriendo puede hacerte sentir que la otra persona no comprende la situación.
Persona: Exacto. Además, si Dios está viendo lo que ocurre, ¿por qué no hace algo?
Publicador/a: Es una pregunta muy razonable. Después de nuestra conversación estuve pensando en ti y recordé una verdad bíblica que me parece muy reconfortante: Dios ve nuestro sufrimiento y quiere ayudarnos.
Persona: Pues no parece que nos esté ayudando mucho.
Publicador/a: Comprendo que lo veas así. ¿Me permites enseñarte un texto? No promete que ahora mismo desaparecerán todos los problemas, pero explica una forma en la que Dios puede ayudarnos.
Persona: Está bien.
Publicador/a: Mira lo que dice Isaías 41:10: “No tengas miedo, porque estoy contigo. No te angusties, porque yo soy tu Dios. Yo te daré fuerzas. Sí, yo te ayudaré. Con mi mano derecha de justicia, de veras te sostendré”. ¿Qué expresión te llama más la atención?
Persona: “Yo te daré fuerzas”. Porque ahora mismo es precisamente lo que me falta.
Publicador/a: Es comprensible que te sientas así. Llevas mucho tiempo cuidando de tu madre y preocupándote por ella. Estar cansada no significa que no la quieras ni que estés haciendo las cosas mal.
Persona: A veces me siento culpable por pensar que ya no puedo más.
Publicador/a: No deberías sentirte culpable. Todos tenemos un límite. Este texto muestra que Dios no espera que seamos fuertes por nosotros mismos. Él dice: “Yo te ayudaré”. Puede darnos fuerzas mediante la oración, su Palabra o incluso mediante personas que nos ofrecen apoyo en el momento adecuado.
Persona: Yo le pido ayuda, pero mi madre sigue enferma.
Publicador/a: Y eso tiene que doler mucho. No quiero restarle importancia a lo que estás viviendo. El texto no promete una curación inmediata. Lo que sí asegura es que Dios puede sostenerte mientras atraviesas esta situación. Además, la Biblia explica que él eliminará definitivamente las enfermedades, pero quizás podamos hablar de esa promesa en otro momento.
Persona: Sí, hoy no puedo seguir mucho más. Tengo que ir a buscar unos medicamentos.
Publicador/a: Claro, no te preocupes. No quiero entretenerte. Si te parece bien, la próxima semana puedo pasar y en unos minutos vemos por qué permite Dios el sufrimiento si realmente se preocupa por nosotros.
Persona: Está bien. Si estoy en casa, hablamos.
Publicador/a: Perfecto. Espero de corazón que estos días sean un poco más llevaderos. Dale recuerdos a tu madre.
Persona: Gracias por acordarte.
EXPLIQUE SUS CREENCIAS EN FORMATO ESCENIFICACIÓN
Duración: 4 minutos
Marco de circunstancias: Un niño ensaya con su madre la presentación que hará en clase.
Título: ¿Lo diseñó alguien? La capacidad de las células para especializarse.
Objetivo: Basar la presentación en el artículo sobre la capacidad de las células para especializarse.
Lección: Resaltar el valor práctico.
Texto bíblico: Salmo 139:14.
Publicador/a: Mamá, ¿puedo ensayar contigo la presentación de ciencias? Tú haces de profesora y, cuando termine, me dices si se entiende.
Persona: Claro. Imagina que ya estás delante de la clase. Cuando quieras.
Publicador/a: Todos comenzamos nuestra vida siendo una sola célula diminuta llamada cigoto. Sin embargo, cuando nacemos, nuestro cuerpo tiene cientos de miles de millones de células especializadas. Hay más de 200 tipos diferentes. Algunas forman los huesos, otras la sangre, los músculos, el cerebro o los pulmones. ¿Cómo sabe cada célula qué tiene que hacer?
Persona: Espera. Esa pregunta está muy bien, pero explica de forma sencilla qué significa que una célula se especialice.
Publicador/a: Podría decir que, al principio, las células son prácticamente idénticas y contienen una copia del mismo ADN. Es como si todas tuvieran el mismo libro de instrucciones. Sin embargo, cada una utiliza la parte de esas instrucciones que necesita para realizar una función determinada.
Persona: Mucho mejor. Continúa.
Publicador/a: Una semana después de la concepción, las células ya empiezan a dividirse en dos grupos. Unas formarán el embrión y otras formarán la placenta y los tejidos que lo ayudan a desarrollarse. A la tercera semana, las células del embrión se organizan en tres capas.
Persona: ¿Y por qué son importantes esas capas?
Publicador/a: Porque cada una producirá diferentes partes del cuerpo. De una capa se formarán, entre otras cosas, el cerebro, el sistema nervioso y la piel. Otra producirá la sangre, los huesos, los riñones y los músculos. Y la tercera formará órganos internos como los pulmones, la vejiga y parte del sistema digestivo.
Persona: Eso se entiende. Pero no basta con enumerar partes del cuerpo. ¿Qué es lo que más te impresiona?
Publicador/a: La coordinación. Mientras el bebé se desarrolla, algunas células viajan a otras zonas. Otras se agrupan, se pliegan o forman pequeños tubos. Después, esos tubos se alargan, se ramifican y se unen para crear la red de vasos sanguíneos. Todo tiene que suceder en el lugar adecuado y en el momento preciso.
Persona: Alguien de tu clase podría decirte: “Eso simplemente es resultado de la evolución”. ¿Qué responderías?
Publicador/a: No diría que la ciencia obliga a todos a llegar a la misma conclusión. Explicaría que esos procesos son hechos que podemos observar. Después, cada persona debe pensar qué explicación le parece más razonable. En mi caso, tanta información y coordinación me llevan a creer que la vida fue diseñada.
Persona: Muy bien. Así expresas tu creencia sin atacar a quien piense de otra manera. ¿Vas a mencionar la Biblia?
Publicador/a: Sí. Diría: “Esta conclusión también coincide con lo que expresa Salmo 139:14: ‘Te alabo porque estoy hecho de forma maravillosa, impresionante. Tus obras son maravillosas, y eso lo sé muy bien’”.
Persona: ¿Y si la profesora te pregunta qué valor práctico tiene saber todo esto?
Publicador/a: Podría responder que no es solo una curiosidad científica. Saber lo extraordinario que es nuestro desarrollo nos ayuda a valorar la vida, cuidar mejor nuestro cuerpo y no dar por sentado todo lo que hace. También puede ayudarnos a ser humildes, porque dentro de nosotros ocurren procesos muy complejos que ni siquiera controlamos conscientemente.
Persona: Pon algún ejemplo cotidiano.
Publicador/a: Por ejemplo, cuando nos hacemos una herida, diferentes células trabajan para detener el sangrado y reparar el tejido. Nosotros no tenemos que decirle a cada célula lo que debe hacer. Comprenderlo puede motivarnos a evitar hábitos perjudiciales y a cuidar el cuerpo que tenemos.
Persona: Esa aplicación está muy bien. Ahora prueba con una conclusión breve.
Publicador/a: “Desde que fuimos una única célula hasta convertirnos en un bebé, millones de procesos tuvieron que coordinarse con enorme precisión. Para mí, la capacidad de las células para especializarse no solo demuestra lo maravillosa que es la vida; también señala la existencia de un Diseñador. Conocer este proceso puede impulsarnos a valorar y cuidar mejor nuestra vida y la de los demás”.
Persona: Perfecto. La información es clara, explicas tu creencia con respeto y muestras por qué el tema es útil.
Publicador/a: Gracias, mamá. Ahora voy a ensayarla otra vez controlando el tiempo.
Descubre más desde Comentarios para la Reunión TJ
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.











