Seamos Mejores Maestros — Semana del 3 al 9 de agosto de 2026

Seamos Mejores Maestros semana del 3 al 9 de agosto de 2026
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Las intervenciones están calculadas para durar aproximadamente cuatro minutos, incluyendo la lectura de los textos y las pausas naturales.

1. Empiece conversaciones

Duración: 4 minutos
Lugar: De casa en casa
Objetivo: Presente y analice un video del kit de enseñanza, pero no lo ponga
Lección: Bondad
Video: ¿Por qué estudiar la Biblia?
Texto bíblico: 2 Timoteo 3:16

Situación: La persona tiene poco tiempo y está pasando por una situación familiar difícil.

Publicador/a: Buenos días. Estamos haciendo una visita muy breve a los vecinos. No quisiera entretenerla si está ocupada.

Persona: Pues, la verdad es que ahora no tengo mucho tiempo.

Publicador/a: Claro, lo entiendo. Solo quería enseñarle el título de un video muy corto que tenemos. Se titula ¿Por qué estudiar la Biblia?.

Persona: Le soy sincera: nunca me ha interesado demasiado la Biblia.

Publicador/a: Gracias por decírmelo. ¿Es porque no es religiosa o porque piensa que la Biblia ya no resulta útil?

Persona: Un poco las dos cosas. Además, últimamente tengo otros problemas en los que pensar.

Publicador/a: Lo comprendo. A veces, cuando uno atraviesa una situación difícil, no tiene ganas de escuchar explicaciones religiosas.

Persona: Exactamente. Mi hermana lleva meses enferma y algunas personas me han dicho que todo sucede porque Dios lo quiere. Eso no me ayuda en absoluto.

Publicador/a: Siento mucho lo de su hermana. Y entiendo que esa explicación pueda doler. Este video no intenta dar una respuesta fácil ni le pide a la persona que acepte algo sin comprobarlo. Presenta una pregunta: si la Biblia puede ayudarnos a encontrar respuestas razonables a las grandes cuestiones de la vida.

Persona: ¿Como por qué sufrimos?

Publicador/a: Sí, de hecho, te lo voy a poner. ¿Pudiste notar?. También aborda si la Biblia puede ayudarnos con los problemas diarios y si ofrece una esperanza para el futuro. El video es solo una introducción; anima a examinar personalmente lo que dice la Biblia. Hay un texto que explica qué utilidad pretende tener. ¿Puedo leérselo? Es una sola frase.

Persona: Bueno, una frase sí.

Publicador/a: En 2 Timoteo 3:16 dice: “Toda la Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas y para educar de acuerdo con lo que está bien”. Me llama la atención la palabra “útil”. La Biblia no afirma que solo sirva para ceremonias religiosas, sino que puede ayudarnos en la vida.

Persona: Pero la escribieron hace muchísimo tiempo. El mundo ha cambiado.

Publicador/a: Es una objeción razonable. Han cambiado la tecnología y nuestras circunstancias, pero seguimos enfrentándonos al dolor, la injusticia, la culpa o la pérdida de alguien querido. La cuestión sería comprobar si sus principios y explicaciones siguen siendo útiles en esas situaciones.

Persona: Supongo que por mirar lo que dice tampoco se pierde nada, pero no quiero que intenten convencerme a la fuerza.

Publicador/a: Por supuesto que no. Cada persona debe llegar a sus propias conclusiones. Si le parece, otro día podría mostrarle —sin compromiso— la explicación que da la Biblia sobre el sufrimiento. Podríamos analizar un solo texto y usted me dice sinceramente si le parece razonable.

Persona: Está bien. La próxima semana suelo estar en casa por la tarde.

Publicador/a: Perfecto. Y no se preocupe, seré igual de breve. Espero de corazón que su hermana mejore.

Persona: Muchas gracias.


2. Haga revisitas

Duración: 4 minutos
Lugar: De casa en casa
Objetivo: Ofrezca una revista sobre el tema de la visita anterior
Lección: Empatía
Revista: Despertad! número 1 de 2024: “¿Qué está pasando con el respeto?”
Texto bíblico: Proverbios 15:1

Situación: En la visita anterior, la persona explicó que su jefe la había humillado delante de sus compañeros.

Publicador/a: Hola, Marta. ¿Cómo estás? La última vez me comentaste que tu jefe te había hablado bastante mal delante de tus compañeros. Me quedé pensando en ti. ¿Ha mejorado algo la situación?

Persona: No demasiado. Después se comportó como si no hubiera pasado nada. Yo sigo enfadada.

Publicador/a: Es comprensible. Que te falten al respeto ya es doloroso, pero que lo hagan delante de otras personas debe de resultar todavía más humillante.

Persona: Sí. Y ahora algunos me dicen que no le dé importancia. Es fácil decirlo cuando no te ha pasado a ti.

Publicador/a: Tienes razón. No sería justo quitarle importancia. Precisamente por lo que me contaste, pensé que podría interesarte esta revista. Su título es ¿Qué está pasando con el respeto?.

Persona: Desde luego, parece que cada vez hay menos.

Publicador/a: La revista habla del respeto hacia los demás, del respeto dentro de la familia y también del respeto por uno mismo. No se limita a decir que debemos ser educados; ofrece principios para actuar cuando otras personas no nos tratan bien.

Persona: El problema es que, si eres demasiado amable, algunos se aprovechan de ti.

Publicador/a: Sí, y ser respetuoso no significa permitir que nos humillen ni quedarnos callados ante algo injusto. Podemos defendernos y poner límites sin perder el control. Mira este principio de Proverbios 15:1: “Una respuesta amable aparta la furia, pero una palabra hiriente provoca la ira”.

Persona: ¿Por qué tengo que responderle amablemente si él no lo hace?

Publicador/a: Entiendo lo que quieres decir. El texto no está justificando su conducta. Más bien te ayuda a ti a no dejar que su comportamiento controle tu reacción. Si respondes mientras estás muy enfadada, la discusión puede empeorar y quizás termine utilizándolo en tu contra.

Persona: Eso casi ocurrió. Estuve a punto de decirle delante de todos lo que pensaba de él.

Publicador/a: Y habría sido una reacción humana. Pero una respuesta calmada puede ser firme. Por ejemplo: “Entiendo que quiera corregir mi trabajo, pero preferiría que habláramos en privado y con respeto”. No estás aceptando la humillación; estás dejando claro el límite sin entrar en una pelea.

Persona: Así suena mejor. Aunque no sé si él reaccionaría bien.

Publicador/a: Puede que no cambie inmediatamente. La Biblia no promete que todos responderán bien. Pero actuar de ese modo te permite conservar tu dignidad y evita que después te arrepientas de algo dicho por impulso.

Persona: Eso sí es verdad.

Publicador/a: Te dejo la revista. Hay una sección sobre cómo respetar a quienes piensan de manera diferente y otra sobre el respeto por uno mismo. Quizás alguna idea te resulte útil para decidir cómo hablar con tu jefe.

Persona: Gracias. La leeré, porque tengo que hacer algo con esta situación.

Publicador/a: La próxima vez, si quieres, podemos comentar la idea que te haya parecido más práctica. Y espero que la conversación con tu jefe salga bien.


3. Discurso: “Jesús es el Hijo de Dios”

Duración: 4 minutos
Lugar: Auditorio
Lección: Hablar con convicción
Textos: Mateo 16:16; Juan 3:16; 1 Juan 4:15

Si alguien nos preguntara quién es Jesús, ¿qué responderíamos? Hay quienes lo consideran solamente un buen maestro, un profeta o un personaje histórico. Pero la Biblia identifica con claridad su verdadera posición.

Leamos Mateo 16:16. Cuando Jesús preguntó a sus discípulos quién creían que era él, Pedro respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”.

Pedro no dijo que Jesús fuera simplemente un hombre extraordinario. Lo reconoció como el Cristo prometido y como el Hijo de Dios. Jesús aprobó su respuesta.

Ahora bien, ¿qué significa que Jesús sea el Hijo de Dios? No significa que Dios tuviera una esposa ni que Jesús naciera de la misma manera que un ser humano. La Biblia utiliza la palabra “hijo” para indicar que alguien debe su vida a otro y puede reflejar sus cualidades. Jesús fue creado directamente por Dios y vivió en el cielo antes de venir a la Tierra. Por eso conocía perfectamente a su Padre y reflejaba su personalidad de una manera única.

Pensemos en la importancia que esto tiene. Si queremos saber cómo piensa Dios, cómo trata a las personas y qué espera de nosotros, debemos escuchar a su Hijo.

Además, conocer la identidad de Jesús nos ayuda a valorar el amor de Dios. Juan 3:16 declara: “Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo unigénito para que nadie que demuestre tener fe en él sea destruido, sino que tenga vida eterna”.

Este versículo distingue claramente a Dios de su Hijo: Dios es quien envía y Jesús es el Hijo enviado. Pero también destaca cuánto nos aman los dos. Jehová estuvo dispuesto a entregar a su querido Hijo, y Jesús aceptó voluntariamente dar su vida por nosotros.

¿Cómo demostramos fe en él? No basta con reconocer que existió. Demostramos fe escuchando sus enseñanzas, imitando su forma de tratar a los demás y obedeciendo sus mandatos. Nuestra relación con Dios depende de que aceptemos la función que él le ha dado a Jesús.

Eso queda confirmado en 1 Juan 4:15: “Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios se mantiene en unión con él y él se mantiene en unión con Dios”.

Por tanto, reconocer que Jesús es el Hijo de Dios no es un detalle doctrinal sin importancia. Nos permite acercarnos a Jehová, beneficiarnos del sacrificio de Cristo y tener la esperanza de vivir para siempre.

Podemos estar completamente convencidos de esta verdad: Jesús no fue solo un buen hombre ni únicamente un gran maestro. Es el Cristo, el Hijo unigénito de Dios y aquel mediante quien Jehová nos ofrece salvación. Escucharlo, confiar en él y seguir sus pasos es una decisión que puede cambiar nuestra vida para siempre.


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