Tesoros de la Biblia para la semana del 20 al 26 de Julio de 2026

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Tema: Recuperarnos en sentido espiritual es posible

¿Puede una persona cambiar cuando lleva mucho tiempo haciendo algo malo? Quizás alguien piense: “He caído demasiadas veces”, “este defecto está demasiado arraigado en mí” o “ya no tengo remedio”. Incluso podría llegar a creer que luchar por cambiar es inútil.

Los habitantes de Judá llegaron a pensar de esa manera. Durante muchos años se habían dejado contaminar por la adoración falsa y por prácticas que Jehová detestaba. Su mala conducta estaba profundamente arraigada. Aun así, Jehová no dio por perdido al pueblo inmediatamente. Les rogó que abandonaran su mal camino y corrigieran su conducta.

Esto nos enseña una verdad muy animadora: aunque alguien se haya alejado espiritualmente o lleve tiempo luchando contra una mala inclinación, puede recuperarse. Jehová no espera que pensemos que todo está perdido. Él desea que aceptemos su ayuda y hagamos los cambios necesarios.

El primer punto es este: aunque los habitantes de Judá tenían prácticas malvadas muy arraigadas, Jehová les rogó que corrigieran su conducta.

Leamos Jeremías 18:11:

“Ahora, por favor, diles a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ‘Esto es lo que dice Jehová: “Estoy preparando una calamidad contra ustedes y pensando cómo castigarlos. Por favor, vuelvan de su mal camino y corrijan su conducta y sus acciones”’”.

Jehová anunció que estaba preparando una calamidad contra ellos. Pero fijémonos en el tono de la advertencia. Jehová dijo: “Por favor, vuelvan de su mal camino”. No estaba deseando castigarlos. Les estaba dando la oportunidad de cambiar.

¿Hasta qué punto estaba arraigada la mala conducta de Judá? La información explica que el baalismo consiguió atrincherarse en aquella nación. Algunos reyes fieles hicieron esfuerzos por eliminar la adoración falsa, pero esta volvía a aparecer.

El rey Asá intentó acabar con todo lo relacionado con aquella forma de adoración. Sin embargo, años después, la influencia de la familia de Acab y Jezabel introdujo el baalismo tirio en la familia real de Judá. También se hicieron reformas durante el reinado de Jehoás y, más tarde, durante el de Ezequías. Pero ninguna de ellas eliminó de forma permanente la adoración de Baal.

Después de la muerte de Ezequías, su hijo Manasés reconstruyó los lugares altos que su padre había destruido. Aunque muchos reyes de Judá se contaminaron con la adoración falsa, Manasés llegó mucho más lejos que los demás en la práctica de aquel culto degradado.

Manasés se arrepintió posteriormente e hizo algunas reformas. Más tarde, su nieto Josías llevó a cabo una extensa limpieza de la adoración falsa. Pero, como nación, el pueblo no recuperó de forma permanente la adoración verdadera. La contaminación espiritual había penetrado profundamente en ellos. Finalmente, la nación fue castigada con el exilio y la tierra quedó desolada.

Podría parecer que una situación tan grave ya no tenía solución. Sin embargo, Jehová les seguía diciendo: “Vuelvan de su mal camino y corrijan su conducta y sus acciones”. Eso demuestra que, aunque el pecado estuviera muy arraigado, Jehová todavía estaba dispuesto a perdonarlos si se arrepentían sinceramente.

Qué consolador es esto para nosotros. Jehová no se limita a ver cuánto tiempo llevamos luchando con un defecto. También ve nuestro deseo sincero de cambiar. Quizás alguien lleve años tratando de controlar el mal genio, evitar determinados pensamientos, abandonar una costumbre dañina o corregir una debilidad moral. Es posible que haya avanzado, pero después haya vuelto a tropezar.

En esas circunstancias, Jehová no le dice: “Ya es demasiado tarde”. Le dice, por así decirlo: “Vuelve de tu mal camino y corrige tu conducta”. Jehová desea ayudarnos a cambiar. Pero tenemos que aceptar su corrección y actuar.

No basta con reconocer que algo está mal. Los habitantes de Judá debían corregir “su conducta y sus acciones”. De forma parecida, un arrepentimiento verdadero produce cambios concretos. Quizás tengamos que cortar una amistad perjudicial, cambiar el entretenimiento que consumimos, limitar el uso de internet, pedir ayuda a los ancianos o evitar situaciones que alimenten una mala inclinación.

Jehová puede perdonarnos, pero espera que demostremos con nuestras acciones que realmente deseamos cambiar.

Sin embargo, ¿cómo reaccionaron los habitantes de Judá a la súplica de Jehová? Eso nos lleva al segundo punto: ellos dijeron “¡Es inútil!”, pero estaban equivocados.

Leamos Jeremías 18:12:

“Pero ellos dijeron: ‘¡Es inútil! Pues seguiremos nuestros propios planes y todos nos dejaremos llevar por la terquedad de nuestro corazón malvado’”.

Qué respuesta tan triste. Jehová les estaba ofreciendo una salida. Les decía que podían volver y corregir su conducta. Pero ellos respondieron: “¡Es inútil!”.

Quizás pensaban que habían ido demasiado lejos para cambiar. O puede que simplemente no quisieran hacer el esfuerzo. En vez de luchar contra su mala inclinación, decidieron seguir sus propios planes y dejarse llevar por la terquedad de su corazón.

Decir “es inútil” puede convertirse en una excusa muy peligrosa. Una persona podría pensar: “Siempre he sido así”, “no puedo controlar este deseo”, “he intentado cambiar y he vuelto a caer” o “Jehová nunca me perdonará”. Pero ese razonamiento no procede de Jehová.

Jehová les estaba diciendo que cambiaran precisamente porque el cambio era posible. Él nunca pide algo que esté fuera de nuestras posibilidades con su ayuda. Los habitantes de Judá no estaban condenados a seguir siendo malos. Podían abandonar su conducta, pero prefirieron dejarse llevar por su corazón.

Nosotros debemos tener cuidado de no escuchar una voz parecida dentro de nosotros. La imperfección puede hacernos pensar: “No vas a ser capaz de vencer este mal deseo. No tienes fuerzas suficientes. No vale la pena seguir luchando”.

Pero no debemos aceptar esa idea. Un tropiezo no significa que la lucha esté perdida. Incluso varias recaídas no significan que sea imposible recuperarse. Lo importante es no rendirse ni decidir voluntariamente seguir los propios planes.

Imaginemos a alguien que está subiendo una montaña. Si tropieza y cae, quizás retroceda unos metros. Pero eso no significa que tenga que volver al punto de partida ni abandonar la subida. Puede levantarse, aprender de la caída y seguir avanzando.

De forma parecida, si cometemos un error, debemos analizar qué nos llevó a caer. Quizás necesitemos reforzar nuestras defensas, pedir ayuda o evitar determinadas circunstancias. Lo que no debemos hacer es decir: “Es inútil” y dejar de luchar.

El tercer punto confirma que el cambio es posible: podemos ganar la batalla contra el pecado; no es una lucha inútil.

Leamos Jeremías 18:7, 8:

“Siempre que yo hable de arrancar, demoler y destruir una nación o un reino y entonces esa nación abandone la maldad contra la que hablé, yo cambiaré de opinión sobre la calamidad que tenía pensado mandarle”.

Estas palabras muestran que Jehová tiene en cuenta la reacción de las personas. Si una nación contra la que había hablado abandonaba la maldad, Jehová estaba dispuesto a cambiar de opinión respecto a la calamidad que pensaba mandarle.

Eso demuestra que las advertencias de Jehová no tienen el propósito de quitar toda esperanza. Al contrario, buscan provocar un cambio. Jehová desea que las personas escuchen, abandonen la maldad y se salven.

Esta idea también se aplica a nuestra lucha personal contra el pecado. La Biblia dice que no debemos dejar que el pecado siga “reinando” sobre nosotros. La expresión “reinando” da la idea de un gobernante que controla por completo a sus súbditos. Aunque seamos imperfectos, no tenemos que permitir que el pecado gobierne nuestra vida.

Podemos tener malos deseos, pero no estamos obligados a llevarlos a cabo. Existe una diferencia entre sentir una inclinación incorrecta y decidir actuar de acuerdo con ella. Con la ayuda de Jehová, podemos rechazarla.

Quizás no podamos impedir que aparezca un pensamiento malo, pero sí podemos evitar alimentarlo. Puede que sintamos una fuerte tentación, pero podemos alejarnos de la situación, orar inmediatamente, ocupar la mente con otra cosa o pedir ayuda.

Jehová sabe que somos capaces de resistir. De lo contrario, no nos pediría que lo hiciéramos. Él conoce perfectamente nuestras limitaciones y nunca nos exige algo imposible. Además, no espera que luchemos solos. Nos da su espíritu santo, su Palabra, la oración, las reuniones y el apoyo de hermanos maduros.

Pensemos en un fuego. Cuando acaba de comenzar, quizás pueda apagarse con rapidez. Pero, si se deja crecer, puede convertirse en un incendio difícil de controlar. Algo parecido ocurre con los malos deseos. Si los rechazamos desde el principio, será más fácil vencerlos. Si los alimentamos con fantasías, entretenimiento inadecuado o situaciones peligrosas, se harán más fuertes.

Por eso, no esperemos a estar a punto de caer para reaccionar. Tomemos medidas con anticipación. Identifiquemos qué situaciones nos debilitan y hagamos planes concretos para evitarlas.

También es importante fortalecer el amor por Jehová. La lucha contra el pecado no consiste únicamente en decirnos constantemente: “No debo hacer esto”. Es más eficaz recordar: “Amo a Jehová y no quiero hacer nada que perjudique mi amistad con él”. Cuando el amor por Jehová crece, también crece nuestro deseo de obedecerlo.

Quizás alguien piense que, después de haber cometido un pecado grave, nunca podrá volver a estar bien espiritualmente. Pero el mensaje de Jeremías demuestra lo contrario. Jehová les ofreció a los habitantes de Judá la posibilidad de volver, a pesar de lo arraigada que estaba su mala conducta.

Por supuesto, recuperarse requiere arrepentimiento sincero, humildad y cambios concretos. En algunos casos será necesario hablar con los ancianos y aceptar su ayuda. Puede que el proceso lleve tiempo. Pero no es inútil.

Jehová no define a una persona únicamente por sus errores pasados. También tiene en cuenta lo que decide hacer ahora. Si abandona la maldad y vuelve a él, Jehová está dispuesto a mostrar misericordia.

Así que, si estamos luchando contra una debilidad, no escuchemos la voz que dice: “No puedes cambiar”. Escuchemos a Jehová, que nos dice: “Vuelve de tu mal camino y corrige tu conducta”.

Los habitantes de Judá dijeron: “¡Es inútil!”. Pero estaban equivocados. El cambio sí era posible. Lo que faltó fue la disposición a hacerlo.

Nosotros no queremos repetir su error. Aunque un mal hábito esté muy arraigado, aunque hayamos tropezado más de una vez o aunque el progreso sea lento, podemos seguir luchando. Con la ayuda de Jehová, podemos controlar los malos deseos, corregir nuestra conducta y recuperar nuestra salud espiritual.

Jehová no abandona a quien se arrepiente de corazón y se esfuerza por volver a él. Por eso, nunca pensemos que estamos demasiado lejos, que hemos fallado demasiadas veces o que la lucha es inútil. Recuperarnos en sentido espiritual es posible.


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