Tema: “Tal vez presten atención”
Cuando hablamos con alguien de algo que nos importa y parece que no nos escucha, podemos sentirnos desanimados. Si eso ocurre muchas veces en la predicación, quizá nos preguntemos si nuestros esfuerzos sirven de algo. Ezequiel tuvo que predicar en circunstancias difíciles. Pero Jehová lo ayudó a ver su labor desde una perspectiva que también puede animarnos: aunque muchos no quieran escuchar, todavía puede haber alguien dispuesto a prestar atención.
Jehová no le presentó a Ezequiel una situación más fácil de lo que realmente era. Le explicó con claridad cómo eran las personas a quienes tendría que dirigirse. Eso le permitiría afrontar el rechazo sin sentirse sorprendido ni pensar que había fallado. Antes de fijarnos en lo que debía hacer el profeta, veamos qué le dijo Jehová sobre quienes recibirían el mensaje. Leamos Ezequiel 12:1, 2.
Ezequiel 12:1-2 — Recibí de nuevo las palabras de Jehová. Me dijo: “Hijo del hombre, vives en una casa rebelde. Tienen ojos para ver, pero no ven; tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son una casa rebelde.
El problema no era que aquellas personas carecieran de ojos u oídos. Su rebeldía les impedía aceptar lo que Jehová les estaba comunicando. Así que Ezequiel no debía confundir la falta de respuesta con una falta de capacidad por su parte. El material de apoyo explica que, al rechazar al profeta, aquellos israelitas estaban rechazando a Jehová. Comprender eso debió ayudarlo a no interpretar cada reacción negativa como un fracaso personal.
Además, Ezequiel no estaba realizando una tarea por iniciativa propia. Jehová lo había enviado y le daba su apoyo. El espíritu santo lo fortalecía, y alimentarse de las palabras de Dios lo ayudaba a cumplir su misión. Su confianza, por tanto, no dependía de recibir una buena acogida. Tenía razones para seguir adelante incluso cuando encontraba oposición. Recordar quién le había encargado aquella labor le daba una base firme para no rendirse.
Esto nos ayuda cuando una conversación termina enseguida o alguien no desea escucharnos. Podemos revisar con humildad nuestra manera de hablar, pero no tenemos por qué concluir que hemos predicado mal. Tampoco debemos suponer que toda persona que nos rechaza es rebelde como aquellos israelitas. No conocemos su corazón. Nuestra responsabilidad es presentar el mensaje con fidelidad y respeto. Y Jehová nos enseña a no dar por perdida toda posibilidad de que alguien escuche.
Aunque Jehová conocía la rebeldía de aquel pueblo, le indicó a Ezequiel que hiciera algo que pudiera captar su atención. No bastaría con preparar el equipaje en privado. Debía realizar una serie de acciones visibles que transmitieran un mensaje. Al escuchar las instrucciones, fijémonos tanto en lo que tenía que hacer como en el interés de Jehová por quienes lo observarían. Leamos Ezequiel 12:3-6.
Ezequiel 12:3-6 — Tú, hijo del hombre, prepara tu equipaje para irte al destierro. Entonces vete al destierro durante el día, mientras ellos estén mirando. Vete al destierro, de tu casa a otro lugar, mientras ellos estén mirando. Tal vez presten atención, aunque son una casa rebelde. Durante el día, mientras ellos estén mirando, saca el equipaje para ir al destierro. Luego, al anochecer, mientras ellos estén mirando, debes salir como alguien a quien llevan al destierro. ”Mientras ellos estén mirando, abre un agujero en la pared y saca tus pertenencias a través de él. Mientras ellos estén mirando, échate tus pertenencias al hombro y sácalas en la oscuridad. Tápate la cara para no ver el suelo, porque te estoy convirtiendo en una señal para la casa de Israel”.
Preparar el equipaje, sacarlo durante el día, abrir un agujero en la pared y salir en la oscuridad con las pertenencias al hombro no eran acciones sin sentido. Representaban una salida al destierro. Ezequiel se convertiría en una señal para la casa de Israel. Jehová estaba comunicando su mensaje de una forma que la gente pudiera observar. Las instrucciones insisten en que aquellas acciones debían realizarse a la vista de los demás.
Lo que conmueve es la razón por la que Jehová le mandó hacer aquello: todavía existía la posibilidad de que algunos prestaran atención. No le aseguró a Ezequiel que todos cambiarían ni que su esfuerzo recibiría una respuesta inmediata. Pero tampoco trató al pueblo como si ya no mereciera ninguna oportunidad de escuchar. Aunque conocía su resistencia, siguió comunicándose con ellos. Esa actitud nos enseña a mantener una esperanza equilibrada en la predicación.
Por ejemplo, si alguien nos dice que está ocupado, podemos responder amablemente y terminar la conversación con respeto. No sabemos si en otra ocasión estará dispuesto a escucharnos. Mantener una actitud positiva no significa insistir cuando la persona no quiere hablar ni dar por seguro que aceptará el mensaje. Significa no decidir nosotros que jamás lo hará. Esa esperanza puede ayudarnos a seguir predicando con interés sincero, sin permitir que la indiferencia nos vuelva fríos.
Ahora bien, esa posibilidad de que alguien prestara atención tenía que ir acompañada de la obediencia del profeta. Ezequiel no podía controlar la reacción del pueblo, pero sí podía decidir si cumpliría las instrucciones de Jehová. ¿Qué hizo cuando llegó el momento de actuar? Su respuesta se encuentra en Ezequiel 12:7. Leámoslo.
Ezequiel 12:7 — Yo hice exactamente lo que se me mandó. Durante el día, saqué mi equipaje, el equipaje que uno se lleva al destierro. Al anochecer, abrí con las manos un agujero en la pared. Y, cuando ya estaba oscuro, saqué mis pertenencias llevándolas al hombro; lo hice ante sus ojos.
Ezequiel cumplió lo que se le había mandado, incluidos los detalles que exigían esfuerzo. Sacó el equipaje, abrió la pared con las manos y llevó sus pertenencias al hombro cuando ya estaba oscuro. No hizo depender su obediencia de la respuesta de quienes lo vieran. El material de apoyo señala que es lógico pensar que tenía público, pues Jehová le había indicado que actuara mientras la gente estuviera mirando. Su fidelidad quedaba a la vista.
Nosotros no hemos recibido la comisión de representar aquella señal profética. Pero sí podemos imitar su obediencia y recordar que nuestra conducta también se observa. Pensemos en un vecino que no acepta conversar sobre la Biblia, pero ve que lo saludamos con amabilidad, que respetamos su decisión y que lo tratamos con consideración. No podemos asegurar que cambiará de actitud. Aun así, nuestro buen comportamiento puede darle motivos para reconsiderar la opinión que tiene de nosotros.
Vale la pena meditar en esta pregunta: saber que la gente se fija en nuestra buena conducta, ¿cómo nos ayuda a mantener una actitud positiva aunque no escuchen nuestro mensaje? Nos recuerda que nuestras palabras no son lo único que perciben. También ven cómo reaccionamos cuando nos rechazan. Si conservamos la calma y el respeto, seguimos dando un buen ejemplo. Así, en vez de concentrarnos solo en una conversación que no prosperó, podemos valorar la oportunidad de demostrar nuestra fe.
Por eso, cuando encontremos indiferencia, recordemos a Ezequiel. Jehová conocía la resistencia del pueblo, pero siguió dándole la oportunidad de escuchar, y el profeta cumplió fielmente su misión. Nosotros también podemos seguir hablando con respeto y dando un buen ejemplo. No sabemos quién llegará a prestar atención. Lo que sí podemos hacer es mantenernos fieles, sin perder una actitud positiva.
Disfruta todas las funciones Premium
Más comodidad para preparar tus reuniones y usar todas las herramientas del sitio.
- Navegación sin anuncios
- Mi Grabadora y transcripción en vivo
- Revisión de asignaciones
- Academia completa
- Entradas en audio y lupa de lectura
- Comentarios guardados y sincronizados
- Apoyas el proyecto y ayudas a mantenerlo
Plan mensual
3 € al mesSe renueva cada mes. Cancela cuando quieras.
Elegir mensualPlan anual
30 € al añoPago único durante 12 meses. Sin renovación automática.
Elegir anual









