Tesoros de la Biblia para la semana del 6 al 12 de Julio de 2026

TDB 6-12 JULIO 2026
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Tema: “Jehová merece que le obedezcamos”

A veces recibimos una instrucción que, a primera vista, puede parecernos poco importante o quizá no entendamos del todo por qué se nos da. En esos momentos, podríamos pensar: “¿De verdad hace falta hacerlo así?”. Pero la obediencia no depende de que siempre comprendamos todos los motivos. Depende de cuánto confiamos en quien nos da la instrucción.

Jeremías demostró una obediencia extraordinaria. Jehová le mandó hacer cosas que podían parecer extrañas, incómodas e incluso poco prácticas. Sin embargo, Jeremías no discutió ni buscó excusas. Obedeció. Más tarde comprendió el motivo de aquellas instrucciones y vio que Jehová las había usado para transmitir una lección muy impactante.

Su ejemplo nos enseña una verdad importante: Jehová merece que le obedezcamos, incluso cuando no entendamos de inmediato por qué nos pide algo.

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Veamos primero que, aunque a Jeremías quizás le sorprendió lo que Jehová le había pedido, hizo un gran sacrificio para obedecer.

Jeremías 13:1-7

“Esto es lo que Jehová me dijo: ‘Ve a comprarte un cinturón de lino y átatelo a la cintura, pero no lo metas en agua’. Así que, de acuerdo con las palabras de Jehová, compré el cinturón y me lo até a la cintura. Y recibí las palabras de Jehová una segunda vez. Me dijo: ‘Toma el cinturón que compraste y que llevas puesto, vete al río Éufrates y escóndelo allí en una grieta del peñasco’. De modo que fui y lo escondí junto al Éufrates, tal como me lo había mandado Jehová. Pero, después de muchos días, Jehová me dijo: ‘Levántate, ve al Éufrates a buscar el cinturón que te mandé esconder allí’. Así que fui al Éufrates, desenterré el cinturón y lo saqué del lugar donde lo había escondido. Y vi que el cinturón se había echado a perder; no servía para nada”.

Jehová primero le mandó comprar un cinturón de lino y ponérselo. Eso ya podía parecer una instrucción peculiar. Pero después le pidió viajar hasta el río Éufrates para esconderlo en una grieta de un peñasco. La información que tenemos indica que aquel viaje podía ser de unos 500 kilómetros en un solo sentido. Jeremías tuvo que hacer dos viajes de ida y vuelta. En total, recorrió casi 2.000 kilómetros.

No era un pequeño recado. Imaginemos lo que suponía atravesar las montañas de Judea, recorrer largas distancias y, dependiendo de la ruta, internarse en zonas desérticas. Además, su larga ausencia seguramente despertaría la curiosidad de sus vecinos. Cuando regresó, ni siquiera llevaba el cinturón que había comprado.

Más adelante, Jehová le mandó hacer de nuevo aquel largo viaje para recuperar el cinturón. Y al volver, Jeremías encontró que estaba podrido y que ya no servía para nada. Visto desde fuera, alguien podría haber pensado que todo aquello había sido una pérdida de tiempo y de esfuerzo. Jeremías podía haber razonado: “¿Por qué tengo que recorrer tanta distancia para esconder un cinturón y luego volver a buscarlo?”. Pero no lo hizo.

Jeremías se dejó moldear por Jehová. Por eso obedeció sin quejarse y sin rechistar. Cumplió las instrucciones aunque quizás no entendiera de inmediato el propósito de ellas.

Esto nos invita a pensar en nuestra propia actitud. Es fácil obedecer cuando comprendemos perfectamente el motivo de una instrucción. Pero la obediencia más valiosa se demuestra cuando confiamos en Jehová incluso si no vemos todos los detalles.

Por ejemplo, puede que recibamos un consejo bíblico que, al principio, nos parezca difícil de aplicar. Quizás tenga que ver con el tipo de entretenimiento que escogemos, una amistad, el uso que damos a las redes sociales o la manera de resolver un problema familiar. A lo mejor pensamos que nuestra situación es diferente o que el consejo no parece tan necesario. Pero, igual que Jeremías, hacemos bien en obedecer con humildad.

La obediencia de Jeremías no fue automática ni irreflexiva. Fue una expresión de confianza. Él sabía que Jehová siempre tiene una razón para dar una instrucción, incluso cuando sus siervos todavía no la ven.

Más tarde, Jeremías comprendió por qué Jehová le había dado aquellas instrucciones.

Jeremías 13:8-11

“Entonces recibí las palabras de Jehová. Me dijo: ‘Esto es lo que dice Jehová: “De la misma manera acabaré con el orgullo de Judá y el inmenso orgullo de Jerusalén. Esta gente mala, que se niega a obedecer mis palabras, que con terquedad se deja llevar por su propio corazón y sigue a otros dioses, sirviéndoles e inclinándose ante ellos, acabará igual que este cinturón que no sirve para nada”. “Porque, tal como un cinturón está sujeto a la cintura de un hombre, así yo hice que toda la casa de Israel y toda la casa de Judá se aferraran a mí —afirma Jehová—, para que llegaran a ser para mí un pueblo, un nombre, una alabanza y algo hermoso. Pero no obedecieron”’”.

Ahora quedó claro el significado. El cinturón había estado sujeto a la cintura de Jeremías. De manera parecida, Jehová había hecho que Israel y Judá se aferraran a él. Jehová quería que fueran para él “un pueblo, un nombre, una alabanza y algo hermoso”. ¡Qué privilegio tan grande tenían!

Sin embargo, en vez de mantenerse cerca de Jehová, se dejaron llevar por el orgullo. Se negaron a obedecer sus palabras, siguieron la terquedad de su propio corazón y se fueron tras otros dioses. Por eso, acabarían como aquel cinturón deteriorado: no servirían para nada.

La lección era contundente. Jehová no había dado aquellas instrucciones a Jeremías por capricho. La obediencia del profeta se convirtió en una representación visual de lo que le pasaría a Judá. Su disposición a obedecer, incluso en algo que parecía trivial, ayudó a que Jehová transmitiera un mensaje que podía llegar al corazón de la gente.

Esto también nos enseña algo muy bonito sobre Jehová. Él desea que sus siervos se aferren a él. No quiere que lo obedezcamos por miedo, sino porque reconoce que estar cerca de él es lo mejor para nosotros. Tal como un cinturón está firmemente sujeto a la cintura, Jehová desea que nosotros permanezcamos unidos a él.

Pero el orgullo puede alejarnos de Jehová. Cuando una persona insiste en hacer las cosas a su manera, puede empezar a pensar que sabe más que Jehová o que sus normas no aplican a su caso. Los habitantes de Judá hicieron eso: se dejaron guiar por su propio corazón. Y el resultado fue trágico.

Por eso, cuando recibimos dirección bíblica, queremos evitar una actitud de terquedad. En vez de pensar “yo sé mejor lo que necesito”, deseamos preguntarnos: “¿Qué me está enseñando Jehová? ¿Cómo puedo demostrarle que confío en su guía?”.

La obediencia humilde nos mantiene cerca de Jehová. Y no solo cuando entendemos el motivo de una instrucción, sino especialmente cuando todavía no lo entendemos por completo.

Por último, los cristianos nos esforzamos por ser obedientes como Jeremías aunque no entendamos por qué recibimos ciertas instrucciones.

En algunos países, nuestra obra está prohibida o muy restringida. En esas circunstancias, puede que la sucursal o los ancianos den instrucciones específicas para proteger a los hermanos, continuar recibiendo alimento espiritual y seguir predicando dentro de lo posible.

Quizás no siempre comprendamos todas las razones detrás de esas instrucciones. Puede que pensemos que una medida es demasiado prudente o que habría otra forma de hacer las cosas. Pero no olvidemos el ejemplo de Jeremías. Él obedeció antes de saber exactamente por qué Jehová le había mandado hacer aquellos viajes.

La sabiduría de Jehová es mucho mayor que la nuestra. Por eso, cuando recibimos dirección basada en principios bíblicos, hacemos bien en mostrar una actitud razonable y cooperadora.

Santiago 3:17

“La sabiduría de arriba es ante todo pura, luego pacífica, razonable, dispuesta a obedecer, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y no hipócrita”.

Fijémonos en esta expresión: “dispuesta a obedecer”. No significa ser crédulos ni obedecer sin pensar. Significa confiar en Jehová y reconocer que él sabe mejor que nosotros qué es lo que más nos conviene.

También se nos recuerda que no debemos dar información sobre nuestros hermanos o las actividades de la congregación a quienes no tienen derecho a saberla. En determinados momentos, guardar silencio puede proteger a otros y contribuir a que la obra siga adelante.

Eclesiastés 3:7

“Hay un tiempo para callarse y un tiempo para hablar”.

Ser prudentes no es falta de valor. Puede ser una manera de demostrar amor por nuestros hermanos y respeto por las instrucciones que se nos dan.

La obediencia también está estrechamente relacionada con el amor a Jehová.

1 Juan 5:3

“Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos”.

Obedecer a Jehová no es una carga pesada ni una obligación fría. Es una forma de decirle: “Jehová, te amo, confío en ti y reconozco que tus caminos siempre son mejores que los míos”.

Jeremías no entendió desde el principio el significado del cinturón de lino. Pero obedeció. Y cuando Jehová le explicó el motivo, quedó claro que su obediencia había servido para transmitir una lección vital al pueblo.

Nosotros quizá tampoco entendamos de inmediato por qué Jehová nos da ciertos consejos o por qué se nos piden determinadas cosas dentro de la congregación. Pero podemos estar seguros de que Jehová nunca da instrucciones sin una razón sabia y amorosa.

Por eso, imitemos a Jeremías. Seamos obedientes sin quejarnos, sin buscar excusas y sin dejarnos llevar por nuestro propio corazón. Mantengámonos firmemente unidos a Jehová y demostremos con nuestra obediencia que reconocemos esta verdad: Jehová merece que le obedezcamos.


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