El texto Bíblico es Salmo 73:2, que dice:
“Mis pies casi se habían desviado, estuvieron a punto de resbalar”
El texto diario para hoy es el siguiente:
Es posible que nos sintamos muy heridos y angustiados por culpa de una injusticia. Siervos fieles como Job y Habacuc se sintieron así. Aunque es normal tener estos sentimientos, debemos tener cuidado con cómo reaccionamos para no hacer algo imprudente y no empeorar todavía más las cosas. Cuando vemos que quienes cometen injusticias parecen salirse con la suya sin recibir ningún castigo, es posible que nos preguntemos si de verdad vale la pena hacer lo correcto. Pensemos en el salmista que veía que los malvados maltrataban a los justos y a pesar de todo disfrutaban de la vida. Dijo: “Así son los malvados, para quienes todo es fácil”. Se sentía tan mal por las injusticias que casi perdió de vista lo bueno que era servir a Jehová. Afirmó: “Cuando intentaba comprenderlo, era muy angustioso para mí…”.
Y se basa en La Atalaya de Noviembre de 2024 con el tema: “Cómo reaccionar ante injusticias».
Es posible que nos sintamos muy heridos y angustiados por culpa de una injusticia. Siervos fieles como Job y Habacuc se sintieron así. Aunque es normal tener estos sentimientos, debemos tener cuidado con cómo reaccionamos para no hacer algo imprudente.
Cuando vemos o sufrimos una injusticia, quizás el primer impulso sea tomarnos la justicia por nuestra propia mano. Pero puede que eso solo empeore todavía más las cosas. Pensemos en el ejemplo de Absalón, uno de los hijos del rey David. Se puso furioso cuando se enteró de que su medio hermano Amnón había violado a su hermana Tamar. Según la Ley de Moisés, Amnón merecía morir por lo que había hecho. Es comprensible que Absalón se pusiera furioso, pero él no tenía derecho a tomarse la justicia por su propia mano.
Cuando vemos que quienes cometen injusticias parecen salirse con la suya sin recibir ningún castigo, es posible que nos preguntemos si de verdad vale la pena hacer lo correcto. Pensemos en el salmista que veía que los malvados maltrataban a los justos y a pesar de todo disfrutaban de la vida. Dijo: “Así son los malvados, para quienes todo es fácil”. Se sentía tan mal por las injusticias que casi perdió de vista lo bueno que era servir a Jehová. Dijo: “Cuando intentaba comprenderlo, era muy angustioso para mí…”. Es más, afirmó: “En mi caso, mis pies casi se habían desviado, estuvieron a punto de resbalar”. Algo parecido le pasó a un hermano llamado Alberto.
Ahora pasamos a nuestro análisis personal para el texto diario de hoy:
El texto diario parte de Eclesiastés 7:7, que reconoce algo muy real: una injusticia puede dejarnos heridos y angustiados. No es falta de fe sentirse así. Siervos fieles como Job y Habacuc también se sintieron abrumados por el dolor y por lo que veían.
Pero el punto del texto no es negar esos sentimientos, sino aprender a manejarlos: aunque es normal sentirse mal, debemos tener cuidado con cómo reaccionamos, para no hacer algo imprudente y no empeorar la situación. Cuando parece que los injustos se salen con la suya, puede surgir una pregunta peligrosa: “¿De verdad vale la pena hacer lo correcto?”.
Ahí entra el ejemplo del Salmo 73. El salmista veía a los malvados maltratar a los justos y, aun así, vivir “fácil”. Llegó a decir: “Así son los malvados, para quienes todo es fácil”. Estaba tan afectado por la injusticia que casi perdió de vista lo bueno que es servir a Jehová. Incluso confesó: “Cuando intentaba comprenderlo, era muy angustioso para mí…”. Esa honestidad nos ayuda: incluso un siervo fiel puede tambalearse cuando mira demasiado tiempo la injusticia y no ve justicia inmediata.
La lección es clara: la injusticia duele, pero si dejamos que ese dolor gobierne nuestra mente, puede robarnos la alegría, la paz y hasta la motivación de seguir haciendo lo correcto. Jehová quiere que reconozcamos el dolor, pero que no dejemos que nos destruya.
¿Cómo podemos aplicar el texto diario de hoy?
Primera: cuando te invada la indignación o el pensamiento de “no vale la pena”, haz una pausa y nómbralo en oración. Algo simple: “Jehová, esto me duele y me confunde. Ayúdame a no reaccionar mal y a mantener la paz.”Esa oración te frena antes de actuar con impulsividad.
Segunda: limita el “bucle” mental. El salmista se angustió intentando comprenderlo todo. Si te pasa, pon un límite: deja de rumiar, sal a caminar, cambia de actividad y vuelve a enfocarte en lo que sí controlas: tu conducta, tu lealtad, tu paz. La injusticia no puede quitarte tu integridad si tú no se la entregas.
Tercera (muy práctica): cambia el enfoque con una pregunta correcta:en vez de “¿por qué ellos prosperan?”, pregúntate “¿qué me está dando Jehová ahora que el mundo no puede dar?”.
Eso recupera perspectiva: la paz con Jehová, una conciencia limpia, esperanza real y una familia espiritual. Eso vale más que cualquier “vida fácil” temporal.



