Tema: Jehová valora tus esfuerzos por hacer lo correcto
Hacer lo correcto no siempre es fácil. A veces significa ser diferente de quienes nos rodean, rechazar una oportunidad atractiva o mantenernos firmes aunque nadie nos felicite. En esos momentos, quizás nos preguntemos si alguien nota nuestro esfuerzo. El ejemplo de Daniel nos da una respuesta muy animadora: Jehová sí lo nota y lo valora. Su vida nos ayuda a comprender qué clase de reputación merece la pena cultivar y por qué podemos seguir haciendo lo correcto con alegría.
Para empezar, pensemos en lo que significa tener una buena reputación ante Jehová. Una persona puede recibir elogios por sus capacidades o por el puesto que ocupa. Pero Jehová destacó a Daniel por algo mucho más importante: su justicia. Y lo hizo mediante otro profeta, Ezequiel. No era Daniel quien hablaba bien de sí mismo; era Jehová quien lo presentaba como un ejemplo digno de atención. Escuchemos cómo lo mencionó en Ezequiel 14:14, 20.
Ezequiel 14:14,20 — ‘Aun si estos tres hombres —Noé, Daniel y Job— estuvieran en ese país, por su justicia podrían salvarse solo a sí mismos’, afirma el Señor Soberano Jehová”. Tan cierto como que yo vivo —afirma el Señor Soberano Jehová—, si Noé, Daniel y Job estuvieran en él, no salvarían ni a sus hijos ni a sus hijas; por su justicia se salvarían solo a sí mismos’”.
Jehová colocó a Daniel junto a Noé y Job como ejemplo de justicia. ¡Qué muestra de confianza! Además, Daniel todavía era joven cuando recibió ese reconocimiento. El pasaje también deja claro que la justicia de aquellos hombres no podía salvar automáticamente a sus hijos. Cada persona tenía su propia responsabilidad ante Dios. Por tanto, lo que Jehová valoraba en Daniel no era simplemente que perteneciera a su pueblo, sino la clase de persona que él mismo había decidido ser.
Esto nos invita a pensar en nuestra propia reputación. Es una bendición contar con familiares y amigos que aman a Jehová, pero nadie puede tomar por nosotros la decisión de obedecerle. Podemos preguntarnos: “¿Qué muestran mis elecciones sobre la persona que deseo ser?”. No necesitamos llamar la atención para que Jehová vea nuestra conducta. Él valoró la justicia de Daniel. Ahora bien, ¿cómo había cultivado aquel joven esa excelente reputación en un ambiente tan difícil?
Daniel había sido separado de sus padres y llevado cautivo a Babilonia. Quizás tenía unos doce o trece años. De repente, se encontraba en una ciudad llena de idolatría y ocultismo, rodeado de personas que no obedecían las leyes de Jehová. Además, los babilonios despreciaban a los judíos y se burlaban de su Dios. Para un joven fiel, aquello debía ser doloroso. Mantener sus convicciones exigía mucho más que seguir la corriente de quienes lo rodeaban.
Pero no toda la presión llegaba mediante burlas. Daniel y sus tres compañeros, Hananías, Misael y Azarías, habían sido escogidos para prepararse al servicio del rey. Recibían una atención especial y tenían oportunidades que probablemente nunca habrían tenido en Israel. Esa situación podía resultar atractiva. Daniel tenía que decidir qué pesaría más: las ventajas que le ofrecía Babilonia o su amistad con Jehová. Su madurez se vería, no solo en lo que sabía, sino en lo que eligiera hacer.
Cuando surgió el problema de los alimentos del rey, Daniel ya estaba decidido a no contaminarse. No permitió que el esplendor de Babilonia debilitara su fe ni quiso acercarse a la religión falsa. Esa determinación nos ayuda a entender por qué Jehová lo señaló como ejemplo de justicia. Daniel no se limitaba a decir que amaba lo correcto. Lo demostraba con decisiones concretas, incluso cuando obedecer a Jehová lo distinguía de otras personas y podía parecer poco conveniente.
Los jóvenes pueden imitar esa determinación. En la escuela, por ejemplo, pueden pensar de antemano cómo explicarán con respeto una decisión basada en sus creencias. También pueden aprovechar una ocasión apropiada para hablar de Jehová con una compañera o un compañero. Tal vez sientan nervios o teman una reacción desfavorable. Pero el ejemplo de Daniel les recuerda que no hace falta esperar a ser adultos para demostrar madurez espiritual. Sus decisiones de ahora ya tienen valor para Jehová.
Daniel también afrontó una prueba más sutil: tenía capacidades excepcionales y recibió privilegios especiales. Podía haberse vuelto orgulloso, convencido de que siempre sabía más que los demás. Sin embargo, siguió siendo humilde y modesto, y dio a Jehová el mérito por sus logros. Así que hacer lo correcto no consiste únicamente en rechazar algo malo. También implica conservar una actitud apropiada cuando las cosas salen bien, cuando recibimos elogios o cuando se nos confían responsabilidades.
Esa lección nos sirve a todos. Si contamos con experiencia o alguna habilidad, podemos preguntarnos: “¿Me resulta fácil aceptar sugerencias? ¿Reconozco lo que recibo de Jehová?”. Daniel mantuvo su fe y su obediencia durante toda su vida. No se trató de una sola decisión valiente, sino de un proceder constante. Su buena reputación estaba respaldada por sus acciones. Y Jehová no solo observó esa fidelidad; también bendijo a Daniel y lo utilizó para realizar cosas importantes.
Gracias al favor de Dios, Daniel llegó a ser un alto funcionario de Babilonia y, más tarde, de Medopersia. Tal vez Jehová permitió que ocupara esos puestos para que pudiera ayudar a su pueblo. Pensemos en el ánimo que debió darles a Ezequiel y a los demás cautivos judíos ver la mano de Jehová en todo aquello. Daniel estaba lejos de su tierra, pero Jehová no lo había olvidado. Su fidelidad era valiosa a los ojos de Dios.
No debemos concluir que hacer lo correcto siempre traerá un puesto destacado. La enseñanza es que Jehová aprecia la fidelidad y puede usar a sus siervos de maneras valiosas. En el caso de Daniel, ese aprecio se mantuvo con los años: cuando debía tener casi cien, un ángel le comunicó con cariño que Dios lo consideraba muy valioso. Pero ¿qué nos asegura que nuestros propios esfuerzos también complacen a Jehová? Leamos Proverbios 21:3.
Proverbios 21:3 — La conducta correcta y justa complace más a Jehová que un sacrificio.
Este proverbio nos ayuda a ver lo que Jehová considera más importante. Un sacrificio no sustituye una conducta correcta y justa. Jehová desea que nuestra adoración vaya acompañada de decisiones que armonicen con sus normas. Por eso, no pensemos que solo cuentan las tareas que otros pueden ver. Ser honrados cuando podríamos obtener una ventaja, tratar con justicia a alguien o mantenernos humildes después de recibir un elogio son maneras prácticas de demostrar que queremos complacerlo.
Así que hagámonos la pregunta: “¿Cómo se siente Jehová cuando me esfuerzo por hacer lo correcto?”. Proverbios nos permite responder con confianza: nuestra conducta justa le complace. Pensemos en alguna decisión que tengamos por delante, quizá en la escuela, en el trabajo o en casa. En vez de fijarnos solo en la dificultad o en la reacción de otros, recordemos la alegría de agradar a Jehová. Esa perspectiva puede darnos fuerzas para mantener nuestra decisión.
Daniel cultivó una excelente reputación ante Jehová, defendió lo correcto desde joven y recibió bendiciones que le permitieron ser útil. Su ejemplo nos anima a seguir adelante, aunque hacer lo correcto cueste y otros no comprendan nuestras decisiones. Cuando tengamos que elegir, recordemos a quién deseamos complacer. Nuestro esfuerzo no pasa inadvertido para Jehová. Él conoce las circunstancias que afrontamos y valora que, por amor a él, escojamos hacer lo correcto.
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