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Tesoros de la Biblia para la semana del 1 al 7 de febrero de 2027

Tesoros de la Biblia para la semana del 1 al 7 de febrero de 2027

Tema: “Actué por causa de mi nombre”

Cuando alguien habla mal de una persona a la que queremos, nos duele. No pensamos solo en un nombre, sino en la persona que hay detrás: sus cualidades, sus intenciones y su manera de tratar a los demás. Algo mucho más importante está en juego cuando se difama a Jehová. Amamos a nuestro Padre y deseamos que todos conozcan cómo es realmente. Por eso nos importa tanto su nombre.

Para comprender por qué nada es más importante que el nombre de Jehová, pensemos en lo ocurrido en Edén. Satanás no se limitó a proponer una conducta equivocada. Primero atacó la reputación de Dios. Dio a entender que Jehová no era generoso y que sus límites eran demasiado estrictos. Después contradijo lo que Dios había dicho, presentándolo como un mentiroso. Buscaba que Eva desconfiara de Jehová y, como resultado, dejara de obedecerle.

De modo que aquella rebelión tuvo relación directa con la manera de ver a Jehová. Si una persona cree que Dios es injusto o que le niega algo bueno, será más fácil que rechace su guía. Satanás sigue utilizando mentiras para provocar esa desconfianza. Por eso, santificar el nombre de Jehová implica mucho más que pronunciarlo con respeto: deseamos que quede limpio de toda calumnia y que todos lo consideren santo.

Jehová está decidido a limpiar su nombre por el bien de toda la creación. Jesús también destacó esa prioridad al enseñar a sus discípulos a pedir en oración que el nombre de su Padre fuera santificado. Esto nos ayuda a ordenar nuestras propias preocupaciones. Nuestras necesidades son importantes para Jehová, pero no queremos pensar únicamente en ellas. Queremos que nuestras oraciones reflejen cuánto nos importa su reputación.

Además, la importancia de ese nombre no desaparecerá cuando se resuelvan las cuestiones relacionadas con la rebelión. El propósito de Jehová es que su santo nombre sea alabado para siempre. Así que no estamos ante un asunto pasajero. Conocer y honrar a Jehová seguirá dando sentido a nuestra adoración. Ahora bien, si su nombre es tan importante, ¿qué ha hecho él para defenderlo de las acusaciones?

Jehová no ha permanecido indiferente ni ha dejado sin respuesta las mentiras de Satanás. Sus acciones demuestran cómo es en realidad. En el capítulo 20 de Ezequiel encontramos una explicación que él mismo repite al hablar de su manera de tratar a Israel. Escuchemos Ezequiel 20:9, 14 y 22, y fijémonos en el motivo que destaca.

Ezequiel 20:9,14,22 — Pero actué por causa de mi nombre, para que este no fuera profanado delante de las naciones entre las que ellos vivían. Porque me di a conocer a ellos delante de esas naciones cuando los saqué de la tierra de Egipto. Pero actué por causa de mi propio nombre, para que este no fuera profanado delante de las naciones; ante sus ojos los saqué. Sin embargo, me contuve y actué por causa de mi propio nombre, para que este no fuera profanado delante de las naciones; ante los ojos de ellas los saqué.

En los tres versículos, Jehová relaciona sus decisiones con la santidad de su nombre. Había sacado a los israelitas de Egipto ante los ojos de otras naciones. Su manera de tratarlos influía en lo que esas naciones pensarían de él. Por eso, su reputación no era un detalle secundario. Incluso al contenerse, tenía presente que su nombre no fuera profanado. Sus decisiones estaban guiadas por algo mucho mayor que la conducta de aquellos israelitas.

Esto nos ayuda a no confundir la paciencia de Jehová con debilidad o falta de interés. La rebelión le ha causado dolor, pero él ha manejado la situación con sabiduría, paciencia y justicia. También ha demostrado su poder y, sobre todo, su amor. No necesita actuar con precipitación para demostrar que tiene razón. Todo lo que hace contribuye a mostrar que las acusaciones contra él son falsas y que merece nuestra confianza.

La Biblia presenta una respuesta completa a esas acusaciones: mediante el Reino en manos de su Hijo, Jehová santifica su nombre y devuelve la paz y la justicia a la Tierra. Recordarlo nos sostiene cuando vemos sufrimiento y maldad. Aunque no comprendamos cada situación, sabemos que Jehová nunca ha dejado de trabajar para santificar su nombre. Y eso nos lleva a una pregunta personal: ¿podemos nosotros contribuir a honrarlo?

Sí, Jehová permite que sus siervos participen en algo tan valioso. En el mismo capítulo de Ezequiel, anunció que reuniría a su pueblo y que aceptaría de nuevo su adoración. Al escuchar la promesa, fijémonos en la relación entre el servicio de su pueblo y la santificación de su nombre. Leamos Ezequiel 20:40 y 41.

Ezequiel 20:40-41 — ”‘Porque en mi santa montaña, en una montaña alta de Israel —afirma el Señor Soberano Jehová—, es donde toda la casa de Israel, toda entera, me servirá en el país. Allí me complaceré en ellos y les pediré las contribuciones y las primicias de sus ofrendas, todas sus cosas santas. Por el aroma agradable, me complaceré en ustedes cuando los saque de los pueblos, de las tierras por las que han sido dispersados, y los reúna; y seré santificado entre ustedes ante los ojos de las naciones’.

Jehová prometió que se complacería en su pueblo y en sus ofrendas. La adoración pura sería restaurada. Pero aceptar aquellas ofrendas no significaba que la conducta de quienes las presentaban careciera de importancia. Los judíos que regresaran debían seguir siendo obedientes y espiritualmente puros. Así disfrutarían del perdón y de una relación cercana con Dios. Su adoración y su manera de vivir debían estar en armonía; ambas tenían que dar honra a Jehová.

Los cristianos no ofrecemos sacrificios animales. Ofrecemos alabanzas a Jehová y predicamos el mensaje acerca de él. El material de referencia destaca que, desde 1919, el esclavo fiel y prudente dio todavía más importancia a la predicación y la organizó más a fondo. Así, un número creciente de siervos de Dios ha ofrecido alabanzas a su nombre. Cuando participamos en el ministerio y alabamos a Jehová en las reuniones, también nosotros le damos honra.

Pero nuestras palabras deben ir acompañadas de hechos. Pensemos en una situación cotidiana: alguien sabe que somos testigos de Jehová y observa cómo respondemos cuando nos tratan mal. Una respuesta respetuosa y el esfuerzo por mantener la calma pueden ayudarle a formarse una buena opinión del Dios al que servimos. Lo mismo ocurre cuando somos honrados aunque nos cueste. No buscamos que nos admiren a nosotros, sino que nuestra conducta dé honra a Jehová.

También podemos fortalecer ese deseo en la adoración en familia. Una sugerencia es ver el video «Padre, glorifica tu nombre» y conversar sobre cómo la Traducción del Nuevo Mundo santifica el nombre de Jehová. Después podríamos preguntarnos: «¿Cómo podemos usar lo aprendido para ayudar a alguien a conocer mejor a Jehová?». Esa conversación puede ayudarnos a conectar nuestro estudio con la predicación y con las decisiones diarias. Así, honrar su nombre será una prioridad compartida por toda la familia.

Nada es más importante que el nombre de Jehová. Él nunca ha dejado de actuar para santificarlo, y nos concede el honor de colaborar con él mediante nuestra adoración y nuestra conducta. Al tomar decisiones esta semana, preguntémonos: «¿Le dará honra a Jehová lo que voy a decir o hacer?». Que nuestro amor por él nos impulse a defender su buena reputación y a ayudar a otros a conocerlo.

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