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Tesoros de la Biblia para la semana del 15 al 21 de marzo de 2027

Tesoros de la Biblia para la semana del 15 al 21 de marzo de 2027

Tema: Los poderosos gobernantes no son rivales para Jehová

Cuando los gobernantes hacen una demostración de fuerza, es fácil sentirse pequeño. Sus decisiones pueden afectar a muchísimas personas, y sus amenazas pueden causar temor. Pero hay algo que nunca debemos perder de vista: su poder tiene límites. El de Jehová, no. Recordar esa diferencia nos ayuda a mirar el futuro con tranquilidad. Los poderosos gobernantes no son rivales para Jehová. Lo que él dijo acerca del faraón nos permite entenderlo.

Pensemos primero en las imágenes que Jehová utilizó para describir al rey de Egipto. No lo comparó con un animal indefenso, sino con criaturas que podían imponer respeto y provocar miedo. Así reconocía que el faraón ejercía un poder considerable. Sin embargo, la descripción también mostraba lo que ese gobernante hacía con su fuerza y cuál sería su final. Escuchemos Ezequiel 32:2.

Ezequiel 32:2 — “Hijo del hombre, canta una canción de duelo acerca del faraón, el rey de Egipto, y dile: ‘Eras como un león joven y fuerte de las naciones, pero has sido silenciado. Eras como un monstruo marino; te revolcabas en tus ríos, con las patas enturbiabas las aguas y ensuciabas los ríos’.

Un león joven transmite una sensación de vigor. La imagen de un monstruo marino también sugiere una fuerza difícil de contener. Pero fijémonos en el efecto que producía el faraón: en vez de mantener limpias las aguas, las ensuciaba. La comparación no presenta un poder que beneficiara a todos. Describe a un gobernante cuya actividad perturbaba a otros. Su fuerza podía impresionar, pero no lo hacía digno de confianza.

Además, Jehová mandó cantar una canción de duelo acerca de él. Por muy fuerte que pareciera, su poder no iba a durar. ¿Qué aprendemos? Que no debemos confundir una apariencia imponente con una seguridad permanente. Cuando un gobernante nos impresione por su autoridad o por sus amenazas, recordemos al faraón. Jehová veía sus límites. Y no solo anunció su caída; también explicó cómo reaccionarían quienes la vieran.

La destrucción de Egipto no pasaría inadvertida. Otros pueblos y sus reyes tendrían que enfrentarse a una realidad inquietante: una potencia que parecía tan fuerte no había podido evitar el juicio de Jehová. Esa caída dejaría al descubierto la fragilidad del poder humano. Quienes antes podían sentirse seguros comprenderían que ellos también eran vulnerables. Notemos la intensidad de su reacción al leer Ezequiel 32:10.

Ezequiel 32:10 — Haré que muchos pueblos queden horrorizados, y, cuando yo use mi espada delante de ellos, sus reyes se estremecerán de temor a causa de ti. Temblarán sin parar, cada uno temiendo por su vida, en el día de tu caída’.

No se trataba simplemente de sorpresa. Jehová anunció horror y un temor persistente. Aquellos reyes estarían preocupados por su propia vida. ¿Por qué? Porque la caída de Egipto demostraría que el poder de un gobernante no podía protegerlo frente a Jehová. Lo que le ocurriera al faraón derrumbaría la confianza de otros. Ninguno podría mirar aquella intervención divina y concluir que su propia posición lo hacía intocable.

Esta advertencia también nos ayuda a poner nuestras preocupaciones en perspectiva. Si una noticia sobre los gobiernos nos inquieta, podemos preguntarnos: «¿Estoy mirando solo su poder, o también estoy teniendo en cuenta el de Jehová?». No necesitamos minimizar las amenazas para conservar la calma. Necesitamos recordar quién es superior a todos los gobernantes. Y esa lección será especialmente importante cuando llegue el enfrentamiento anunciado para el Armagedón.

Lo que ocurrió con el faraón nos ayuda a comprender por qué los gobernantes tampoco serán rivales para Jehová en el futuro. El Armagedón no será una lucha entre fuerzas equivalentes. Aunque los reyes de toda la tierra estén implicados, seguirán siendo humanos enfrentándose al Todopoderoso. La cantidad de participantes no cambia esa diferencia fundamental. Leamos cómo identifica esta guerra el texto de Apocalipsis 16:14.

Apocalipsis 16:14 — De hecho, son mensajes inspirados por demonios y realizan señales; se dirigen a los reyes de toda la tierra habitada con el fin de reunirlos para la guerra del gran día de Dios, el Todopoderoso.

El pasaje muestra que detrás de esa reunión de los reyes está la influencia de los demonios. No es una iniciativa capaz de frustrar el propósito de Dios. Según el material que estamos considerando, Satanás incitará a las naciones a intentar eliminar a los siervos de Jehová y la adoración pura. Los gobiernos atacarán con todas sus fuerzas. Pero su determinación no les dará la victoria.

Jehová contará con un ejército celestial dirigido por Jesús. Pensemos en lo que eso significa para nosotros. Jesús ama a su Padre y desea proteger a quienes también lo aman y le sirven. No verá el ataque contra ellos con indiferencia. El mismo que dirigirá la acción contra los enemigos de Dios estará defendiendo a los siervos leales. Esa perspectiva nos da buenas razones para confiar.

Los 144.000 también lucharán al lado de Jesús. Antes de que empiece el Armagedón, los últimos ungidos que queden en la Tierra habrán subido al cielo. Muchos han trabajado estrechamente con las otras ovejas y han formado amistades profundas. Entonces tendrán la autoridad y el poder para defender a quienes los apoyaron lealmente. Pensar en esos lazos de cariño hace que la protección prometida resulte todavía más reconfortante.

Además, los ángeles formarán parte de ese ejército. Ya ayudaron a Jesús a expulsar del cielo a Satanás y los demonios, y participan en reunir a las personas que desean adorar a Jehová. También podrán proteger a sus siervos leales. Todos los integrantes del ejército celestial tendrán el honor de santificar y vindicar el nombre de Jehová. Frente a ellos, el poder humano no podrá prevalecer.

Llegados a este punto, preguntémonos: «¿Por qué no debemos tenerle miedo al Armagedón?». No porque el ataque de las naciones sea insignificante, sino porque Jehová ha prometido proteger a sus siervos. Nuestra tranquilidad depende de quién nos cuida, no de cuántos se opongan a nosotros. Para fortalecer esa confianza, escuchemos las imágenes de refugio y protección que encontramos en Salmos 91:1 y del 5 al 10.

Salmos 91:1,5-10 — El que viva en el lugar secreto del Altísimo se hospedará bajo la sombra del Todopoderoso. No temerás los terrores de la noche ni la flecha que vuela de día ni la plaga que acecha en la oscuridad ni la destrucción que arrasa al mediodía. Mil caerán a tu lado y diez mil a tu derecha, pero a ti nada de eso se te acercará. Solamente lo verás con tus ojos, cuando seas testigo del castigo de los malvados. Como tú dijiste “Jehová es mi refugio”, has hecho del Altísimo tu lugar de residencia; ningún desastre vendrá sobre ti y ninguna plaga se acercará a tu tienda.

El salmo dirige nuestra atención al refugio que ofrece Jehová. Por eso, al pensar en el Armagedón, no nos concentremos únicamente en la destrucción. Pensemos también en la salvación de sus siervos y en el comienzo del nuevo mundo. Si aparecen temores, volvamos a estas promesas y acerquémonos a Jehová en oración. Cultivar ahora nuestra confianza en él nos ayudará a mirar hacia adelante con esperanza.

El faraón parecía formidable, pero no pudo ponerse por encima de Jehová. Su caída haría temblar a otros reyes. Y en el Armagedón, tampoco los gobernantes unidos podrán vencer al ejército celestial. Por eso, cuando sintamos inquietud, recordemos dónde está nuestro refugio. No necesitamos conocer todos los detalles del futuro para confiar en quien lo tiene bajo control. Los poderosos gobernantes no son rivales para Jehová.

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