Tema: “Haré un nuevo pacto”
Cuando dos personas hacen un pacto, se comprometen a cumplir determinadas condiciones. Pero ¿qué ocurriría si uno de los participantes incumpliera repetidamente lo acordado? Eso fue precisamente lo que ocurrió con el pacto de la Ley. Jehová había cumplido fielmente su parte, pero los israelitas demostraron una y otra vez que, debido a su imperfección, no podían obedecer perfectamente la Ley.
Ahora bien, eso no significaba que el pacto de la Ley hubiera fracasado. Había cumplido un propósito muy importante: dejó claro que los seres humanos necesitaban algo mejor, un medio que permitiera obtener un perdón verdadero y duradero de los pecados.
Y Jehová prometió precisamente eso. Mediante Jeremías anunció que llegaría el momento de establecer “un nuevo pacto”, un pacto con beneficios mucho más amplios y duraderos.
El primer punto es que Jehová prometió que sustituiría el pacto de la Ley mosaica por “un nuevo pacto”.
Jeremías 31:31, 32
“‘Mira, se acercan los días —afirma Jehová— en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No será como el pacto que hice con sus antepasados el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, “el pacto mío que ellos rompieron, aunque yo era su verdadero amo”, afirma Jehová’”.
Jehová mismo destaca una diferencia: el nuevo pacto “no será como” el pacto que hizo con los israelitas cuando los sacó de Egipto.
Aquel antiguo pacto había dado a Israel grandes privilegios. Al aceptarlo, la nación se convirtió en la “propiedad especial” de Jehová. Además, la tribu de Leví proporcionaba los sacerdotes y los sacrificios permitían que el pueblo mantuviera una relación aprobada con Dios.
Pero la Ley también puso de manifiesto un problema. Los israelitas eran imperfectos y no podían obedecerla a la perfección. Una y otra vez pecaban y necesitaban ofrecer nuevos sacrificios. La sangre de animales no podía eliminar definitivamente el pecado.
Era como tener una deuda que se iba cubriendo temporalmente, pero que nunca desaparecía por completo. Cada sacrificio recordaba que todavía hacía falta una solución definitiva.
Por eso era necesario algo mejor: un sacrificio perfecto que no tuviera que repetirse y que pudiera proporcionar un perdón duradero.
Así que el anuncio de Jeremías era extraordinario. Jehová estaba anticipando que llegaría una nueva disposición que permitiría lograr algo que el pacto de la Ley no podía conseguir por sí mismo.
Esto también nos ayuda a valorar la manera de actuar de Jehová. Él no cambia sus normas para acomodarlas a la imperfección humana. Más bien, proporciona amorosamente el medio necesario para que seres humanos imperfectos puedan tener una buena relación con él sin comprometer su justicia.
El segundo punto explica en qué consistiría aquel nuevo pacto: sería entre Jehová y el Israel espiritual y pondría la base legal para el perdón de pecados.
Jeremías 31:33, 34
“‘Pues el pacto que haré con la casa de Israel después de esos días —afirma Jehová— es este. Pondré mi ley dentro de ellos y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo’. ‘Y ya nadie le enseñará a su prójimo ni a sus hermanos diciéndoles “¡Conozcan a Jehová!”, porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor —afirma Jehová—. Y yo perdonaré su error y no me acordaré más de su pecado’”.
Fijémonos en dos ideas preciosas de estos versículos.
Primero, Jehová dijo: “Pondré mi ley dentro de ellos y la escribiré en su corazón”. No se trataría simplemente de conocer unas normas escritas. Quienes formaran parte del nuevo pacto tendrían que amar las leyes de Jehová y permitir que estas influyeran profundamente en sus pensamientos, motivaciones y decisiones.
Segundo, Jehová prometió: “Perdonaré su error y no me acordaré más de su pecado”.
¿Cómo podía Jehová hacer esto y, al mismo tiempo, respetar perfectamente su propia justicia?
No podía simplemente ignorar el pecado. Su norma exigía que hubiera una base legal para el perdón. Y esa base no sería la sangre de toros ni de machos cabríos. El nuevo pacto fue validado mediante algo muchísimo más valioso: la sangre perfecta de Jesucristo.
El sacrificio de Jesús proporcionó el rescate necesario. A diferencia de los sacrificios animales que tenían que repetirse constantemente, su sacrificio perfecto podía proporcionar un perdón duradero.
Por tanto, cuando Jehová dice que “no se acordará más” del pecado, no significa que literalmente lo olvide. Significa que, una vez que perdona sobre la base del sacrificio de Cristo, no sigue utilizando esos pecados contra la persona.
¿Quiénes forman parte directamente de este nuevo pacto?
No es la nación de Israel natural. Jesús explicó que el privilegio que aquella nación había tenido sería concedido a otra nación. Esta resultó ser “el Israel de Dios”, compuesto por cristianos ungidos con espíritu santo.
De modo que el antiguo pacto se estableció entre Jehová e Israel natural, mientras que el nuevo pacto se establece entre Jehová y el Israel espiritual, teniendo a Jesucristo como Mediador.
Esto demuestra cuánto ha hecho Jehová para solucionar el problema del pecado. Él no rebajó su norma de justicia. Pagó el precio más elevado posible al proporcionar a su propio Hijo como rescate.
Pero quizás alguien se pregunte: “Si el nuevo pacto se establece con los cristianos ungidos, ¿qué ocurre con los cristianos que esperan vivir para siempre en la Tierra?”.
Eso nos lleva al tercer punto: los cristianos que no forman parte del Israel espiritual también se benefician del nuevo pacto.
Isaías había profetizado que personas que no pertenecieran directamente a Israel podrían unirse a Jehová y beneficiarse de sus disposiciones.
Isaías 56:6, 7
“A los extranjeros que se han unido a Jehová para ministrarle y para amar el nombre de Jehová, a fin de llegar a ser siervos de él, a todos los que guardan el sábado para no profanarlo, y que se asen de mi pacto, yo también ciertamente los traeré a mi santa montaña y haré que se regocijen dentro de mi casa de oración. […] Porque mi propia casa será llamada […] casa de oración para todos los pueblos”.
Los cristianos con esperanza terrestre no son participantes del nuevo pacto. Sin embargo, son beneficiarios de él. Se aferran a esta disposición y se someten a ella.
Gracias al nuevo pacto y al sacrificio de Jesús, también pueden disfrutar de una buena relación con Jehová, recibir el perdón de sus pecados y tener la esperanza de vivir para siempre bajo el Reino de Dios.
Por eso, el nuevo pacto no beneficia únicamente a un pequeño grupo. Sus efectos alcanzan a una enorme cantidad de personas que aman a Jehová y ejercen fe en el sacrificio de Cristo.
Y aquí encontramos una enseñanza muy personal para todos nosotros.
Jehová dijo: “No me acordaré más de su pecado”. Una vez que él perdona a una persona arrepentida, no continúa sacándole a relucir una y otra vez aquello que hizo.
¿Imitamos nosotros esa manera de actuar?
Quizás alguien nos ofendió y posteriormente se disculpó sinceramente. Nosotros le dijimos: “Te perdono”. Pero, meses después, durante una discusión, volvemos a mencionar lo ocurrido. Si hacemos eso, realmente no estamos imitando completamente a Jehová.
Esto puede aplicarse a pequeños errores entre amigos o hermanos, pero también a situaciones mucho más dolorosas. Perdonar no siempre significa que las emociones desaparezcan inmediatamente ni que tengamos que fingir que nada ocurrió. Algunas heridas necesitan tiempo para sanar.
Sin embargo, si hemos decidido perdonar a una persona arrepentida, no deberíamos utilizar constantemente su error como un arma contra ella.
Pensemos en lo tranquilizador que resulta saber que Jehová no hace eso con nosotros. Todos cometemos errores. Quizás incluso haya pecados del pasado que todavía nos avergüencen. Pero, si nos hemos arrepentido sinceramente y Jehová nos ha perdonado sobre la base del sacrificio de Cristo, no tenemos que pensar que él continúa recordándonos constantemente ese error.
El nuevo pacto nos enseña, por tanto, muchísimo sobre Jehová. Nos muestra su justicia, porque no ignoró el pecado. Nos muestra su amor, porque proporcionó el sacrificio de su Hijo. Y nos muestra su misericordia, porque está dispuesto a perdonar de manera verdadera y duradera.
El pacto de la Ley cumplió su propósito, pero hacía falta algo mejor. Jehová prometió ese “nuevo pacto”, lo hizo posible mediante la sangre de Jesús y permitió que tanto los cristianos ungidos como quienes tienen esperanza terrestre recibieran grandes beneficios.
Así que valoremos profundamente esta disposición. Y cada vez que pensemos en las palabras de Jehová: “No me acordaré más de su pecado”, esforcémonos por imitar su misericordia y por perdonar de corazón a quienes se arrepienten sinceramente.
De esa manera demostraremos cuánto agradecemos que Jehová haya cumplido esta maravillosa promesa: “Haré un nuevo pacto”.
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