Seamos Mejores Maestros para la Semana del 21 al 27 de septiembre de 2026

Seamos Mejores Maestros para la Semana del 21 al 27 de septiembre de 2026

EMPIECE CONVERSACIONES

Duración: 3 minutos
Lugar: Predicación pública
Objetivo: Ofrecer un curso de la Biblia a una persona que no tiene antecedentes cristianos
Lección: Tacto
Texto bíblico: Mateo 7:12
Publicación: ¡Disfrute de la vida para siempre!

Situación: Una joven se detiene ante un carrito de publicaciones situado cerca de una biblioteca. Le llama la atención el anuncio de un curso gratuito, pero explica que se crio con creencias distintas de las cristianas.

Publicador/a: Hola. Vi que estabas mirando el cartel del curso. ¿Te llamó la atención algo en particular?

Persona: Lo de “curso gratuito de la Biblia”, aunque seguramente no es para mí. No soy cristiana. En mi familia seguimos otras creencias.

Publicador/a: Gracias por decírmelo. Es lógico que quieras saber en qué consiste antes de aceptar algo. ¿Tus creencias han influido mucho en tu forma de ver la vida?

Persona: Sí. Desde pequeña me enseñaron a respetar a los demás, no hacer daño y tratar de vivir en paz.

Publicador/a: Son valores muy buenos. Te felicito por intentar conservarlos, porque no siempre es fácil vivir de acuerdo con lo que uno cree.

Persona: Por eso no me gustaría que alguien intentara convencerme de que todo lo que aprendí está equivocado.

Publicador/a: Te entiendo. Yo tampoco me sentiría cómoda si alguien empezara criticando mis creencias sin escucharme. Nuestro curso no consiste en discutir ni en obligar a la persona a cambiar de religión. Se examina la Biblia y cada uno expresa libremente lo que piensa.

Persona: Pero la Biblia es un libro cristiano. No sé qué podría aportarme.

Publicador/a: Es una duda razonable. Aunque habla de enseñanzas cristianas, también contiene principios que muchas personas, independientemente de su cultura, consideran valiosos. Por ejemplo, mencionaste la importancia de tratar bien a los demás. Mira lo que enseñó Jesús en Mateo 7:12: “Hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes”.

Persona: Esa idea sí me gusta. De hecho, se parece bastante a algo que me enseñaron en casa.

Publicador/a: Es verdad; ahí tenemos un terreno común. Los dos valoramos el respeto y la compasión. El curso permite descubrir principios como este y comprobar si pueden ayudarnos con problemas actuales.

Persona: ¿Y tendría que aceptar que Jesús es el Hijo de Dios?

Publicador/a: No se te pediría que aceptaras nada sin analizarlo. Puedes preguntar, discrepar o decir que una explicación no te convence. La idea es que primero conozcas lo que enseña realmente la Biblia y después saques tus propias conclusiones.

Persona: Eso me parece más razonable. ¿Cómo son las clases?

Publicador/a: Son conversaciones breves y gratuitas. Podemos comenzar con una pregunta que te interese, como cómo encontrar paz interior, por qué existe tanto sufrimiento o qué consejos pueden mejorar nuestras relaciones.

Persona: Me interesaría el tema de la paz interior. Con el trabajo y los estudios, últimamente vivo bastante estresada.

Publicador/a: Podemos empezar precisamente por ahí. La primera sesión podría durar solo diez minutos y hacerla aquí, en la biblioteca o por videollamada.

Persona: Los viernes suelo venir a estudiar a esta biblioteca.

Publicador/a: ¿Qué te parece si el próximo viernes vemos una pequeña parte? Tú me dices qué opinas y después decides si quieres continuar.

Persona: De acuerdo. Puedo probar una vez.

Publicador/a: Perfecto. Y gracias por explicarme con tanta sinceridad lo que crees.


HAGA REVISITAS

Duración: 4 minutos
Lugar: Predicación informal, en la zona de espera de una academia de natación
Objetivo: Ofrecer un curso de la Biblia a una persona que aceptó un tratado anteriormente
Lección: Empatía
Texto bíblico: Juan 5:28, 29
Tratado: ¿Será posible que los muertos vuelvan a vivir?
Lección sugerida: “¡Sus seres queridos pueden volver a vivir!”, del curso ¡Disfrute de la vida para siempre!

Situación: Mientras esperaban a que terminaran las clases de natación de sus hijos, una mujer habló de la muerte de su hermano y aceptó un tratado sobre la resurrección. Una semana después vuelven a encontrarse en el mismo lugar.

Publicador/a: Hola, Ana. Me alegra volver a verte. ¿Cómo estás?

Persona: Bien, aquí esperando otra vez. Hoy parece que van con retraso.

Publicador/a: Sí, todavía no han abierto la puerta. La semana pasada me contaste que este domingo habría sido el cumpleaños de tu hermano. Me acordé de ti. ¿Cómo lo llevaste?

Persona: Fue un día difícil. Nos reunimos para comer y todos intentamos estar alegres, pero se notaba que faltaba alguien.

Publicador/a: Me imagino. En fechas así, hasta los buenos recuerdos pueden doler.

Persona: Exactamente. Mi madre estuvo especialmente triste. Al volver a casa leí el tratado que me diste.

Publicador/a: Gracias por decírmelo. ¿Hubo alguna idea que te llamara la atención?

Persona: La promesa de que los muertos volverán a vivir. Quiero creerla, pero también me da miedo aferrarme a una esperanza que quizás no sea real.

Publicador/a: Lo entiendo. Cuando hemos perdido a alguien, una promesa bonita no basta. Necesitamos razones sólidas para confiar en ella. ¿Qué fue lo que menos te convenció?

Persona: Que puedan regresar millones de personas. No comprendo cómo sería posible.

Publicador/a: Es una pregunta muy lógica. El tratado cita unas palabras de Jesús que explican el alcance de esa promesa. Están en Juan 5:28, 29: “Viene la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán”. ¿Qué detalle destacarías?

Persona: Que dice “todos”. Si fuera cierto, significaría que mi hermano también podría volver.

Publicador/a: Sí. La Biblia no habla únicamente de unas pocas personas. Pero es normal que quieras saber por qué podemos confiar en esa promesa y cómo sería esa vida.

Persona: Eso es lo que me pregunto. ¿Dónde vivirían? ¿Serían las mismas personas?

Publicador/a: Precisamente hay una lección del curso de la Biblia titulada “¡Sus seres queridos pueden volver a vivir!”. Examina esas preguntas y varios relatos en los que Jesús resucitó a personas. ¿Te gustaría analizarla?

Persona: No lo sé. Todavía me cuesta hablar de mi hermano sin emocionarme.

Publicador/a: Claro, y no tendríamos que analizar nada que te hiciera sentir incómoda. Podemos avanzar a tu ritmo. Estudiar la Biblia no borraría el dolor ni sustituiría a tu hermano, pero podría ayudarte a comprender qué le ha sucedido y qué esperanza existe para él.

Persona: Mi madre también pregunta constantemente dónde estará ahora. Cada familiar le dice algo distinto y eso la confunde más.

Publicador/a: Entonces conocer claramente lo que dice la Biblia podría darles tranquilidad ahora. Y, pensando en el futuro, la esperanza de volver a verlo puede ayudarlas a sobrellevar su ausencia.

Persona: Quizás. Pero no quiero comprometerme con un curso largo.

Publicador/a: No hace falta. Podemos probar únicamente una parte de esa lección durante los quince minutos que esperamos aquí. Puedes plantear todas tus dudas y después decidir si deseas continuar.

Persona: Así sería más fácil. La clase de mi hijo es todos los martes.

Publicador/a: ¿Te parece que el próximo martes traiga la lección y veamos solamente la primera pregunta?

Persona: Sí, pero, si ese día no me siento con ánimo, preferiría dejarlo para otra semana.

Publicador/a: Por supuesto. Lo primero es respetar cómo te sientes. El lunes te escribo y tú me dices si te viene bien.

Persona: De acuerdo. Gracias por acordarte de lo que te conté.

Publicador/a: Gracias a ti por confiarme algo tan personal.


HAGA DISCÍPULOS — ¿QUÉ DIRÍA?

Duración: 6 minutos
Lugar: Auditorio
Objetivo: Recreación mental de una conversación de casa en casa
Lección: Naturalidad: ser adaptable
Situación: La persona está preocupada por la subida de los precios
Texto bíblico: Mateo 6:31, 32

Publicador/a:

Imaginemos que estoy predicando de casa en casa. Antes de llamar a una puerta, tengo preparada una presentación sobre cómo mejorar la vida familiar. Sin embargo, después de saludar, la persona me dice que en ese momento lo que realmente le preocupa es la subida de los precios.

¿Qué debería hacer?

El punto 5 de la lección 2 del folleto Hacer discípulos: una obra de amor me recuerda que debo ser adaptable. Una conversación puede tomar un rumbo inesperado. En vez de empeñarme en utilizar la idea que tenía preparada, debo adaptar el mensaje a lo que realmente le preocupa a la persona.

Por eso, no continuaría hablando de la familia como si no hubiera escuchado lo que acaba de decir. Tampoco me apresuraría a mostrarle un texto. Primero intentaría comprender mejor su situación.

Podría decirle: “Es verdad que los precios han subido mucho. Cada vez resulta más difícil cubrir las mismas necesidades con los mismos ingresos. ¿Qué es lo que más ha notado usted?”.

Quizás la persona me explicaría que vive sola con sus hijos, que su sueldo no ha aumentado y que cada semana tiene que renunciar a más productos cuando hace la compra.

¿Cómo podría demostrarle que entiendo su preocupación?

No debería decirle: “Sé exactamente cómo se siente”, porque mi situación económica podría ser muy diferente. Sería más considerado reconocerlo. Podría responder: “Mi situación no es igual a la suya, así que no puedo saber exactamente lo que está viviendo. Pero mantener a una familia con los precios actuales tiene que causarle mucha presión”.

También podría felicitarla por sus esfuerzos: “El hecho de que se preocupe tanto por cubrir las necesidades de sus hijos demuestra que es una madre responsable. Está haciendo todo lo posible en una situación que no depende completamente de usted”.

Estas palabras no solucionan su problema, pero muestran que la he escuchado y que no considero insignificante su preocupación.

También evitaría respuestas que, aunque se dijeran con buena intención, podrían parecer poco empáticas. Por ejemplo, no le diría que “el dinero no da la felicidad” ni que “no debería preocuparse tanto”. Si tiene dificultades para comprar alimentos o pagar el alquiler, esas expresiones podrían hacerle pensar que estoy minimizando un problema serio.

Después de escucharla, ¿qué texto podría mostrarle?

Una buena posibilidad sería Mateo 6:31, 32. Podría introducirlo diciendo: “Lo que me ha contado me recuerda unas palabras de Jesús. Él sabía que las personas podían angustiarse por necesidades básicas como la comida y la ropa. Fíjese especialmente en la última frase”.

Entonces leería: “Nunca se angustien y digan: ‘¿Qué vamos a comer?’, o ‘¿Qué vamos a beber?’, o ‘¿Qué vamos a ponernos?’ […]. Su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas”.

Después podría preguntarle: “¿Qué le transmite saber que Dios conoce las necesidades concretas de su familia?”.

Quizás la persona respondiera que saberlo no hace que bajen los precios ni que desaparezcan sus facturas. Si dijera eso, tendría razón. No intentaría corregirla. Podría contestarle: “Es verdad. Sería insensible decir que leer un texto va a pagar sus facturas. Estas palabras tampoco prometen que las dificultades económicas desaparecerán inmediatamente. Lo que demuestran es que Dios no es indiferente y que sus necesidades no pasan desapercibidas para él”.

Es posible que entonces me preguntara: “Si Dios sabe lo que estamos pasando, ¿por qué permite que haya personas que no pueden comprar lo necesario?”.

La conversación habría tomado un nuevo rumbo. En vez de regresar a mi presentación original, trataría de responder a esa pregunta. Podría explicarle que la Biblia muestra que Dios no ha causado este sistema injusto y que ha establecido un gobierno que eliminará las dificultades económicas y garantizará que todos tengan lo necesario.

Si la persona considerara que esa promesa parece muy lejana, nuevamente reconocería su punto de vista. Podría decirle: “Comprendo que lo vea así. Una promesa sobre el futuro no elimina las dificultades que tiene esta semana. Pero conocer lo que Dios hará puede darnos esperanza y ayudarnos a no pensar que esta situación durará para siempre”.

Finalmente, podría ofrecerme a regresar para analizar únicamente esa cuestión. Tal vez le diría: “Hay una lección breve que explica qué hará el Reino de Dios para resolver problemas como este. Si le parece, otro día podemos examinar una sola idea y usted decide si le resulta útil”.

Esta recreación mental me ayuda a prepararme para una situación que podría surgir en el ministerio. La clave no está en memorizar cada palabra, sino en recordar el principio: escuchar primero y adaptar después el mensaje.

Si la persona está preocupada por la subida de los precios, debo reconocer la seriedad del problema, evitar respuestas que minimicen sus dificultades y utilizar un texto relacionado directamente con lo que siente. Así, la conversación resultará natural y la persona percibirá que me interesa ella, no simplemente completar la presentación que llevaba preparada.



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