EMPIECE CONVERSACIONES
Duración: 3 minutos
Lugar: Predicación informal, en un vivero
Objetivo: Ofrecer un curso de la Biblia a una persona preocupada por el clima extremo
Lección: Empatía: escuchar con atención
Texto bíblico: Isaías 35:1, 7
Publicación: ¡Disfrute de la vida para siempre!
Situación: Dos mujeres esperan para pagar en un vivero. Una de ellas lleva una planta y comenta que necesita una variedad que resista bien las temperaturas extremas.
Persona: Disculpa, ¿sabes si esta planta aguanta bien el calor? El verano pasado se me murieron casi todas las del balcón.
Publicador/a: No estoy segura, pero la etiqueta dice que necesita poca agua. Yo también busco una resistente.
Persona: Cada vez es más difícil. Unos meses tenemos un calor insoportable y después llegan tormentas muy fuertes.
Publicador/a: Es verdad. ¿La última tormenta causó problemas en tu zona?
Persona: Bastantes. Se inundó el garaje de mi edificio y el colegio de mi hija cerró dos días. Ahora se asusta cuando escucha una alerta meteorológica.
Publicador/a: Tiene que ser difícil verla tan preocupada, especialmente cuando tú tampoco sabes qué puede ocurrir.
Persona: Sí. Intento tranquilizarla, pero yo también tengo miedo. Parece que el clima es cada vez más extremo.
Publicador/a: Es comprensible. Cuando afecta nuestra casa o a nuestros hijos, deja de ser una simple noticia.
Persona: Exactamente. Todos discuten sobre quién tiene la culpa, pero nadie ofrece una solución definitiva.
Publicador/a: Tienes razón. Todos queremos un lugar seguro. Hay una promesa bíblica que describe lo que Dios hará con la Tierra. ¿Te la puedo enseñar?
Persona: Sí, claro.
Publicador/a: Isaías 35:1, 7 dice que “el desierto y la tierra reseca se llenarán de alegría” y que “el terreno sediento” se convertirá “en manantiales de agua”. ¿Qué imagen te transmite?
Persona: La de una tierra recuperada, sin tanta sequía. Suena bonito, aunque no sé si debe entenderse literalmente.
Publicador/a: Es una buena pregunta. No esperaría que lo creyeras porque yo lo diga. La Biblia contiene varias promesas sobre cómo Dios restaurará la Tierra y podemos examinarlas en su contexto.
Persona: Nunca había pensado que la Biblia hablara del medioambiente.
Publicador/a: También explica por qué Dios no permitirá que la Tierra sea destruida. Ofrecemos un curso gratuito que analiza esa cuestión.
Persona: ¿Un curso completo? Tengo muy poco tiempo.
Publicador/a: Podemos probar una conversación de diez minutos sobre qué futuro le espera al planeta. No hay exámenes ni compromiso de continuar.
Persona: Diez minutos sí podría, pero preferiría leer la lección antes.
Publicador/a: Perfecto. Intercambiamos los números, te envío la lección y la próxima semana me dices qué parte te resultó más difícil de creer.
Persona: De acuerdo. Me interesa saber qué razones da la Biblia.
Publicador/a: Estupendo. Y espero que esta planta sobreviva mejor que las anteriores.
HAGA REVISITAS
Duración: 4 minutos
Lugar: Predicación informal, en la zona de espera de una escuela de música
Objetivo: Ofrecer un curso de la Biblia a una persona que tiene hijos
Lección: Empatía: utilizar información útil para la persona
Texto bíblico: Colosenses 3:21
Publicación: ¡Disfrute de la vida para siempre!
Lección sugerida: “Cómo puede tener una familia feliz (parte 2)”
Situación: Dos madres coinciden cada semana mientras esperan a que sus hijas terminen las clases de música. En una conversación anterior, una de ellas explicó que su hija se había vuelto muy reservada desde que cambió de colegio.
Publicador/a: Hola, Laura. ¿Cómo está tu hija? La semana pasada me dijiste que estaba teniendo problemas para adaptarse al nuevo colegio.
Persona: Sigue más o menos igual. Cuando le pregunto qué le pasa, dice que nada y se encierra en su habitación.
Publicador/a: Tiene que ser angustioso notar que algo le preocupa y no saber cómo ayudarla.
Persona: Mucho. Intento hablar con ella, pero al final se enfada y me dice que la agobio.
Publicador/a: Debe ser difícil encontrar el equilibrio entre darle espacio y asegurarte de que está bien.
Persona: Exacto. A veces insisto demasiado porque me preocupa que esté sufriendo acoso o que alguien le haya hecho algo.
Publicador/a: Es completamente normal que quieras protegerla. ¿Has encontrado algún momento en el que esté más dispuesta a hablar?
Persona: Algunas veces empieza a contarme algo cuando vamos en el coche, pero enseguida le hago muchas preguntas y se cierra otra vez.
Publicador/a: Al menos esos momentos demuestran que quiere comunicarse contigo. Quizás necesite hacerlo poco a poco y sin sentir que tiene que contarlo todo de una vez.
Persona: Puede ser. He leído muchos consejos en internet, pero unos dicen que hay que insistir y otros que es mejor esperar.
Publicador/a: Entiendo que resulte confuso. Después de lo que hablamos, recordé un consejo bíblico muy breve relacionado con el desánimo de los hijos. ¿Te lo puedo mostrar?
Persona: Sí.
Publicador/a: Colosenses 3:21 dice: “Padres, no irriten a sus hijos, para que ellos no se desanimen”.
Persona: Pues ahora me siento un poco culpable. Probablemente la irrito cuando le hago tantas preguntas.
Publicador/a: No te lo enseñé para hacerte sentir culpable. Al contrario, el hecho de que estés buscando la mejor manera de ayudarla demuestra que eres una madre atenta. El texto reconoce que incluso unos padres que quieren a sus hijos pueden, sin pretenderlo, hacer que se cierren.
Persona: Eso sí es verdad. Pero ¿cómo puedo demostrarle que me interesa sin presionarla?
Publicador/a: Esa es una pregunta muy práctica. La Biblia aconseja escuchar antes de hablar y evitar corregir cuando estamos enfadados. No significa ignorar el problema, sino crear un ambiente en el que el hijo se sienta seguro para expresarse.
Persona: Eso me vendría bien, porque reconozco que a veces respondo demasiado rápido.
Publicador/a: En el curso gratuito de la Biblia hay una lección titulada “Cómo puede tener una familia feliz”. Incluye consejos para comunicarse con los hijos, educarlos con amor y protegerlos.
Persona: ¿Tendría que estudiarla también mi hija?
Publicador/a: No. Puedes comenzar tú sola. Más adelante, si ella siente curiosidad, podría acompañarte, pero no es obligatorio. El curso se adapta a las necesidades de cada familia.
Persona: Me interesa la parte sobre cómo comunicarnos, pero no tengo tiempo para otra obligación semanal.
Publicador/a: Como siempre esperamos aquí unos veinte minutos, podríamos aprovechar una parte de ese tiempo. La próxima semana analizamos únicamente un consejo y tú decides si te resulta útil.
Persona: Eso sí podría hacerlo.
Publicador/a: Perfecto. Traeré la lección en el teléfono. Podemos empezar por una pregunta: “¿Cómo pueden los padres demostrar amor cuando hablan con sus hijos?”.
Persona: Me parece bien. Quizás me ayude a escucharla de otra manera.
Publicador/a: Seguro que tu interés y tu paciencia significan mucho para ella, aunque ahora le cueste demostrarlo.
¿QUÉ DIRÍA?
Duración: 6 minutos
Lugar: Auditorio
Objetivo: Recreación mental de una conversación de casa en casa basada en la imagen
Lección: Interés sincero: ser observador
Texto bíblico: Salmo 127:3
Situación de la imagen: Una madre y su niño están de pie en la puerta de su casa
Publicador/a:
En esta asignación voy a imaginar que estoy predicando de casa en casa y una madre abre la puerta acompañada de su hijo. ¿Qué podría observar y cómo utilizaría esa información para iniciar una conversación natural?
El punto 4 de la lección 1 del folleto Hacer discípulos: una obra de amor nos anima a ser observadores. Antes de hablar, debemos preguntarnos qué está haciendo la persona y si es un buen momento para conversar.
Al observar la imagen, veo que la mujer está atendiendo la puerta mientras cuida de su hijo. Eso me permite pensar en un tema importante para ella: el bienestar del niño. Sin embargo, no debería suponer que está dispuesta a mantener una conversación larga.
También me fijaría en su actitud. Si parece tranquila y el niño está cómodo, quizás pueda plantear una pregunta breve. Pero, si el niño reclama su atención, debería ser muy breve o regresar en otro momento.
Según lo que vemos, ¿qué pregunta podría hacer para empezar la conversación?
Podría decirle: “Muchas madres y padres nos dicen que criar a los hijos produce grandes alegrías, pero también preocupaciones. En su opinión, ¿qué necesitan los niños para crecer felices y seguros?”.
La pregunta no presupone que la mujer comparte mis creencias ni pone a prueba su manera de educar. Le permite hablar de algo importante para ella.
Quizás responda que los niños necesitan amor, estabilidad y tiempo con sus padres. Podría felicitarla: “Estoy de acuerdo. Aunque necesiten cosas materiales, sentirse queridos y confiar en sus padres es fundamental”.
También podría decir que lo más difícil es enseñarles buenos valores por las influencias de internet y las redes sociales. Entonces preguntaría: “¿Qué valor le gustaría especialmente que su hijo conservara cuando sea mayor?”.
Tal vez mencione el respeto, la honradez o la capacidad de tomar buenas decisiones. Su respuesta me ayudaría a escoger una idea bíblica relacionada con su preocupación.
¿Qué texto podría mostrarle?
Una opción sencilla sería Salmo 127:3: “Los hijos son una herencia de Jehová; el fruto del vientre es una recompensa”.
Escogería este texto porque transmite una idea positiva y cercana. En una primera conversación evitaría un pasaje que pudiera sonar como una corrección a la madre. Mi objetivo sería despertar su interés, no hacerla sentir que estoy evaluando cómo educa a su hijo.
Podría introducirlo diciendo: “Me gusta este versículo porque muestra cómo ve Dios a los niños”. Después preguntaría: “¿Qué le llama la atención de que Dios considere a los hijos una herencia o un regalo?”.
Si responde que le gusta pensar que su hijo es valioso para Dios, podría decirle: “A mí también. Y, si Dios considera a los niños un regalo, es lógico pensar que quiera ayudar a los padres a cuidarlos y educarlos”.
A partir de ahí, explicaría que la Biblia no solo manda a los hijos obedecer. También pide a los padres que no los irriten ni los desanimen, que los escuchen y los eduquen con amor.
La persona quizás objete que criar a los hijos actualmente es mucho más complicado que en tiempos bíblicos. No la contradeciría. Podría responder: “Es verdad. Los padres de hoy se enfrentan a problemas que no existían de la misma manera hace siglos”.
Después aclararía que los principios bíblicos no mencionan cada tecnología moderna, pero sí necesidades que no cambian: escuchar, mostrar amor, establecer límites razonables y enseñar buenos valores con el ejemplo.
Si la madre parece interesada, podría mostrarle la lección “Cómo puede tener una familia feliz”. Como el niño está esperando, no intentaría comenzar un curso en la puerta. Podría decirle: “Veo que ahora está ocupada. Si le parece, otro día puedo mostrarle en diez minutos un consejo bíblico para comunicarnos mejor con los hijos”.
Si la mujer responde brevemente o el niño necesita atención, respetaría la situación. Podría indicarle dónde encontrar la información en jw.org y despedirme.
Esta recreación mental me recuerda que ser observador implica más que mirar. Debo usar lo que veo para mostrar interés sincero, sin sacar conclusiones precipitadas.
La presencia del niño me permitiría preguntar sobre la crianza, y Salmo 127:3 mostraría que Dios considera valiosos a los hijos. Pero la conversación dependería de la respuesta de la madre y de si es un buen momento.
La clave sería observar, escuchar y adaptar la conversación a lo que le interesa. Así percibiría que me interesan sinceramente ella y su familia.
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