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Seamos Mejores Maestros para la semana del 19 al 25 de octubre de 2026

Seamos Mejores Maestros para la semana del 19 al 25 de octubre de 2026

Empiece conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empiece conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 2 · Naturalidad · punto 3
Objetivo didáctico: Sea observador. ¿Qué le dicen de la persona sus expresiones faciales y su lenguaje corporal? ¿Da la impresión de tener ganas de hablar? Una manera sencilla de introducir una idea bíblica es preguntarle: “¿Sabía que…?”. Si alguien no quiere hablar, no insista.
Marco de circunstancias: En la zona de espera de un vivero, una publicadora conversa por primera vez con una clienta que sonríe mientras acomoda sus plantas y que está contenta por su primera cosecha. Material oficial: (3 mins.) PREDICACIÓN INFORMAL. Empiece una conversación con alguien que parece estar contento (lmd lección 2 punto 3). Lección 2 · Naturalidad · punto 3: sea observador; fíjese en las expresiones faciales y el lenguaje corporal para valorar si la persona desea conversar y no insista si no quiere hablar. Texto bíblico: Juan 4:7. Objetivo: iniciar una conversación natural, escuchar y adaptar el intercambio a las reacciones de la persona.
Texto bíblico asociado: Juan 4:7 — En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”.
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. Empiece una conversación con alguien que parece estar contento (lmd lección 2 punto 3).

Publicador/a: ¿Le dejo un poco de sitio para apoyar la bandeja? Con tantas macetas, va a necesitar otra mano.

Persona: Pues sí, gracias. Venía por una sola planta y mire cómo termino. Es que por fin he conseguido recoger mis primeros tomates y ya me he animado.

Publicador/a: ¡Entonces estas compras son para ampliar el huerto! ¿Los tiene en un terreno o en macetas?

Persona: En macetas, en la terraza. No tengo mucho espacio. Han salido pequeños, pero ayer los pusimos en la ensalada. Mi marido dice que los miro como si fueran un premio.

Publicador/a: Después de cuidarlos, comer algo que ha cultivado usted tiene que dar satisfacción. Yo estoy buscando algo sencillo para empezar. ¿Qué le ha resultado más difícil?

Persona: No regarlos de más. Casi los ahogo. Una vecina vio las hojas y me explicó lo que pasaba. Menos mal, porque yo pensaba echarles todavía más agua.

Publicador/a: Me viene bien saberlo; yo habría hecho lo mismo. ¿Su vecina también cultiva cosas?

Persona: Tiene una terraza preciosa. Antes apenas nos saludábamos. Un día le pregunté por sus plantas y ahora intercambiamos esquejes. Bueno, de momento ella me da más de los que recibe.

Publicador/a: Qué curioso: pedirle un consejo les abrió la puerta para conocerse. A veces uno piensa que necesita tener algo interesante que contar, cuando puede empezar por escuchar y aprender.

Persona: Sí, aunque no todo el mundo tiene ganas. Hay otro vecino que apenas contesta. Con él no me atrevo a pasar del saludo.

Publicador/a: Claro, tampoco sabemos si tiene prisa o alguna preocupación. Si no quiere hablar, es mejor dejarlo tranquilo. Lo de su vecina me recuerda un detalle de Jesús que me gusta mucho.

Persona: ¿De Jesús? No veo qué tiene que ver con mis tomates.

Publicador/a: Con los tomates, nada. Me refería a que usted empezó pidiendo ayuda. Hay un relato bíblico donde Jesús inicia así una conversación, con una petición cotidiana. ¿Le puedo leer esa frase? Es muy breve.

Persona: Bueno, si es breve… Mientras llega nuestro turno.

Publicador/a: Sí, lo tengo aquí en el teléfono. Fíjese en lo que le pidió a una mujer que llegó a sacar agua. Está en Juan 4:7.

Publicador/a: Juan 4:7 — En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. Fue una petición sencilla, relacionada con lo que ella estaba haciendo. Ese detalle me ayuda a no complicarme tanto cuando quiero empezar a conocer a alguien.

Persona: Nunca había pensado que en la Biblia hubiera detalles tan cotidianos. Aunque yo prefiero que las conversaciones surjan, no llevar una frase preparada.

Publicador/a: A mí también me resulta más cómodo que surjan de lo que está pasando. No se trata de repetir esa petición. Hoy, por ejemplo, yo he aprendido algo sobre el riego gracias a sus plantas.

Persona: Pues pregunte también aquí, que yo todavía soy principiante. Mire, ya me toca. Gracias por hacerme sitio.

Persona: Pues me alegro de que le sirva. A mí a veces me da apuro que me pregunten, porque parece que, por tener unas cuantas plantas, ya tengo que saber de todo.

Publicador/a: Claro, una pregunta puede hacer que uno se sienta en un examen sin querer. Pero no hace falta saberlo todo para contar lo que nos ha funcionado. Usted me ha contado incluso lo que le salió mal, y eso me resulta útil.

Persona: Visto así, sí. Mi vecina también me cuenta las plantas que se le han secado. Eso me quita bastante el miedo a equivocarme.

Publicador/a: Qué bien poder aprender sin sentir que hay que hacerlo todo perfecto. Yo empezaré con una maceta y algún consejo sencillo, como el suyo.

Publicador/a: De nada. Que vaya muy bien la próxima cosecha.

Empiece conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empiece conversaciones
Duración: 2 min
Lección y punto: Lección 4 · Humildad · punto 5
Objetivo didáctico: Sea apacible. No se empeñe en demostrar que usted tiene la razón. Nuestro objetivo no es discutir. La humildad lo ayudará a mantener la calma y a saber cuándo es hora de retirarse (Prov. 17:14; Tito 3:2). Si usted responde de forma amable y muestra apacibilidad, puede que la persona esté dispuesta a conversar con nosotros en otra ocasión.
Marco de circunstancias: En la puerta de una vivienda, un publicador habla por primera vez con un vecino enojado porque el timbre ha interrumpido su descanso después del turno de noche. Material oficial: (2 mins.) DE CASA EN CASA. La persona está enojada (lmd lección 4 punto 5). Lección 4 · Humildad · punto 5. Objetivo: ser apacible, no empeñarse en demostrar que uno tiene la razón y saber cuándo retirarse. Texto bíblico: Tito 3:2.
Texto bíblico asociado: Tito 3:2 — que no hablen mal de nadie, que no sean conflictivos, que sean razonables y que siempre sean apacibles con todos los hombres.
Material oficial: DE CASA EN CASA. La persona está enojada (lmd lección 4 punto 5).

Publicador/a: Buenos días. Somos testigos de Jehová. Estamos visitando a los vecinos…

Persona: ¡Otra vez el timbre! Primero un repartidor que se equivoca y ahora ustedes. Acabo de llegar de trabajar de noche. ¿Es que no puede uno descansar en su propia casa?

Publicador/a: Disculpe, no sabíamos que estaba descansando. Después de trabajar toda la noche, necesita dormir. No queremos añadir otra molestia; lo dejamos descansar.

Persona: Espere, una cosa. ¿Y por qué tienen que venir a las casas? Si alguien quiere saber de religión, ya buscará dónde preguntar. A mí estas visitas me parecen una imposición.

Publicador/a: Entiendo que una visita inesperada pueda molestar, especialmente ahora. Venimos para ofrecer una conversación sobre la Biblia, pero usted decide si quiere conversar. No tiene ninguna obligación de escucharnos.

Persona: Eso suena bien, pero a veces uno dice que no y empiezan las preguntas: que por qué no, que si está seguro… Y termina teniendo que cerrar la puerta.

Publicador/a: No debería tener que dar explicaciones para terminar una conversación. Si yo siguiera insistiendo después de que usted me ha dicho que necesita descansar, no estaría respetando lo que acaba de decirme.

Persona: Bueno, al menos no se ha puesto a discutir. Pensé que me iba a decir que estaba mal enojarme. Estoy cansado y, sinceramente, no tengo paciencia.

Publicador/a: No he venido a juzgarlo. De hecho, hay un consejo bíblico que me recuerda cómo debo tratarlo yo a usted. Es una sola frase. ¿Me permite leérsela antes de irme?

Persona: Si es solo una frase, está bien. Pero no quiero empezar una conversación larga.

Publicador/a: Claro. Fíjese en el consejo de Tito 3:2, que debo aplicar también cuando llamo a una puerta.

Publicador/a: Tito 3:2 — que no hablen mal de nadie, que no sean conflictivos, que sean razonables y que siempre sean apacibles con todos los hombres. Eso me recuerda que no basta con hablar de la Biblia; también debo escuchar y respetar a la persona. Ahora, en su caso, eso significa dejarlo descansar, no intentar ganar una discusión.

Persona: Pues sí. No me interesa hablar de religión. Y ahora voy a desconectar el timbre para poder dormir.

Publicador/a: Entendido. Disculpe la interrupción. Que descanse.

Empiece conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empiece conversaciones
Duración: 2 min
Lección y punto: Lección 2 · Naturalidad · punto 4
Objetivo didáctico: Tenga paciencia. No piense que tiene que ponerse a hablar de la Biblia enseguida. Espere al momento oportuno y saque el tema de forma natural. Quizás tenga que esperar hasta la próxima vez que hable con la persona.
Marco de circunstancias: En la puerta de una vivienda, una publicadora conversa por primera vez con una mujer que se ve triste y acaba de perder su empleo por el cierre de una tienda. Material oficial: (2 mins.) DE CASA EN CASA. La persona que abre la puerta se ve triste (lmd lección 2 punto 4). Lección 2 · Naturalidad · punto 4. Objetivo: tener paciencia, no hablar de la Biblia enseguida y esperar el momento oportuno para introducirla con naturalidad, incluso hasta otra visita si fuera necesario. Texto bíblico: Eclesiastés 3:7.
Texto bíblico asociado: Eclesiastés 3:7 — un tiempo para rasgar y un tiempo para coser; un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar;
Material oficial: DE CASA EN CASA. La persona que abre la puerta se ve triste (lmd lección 2 punto 4).

Publicador/a: Buenos días. Estamos visitando a los vecinos. ¿Le viene bien hablar un momento, o prefiere que lo dejemos para otro día?

Persona: Pues no sé… Acabo de llegar de recoger mis cosas del trabajo. Han cerrado la tienda donde llevaba quince años. Tengo la cabeza en otra parte.

Publicador/a: Cuánto lo siento. Después de tantos años, no debe ser fácil llegar a casa con esa noticia. No quisiera interrumpirla.

Persona: No interrumpe. Lo peor fue despedirme de mis compañeras. Mi hermana dice que seguro encuentro algo mejor, pero ahora mismo no tengo ganas de oír eso.

Publicador/a: Claro, encontrar otro empleo no borra lo que deja atrás. Aunque su hermana quiera animarla, quizás ahora usted necesite hablar de lo que pasó, sin buscar soluciones todavía.

Persona: Eso es. Todos me mandan ofertas de trabajo. Ya las miraré, pero hoy quería contar cómo fue la despedida. Parece que estar triste incomoda.

Publicador/a: A veces queremos ayudar y nos apresuramos a decir algo. ¿Pudo hablar con su hermana de esa despedida?

Persona: Un poco. Luego empezó con los consejos. Por cierto, ¿ustedes vienen de alguna iglesia?

Publicador/a: Somos testigos de Jehová. Y lo que cuenta me recuerda unas palabras de la Biblia que nos ayudan a pensar cuándo conviene hablar y cuándo escuchar. ¿Se las puedo leer?

Persona: Sí, si son breves. Pero hoy no quiero una explicación larga.

Publicador/a: Por supuesto. Fíjese en ese contraste al escuchar Eclesiastés 3:7.

Publicador/a: Eclesiastés 3:7 — un tiempo para rasgar y un tiempo para coser; un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar; A mí me recuerda que no siempre hace falta llenar el silencio con consejos. Escuchar también es una manera de acompañar a alguien.

Persona: Eso me parece bien. Quizás le diga a mi hermana que hoy solo necesito que me escuche. Mañana ya veremos.

Publicador/a: No la entretengo más. Si coincidimos otro día y le apetece conversar, podremos hacerlo con calma.

Publicador/a: ¿Le resultaría fácil decírselo así? A veces cuesta pedir lo que uno necesita.

Persona: Me preocupa que piense que no agradezco su ayuda. Se ha pasado la mañana buscando ofertas para mí.

Publicador/a: Podría empezar agradeciéndoselo. Así sabrá que valora su esfuerzo, aunque ahora necesite otra cosa. Por ejemplo: «Gracias por buscar esas ofertas. ¿Podemos hablar primero de mis compañeras? Las voy a echar de menos».

Persona: Sí, así no parece que esté rechazando su ayuda. Creo que eso sí podría decírselo.

Persona: Está bien. Ahora voy a llamar a mi hermana.

Discurso

Datos de la asignación

Asignación: Discurso
Duración: 4 min
Marco de circunstancias: Ante el auditorio de la congregación, el orador presenta una exposición continua sobre la relación entre Jesús y el Padre, sin interlocutores ficticios. Material oficial: (4 mins.) lmd apéndice A punto 20. Título: Jesús no es Dios (th lección 7). Objetivo: usar información exacta y convincente, basarse en la Biblia y ayudar a los oyentes a razonar. Texto leído: Juan 14:28. El punto 20 también remite a 1 Corintios 11:3.
Texto bíblico asociado: Juan 14:28 — Oyeron que les dije: ‘Me voy y volveré a ustedes’. Si me aman, les alegrará que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo.
Material oficial: lmd apéndice A punto 20. Título: Jesús no es Dios (th lección 7).

Cuando hablamos de Jesús con alguien que lo ama y respeta, tenemos un valioso punto en común: queremos tomar en serio sus enseñanzas. Pero puede surgir una pregunta importante: ¿es Jesús Dios? Para responder, lo más seguro no es apoyarnos en opiniones personales, sino escuchar lo que Jesús mismo explicó.

La manera de abordar esta pregunta también importa. No queremos convertir una conversación sobre la Biblia en una discusión. Nuestro propósito es ayudar a comprender una enseñanza. Por eso, podemos comenzar reconociendo sinceramente el respeto que la otra persona siente por Jesús y su deseo de conocerlo mejor.

Ahora bien, ¿qué información puede ayudarnos a llegar a una conclusión correcta? Tenemos una declaración directa de Jesús acerca de su relación con el Padre. No hace falta empezar por una explicación complicada. Primero escuchemos sus palabras y después pensemos con cuidado en lo que significan.

En Juan 14:28, Jesús habla de ir al Padre y de cómo deberían sentirse sus discípulos ante esa perspectiva. Al explicar por qué podían alegrarse, aporta un dato fundamental sobre la posición que él ocupa respecto a su Padre. Leamos el versículo y fijémonos en esa explicación.

Juan 14:28Oyeron que les dije: ‘Me voy y volveré a ustedes’. Si me aman, les alegrará que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo.

Jesús presenta al Padre como superior a él. Esa comparación nos ayuda a entender que no está afirmando que ambos tengan la misma posición. Es Jesús quien explica la diferencia. Aceptar esa diferencia no significa faltarle al respeto; significa tomar en serio lo que él dice de sí mismo.

Además, observemos el contexto inmediato. Jesús relaciona su partida con el amor que sus discípulos sienten por él. Así que reconocer la superioridad del Padre no es incompatible con amar a Jesús. En el propio versículo aparecen juntas esas dos ideas: el amor a Jesús y la posición superior del Padre.

Esto permite responder con calma a una inquietud comprensible: ¿decir que Jesús no es Dios le quita importancia? No. Reconocer la posición de alguien no equivale a despreciarlo. En este caso, no estamos asignándole a Jesús una posición según nuestro criterio; estamos aceptando la relación que él mismo describe.

Pensemos en una distinción sencilla. Apreciar profundamente a alguien no exige atribuirle una autoridad que él no afirma tener. El respeto también se demuestra escuchándolo con atención. De igual manera, nuestro cariño por Jesús debe impulsarnos a aceptar sus palabras, no a sustituirlas por lo que nosotros suponemos.

Al explicar este texto, conviene dejar que la persona razone. Podríamos preguntarle con tacto qué diferencia señala Jesús entre él y el Padre. Después, debemos darle tiempo para pensar. Una pregunta sencilla puede ayudar más que una larga serie de afirmaciones que no le permita expresar lo que entiende.

Si la persona ha entendido este asunto de otra manera durante mucho tiempo, quizá necesite seguir investigando. No tenemos por qué exigirle una respuesta inmediata. Podemos volver al versículo, considerar juntos su explicación y mantener un tono amable. La claridad del razonamiento no necesita ir acompañada de presión.

También es importante no afirmar más de lo que hemos demostrado. Este pasaje nos permite destacar con claridad la superioridad del Padre respecto a Jesús. Si surgen otras preguntas que no sabemos responder, lo honrado es reconocerlo y ofrecer investigarlas, en vez de improvisar una explicación que pudiera ser inexacta.

Así aplicamos la lección de usar información exacta y convincente: acudimos a la Biblia, prestamos atención al contexto y ayudamos a razonar. No se trata de impresionar con muchos argumentos. Se trata de presentar una razón comprensible y confiable, de modo que el oyente pueda examinarla por sí mismo.

Ahora bien, alguien podría preguntar: «¿Y si encuentro otro pasaje que parece decir algo diferente?». Esa es una pregunta que merece atención. No sería prudente descartarlo ni responder de memoria sin examinarlo. Usar bien la Biblia implica considerar también ese pasaje en su contexto. La cuestión no es escoger entre unos textos y otros, sino comprender qué enseña cada uno y cómo se relacionan.

Por ejemplo, podríamos proponerle: «Anotemos ese texto y leamos también lo que aparece antes y después. ¿Quién está hablando? ¿De quién habla? ¿Qué asunto está explicando?». Si necesitamos investigar más, podemos acordar una próxima conversación para revisar la respuesta juntos. Así, una aparente dificultad se convierte en una oportunidad para examinar la Biblia con cuidado, sin perder de vista lo que Jesús explicó.

Por tanto, la enseñanza de que Jesús no es Dios no nace de querer restarle valor. Se apoya en lo que él explicó sobre su Padre. Si deseamos honrar a Jesús, escuchemos sus palabras, aceptemos la posición que él reconoce y ayudemos a otros a comprenderla con respeto y paciencia.


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