EMPIECE CONVERSACIONES
Duración: 4 minutos
Lugar: De casa en casa
Objetivo: Comenzar la conversación con el tema de la campaña de septiembre y ofrecer un curso de la Biblia
Lección: Bondad
Texto bíblico: Salmo 37:29
Publicación: ¡Disfrute de la vida para siempre!
Situación: Una mujer atiende al publicador y expresa su preocupación por el futuro de sus hijos.
Publicador/a: Buenos días. No le quitaremos mucho tiempo. Durante septiembre, los testigos de Jehová participaremos en una campaña mundial para plantear una pregunta: ¿cree que algún día será posible disfrutar de una vida realmente feliz y sin miedo al futuro?
Persona: Sinceramente, no. Con las guerras, los precios y todo lo que está pasando, bastante hacemos con salir adelante.
Publicador/a: La entiendo. Cuando los problemas se acumulan, hablar de una vida feliz puede parecer poco realista. ¿Hay algo que le preocupe especialmente?
Persona: Mis hijos. Son jóvenes y no saben si podrán encontrar un buen trabajo o tener una casa. Intento animarlos, pero tampoco sé qué decirles.
Publicador/a: Debe de ser difícil querer darles seguridad y sentir que hay tantas cosas que no dependen de usted.
Persona: Exactamente. Por eso no me gusta que me prometan soluciones fáciles.
Publicador/a: Y hace bien en ser prudente. Nosotros tampoco queremos hacerle una promesa vacía. Este folleto se titula Disfrute de la vida y presenta lo que la Biblia promete junto con razones para comprobar si es digno de confianza. Mire esta frase de Salmo 37:29: “Los justos heredarán la tierra y vivirán en ella para siempre”. ¿Qué detalle le llama la atención?
Persona: Que dice que vivirán en la Tierra, no en el cielo.
Publicador/a: Sí. La Biblia habla de un futuro estable y pacífico aquí en la Tierra.
Persona: Pero una cosa es que esté escrito y otra que llegue a ocurrir.
Publicador/a: Es una objeción muy razonable. Precisamente una de las lecciones del folleto analiza si se puede confiar en la Biblia. También estamos ofreciendo un curso bíblico gratuito con esta publicación. En cada sesión se analiza una pregunta, se lee algún texto y usted puede decir libremente lo que piensa.
Persona: La verdad es que no tengo tiempo para comprometerme con un curso.
Publicador/a: Lo comprendo. Usted decide la duración y el ritmo. Podríamos probar solamente una conversación de diez minutos cuando le venga bien y después decide si desea continuar.
Persona: ¿Y tendría que hacerme testigo de Jehová?
Publicador/a: No. No hay ninguna obligación de cambiar de religión. Puede utilizar su propia Biblia y hacer todas las preguntas que quiera. Nuestro propósito es ayudarla a conocer lo que dice la Biblia, no presionarla.
Persona: ¿Qué se ve en la primera lección?
Publicador/a: Empieza con una pregunta muy práctica: “¿Cómo puede ayudarle la Biblia?”. Analiza cómo puede orientarnos ahora y qué esperanza ofrece para el futuro. Si pudiera hacerle una pregunta a Dios, ¿cuál sería?
Persona: Le preguntaría por qué permite que sufran personas que no han hecho nada malo.
Publicador/a: Es una pregunta muy importante. El curso la responde directamente con la Biblia. Si le parece, puede quedarse con el folleto y el jueves vemos durante unos diez minutos cómo presenta la respuesta.
Persona: El jueves por la tarde suelo estar en casa. Podría ser sobre las seis.
Publicador/a: Perfecto. Pasaré a esa hora. Y, si ese día no puede, no se preocupe; nos adaptamos. Gracias por contarme lo que le inquieta sobre sus hijos. Espero que esta información pueda darles una esperanza sólida.
EMPIECE CONVERSACIONES
Duración: 3 minutos
Lugar: Predicación pública, junto a un expositor cerca de un hospital
Objetivo: Comenzar la conversación con el tema de la campaña de septiembre
Lección: Interés sincero
Texto bíblico: Salmo 22:26
Publicación: ¡Disfrute de la vida para siempre!
Situación: Un trabajador sanitario que acaba de terminar su turno observa el título del folleto mientras espera el autobús.
Publicador/a: Buenos días. Veo que se quedó mirando el título del folleto.
Persona: Sí, Disfrute de la vida. Justo hoy no parece escrito para mí.
Publicador/a: Parece que ha tenido una mañana difícil.
Persona: Vengo de trabajar toda la noche en el hospital y ahora tengo que esperar el autobús. Estoy agotado.
Publicador/a: Lo siento. Después de cuidar de otras personas durante tantas horas, también necesitará que alguien se preocupe por cómo está usted.
Persona: Gracias. La verdad es que últimamente solo trabajo, duermo y vuelvo a trabajar.
Publicador/a: Tiene que ser muy desgastante. ¿Lleva mucho tiempo así?
Persona: Varios meses. Tenemos poco personal. Me gusta mi trabajo, pero a veces pienso que no se puede vivir siempre corriendo.
Publicador/a: Lo entiendo. Durante septiembre participaremos en una campaña mundial con este folleto. Plantea justamente si la vida puede llegar a ser algo más que aguantar un día tras otro.
Persona: El título suena bien, pero disfrutar de la vida para siempre parece imposible.
Publicador/a: Es normal que lo vea así. ¿Me permite enseñarle una frase muy breve? En Salmo 22:26 se promete: “Los mansos comerán y quedarán satisfechos; los que buscan a Jehová lo alabarán. Que ustedes vivan para siempre”. ¿Qué le llama la atención?
Persona: Que no habla solo de vivir muchos años, sino de estar satisfechos.
Publicador/a: Exacto. Dios no promete simplemente alargar una vida llena de cansancio. La Biblia presenta un futuro en el que las personas podrán vivir seguras y satisfechas. Este folleto también muestra cómo puede ayudarnos ahora.
Persona: Eso me interesa más, porque el futuro lo veo muy lejos.
Publicador/a: Claro. Ahora mismo, ¿qué cree que necesitaría más: afrontar el agotamiento o recuperar un poco de esperanza?
Persona: Probablemente recuperar la esperanza. Cuando uno está tan cansado, todo lo ve negro.
Publicador/a: Gracias por decírmelo. La segunda lección se titula “La Biblia nos da esperanza” y explica por qué esa esperanza no es simplemente pensamiento positivo. Puede llevarse el folleto y leerla cuando haya descansado.
Persona: Sí, me lo llevo. Mi autobús está llegando.
Publicador/a: Claro, no lo entretengo. En jw.org también puede leerlo o escucharlo. Espero que hoy pueda descansar. Si otro día pasa por aquí, me gustaría saber qué le pareció.
Persona: De acuerdo. Gracias por escucharme.
Publicador/a: Gracias a usted. Que tenga un buen descanso.
DISCURSO
Duración: 5 minutos
Lugar: Auditorio
Título: ¿Qué significa Jeremías 29:11?
Lección: Hacer una buena introducción
Texto principal: Jeremías 29:11
Imaginemos que alguien pierde su empleo. Un amigo le envía Jeremías 29:11 y le dice: “No te preocupes. Dios tiene preparado para ti un trabajo mejor”. La intención es buena y el versículo transmite esperanza. Pero ¿significa realmente que Dios ha diseñado un plan particular para cada decisión y cada circunstancia de nuestra vida? Para recibir el verdadero consuelo de este texto, primero tenemos que entender a quién se dirigió y qué prometió Jehová.
Leamos Jeremías 29:11: “Sé muy bien lo que tengo en mente para ustedes —afirma Jehová—. Quiero que tengan paz, no calamidad. Quiero darles un futuro y una esperanza”.
Estas palabras formaban parte de una carta. Jeremías no se la envió a una sola persona que estuviera decidiendo qué hacer con su vida, sino al conjunto de los israelitas desterrados en Babilonia. Habían perdido su hogar, vivían lejos de Jerusalén y podían preguntarse si Jehová se había olvidado de ellos.
El contexto nos ayuda a comprender mejor la promesa. En los versículos 4 a 9, Jehová les dijo que construyeran casas, plantaran jardines y formaran familias. ¿Por qué? Porque el destierro no terminaría enseguida. Según el versículo 10, permanecerían en Babilonia durante 70 años.
Por tanto, Jeremías 29:11 no prometía una solución inmediata a cada problema personal. Jehová estaba asegurándole a su pueblo que, a pesar de aquella larga prueba, no lo había olvidado.
¿En qué consistía el futuro y la esperanza que tenía en mente? Cuando se cumplieran los 70 años, Jehová dirigiría su atención a ellos y los llevaría de vuelta a Jerusalén. Quería que tuvieran paz, no calamidad.
Algunas traducciones emplean la palabra “prosperidad”, pero el término original no se refiere necesariamente a riquezas. Comunica la idea de paz, salud y bienestar. Jehová les garantizaba que seguirían existiendo como nación y que algún día podrían regresar a su tierra.
Ahora bien, eso tampoco significaba que cada israelita tuviera su futuro decidido de antemano. Los versículos 12 y 13 muestran que debían llamar a Jehová, orarle y buscarlo con todo el corazón. Cada uno podía decidir si quería acercarse a Dios y beneficiarse de su promesa.
Así que este pasaje no enseña que Dios controla todas nuestras decisiones ni que ha escrito un guion individual para nuestra vida.
La historia confirmó que aquella esperanza tenía una base sólida. Tal como Jehová había anunciado, el rey persa Ciro conquistó Babilonia. Después permitió que los judíos regresaran y, al terminar los 70 años de destierro, volvieron a estar en Jerusalén. Jehová no se limitó a darles palabras reconfortantes: cumplió lo que había prometido.
¿Qué significa entonces Jeremías 29:11 para nosotros?
No es una garantía de que todos nuestros proyectos personales saldrán bien, de que conseguiremos prosperidad material ni de que los problemas desaparecerán rápidamente. Pero sí revela algo muy valioso sobre Jehová: él desea la paz para sus siervos, no se olvida de ellos durante las pruebas y siempre cumple sus promesas.
Romanos 15:4 dice que las cosas escritas anteriormente sirven para que “tengamos esperanza”. El cumplimiento de Jeremías 29:11 nos da razones para confiar en las promesas que todavía están por realizarse.
Por medio del Reino dirigido por Jesucristo, Jehová traerá paz a toda la Tierra. Salmo 37:10, 11 y 29 asegura que los malvados dejarán de existir, que los mansos disfrutarán de abundante paz y que los justos vivirán para siempre en la Tierra.
Por eso, cuando atravesemos una etapa difícil, no tenemos que interpretar Jeremías 29:11 como una promesa de éxito inmediato o como la prueba de que Dios ha decidido cada detalle de nuestra vida. Podemos verlo como algo mucho más sólido: una promesa que Jehová hizo, que cumplió y que demuestra qué clase de Dios es.
Los israelitas desterrados podían mirar hacia el futuro con esperanza porque Jehová no los había olvidado. Nosotros también podemos hacerlo. El Dios que les dio “un futuro y una esperanza” sigue siendo “el Dios que da esperanza”, y ninguna de sus promesas quedará sin cumplirse.
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