Tema: “¿Estamos confiando en la persona correcta?”
Cuando una persona se encuentra en peligro, busca refugio. Si hay una tormenta fuerte, no se queda en medio de la calle; busca un lugar seguro. Si tiene una decisión importante delante, busca orientación. La pregunta es: ¿dónde busca esa seguridad? ¿En quién confía?
Esa pregunta es muy importante para todos nosotros: “¿Estamos confiando en la persona correcta?”. Porque no todas las ayudas son seguras, no todos los consejos son confiables y no todas las soluciones que parecen prácticas tienen la aprobación de Jehová.
En tiempos bíblicos, algunos del pueblo de Dios cometieron el error de buscar protección donde no debían. En vez de confiar en Jehová, buscaron alianzas humanas. Y Jehová dejó claro que esa forma de actuar no le agradaba.
El primer punto es este: quienes solo confían en simples humanos desagradan a Jehová.
Leamos Isaías 30:1, 2: “‘¡Ay de los hijos tercos —afirma Jehová—, que llevan a cabo planes que no son míos, que hacen alianzas, pero sin la guía de mi espíritu, para añadir más pecado al pecado! Bajan a Egipto sin consultarme para refugiarse bajo la protección del faraón y refugiarse bajo la sombra de Egipto’”.
Jehová llamó a su pueblo “hijos tercos”. ¿Por qué? Porque estaban haciendo planes, pero no eran los planes de Jehová. Estaban haciendo alianzas, pero no bajo la guía de su espíritu. Bajaban a Egipto buscando la protección del faraón, pero no consultaban a Jehová.
Egipto podía parecer una potencia fuerte, un aliado lógico, una solución práctica. Pero el problema no era solo político; era espiritual. Estaban diciendo con sus acciones: “Jehová no es suficiente. Necesitamos otra seguridad”. Y eso añadía pecado al pecado, porque demostraba falta de fe y desobediencia.
Jeremías expresó la misma idea con palabras muy directas.
Leamos Jeremías 17:5: “Esto es lo que Jehová dice: ‘Maldito el hombre que confía en simples humanos, que se apoya en la fuerza del ser humano, y cuyo corazón se aparta de Jehová’”.
Este texto no dice que sea malo pedir ayuda, aceptar consejos o valorar la experiencia de otras personas. La Biblia misma muestra que los siervos de Jehová pueden beneficiarse del consejo sabio. El problema está en confiar en “simples humanos” como si ellos fueran nuestra principal fuente de seguridad, y que por eso el corazón se aparte de Jehová.
Ahí está la clave: “cuyo corazón se aparta de Jehová”. Una persona puede empezar poco a poco. Tal vez tiene un problema y lo primero que hace es buscar soluciones humanas. Escucha opiniones, mira lo que hace la mayoría, se deja influir por el mundo o toma decisiones basándose solo en lo que parece conveniente. Pero se olvida de preguntarse: “¿Qué piensa Jehová? ¿Qué principio bíblico aplica? ¿Estoy buscando primero su guía?”.
Esto puede pasar en decisiones grandes y pequeñas. Por ejemplo, al escoger un trabajo, al decidir con quién pasar tiempo, al buscar pareja, al enfrentar problemas familiares o al planificar el futuro. Si nos guiamos solo por criterios humanos, como el dinero, la comodidad, el prestigio o la opinión de otros, podríamos terminar apoyándonos en “la fuerza del ser humano”.
Jehová no quiere que vivamos desconfiando de todos, pero sí quiere que entendamos que los humanos son limitados. Incluso la persona más inteligente, poderosa o bien intencionada puede equivocarse. Jehová, en cambio, ve todo el cuadro. Sabe lo que nos conviene ahora y también lo que nos protegerá a largo plazo.
Por eso, antes de tomar decisiones importantes, hacemos bien en consultar a Jehová mediante la oración, la Biblia, las publicaciones y los consejos basados en principios bíblicos. La pregunta no debería ser solo: “¿Qué me conviene?”, sino: “¿Qué agradará a Jehová?”.
El segundo punto muestra qué ocurre cuando alguien decide apartarse de Jehová y confiar solo en soluciones humanas: tendrá una vida difícil.
Leamos Jeremías 17:6: “Será como un árbol solitario en el desierto. Cuando venga el bien, no lo verá, sino que vivirá en lugares áridos del desierto, en una región salada donde nadie puede vivir”.
Qué imagen tan triste. Jehová compara a la persona que se aparta de él con un árbol solitario en el desierto. No es un árbol junto a un río, fuerte y lleno de vida. Es un árbol aislado, en un terreno árido, en una región salada donde nadie puede vivir.
La información de esta semana explica que la palabra usada puede referirse probablemente a una especie de enebro o sabina negral, un arbusto que crece en zonas rocosas del desierto y en peñascos. Además, la raíz hebrea relacionada con ese nombre transmite la idea de “desnudez” o de estar “despojado”. Eso encaja muy bien con la imagen de un arbusto de apariencia triste, solo, en un terreno seco.
Así es la vida de quien se aparta de Jehová. Quizá por fuera parezca que le va bien. Puede tener metas, recursos o apoyo humano. Pero espiritualmente está en un lugar seco. Le falta la guía, la paz y la protección que solo Jehová puede dar.
El texto dice: “Cuando venga el bien, no lo verá”. Eso es muy serio. Una persona que confía solo en el criterio humano puede tener delante oportunidades espirituales y no apreciarlas. Puede escuchar un buen consejo y rechazarlo. Puede ver cómo Jehová cuida de su pueblo y aun así no reconocerlo. Puede recibir ayuda, pero no darle valor porque su corazón está mirando en otra dirección.
Pensemos en alguien que toma decisiones solo por dinero. Tal vez acepta un trabajo que le absorbe tanto que empieza a perder reuniones, predica cada vez menos y se distancia de los hermanos. Al principio puede pensar: “Esto me da seguridad”. Pero con el tiempo quizás se sienta espiritualmente seco, cansado y solo. No porque Jehová lo haya abandonado, sino porque él mismo se fue alejando de la fuente de verdadera seguridad.
O pensemos en alguien que se deja llevar por los consejos del mundo sobre las relaciones, la moral o las metas personales. El mundo puede presentar esos consejos como modernos o prácticos, pero muchas veces terminan dejando a la persona vacía, herida o alejada de Jehová.
La imagen del árbol solitario nos recuerda que no fuimos creados para vivir lejos de Jehová. Necesitamos su dirección. Necesitamos su Palabra. Necesitamos oración. Necesitamos estar cerca de su pueblo. Sin eso, la vida puede parecer activa por fuera, pero espiritualmente se vuelve árida.
Ahora bien, Jehová no solo nos advierte del peligro. También nos muestra el camino que lleva a una vida fuerte y fructífera. El tercer punto es este: quienes confían en Jehová florecerán.
Leamos Jeremías 17:7, 8: “Bendito el hombre que confía en Jehová, que pone su confianza en Jehová. Será como un árbol plantado junto a las aguas, que extiende sus raíces hasta la corriente de agua. Cuando llegue el calor, no lo sentirá, sino que siempre estará frondoso. Y en año de sequía no se angustiará ni dejará de dar fruto”.
Qué contraste tan hermoso. Primero vimos a un árbol solitario en el desierto. Ahora vemos un árbol plantado junto a las aguas. Tiene raíces profundas, llega hasta la corriente y por eso se mantiene frondoso incluso cuando llega el calor.
La información menciona que, a las orillas de ríos y arroyos de Siria y Palestina, antiguamente crecían altos álamos. En la Biblia se los menciona cerca de cursos de agua o en valles torrenciales. También era habitual encontrar sauces en lugares donde había mucha agua. Estos árboles grandes y frondosos ilustran muy bien la idea que querían destacar el salmista y Jeremías: la persona que obedece las leyes divinas y confía en Dios se mantiene fuerte espiritualmente.
Eso no significa que quien confía en Jehová nunca tenga problemas. El texto habla de calor y de sequía. Es decir, incluso los siervos fieles pasan por momentos difíciles: enfermedades, problemas económicos, ansiedad, oposición, desánimo o pérdidas. Pero la diferencia está en dónde tienen las raíces.
Quien confía en Jehová extiende sus raíces hacia la corriente de agua. Esas raíces representan nuestra relación con él, nuestra fe, nuestra rutina espiritual y nuestra confianza en sus promesas. Si nuestras raíces son profundas, el calor no nos destruye. La sequía no nos deja sin fruto.
Por ejemplo, un hermano puede perder su empleo, pero si confía en Jehová, no toma decisiones desesperadas que pongan en peligro su espiritualidad. Ora, busca consejo, mantiene su rutina espiritual y sigue convencido de que Jehová no lo abandonará. Una hermana puede pasar por una prueba familiar, pero si sus raíces están en Jehová, no responde con amargura ni se aísla. Busca fuerzas en la oración, en las reuniones y en el apoyo de los hermanos.
La pregunta es: ¿cómo hacemos que nuestras raíces lleguen hasta la corriente? No ocurre por casualidad. Hace falta constancia. Cada vez que oramos con sinceridad, nuestras raíces se profundizan. Cada vez que estudiamos la Biblia y meditamos, absorbemos agua espiritual. Cada vez que asistimos a las reuniones, participamos en la predicación y aceptamos el consejo de Jehová, nos fortalecemos.
También es importante confiar en Jehová antes de que llegue la sequía. Un árbol no desarrolla raíces profundas en un solo día. De igual manera, no podemos esperar a que llegue una gran prueba para empezar a fortalecer nuestra fe. El momento de profundizar nuestras raíces es ahora.
Confiar en Jehová también significa obedecerle cuando sus instrucciones no coinciden con lo que el mundo recomienda. El mundo quizás diga: “Busca primero seguridad económica”. Jehová nos enseña a buscar primero el Reino. El mundo dice: “Haz lo que sientas”. Jehová nos enseña a guiar el corazón con principios bíblicos. El mundo dice: “Confía en ti mismo”. Jehová nos enseña a confiar en él.
Y la promesa es preciosa: quien confía en Jehová “no dejará de dar fruto”. Puede seguir mostrando fe, amor, paciencia, aguante y gozo incluso en circunstancias difíciles. No porque sea fuerte por sí mismo, sino porque está conectado a la mejor fuente de vida: Jehová.
Así que volvamos a la pregunta del tema: “¿Estamos confiando en la persona correcta?”.
Si confiamos solo en simples humanos, podemos acabar como un árbol solitario en el desierto: secos, aislados y sin ver el bien cuando llega. Pero si confiamos en Jehová, seremos como un árbol plantado junto a las aguas: firmes, frondosos y capaces de dar fruto incluso en tiempos difíciles.
Por eso, antes de tomar decisiones, busquemos la guía de Jehová. Cuando sintamos presión, no corramos a refugiarnos bajo “la sombra de Egipto”, es decir, en soluciones humanas que ignoran a Dios. Y cuando vengan el calor o la sequía, mantengamos nuestras raíces cerca de Jehová mediante la oración, la Biblia, las reuniones y la obediencia.
Jehová nunca falla. Los humanos pueden equivocarse, las circunstancias pueden cambiar y las seguridades de este mundo pueden desaparecer. Pero quien confía en Jehová tiene la mejor protección, la mejor guía y la mejor esperanza. Que nuestra vida demuestre siempre que estamos confiando en la persona correcta: Jehová.
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