Tema: Jehová disciplina a sus siervos hasta el grado debido
Cuando un médico prescribe un tratamiento, no administra una cantidad al azar. Una dosis insuficiente quizás no corrija el problema, pero una dosis excesiva podría hacer daño. La cantidad adecuada tiene un objetivo: ayudar al paciente a recuperarse.
La disciplina de Jehová también tiene una finalidad. Él nunca corrige por irritación ni con el deseo de humillar. Pero tampoco pasa por alto la conducta incorrecta. Disciplina “hasta el grado debido”, con justicia, equilibrio y amor, para ayudar a sus siervos a reflexionar, cambiar y recuperar una buena relación con él.
Los judíos de la época de Jeremías necesitaban esa disciplina. Durante mucho tiempo habían desobedecido a Jehová, habían practicado la idolatría y habían rechazado las advertencias de sus profetas. Jerusalén sería destruida y muchos serían llevados al destierro en Babilonia. Sin embargo, Jehová no había perdido para siempre el interés en quienes se arrepintieran.
El primer punto es que los judíos arrepentidos buscarían a Jehová con todas sus fuerzas.
Jeremías 29:12, 13
“Ustedes me llamarán, acudirán a mí en oración, y yo los escucharé’. ‘Ustedes me buscarán y me encontrarán, porque me buscarán con todo el corazón’”.
Estas palabras debieron de darles mucha esperanza. Jehová no les dijo: “Ya no quiero saber nada de ustedes”. Al contrario, les aseguró que, si lo llamaban y acudían a él en oración, los escucharía.
Pero había una condición: tenían que buscarlo “con todo el corazón”. No bastaba con lamentar las consecuencias de sus errores ni con desear regresar a su tierra. Debían arrepentirse de verdad, abandonar su mala conducta y volver a colocar a Jehová en el centro de su vida.
Buscar a Jehová suponía pedir su guía antes de tomar decisiones, tanto importantes como cotidianas. En el pasado, muchos habían actuado según sus propios deseos y después esperaban que Jehová aprobara sus planes. Ahora tendrían que aprender a preguntarse: “¿Qué quiere Jehová que haga? ¿Qué principios de su Palabra deben dirigir esta decisión?”.
La oración sería fundamental. Igual que David le pidió a Jehová que le enseñara sus caminos, los judíos arrepentidos debían reconocer que necesitaban orientación. Jehová incluso los invitó a llamarlo y les prometió que les respondería.
La disciplina podía producir así un resultado muy bueno: ayudarlos a comprender cuánto necesitaban a Jehová. Antes quizás confiaban en sus gobernantes, en alianzas políticas o en su propio criterio. Pero el destierro les demostraría que la verdadera seguridad solo podía venir de él.
Esto también puede sucedernos a nosotros. Una corrección bíblica o las consecuencias de una mala decisión pueden mostrarnos que hemos confiado demasiado en nuestro propio criterio. En vez de resistirnos, podemos preguntarnos: “¿Qué quiere enseñarme Jehová? ¿Qué cambios debo hacer para acercarme más a él?”.
Si lo buscamos de todo corazón, él escuchará nuestras oraciones. Tal vez no elimine inmediatamente todas las consecuencias de nuestros errores, pero sí nos dará la sabiduría y las fuerzas necesarias para recuperar nuestra salud espiritual.
El segundo punto es que Jehová llevaría a los judíos de vuelta a su tierra.
Jeremías 29:14
“Y yo dejaré que me encuentren —afirma Jehová—. Reuniré a sus cautivos, los recogeré a ustedes de todas las naciones y de todos los lugares a los que los he dispersado —afirma Jehová—. Y los traeré de vuelta al lugar del que los desterré’”.
La disciplina no duraría para siempre. Jehová había permitido que fueran desterrados, pero también prometió reunirlos y llevarlos de vuelta. Esto demuestra que su objetivo no era deshacerse de ellos, sino corregirlos.
Pensemos en un pastor que ve a una oveja caminando hacia un barranco. Quizás tenga que sujetarla con firmeza y obligarla a retroceder. A la oveja podría no gustarle e incluso podría sentir dolor durante unos momentos. Pero el pastor no desea hacerle daño. Quiere salvarla y devolverla a un lugar seguro.
De manera parecida, el destierro fue doloroso, pero podía impedir que los judíos arrepentidos continuaran por un camino que acabaría destruyéndolos espiritualmente. Después, Jehová los ayudaría a regresar y a restablecer la adoración verdadera.
Esta promesa también nos enseña que Jehová no define a una persona arrepentida únicamente por sus errores. Él ve en qué puede convertirse si acepta la disciplina.
Tal vez alguien haya cometido una falta grave o esté sufriendo las consecuencias de una mala decisión. Podría pensar que nunca volverá a tener una buena relación con Jehová o que ya no podrá serle útil. Pero el ejemplo de los desterrados demuestra que el arrepentimiento sincero abre el camino hacia la recuperación.
Quizás algunas consecuencias permanezcan durante un tiempo. Sin embargo, Jehová puede ayudar a la persona a recuperar la paz, una conciencia limpia y la seguridad de que sigue contando con su amor.
El tercer punto explica por qué la disciplina de Jehová es equilibrada: no los exterminaría, sino que los disciplinaría “hasta el grado debido”.
Jeremías 30:11
“Porque yo estoy contigo —afirma Jehová— para salvarte. Pero voy a exterminar a todas las naciones por las que te he esparcido; sin embargo, a ti no te voy a exterminar. Te disciplinaré hasta el grado debido; de ninguna manera te dejaré sin castigo”.
Jehová dijo dos cosas que debemos considerar juntas. Primero: “Estoy contigo para salvarte”. Segundo: “De ninguna manera te dejaré sin castigo”. Su amor no lo llevaba a ignorar el pecado, y su justicia no lo llevaba a perder la misericordia.
La restauración prometida no significaba que Jehová fuera a mimarlos ni a rebajar sus normas. Los judíos rebeldes tenían que responder por sus actos. Durante años habían rechazado sus palabras y habían vuelto a cometer los errores de sus antepasados. La disciplina era necesaria para que algunos reflexionaran y regresaran.
Sin embargo, Jehová no aplicaría un castigo descontrolado. Los corregiría en la medida necesaria. La expresión “hasta el grado debido” transmite equilibrio. Jehová conoce el corazón, las circunstancias y las posibilidades de recuperación de cada persona. Nunca se equivoca al disciplinar.
Hebreos explica cuál es la motivación de Jehová.
Hebreos 12:6
“Porque Jehová disciplina a quienes ama. De hecho, castiga a todo el que recibe como hijo”.
La disciplina no demuestra que Jehová haya dejado de amar a alguien. Puede demostrar precisamente lo contrario: que todavía lo considera su hijo y desea ayudarlo. Un padre indiferente deja que su hijo continúe por un camino peligroso. Un padre amoroso interviene, aunque hacerlo resulte doloroso.
Esto nos lleva a la pregunta para meditar: ¿cómo debemos reaccionar cuando Jehová nos disciplina?
Es natural sentir dolor. Quizás aparezcan la tristeza, la vergüenza o la impresión de que la corrección fue demasiado severa. Pero, si solo nos concentramos en el dolor, podríamos restarle importancia a la disciplina o llegar a pensar que ha sido injusta. También podríamos perder de vista que es una demostración del amor de Jehová.
Satanás quiere aprovechar esas emociones. Desea que rechacemos la disciplina y que pensemos: “Jehová ya no me quiere”, “los hermanos me han tratado mal” o “será mejor alejarme de la congregación”. Si aceptamos esos pensamientos, la disciplina que debía ayudarnos podría convertirse en una excusa para apartarnos de Jehová.
¿Qué puede ayudarnos a mantener el buen juicio?
Primero, orar con franqueza. Podemos pedirle a Jehová que nos ayude a comprender la lección y a no dejarnos dominar por las emociones.
Segundo, evitar aislarnos. Aunque sintamos vergüenza, seguimos necesitando las reuniones, la Biblia y el apoyo de hermanos maduros. Alejarnos sería como rechazar el tratamiento precisamente cuando más lo necesitamos.
Tercero, concentrarnos en los cambios que debemos hacer, no en defendernos. Podemos preguntarnos: “¿Qué actitud o decisión me trajo hasta aquí? ¿Qué medidas concretas demostrarán que estoy verdaderamente arrepentido?”.
Y cuarto, tener paciencia. El buen fruto de la disciplina no siempre aparece de inmediato. Pero, con el tiempo, puede producir paz, una conciencia limpia y una amistad mucho más fuerte con Jehová.
Los judíos arrepentidos buscarían a Jehová con todo el corazón. Él los escucharía, los reuniría y los llevaría de vuelta. Pero antes los disciplinaría hasta el grado debido.
Así actúa Jehová. No pasa por alto el pecado, pero tampoco abandona a quien se arrepiente. Su disciplina es justa, equilibrada y amorosa.
Por eso, cuando nos corrija, no nos rindamos ni nos alejemos. Busquémoslo con más intensidad, aceptemos su ayuda y hagamos los cambios necesarios. Entonces comprobaremos que la disciplina de Jehová no pretende destruirnos, sino salvarnos y acercarnos más a él.
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