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Seamos Mejores Maestros para la semana del 12-18 de octubre de 2026

Seamos Mejores Maestros para la semana del 12-18 de octubre de 2026

Empiece conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empiece conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 1 · Interés sincero · punto 5
Objetivo didáctico: Escuche. No hable demasiado. Dele a la persona la oportunidad de expresarse. Cuando sea apropiado, haga preguntas.
Marco de circunstancias: En una parada de autobús, un publicador conversa por primera vez con una trabajadora preocupada por los retrasos y la presión de llegar a su empleo.
Texto bíblico asociado: Juan 4:6-9 — De hecho, allí estaba el pozo de Jacob. Y Jesús, que estaba cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos). Pero la samaritana le preguntó: “¿Cómo es que tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?”. (Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos).
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. (lmd lección 1 punto 5).

Publicador/a: Estamos esperando el autobús y veo que está mirando el aviso de las obras. Parece que estos cambios en la ruta le están complicando el día.

Persona: Bastante. Antes llegaba al trabajo sin problema, pero ahora tengo que salir mucho antes y aun así nunca sé si voy a llegar a tiempo.

Publicador/a: Entiendo la frustración. Cuando uno hace todo lo posible por organizarse y depende de cosas que no controla, termina agotado. ¿Trabaja por esta zona?

Persona: Sí, en una tienda del centro. Últimamente hay menos personal, así que tampoco puedo permitirme llegar tarde.

Publicador/a: Debe de llevar mucha presión encima. Con tantas responsabilidades, ¿qué le ayuda a mantener la calma cuando el día empieza así?

Persona: Intento no pensar demasiado, pero no siempre funciona. Mi madre dice que rece, aunque a veces me pregunto si sirve de algo.

Publicador/a: Es una pregunta muy sincera. Muchas personas se sienten así cuando tienen problemas continuos. Me gusta que usted haya mencionado la oración, porque la Biblia muestra que Dios se interesa por lo que nos preocupa.

Persona: Ojalá fuera tan sencillo. Hay días en que parece que nadie escucha.

Publicador/a: Comprendo por qué lo dice. Jesús también se acercó con naturalidad a una mujer que estaba realizando una tarea cotidiana. Primero se fijó en su situación y empezó con una petición sencilla, no con un discurso.

Publicador/a: Juan 4:6-9 — De hecho, allí estaba el pozo de Jacob. Y Jesús, que estaba cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos). Pero la samaritana le preguntó: “¿Cómo es que tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?”. (Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos). Ese relato me recuerda que una conversación puede comenzar mostrando interés por la persona. No quiero quitarle más tiempo, pero si otro día coincidimos, me gustaría enseñarle una idea bíblica breve sobre por qué podemos hablar con Dios con confianza.

Persona: Me parece bien. Normalmente tomo este autobús a esta hora, aunque no todos los días.

Publicador/a: Gracias por decírmelo. Espero que hoy el autobús llegue pronto y que el turno se le haga llevadero.

Haga revisitas

Datos de la asignación

Asignación: Haga revisitas
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 7 · Constancia · punto 4
Objetivo didáctico: Pregúntele cuándo pueden volver a hablar. No termine la conversación sin hablar con la persona sobre el día y la hora en los que volverá a visitarla. Y asegúrese de no faltar a la cita.
Marco de circunstancias: En una revisita de casa en casa, un publicador vuelve a hablar con Marta, quien anteriormente expresó preocupación por el futuro de su hija y la muerte de su padre.
Texto bíblico asociado: Juan 5:28-29 — No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán: los que hicieron cosas buenas, para una resurrección de vida, y los que hicieron cosas malas, para una resurrección de juicio.
Material oficial: DE CASA EN CASA. Utilice una de las verdades del apéndice A del folleto Una obra de amor (lmd lección 7 punto 4).

Publicador/a: Buenos días, Marta. La semana pasada comentamos que le preocupaba mucho el futuro de su hija y que le gustaría que creciera en un mundo más seguro. ¿Le viene bien hablar unos minutos?

Persona: Sí, pase. Me acuerdo de la conversación. Justamente ayer vimos las noticias y pensé otra vez que todo parece ir a peor.

Publicador/a: Es comprensible que se sienta así. Usted quiere proteger a su hija, y esa preocupación demuestra cuánto la quiere. La vez pasada le mencioné una verdad bíblica sencilla: Dios promete que el sufrimiento no durará para siempre.

Persona: Me gustaría creerlo, pero ya he oído muchas promesas. Los problemas llevan demasiado tiempo.

Publicador/a: Tiene razón: una promesa sin una base fiable no consuela mucho. Por eso no quisiera pedirle que me crea solo por lo que yo digo. Veamos por qué la Biblia da una esperanza concreta.

Publicador/a: Juan 5:28-29 — No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán: los que hicieron cosas buenas, para una resurrección de vida, y los que hicieron cosas malas, para una resurrección de juicio. Estas palabras hablan de una resurrección. No solo reconocen el dolor que causa la muerte; ofrecen la esperanza de volver a ver a quienes están en las tumbas. Para muchas personas, esa promesa cambia la manera de afrontar la pérdida y el futuro.

Persona: Mi padre murió hace dos años. A veces mi hija pregunta por él. No sé bien qué decirle.

Publicador/a: Siento mucho lo de su padre. Debe de ser duro para las dos. La esperanza de la resurrección no elimina de golpe la tristeza, pero puede darle una respuesta afectuosa a su hija: su abuelo no está sufriendo y Dios promete devolverle la vida.

Persona: Eso sí sería una esperanza bonita. Pero ¿de verdad puede Dios hacer algo así?

Publicador/a: Es una buena pregunta. La próxima vez podríamos ver por qué la Biblia presenta esa promesa como algo posible y qué clase de futuro describe para las familias. Así podrá valorar usted misma si la explicación tiene sentido.

Persona: Me parece bien, pero esta semana voy bastante ocupada.

Publicador/a: Lo entiendo. ¿Qué le parecería el próximo martes, después de las seis? Solo serían unos minutos, y si ese día le surge algo, no habría problema.

Persona: El martes a las seis y media estaría mejor. Mi hija ya habrá terminado sus deberes.

Publicador/a: Perfecto, entonces volveré el martes a las seis y media. Gracias por contarme lo de su padre y por dejarme compartir esta esperanza con usted.

¿Qué diría?

Datos de la asignación

Asignación: ¿Qué diría?
Duración: 6 min
Lección y punto: Lección 2 · Naturalidad · punto 3
Objetivo didáctico: Sea observador. ¿Qué le dicen de la persona sus expresiones faciales y su lenguaje corporal? ¿Da la impresión de tener ganas de hablar? Una manera sencilla de introducir una idea bíblica es preguntarle: “¿Sabía que…?”. Si alguien no quiere hablar, no insista.
Marco de circunstancias: En un análisis con el auditorio, se examina cómo abordar con naturalidad a un hombre que está leyendo la Biblia u otro libro religioso durante la predicación informal.
Texto bíblico asociado: Hechos 8:30-31 — Felipe corrió al lado y oyó que él estaba leyendo en voz alta al profeta Isaías. Entonces le preguntó: “¿De veras entiendes lo que estás leyendo?”. Él le respondió: “¿Y cómo voy a entenderlo sin alguien que me enseñe?”. Así que le suplicó a Felipe que subiera y se sentara con él.
Material oficial: Análisis con el auditorio. PREDICACIÓN INFORMAL. Repase brevemente Una obra de amor lección 2 punto 3. Mencione la imagen y luego pregunte:
¿Cómo podría empezar a conversar con un hombre que está leyendo la Biblia u otro libro religioso?
¿Qué le preguntaría para saber qué verdad bíblica le podría interesar?
¿Qué texto le mostraría?

La imagen presenta a Felipe acercándose a un hombre etíope que va leyendo un rollo en su carro. Es un buen ejemplo para la predicación informal porque Felipe no parte de un tema elegido por él. Primero observa lo que la persona está haciendo y aprovecha un interés que ya es evidente.

Antes de acercarnos a un hombre que está leyendo la Biblia u otro libro religioso, conviene fijarnos en sus expresiones y en su lenguaje corporal. ¿Está tranquilo y parece dispuesto a conversar? ¿O está concentrado, apurado o incómodo? Ser observadores incluye reconocer cuándo no es un buen momento. Si no quiere hablar, no insistimos.

Si parece accesible, podríamos empezar de forma sencilla y respetuosa: “Veo que está leyendo algo religioso. Me alegra encontrar a alguien que dedique tiempo a estos asuntos. ¿Es un libro que le está ayudando?”. No suponemos cuál es su religión ni le damos a entender que sabemos más que él. Solo mostramos interés sincero.

Otra posibilidad natural sería decir: “Perdone la pregunta; me llamó la atención que esté leyendo la Biblia. ¿Hay alguna idea que le parezca especialmente interesante?”. La pregunta se adapta a lo que vemos. Además, permite que la persona decida si desea explicar lo que está leyendo o si prefiere seguir con lo suyo.

¿Qué podríamos preguntarle para saber qué verdad bíblica le podría interesar? Después de escuchar su respuesta, podríamos preguntar: “¿Le interesa más saber por qué existe tanto sufrimiento, qué esperanza hay para el futuro o cómo puede ayudarnos Dios en el día a día?”. No se trata de hacer una lista mecánica. Escuchamos con atención las palabras que usa y elegimos una pregunta que encaje con lo que ha dicho.

Por ejemplo, si comenta que lee porque busca orientación para su familia, podríamos preguntar qué le preocupa más de criar a sus hijos actualmente. Si menciona la pérdida de alguien querido, quizá le interesaría la esperanza para los muertos. Y si habla de injusticias o de malas noticias, podríamos preguntar qué futuro cree que merece la humanidad. La clave es dejar que su respuesta guíe el siguiente paso.

La lección 2, punto 3, nos anima a ser observadores y naturales. Por eso, aunque la frase “¿Sabía que…?” puede introducir una idea bíblica, no hace falta usarla de manera forzada. Si la persona ya está leyendo un texto religioso, resulta más natural comenzar por lo que realmente está leyendo y por qué le interesa.

¿Qué texto le mostraríamos? Podríamos usar el relato que aparece relacionado con la imagen, porque enseña una forma respetuosa de acercarse a alguien que está leyendo las Escrituras. Felipe no presume que el hombre entiende todo ni lo corrige de entrada. Le hace una pregunta que demuestra interés por su lectura.

Hechos 8:30-31Felipe corrió al lado y oyó que él estaba leyendo en voz alta al profeta Isaías. Entonces le preguntó: “¿De veras entiendes lo que estás leyendo?”. Él le respondió: “¿Y cómo voy a entenderlo sin alguien que me enseñe?”. Así que le suplicó a Felipe que subiera y se sentara con él.

Este relato puede ayudar a explicar por qué una pregunta bien elegida abre la puerta a una conversación útil. Felipe escuchó lo que el hombre leía, se acercó y preguntó con respeto. La respuesta del hombre mostró que necesitaba ayuda, pero Felipe dejó que fuera él quien expresara esa necesidad.

Así que una propuesta adecuada no sería acercarnos con la intención de dar una explicación larga. Sería saludar con amabilidad, mencionar de manera sencilla que hemos visto su lectura y hacer una pregunta abierta. Si responde con interés, seguimos escuchando. Si dice que solo está leyendo por gusto o que prefiere no conversar, agradecemos su respuesta y nos retiramos con cortesía.

También es importante adaptar el texto bíblico a lo que la persona exprese. El relato de Felipe sirve muy bien para mostrar cómo iniciar la conversación. Pero, si al escucharla vemos que le preocupa una cuestión concreta, podríamos buscar en otra ocasión un texto que responda directamente a esa inquietud. No queremos imponer un asunto; queremos ayudar a la persona a descubrir una verdad bíblica que le resulte valiosa.

La imagen, por tanto, nos recuerda tres pasos sencillos: observar, preguntar y escuchar. Observar nos ayuda a escoger el momento y el tema. Preguntar nos permite conocer lo que le interesa. Escuchar demuestra respeto y nos ayuda a decidir qué texto sería realmente pertinente. De ese modo, la conversación será natural, respetuosa y adaptable a cada persona.


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