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Seamos Mejores Maestros para la semana del 26 de octubre al 1 de noviembre de 2026

Seamos Mejores Maestros para la semana del 26 de octubre al 1 de noviembre de 2026

Empiece conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empiece conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 5 · Tacto · punto 4
Objetivo didáctico: No corrija enseguida a la persona. Deje que la persona se exprese con total libertad. Y, cuando diga algo que no esté de acuerdo con la Biblia, no la contradiga (Sant. 1:19). Si la escucha con atención, logrará entender lo que ella cree y por qué lo cree (Prov. 20:5).
Marco de circunstancias: En la puerta de una vivienda, una publicadora conversa por primera vez con una vecina que prepara ropa para donar y menciona desacuerdos religiosos en su familia. Material oficial: (3 mins.) DE CASA EN CASA. (lmd lección 5 punto 4). Lección 5 · Tacto · punto 4. Objetivo: no corregir enseguida ni contradecir a la persona; dejarla expresarse con libertad y escuchar para comprender lo que cree y por qué. Texto bíblico: Santiago 1:19.
Texto bíblico asociado: Santiago 1:19 — Quiero que sepan, mis queridos hermanos, que todos deben ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar y lentos para la ira,
Material oficial: DE CASA EN CASA. (lmd lección 5 punto 4).

Publicador/a: Buenas tardes. Soy testigo de Jehová. Estamos conversando brevemente con los vecinos sobre llevarnos bien con los demás. Pero veo que está sacando unas cajas; ¿le viene mal ahora?

Persona: Estoy preparando ropa para donarla. Me quedan dos cajas, pero puedo parar un momento. Aunque de religión no me gusta discutir; ya tengo bastante con las discusiones de mi familia.

Publicador/a: No quisiera añadir otra. Podemos hablar sin discutir. ¿Se refiere a que en su familia tienen distintas creencias?

Persona: Sí. Mi hermana cambió de religión y mi padre todavía se lo reprocha. Yo pienso que todas las religiones llevan al mismo Dios. Lo que cuenta es ayudar, como con esta ropa, no pertenecer a un grupo u otro.

Publicador/a: Ayudar a quien lo necesita es importante. Y por lo que me cuenta, le preocupa que las diferencias religiosas estén separando a su familia.

Persona: Exactamente. Mi hermana siempre ha estado pendiente de mi padre. Ahora parece que nada de eso cuenta. En cuanto dice algo de su religión, él la interrumpe. Ella también se pone a la defensiva y acabamos todos incómodos.

Publicador/a: Así cuesta entenderse. ¿Lo que más le molesta es que piensen distinto, o que no puedan terminar de explicar lo que piensan?

Persona: Lo segundo. No pretendo que mi padre cambie de religión. Pero podría escucharla. Aunque, claro, escuchar algo con lo que uno no está de acuerdo tampoco es fácil.

Publicador/a: Es verdad. A veces uno ya está preparando su respuesta mientras el otro sigue hablando. A mí también me exige esfuerzo evitarlo.

Persona: Pues sí. Yo les digo que se escuchen, pero cuando empiezan con lo mismo, termino cortándolos también. Al final hago lo que les critico.

Publicador/a: Hay un consejo bíblico sobre ese primer impulso de responder que viene muy al caso. ¿Le puedo leer una frase?

Persona: Sí, si es breve.

Publicador/a: Está en Santiago 1:19. Fíjese en qué deberíamos hacer primero y en qué conviene ir más despacio.

Publicador/a: Santiago 1:19 — Quiero que sepan, mis queridos hermanos, que todos deben ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar y lentos para la ira, Me ayuda ver que escuchar va primero. No significa que tengamos que aceptar todo lo que oímos. Pero sí podemos dejar que la otra persona termine antes de responder.

Persona: El consejo está bien. Pero si mi padre escucha a mi hermana, ella puede pensar que le está dando la razón. Creo que por eso él la corta.

Publicador/a: Podría aclararlo con calma: quiero entender por qué esto es importante para ti, aunque pensemos distinto. Es como cuando alguien explica una queja: escucharlo no es aceptar automáticamente toda su versión.

Persona: Así sí lo entiendo. Aunque no voy a conseguir que cambien los dos por decirles una frase.

Publicador/a: No, eso no depende solo de usted. Pero podría empezar por escuchar sin interrumpir cuando su hermana le cuente cómo se siente. Al menos esa conversación sería diferente.

Persona: Eso sí puedo intentarlo. Sigo pensando lo mismo sobre las religiones, pero me parece útil lo de escuchar. Ahora tengo que terminar las cajas.

Publicador/a: Claro, la dejo continuar. Gracias por explicarme su punto de vista. Que le vaya bien con la entrega de la ropa.

Haga revisitas

Datos de la asignación

Asignación: Haga revisitas
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 9 · Empatía · punto 5
Objetivo didáctico: Use información que le sea útil a la persona. Muéstrele cuanto antes cómo un curso de la Biblia puede contestarle sus preguntas y ayudarle de muchas maneras.
Marco de circunstancias: En la sala de descanso del trabajo, dos compañeros retoman una conversación bíblica anterior sobre cómo reconocer a los verdaderos discípulos de Jesús, a raíz de un desacuerdo laboral. Material oficial: (4 mins.) PREDICACIÓN INFORMAL. Utilice una de las verdades del apéndice A del folleto Una obra de amor (lmd lección 9 punto 5). Lección 9 · Empatía · punto 5. Objetivo: Use información que le sea útil a la persona. Muéstrele cuanto antes cómo un curso de la Biblia puede contestarle sus preguntas y ayudarle de muchas maneras. Verdad seleccionada: apéndice A, punto 34, el amor identifica a la religión verdadera. Texto bíblico: Juan 13:34, 35.
Texto bíblico asociado: Juan 13:34-35 — Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; que, así como yo los he amado, ustedes se amen unos a otros. De este modo todos sabrán que ustedes son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros”.
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. Utilice una de las verdades del apéndice A del folleto Una obra de amor (lmd lección 9 punto 5).

Publicador/a: ¿Al final te cambiaron el horario del viernes?

Persona: Sí, pero tuve que hablarlo otra vez. Lo que me molestó fue que mi compañero dijera delante del encargado que yo no quería colaborar. No era eso; necesitaba salir a mi hora.

Publicador/a: Claro, pedir que se respete tu horario no es lo mismo que negarte a ayudar. ¿Pudiste aclararlo con él también?

Persona: Todavía no. Y mira, esto tiene que ver con lo que hablamos el otro día de la Biblia. Él siempre habla de su religión, pero luego hace estas cosas. Por eso te pregunté cómo saber a quién creer.

Publicador/a: Sí, recuerdo tu pregunta. Decías que no te bastaba con que alguien hablara bien de Dios. Precisamente, un curso de la Biblia puede ayudarte a examinar qué enseñó Jesús y comparar eso con lo que ves, sin quedarte solo con lo que alguien te diga.

Persona: Pero estudiar tampoco garantiza nada. Mi compañero seguramente sabe más de religión que yo. Lo que quiero es ver que eso sirva cuando hay un problema, no solamente cuando todo va bien.

Publicador/a: Tienes razón en que saber mucho no basta. Hay una enseñanza sencilla que responde a tu pregunta: el amor identifica a los verdaderos discípulos de Jesús. Él no dijo que los reconoceríamos solo por sus conocimientos.

Persona: Sí, pero casi todo el mundo dice que hay que amar a los demás. ¿Qué tiene eso de diferente?

Publicador/a: La diferencia está en el modelo de amor que puso Jesús. Sus palabras nos dan algo concreto en lo que fijarnos. ¿Te parece que las leamos?

Persona: Vale. Léelas tú, que tengo las gafas en la taquilla.

Publicador/a: Fíjate en cómo relaciona Jesús el trato entre sus discípulos con la manera de reconocerlos. Está en Juan 13:34 y 35. Hay un pasaje que viene muy al caso. ¿Le parece si leemos Juan 13:34-35?

Publicador/a: Juan 13:34-35 — Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; que, así como yo los he amado, ustedes se amen unos a otros. De este modo todos sabrán que ustedes son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros”. Jesús se puso a sí mismo como modelo. Así que no se trata únicamente de decir que uno tiene amor. Ese amor debe notarse en cómo trata a los demás. Eso conecta con lo que tú esperabas de tu compañero.

Persona: Aunque tampoco sería justo juzgar toda su religión por lo que hizo él. Yo también he hablado mal alguna vez cuando estaba enfadado.

Publicador/a: Estoy de acuerdo. No podemos sacar esa conclusión por un incidente. Pero sí podemos observar si el amor caracteriza a un grupo, en vez de fijarnos solo en lo que afirma creer. Jesús habló de una cualidad que otros podrían reconocer.

Persona: Eso tendría que verlo con tiempo. Cuando acabas de conocer a alguien, normalmente te enseña su mejor cara.

Publicador/a: Desde luego. No te pediría que decidieras por una primera impresión. Un curso bíblico te permitiría conocer mejor ese modelo de Jesús y tener una base para evaluar lo que escuchas y observas.

Persona: ¿Y también me ayudaría con lo de mi compañero? Porque ahora mismo tengo ganas de dejarlo en evidencia la próxima vez que me pida un favor.

Publicador/a: Podemos empezar por aplicar lo que acabamos de leer. Si el amor debe verse en el trato, ¿cómo podrías aclarar lo ocurrido sin hacerle lo mismo que te dolió a ti?

Persona: Supongo que hablando con él a solas. Le diría que necesitaba salir, pero que no me pareció bien que me presentara como alguien que nunca ayuda.

Publicador/a: Así podrías explicar claramente lo que pasó sin avergonzarlo delante de otros. Sería una manera de poner en práctica esa enseñanza, no solo de conocerla.

Persona: Bueno, eso sí me sirve. Aunque puede que él se ponga a la defensiva de todas formas.

Publicador/a: Puede pasar; no puedes elegir su reacción. Pero sí cómo lo tratas tú. Un curso puede ayudarte a encontrar respuestas a tus preguntas y también a pensar cómo aplicar lo que aprendes a situaciones como esta.

Persona: Por ahora prefiero seguir hablando así. No quiero comprometerme a empezar un curso.

Publicador/a: Está bien. Si quieres, otro día podemos ver un ejemplo de cómo trataba Jesús a las personas. Nos ayudaría a entender mejor el modelo de amor que mencionó.

Persona: Eso sí me interesa. El lunes coincidimos en el descanso. Ahora voy a buscar mis cosas.

Publicador/a: De acuerdo, lo dejamos para el lunes.

Haga discípulos

Datos de la asignación

Asignación: Haga discípulos
Duración: 5 min
Marco de circunstancias: En la mesa de la cocina del estudiante, al terminar su curso bíblico habitual, el publicador escucha por qué le cuesta orar y usa como ejemplo los mensajes que intercambia con su hermano. Material oficial: (5 mins.) Anime a su estudiante de la Biblia a orar con más frecuencia (th lección 8). Objetivo: animarlo a orar con más frecuencia. Lección 8: Enseñar con ejemplos; usar una comparación cotidiana sencilla y dejar claro el punto principal. Texto bíblico: Mateo 13:34, 35, como base del uso de comparaciones al enseñar. TTSMaker: profile="dialogue"; idioma: es.
Texto bíblico asociado: Mateo 13:34-35 — Jesús les dijo todas estas cosas a las multitudes usando comparaciones. De hecho, nunca les hablaba sin utilizar alguna comparación. Así se cumplió lo que se había anunciado por medio del profeta, que dijo: “Abriré mi boca usando comparaciones; proclamaré cosas que han estado escondidas desde la fundación”.
Material oficial: Anime a su estudiante de la Biblia a orar con más frecuencia (th lección 8).

Publicador/a: Antes de recoger, ¿te quedó alguna pregunta de lo que comentamos sobre la oración?

Persona: Una, aunque me da un poco de vergüenza. Aquí, cuando terminamos el estudio, me parece natural orar. Pero después pasan los días y casi no lo hago. Esta semana solo oré una vez, cuando tuve un problema.

Publicador/a: Podemos hablarlo con confianza. Cuando dices que casi no lo haces, ¿es porque se te olvida o porque hay algo que te frena?

Persona: Un poco las dos cosas. Voy dejando pasar el día. Y, cuando me acuerdo, pienso que tampoco tengo nada importante que decir. Me parece raro ponerme a orar por cosas pequeñas.

Publicador/a: Entonces no es que no quieras orar. Más bien, te cuesta encontrar un motivo si no tienes una preocupación grande. ¿Lo he entendido bien?

Persona: Sí. Y tampoco quiero repetir siempre lo mismo solo por cumplir. Para eso, prefiero esperar hasta tener algo que decir de verdad.

Publicador/a: Tiene sentido que quieras ser sincero. Para pensar en esto, podemos usar una comparación sencilla. Jesús enseñaba así. Fíjate en cómo lo describe Mateo 13:34, 35; voy a leerlo.

Publicador/a: Mateo 13:34-35 — Jesús les dijo todas estas cosas a las multitudes usando comparaciones. De hecho, nunca les hablaba sin utilizar alguna comparación. Así se cumplió lo que se había anunciado por medio del profeta, que dijo: “Abriré mi boca usando comparaciones; proclamaré cosas que han estado escondidas desde la fundación”. Jesús usaba comparaciones para enseñar. Este pasaje no habla de la frecuencia de nuestras oraciones, pero sí nos muestra una manera de entender mejor una idea. Probemos con algo cotidiano: ¿sigues hablando con tu hermano, el que vive lejos?

Persona: Sí, esta mañana le mandé un mensaje de voz. Hablar por teléfono cuesta más, porque nuestros horarios no coinciden. Pero con los mensajes nos vamos contando cosas durante la semana.

Publicador/a: ¿Y esta mañana había pasado algo especialmente importante, o simplemente querías contarle algo?

Persona: Nada importante. Preparé una receta que él me había explicado y le conté que por fin me salió bien. También le pregunté cómo le había ido en el trabajo.

Publicador/a: O sea, no esperaste a tener un problema serio. Pensaste en él y quisiste compartir algo de tu día. ¿Qué crees que aportan esas conversaciones pequeñas a vuestra relación?

Persona: Nos ayudan a no perder el contacto. Si solo habláramos cuando ocurre algo grave, pasarían semanas sin saber el uno del otro. Aunque no sé si es igual con Dios. A mi hermano lo conozco de toda la vida.

Publicador/a: Claro, no es lo mismo. La comparación sirve para destacar un solo punto: cuando alguien nos importa, no reservamos la comunicación únicamente para las emergencias. En tus oraciones a Jehová tampoco tienes que limitarte a pedir ayuda cuando surge un problema.

Persona: Podría darle las gracias. Eso lo entiendo. Pero algunos días son tan normales que me cuesta pensar en algo concreto. Trabajo, vuelvo a casa, preparo la cena… No hay mucho más.

Publicador/a: Pensemos en este día normal, sin buscar nada extraordinario. ¿Ha habido algún momento que hayas disfrutado o algo que te haya hecho sentir agradecido?

Persona: Pues comer tranquilo antes del estudio. Y escuchar el mensaje de mi hermano. Lleva unos días muy ocupado y me alegró saber que estaba bien. No había pensado en relacionar eso con la oración.

Publicador/a: Ahí tienes algo personal que podrías expresar. No hace falta convertirlo en un discurso. Puedes hablar con tus propias palabras de aquello por lo que estás agradecido, igual que ahora has sabido explicármelo a mí.

Persona: Eso me parece más fácil. Lo que me preocupa es que mañana vuelva a olvidarme. Ya me ha pasado con otras cosas que quería empezar a hacer.

Publicador/a: ¿Te ayudaría escoger un momento tranquilo que ya forme parte de tu rutina? No para hacerlo mecánicamente, sino para tener una oportunidad de detenerte y pensar en qué quieres decirle a Jehová.

Persona: Por la noche podría ser. Aunque, si espero a estar en la cama, me duermo. Quizá después de cenar, antes de ponerme a mirar el teléfono. A esa hora suelo tener unos minutos.

Publicador/a: Parece un momento más realista para ti. ¿Qué te ayudaría a que no se quedara en una costumbre vacía, que era lo que te preocupaba al principio?

Persona: Pensar primero en lo que ha pasado durante el día. Algo que agradezca o que me preocupe. Así no empezaría a hablar sin saber qué quiero decir.

Publicador/a: Exacto. Ese momento puede ayudarte a empezar, sin convertirse en el único momento para orar. Lo importante no es cumplir un horario, sino que vayas haciendo más habitual esa comunicación con Jehová.

Persona: Voy a probar después de cenar. No quiero prometerte que lo haré perfectamente. Pero sí puedo empezar esta noche y no esperar a que aparezca otro problema.

Publicador/a: No tienes que prometerme nada a mí. Es algo personal entre Jehová y tú. Si la próxima vez quieres contarme cómo te fue, lo hablamos. ¿Te gustaría hacer tú la oración para terminar el estudio?

Publicador/a: Empezar esta noche es un paso concreto. Y, pensando en lo que dices de no hacerlo perfectamente, ¿qué harías si una noche cambia tu rutina y se te pasa ese momento después de cenar?

Persona: Seguramente me desanimaría. A veces, cuando me propongo algo y fallo al principio, pienso que no voy a ser constante y lo dejo. Me preocupa que un olvido termine convirtiéndose otra vez en varios días sin orar.

Publicador/a: Pensemos en tu hermano. Si un día querías mandarle un mensaje y se te pasó, ¿dejarías de escribirle el resto de la semana? Claro que no; retomarías el contacto. Con la oración, un olvido tampoco tiene por qué hacerte abandonar tu propósito. En cuanto te acuerdes, puedes buscar un momento para hablar con Jehová, sin esperar al día siguiente.

Persona: Entiendo. En vez de darlo por perdido, puedo retomarlo. Quiero intentarlo, aunque todavía me cuesta comprometerme a ser constante.

Persona: Sí, hoy me gustaría hacerla. Será sencilla, pero ya tengo algo concreto por lo que quiero dar las gracias.


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