Empecemos conversaciones
Datos de la asignación
Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 1 · Interés sincero · punto 5
Objetivo didáctico: Escuche. No hable demasiado. Dele a la persona la oportunidad de expresarse. Cuando sea apropiado, haga preguntas.
Marco de circunstancias: En la entrada de una vivienda, una vecina que riega sus macetas recibe por primera vez a una publicadora y comenta su preocupación por el futuro del planeta
Texto bíblico asociado: Eclesiastés 1:4 — Una generación se va y una generación viene, pero la tierra permanecerá para siempre.
Material oficial: DE CASA EN CASA. Enseña una verdad bíblica. Si quieres, puedes utilizar una de las que aparecen en el apéndice A del folleto Una obra de amor (lmd lección 1 punto 5).
Publicador/a: Hola, no se preocupe, termine de regar. Puedo esperar aquí para no estorbarle.
Persona: Ya está, esta era la última. Estoy aprovechando el agua de lavar las verduras. Me da pena tirarla cuando todavía puede servir. Dígame.
Publicador/a: Es una buena manera de aprovecharla. Quería compartir una idea breve de la Biblia. Pero me ha llamado la atención lo que hace. ¿Siempre le han gustado las plantas?
Persona: Sí, desde pequeña. Mi madre tenía un patio lleno. Ahora intento que mis nietos aprendan a cuidarlas, aunque les cuesta acordarse de regar. Arrancar las flores les resulta más entretenido.
Publicador/a: Entonces están aprendiendo que cuidarlas lleva trabajo, no solo que son bonitas.
Persona: Eso intento. Pero, sinceramente, a veces pienso que de poco sirve. Uno ahorra un cubo de agua y luego ve cuánto se desperdicia. Me preocupa qué planeta les vamos a dejar.
Publicador/a: Claro, lo que usted hace no compensa todo lo que otros estropean. ¿Le preocupa más el daño que ya hay o que no lleguemos a frenarlo?
Persona: Que no lo frenemos. Porque soluciones se proponen muchas, pero después seguimos igual. Y mis nietos son pequeños. No quiero asustarlos, aunque tampoco puedo decirles que todo va estupendamente.
Publicador/a: Sí, quiere darles esperanza sin ocultarles los problemas. Precisamente, la Biblia enseña algo sencillo sobre el futuro de la Tierra: no va a desaparecer. ¿Había escuchado esa idea?
Persona: Pues yo había oído lo contrario, que la Biblia anuncia el fin del mundo. Por eso nunca he relacionado la religión con tener esperanza para este planeta.
Publicador/a: Entiendo por qué le sorprende. Si le parece, podemos mirar un versículo que habla directamente de cuánto durará la Tierra, sin entrar ahora en otros temas.
Persona: A ver, léamelo. Tengo curiosidad por saber qué dice.
Publicador/a: Fíjese en el contraste que hace Eclesiastés 1:4 entre las generaciones humanas y la Tierra. Se lo leo.
Publicador/a: Eclesiastés 1:4 — Una generación se va y una generación viene, pero la tierra permanecerá para siempre. Aquí la Tierra no aparece como algo que vaya a desaparecer. Esa es la idea que quería compartirle.
Persona: Pero que siga existiendo no significa que podamos vivir bien en ella. Podría seguir ahí y estar arruinada. Eso es lo que me preocupa.
Publicador/a: Tiene razón en distinguir las dos cosas. Este versículo responde a si la Tierra permanecerá; no explica por sí solo cómo se reparará el daño. No quisiera atribuirle más de lo que dice.
Persona: Bueno, eso sí lo entiendo. Una cosa es conservar una casa en pie y otra que esté en condiciones de vivir en ella.
Publicador/a: Exactamente. Y su pregunta merece una respuesta, no solo una frase tranquilizadora. Otro día, si le parece, podemos ver qué dice la Biblia sobre reparar el daño al medioambiente.
Persona: Puede ser, si me encuentra por aquí. De momento, apúnteme ese texto; prefiero volver a leerlo con calma.
Publicador/a: Se lo apunto. Y, pensando en sus nietos, ¿le preocupa que hablarles de un futuro mejor les haga pensar que ya no necesitan cuidar la naturaleza?
Persona: Sí, precisamente. Si les digo que Dios reparará el daño, podrían contestarme: entonces, ¿para qué vamos a esforzarnos nosotros? No quisiera que sacaran esa conclusión.
Publicador/a: Entiendo. Pero esperar que algo se repare no significa descuidarlo. Si fueran a arreglar el patio de su casa, ¿les permitiría mientras tanto estropear las plantas? La esperanza y el cuidado pueden ir juntos.
Persona: Así sí podría explicárselo. Aunque primero quiero entenderlo bien yo; por eso prefiero empezar por leer ese texto con calma.
Publicador/a: Claro, Eclesiastés 1:4. Se lo dejo anotado. Me ha gustado conocer su punto de vista. La dejo seguir con sus plantas.
Empecemos conversaciones
Datos de la asignación
Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 4 · Humildad · punto 4
Objetivo didáctico: Deje claro que lo que usted enseña viene de la Biblia. La Palabra de Dios puede tocar el corazón de las personas. Cuando la usamos, las ayudamos a que su fe tenga buenos cimientos.
Marco de circunstancias: En una plaza junto a una biblioteca, una persona que espera la apertura se acerca por primera vez a un carrito de publicaciones y comenta al publicador que ha oído que los testigos de Jehová son una secta
Texto bíblico asociado: Hechos 17:11 — Pero estos judíos eran más nobles que los de Tesalónica, porque aceptaron la palabra con muchísimo interés, y todos los días examinaban con cuidado las Escrituras para ver si estas cosas eran tal como les decían.
Material oficial: PREDICACIÓN PÚBLICA. La persona ha oído que los testigos de Jehová son una secta (lmd lección 4 punto 4).
Persona: ¿Puedo mirar un momento? Estoy esperando a que abra la biblioteca y he visto los libros al pasar. Todavía faltan unos minutos.
Publicador/a: Claro, puede mirar con tranquilidad. Si algo le llama la atención o tiene alguna pregunta, aquí estoy.
Persona: Ah, son publicaciones religiosas. ¿Ustedes son los testigos de Jehová? Me parece haber visto este mismo nombre en otro sitio.
Publicador/a: Sí, somos testigos de Jehová.
Persona: Pues le voy a ser sincera: una compañera me dijo que ustedes son una secta. No lo digo para ofender, pero por eso nunca me había acercado.
Publicador/a: No me ofende que lo pregunte. Si ha oído eso, entiendo que tenga reservas. ¿Su compañera le explicó qué quería decir con esa palabra?
Persona: Que una vez que empiezas a escuchar, tienes que creer lo que te digan. Y a mí no me gusta que decidan por mí, menos en asuntos de religión.
Publicador/a: En eso estamos de acuerdo: una creencia no debería aceptarse simplemente porque alguien la diga con mucha seguridad. Lo que yo le explique tendría que poder mostrárselo en la Biblia, no pedirle que confíe en mi palabra.
Persona: Pero muchas religiones dicen que usan la Biblia. Eso, por sí solo, no me permite saber quién tiene razón. Cada cual encuentra algo que parece apoyarlo.
Publicador/a: Es verdad, decir que usamos la Biblia no basta. Usted necesitaría comprobar si lo que explicamos coincide con ella. Hay un relato bíblico que muestra precisamente esa actitud: escuchar, pero también comprobar.
Persona: ¿Y habla bien de quienes comprueban? Porque hacer preguntas no siempre se recibe bien cuando alguien está convencido de tener la verdad.
Publicador/a: Sí, el relato destaca favorablemente lo que hicieron. Es breve; si le parece, se lo leo y después me dice qué le parece.
Persona: Está bien. Me interesa saber cómo lo plantea.
Publicador/a: Está en Hechos 17:11. Fíjese en lo que hacían estas personas para comprobar lo que escuchaban.
Publicador/a: Hechos 17:11 — Pero estos judíos eran más nobles que los de Tesalónica, porque aceptaron la palabra con muchísimo interés, y todos los días examinaban con cuidado las Escrituras para ver si estas cosas eran tal como les decían. No se limitaron a escuchar con interés. Comparaban lo que les enseñaban con las Escrituras. Por eso, si usted examina una explicación que le doy, está haciendo algo que este relato presenta de manera positiva.
Persona: Sí, eso lo entiendo. Pero también dice que escuchaban con interés. Yo ahora mismo tengo más dudas que interés. No quisiera que confundiera esta conversación con que quiero hacerme testigo.
Publicador/a: No lo estoy dando por hecho. Usted se ha acercado a mirar y me ha contado una inquietud. Podemos hablar de ella sin que tenga que tomar ninguna decisión.
Persona: Entonces, ¿cómo podría comprobar una enseñanza sin tener que leer primero todos estos libros? Porque eso sí que me llevaría tiempo.
Publicador/a: Podríamos empezar por una sola pregunta que usted tenga. Buscaríamos qué dice la Biblia y leeríamos también lo que aparece alrededor del pasaje. Así podría valorar si la explicación encaja, en vez de quedarse únicamente con mi conclusión.
Persona: Eso de leer lo que aparece alrededor me parece importante. Una frase de un libro puede sonar muy distinta si uno no sabe qué viene antes.
Publicador/a: Exactamente. Si le mostrara solo una frase, usted podría pedirme que leyéramos el resto. La idea no es que yo gane una discusión, sino que usted pueda ver en qué se basa lo que enseñamos.
Persona: Bueno, sigo sin saber si mi compañera estaba equivocada. Pero prefiero comprobar las cosas por mí misma. ¿Me apunta dónde está lo que acaba de leer?
Publicador/a: Por supuesto: Hechos, capítulo 17, versículo 11. Puede leerlo con calma en su Biblia y revisar el relato completo.
Persona: Haré eso primero. Ya están abriendo la biblioteca y tengo que entrar. Si vuelvo a pasar, quizá le pregunte algo más.
Persona: Tengo una dificultad: no estoy acostumbrada a leer la Biblia. Si encuentro algo que no entiendo, usted tendrá más facilidad para explicarlo que yo para saber si esa explicación es correcta. ¿Cómo evito aceptar algo solo porque suena convincente?
Publicador/a: Es una buena pregunta. No necesita responder en el momento. Por ejemplo, al leer este relato, podría anotar qué entiende y qué le plantea dudas. Si después conversamos, podemos centrarnos en una de esas dudas. Y si yo no sé responderla, lo mejor sería reconocerlo y buscar la información, no darle cualquier explicación.
Persona: Eso me ayudaría. A veces digo que sí porque no sé cómo expresar lo que me cuesta entender. Podría escribir la pregunta en casa, sin sentir que tengo que encontrar las palabras mientras hablamos.
Publicador/a: Claro. Y puede decirme que una explicación no le ha aclarado la duda. No se trata de que esté de acuerdo conmigo por cortesía, sino de que comprenda lo que lee. Empiece tranquilamente con el relato que se lleva apuntado.
Publicador/a: Con gusto. Que le vaya bien.
Hagamos discípulos
Datos de la asignación
Asignación: Hagamos discípulos
Duración: 5 min
Lección y punto: Lección 12 · Franqueza · punto 4
Objetivo didáctico: Identifique los obstáculos que impiden que su estudiante progrese y ayúdelo a superarlos.
Marco de circunstancias: En la cocina del estudiante, al terminar su curso bíblico habitual, el publicador conversa a solas con él sobre el cuidado de su ropa desde que se averió su lavadora
Texto bíblico asociado: 2 Corintios 7:1 — Por lo tanto, amados, ya que tenemos estas promesas, limpiémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, perfeccionando nuestra santidad con el temor de Dios.
Material oficial: Habla con tu estudiante sobre la limpieza o la higiene personal (lmd lección 12 punto 4).
Publicador/a: Antes de irme, ¿pudiste resolver lo de la lavadora? La semana pasada estabas esperando que te dijeran cuánto costaba repararla.
Persona: Sí, me dieron el presupuesto, pero tendrá que esperar. Entre el alquiler y otras cosas, no puedo pagarlo ahora. Estoy lavando algunas prendas a mano.
Publicador/a: Vaya, se te ha complicado bastante. Quería comentarte algo relacionado con eso, pero es un asunto personal. ¿Te parece bien que lo hablemos ahora que estamos solos?
Persona: Dime. Aunque, con esa introducción, me dejas un poco preocupado. ¿Pasa algo?
Publicador/a: He notado algunas veces un olor fuerte en la ropa. No quiero sacar conclusiones sin escucharte. Me preguntaba si la avería te está dificultando tener ropa limpia para cambiarte.
Persona: Pues sí, pero me da vergüenza hablar de esto. Yo me ducho al volver del taller. Lo que pasa es que a veces tengo que ponerme otra vez la misma camiseta.
Publicador/a: Entiendo. Entonces no se trata de que no te importe cuidarte. Te estás aseando, pero la ropa te está dando problemas. ¿Lo más difícil es lavarla o conseguir que se seque?
Persona: Las dos cosas. La ropa del taller cuesta mucho lavarla a mano. Y dentro de casa tarda en secarse. A veces la guardo un poco húmeda porque necesito quitarla de en medio.
Publicador/a: No sabía que estabas pasando por todo eso. Gracias por explicármelo. ¿Has podido usar alguna lavandería mientras tanto, o también se te hace difícil?
Persona: Hay una cerca, pero cada lavado cuesta dinero. Además, pensaba que en el estudio lo importante era aprender de Dios. No sabía que también íbamos a hablar de mi ropa.
Publicador/a: Comprendo que te sorprenda. No quiero convertir el estudio en una revisión de tus cosas. Pero lo que aprendemos de Jehová también puede ayudarnos a cuidar nuestra vida diaria, incluida la higiene.
Persona: ¿Quieres decir que a Dios le importa cómo voy vestido? Porque ropa nueva no puedo comprar, y la del trabajo tiene manchas que ya no salen.
Publicador/a: No estoy hablando de comprar ropa ni de vestir de cierta manera. Una mancha que no sale no es lo mismo que una prenda sin lavar. Hay un principio bíblico que puede orientarnos. ¿Te parece que lo leamos?
Persona: Sí, léelo tú. Quiero entender qué relación tiene con esto.
Publicador/a: Fíjate en que Pablo se incluye al hablar de la limpieza; no está señalando a una persona para avergonzarla. Voy a leer 2 Corintios 7:1.
Publicador/a: 2 Corintios 7:1 — Por lo tanto, amados, ya que tenemos estas promesas, limpiémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, perfeccionando nuestra santidad con el temor de Dios. Este consejo abarca más que la higiene personal, pero nos ayuda a ver que la limpieza del cuerpo también importa. Podemos cuidar ese aspecto por respeto a Jehová, no para impresionar a nadie.
Persona: Eso lo entiendo. Lo que me preocupa es que parezca que no hago caso cuando, en realidad, estoy intentando arreglármelas. No puedo solucionar la avería esta semana.
Publicador/a: No te estoy pidiendo que la soluciones esta semana. Ahora entiendo mejor la dificultad. Si te parece, podemos pensar en algo que sí puedas hacer mientras reúnes el dinero.
Persona: Podría llevar la ropa a casa de mi hermana. Ella ya me lo ofreció, pero no quiero aparecer allí cada dos días con una bolsa.
Publicador/a: Claro, no quieres abusar de su ayuda. ¿Crees que podrías acordar con ella un día que le venga bien, en vez de ir sin avisar?
Persona: Los sábados suelo pasar por allí. Podría preguntarle si le parece bien que lleve una carga de ropa. Así tampoco tendría que hacer otro viaje.
Publicador/a: Eso parece más fácil de mantener. ¿Y tendrías suficientes prendas limpias para cambiarte durante la semana, o habría que pensar también en ese detalle?
Persona: Camisetas tengo. Lo que hago mal es dejar que se acumulen todas. Cuando quiero lavar, ya no tengo ninguna limpia. Podría preparar aparte las que voy a necesitar.
Publicador/a: Entonces no necesitas empezar comprando más. Podrías organizar el lavado y dejar preparada ropa limpia para después de ducharte. ¿Qué te podría impedir hacerlo esta semana?
Persona: Sinceramente, la vergüenza de pedirle el favor a mi hermana. Le dije que me estaba arreglando bien. Ahora tendré que reconocer que no era tan fácil.
Publicador/a: Puedes explicarle justamente eso: has probado a lavar a mano, pero no te está resultando. Ella ya te ofreció ayuda. Aceptarla por un tiempo no significa que quieras dejarle toda la responsabilidad.
Persona: Voy a llamarla esta tarde. Pero prefiero que esto quede entre nosotros. Me incomodaría que otras personas empezaran a ofrecerme ropa o a preguntarme por el asunto.
Publicador/a: No voy a organizar nada ni a comentarlo con otros. Si quieres alguna ayuda concreta, me lo dices. ¿Te parece que la próxima semana te pregunte cómo te fue?
Persona: Sí, puedes preguntarme. Al principio me molestó un poco, pero ahora veo por dónde ibas. Primero hablaré con mi hermana y separaré la ropa para el sábado.
Publicador/a: Al hablar con ella, también podrías aclarar qué harías tú. No es lo mismo pedirle que se encargue de tu ropa que pedir permiso para usar su lavadora. ¿Te sentirías más cómodo planteándolo de esa manera?
Persona: Sí, porque no quiero darle más trabajo. Yo puedo ocuparme del lavado. Pero hay un detalle: si termina cuando ya me tengo que ir, volvería a casa con toda la ropa mojada y seguiría teniendo problemas para secarla.
Publicador/a: Es verdad; conviene preverlo. Podrías preguntarle si puedes empezar el lavado al llegar y si tiene espacio para tender. Si necesita quedarse allí hasta secarse, acuerden cuándo recogerla. Así sabrás si el arreglo funciona para ambos antes de llevar la bolsa.
Persona: Eso me ayuda. Le preguntaré por las dos cosas, no solo por la lavadora. Quiero aceptar su ayuda sin que ella termine haciendo todo. Concretar esos detalles me dará más tranquilidad cuando la llame.
Publicador/a: De acuerdo. Y si ese arreglo no funciona, buscamos otra posibilidad contigo. No hace falta resolverlo todo de golpe; ya has identificado un paso concreto que puedes dar.
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