Hagamos revisitas
Datos de la asignación
Asignación: Hagamos revisitas
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 7 · Constancia · punto 4
Objetivo didáctico: Pregúntele cuándo pueden volver a hablar. No termine la conversación sin hablar con la persona sobre el día y la hora en los que volverá a visitarla. Y asegúrese de no faltar a la cita.
Marco de circunstancias: En la puerta de su casa, una mujer recibe de nuevo a la publicadora mientras prepara unas cajas para la mudanza de su hija y retoman su conversación anterior sobre la oración
Texto bíblico asociado: Salmos 62:8 — Confía en él todo el tiempo, oh, pueblo. Derramen su corazón delante de él. Dios es un refugio para nosotros. (Sélah).
Material oficial: DE CASA EN CASA. Enseña una verdad bíblica del apéndice A del folleto Una obra de amor. Termina la conversación cuando la persona te diga que está ocupada (lmd lección 7 punto 4).
Publicador/a: Hola, Teresa. ¿Consiguió las cajas que estaba buscando para la mudanza de su hija?
Persona: Sí, en la tienda me guardaron unas cuantas. Ahora falta decidir qué se lleva y qué deja. Ella dice que necesita poco, pero ya llevamos seis cajas.
Publicador/a: Al empezar a guardar cosas, siempre aparece alguna más. ¿Al final se marcha este fin de semana?
Persona: Sí, el sábado. Está contentísima con el trabajo nuevo. Yo también me alegro, pero nunca ha vivido tan lejos. Me quedaré pendiente del teléfono, seguro.
Publicador/a: Claro, se alegra por ella y, al mismo tiempo, le preocupa tenerla lejos. La otra vez me comentó que a veces ora por sus hijos, pero no sabe si Dios escucha esas preocupaciones.
Persona: Eso es. Con todo lo que pasa en el mundo, lo mío parece poca cosa. Además, casi siempre termino pidiendo lo mismo: que estén bien y que no les pase nada.
Publicador/a: ¿Lo que le hace dudar es pensar que sus preocupaciones no son suficientemente importantes para contárselas a Dios?
Persona: Sí, y tampoco sé expresarme como otras personas. Las escucho rezar y parece que encuentran las palabras enseguida. Yo me atasco o me distraigo pensando en lo que tengo pendiente.
Publicador/a: Hay un pasaje que viene muy bien para esa duda. Nos ayuda a ver qué clase de oración nos invita Dios a hacer. ¿Le parece que se lo lea?
Persona: Sí, léamelo. Me interesa saber si hace falta aprender alguna oración.
Publicador/a: Fíjese en que aquí se habla de expresarle lo que llevamos dentro, no de aprender unas palabras. Escuche lo que dice Salmos 62:8.
Publicador/a: Salmos 62:8 — Confía en él todo el tiempo, oh, pueblo. Derramen su corazón delante de él. Dios es un refugio para nosotros. (Sélah). Esa invitación a abrirle nuestro corazón muestra que Dios quiere que le oremos con sinceridad. Puede contarle lo que siente por la marcha de su hija, aunque le cueste encontrar las palabras.
Persona: Pero no esperaría que, por pedirlo, a mi hija le saliera todo bien. Eso no siempre pasa.
Publicador/a: Tiene razón. Este pasaje no promete que todo saldrá como pidamos. Nos invita a confiar en Dios y a buscar refugio en él. Podemos contarle nuestras inquietudes y pedirle ayuda para afrontarlas.
Persona: Visto así, no tendría que pedir solo que no le pasara nada. También podría hablarle de lo que me cuesta aceptar que ya hace su vida.
Publicador/a: Sí, eso también forma parte de lo que lleva en el corazón. Puede alegrarse por ella y, a la vez, explicarle a Dios sus temores. No necesita ocultarlos ni preparar un discurso.
Persona: Me quedo pensando en eso. Pero ahora estoy ocupada; tengo que terminar estas cajas antes de que llegue mi hija.
Publicador/a: Claro, la dejo seguir. ¿Qué día y a qué hora le vendría bien que volviéramos a hablar?
Persona: El martes, después de las seis. A las seis y media estaría bien.
Publicador/a: Entonces, el martes a las seis y media. Lo anoto. Que vaya bien la mudanza, Teresa.
Publicador/a: ¿Le viene bien esa hora aunque todavía tenga cosas de la mudanza pendientes? Podemos hacer una visita breve, sin que tenga que reservar toda la tarde.
Persona: Sí, a esa hora puedo. Lo que me preocupa es comprometerme a una conversación larga. Seguramente mi hija me llamará para contarme cómo le va.
Publicador/a: Lo entiendo. Podemos dejar para ese día una sola pregunta: ¿cómo nos enseña la Biblia a orar? Veremos un consejo y cómo ponerlo en práctica. Y, si llama su hija, la dejo atenderla.
Persona: Así sí. Me interesa aprender, pero prefiero ir poco a poco. Una pregunta cada vez me parece bien.
Persona: Hasta el martes.
Hagamos revisitas
Datos de la asignación
Asignación: Hagamos revisitas
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 8 · Paciencia · punto 3
Objetivo didáctico: Intente algo diferente. Si al principio la persona no quiere aceptar un curso bíblico, no la presione. Pero, si lo ve apropiado, use videos o artículos para mostrarle cómo son nuestros cursos bíblicos y cómo le ayudaría aceptar uno.
Marco de circunstancias: En una zapatería de reparación, un cliente vuelve a conversar con el zapatero conocido, quien en la visita anterior estaba demasiado ocupado para hablar del curso bíblico
Texto bíblico asociado: Mateo 7:12 — ”Por eso, hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes. De hecho, en eso se resumen la Ley y los Profetas.
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. Vuelve a hablar con una persona que en una ocasión anterior te dijo que estaba ocupada. Enséñale una verdad del apéndice A del folleto Una obra de amor (lmd lección 8 punto 3).
Publicador/a: ¡Qué bien quedaron las botas! Pensaba que tendrías que cambiar toda la suela.
Persona: No, solo estaba despegada por delante. Lo demás todavía aguanta. Si las cuidas, tienes botas para bastante tiempo.
Publicador/a: Me alegro, porque son las más cómodas que tengo. ¿Pudiste terminar todos los encargos? El otro día tenías el mostrador lleno y apenas pudimos hablar.
Persona: Sí, aunque me llevé trabajo a casa. Y sobre aquello del curso de la Biblia que me comentaste, prefiero decirte que no. No quiero empezar algo y luego dejarlo a medias.
Publicador/a: Está bien, no tienes que comprometerte. Gracias por decírmelo. Por cierto, ¿te pago ahora o prefieres que espere a que termines con ese zapato?
Persona: Ahora está bien; el pegamento tiene que secarse. Estos minutos son los únicos tranquilos de la mañana. Antes vino un cliente enfadado porque sus zapatos no estaban listos. Pero habíamos quedado para mañana, no para hoy.
Publicador/a: Vaya, y tú habías organizado el trabajo contando con ese plazo. ¿Pudiste aclarárselo?
Persona: Le enseñé la fecha del resguardo. Bajó un poco el tono, pero se fue protestando. Yo tampoco fui muy amable, la verdad. Cuando alguien viene así, me cuesta no contestarle igual.
Publicador/a: A mí también me cuesta cuando creo que me están tratando injustamente. Justamente, una de las cosas que valoro de Jesús son sus consejos para tratar a los demás. No hace falta una conversación larga para conocer uno.
Persona: ¿Pero no acabaremos hablando otra vez de que tengo que hacer el curso?
Publicador/a: No, tranquilo. Has dicho que no quieres y lo respeto. Pensaba mostrarte solo una idea de este apartado sobre Jesús, en el folleto Una obra de amor. Podemos verla aquí y dejarlo ahí.
Persona: Una idea sí. Me interesa saber qué tiene que ver con lo que me ha pasado, porque los problemas del mostrador no siempre tienen una solución bonita.
Publicador/a: Claro, no podemos hacer que un cliente cambie de actitud. Este apartado explica que Jesús fue un gran maestro y que sus consejos siempre funcionan. Uno ayuda a decidir cómo responder, aunque el otro no colabore. Fíjate en lo que enseñó en Mateo 7:12; te lo leo. Hay un pasaje que viene muy al caso. ¿Le parece si leemos Mateo 7:12?
Publicador/a: Mateo 7:12 — ”Por eso, hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes. De hecho, en eso se resumen la Ley y los Profetas. Me llama la atención que Jesús nos invita a pensar en cómo nos gustaría ser tratados, no simplemente en cómo nos acaban de tratar. Eso me ayuda a no responder por impulso.
Persona: Entiendo la idea. Pero, si yo cedo cada vez que alguien protesta, termino dejando esperando a los clientes que sí respetan los plazos.
Publicador/a: Y ellos también merecen consideración. Aplicar ese consejo no significa que tengas que adelantarle el encargo. Puedes mantener la fecha y explicársela sin humillarlo. Si tú hubieras confundido el día, ¿cómo preferirías que te lo dijeran?
Persona: Desde luego, no delante de todo el mundo como si no supiera leer. Supongo que bastaría con enseñarme el papel y decirme cuándo puedo recogerlo.
Publicador/a: Eso sería una manera concreta de aplicar el consejo: aclarar el error como te gustaría que te lo aclararan a ti. El trabajo seguiría para mañana, pero no añadirías una ofensa al malentendido.
Persona: Puede ser. Aunque alguno se enfada por mucho cuidado que tengas. No siempre sales ganando por ser amable.
Publicador/a: Es verdad. El consejo no garantiza que la otra persona responda bien. Pero sí te orienta para que tú la trates de manera considerada. Su utilidad no depende de que todos te den la razón.
Persona: Así lo entiendo mejor. No cambiar al cliente, sino cuidar lo que yo hago. Eso sí puedo intentarlo, aunque tendré que acordarme antes de abrir la boca.
Publicador/a: A mí me pasa lo mismo. Si alguna vez tienes curiosidad por el curso, podemos ver un video que muestre cómo es. Pero no hace falta decidir nada ahora.
Persona: Por ahora prefiero quedarme con esto. Apúntame dónde está esa frase para buscarla en la Biblia que tengo en casa.
Publicador/a: Claro. Y al leerla en casa puedes pensar también en el próximo encuentro con ese cliente. Aunque esta mañana no haya salido bien, mañana tendrás otra oportunidad de tratarlo como te gustaría que te trataran.
Persona: ¿Te refieres a pedirle disculpas? Me costaría, porque podría parecer que estoy admitiendo que él tenía razón con la fecha.
Publicador/a: Puedes disculparte por el tono sin cambiar lo acordado. Por ejemplo: «Siento haberte contestado de esa manera ayer. Debí explicártelo con más calma». Así reconoces tu parte, no un error que no cometiste.
Persona: Eso es distinto. Puedo reconocer que contesté mal sin discutir otra vez por la fecha. Voy a pensar en eso cuando lea el consejo.
Publicador/a: Claro, Mateo 7:12. Te lo anoto aquí. Y dime cuánto te debo por las botas.
¿Qué dirías?
Datos de la asignación
Asignación: ¿Qué dirías?
Duración: 5 min
Lección y punto: Lección 1 · Interés sincero · punto 5
Objetivo didáctico: Escuche. No hable demasiado. Dele a la persona la oportunidad de expresarse. Cuando sea apropiado, haga preguntas.
Marco de circunstancias: En la sala de espera del médico, un publicador tiene la oportunidad de conversar por primera vez con un hombre mayor que lee en el periódico un artículo sobre la guerra
Texto bíblico asociado: Santiago 1:19 — Quiero que sepan, mis queridos hermanos, que todos deben ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar y lentos para la ira, / Mateo 7:12 — ”Por eso, hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes. De hecho, en eso se resumen la Ley y los Profetas.
Material oficial: Análisis con el auditorio. PREDICACIÓN INFORMAL. Repasa brevemente Una obra de amor lección 1 punto 5. Menciona la imagen y luego pregunta:
Según lo que vemos en la imagen, ¿qué podrías decir para empezar una conversación?
¿Qué texto mostrarías?
Esta asignación de cinco minutos es un análisis con el auditorio sobre la predicación informal. La imagen nos sitúa en la sala de espera del médico, donde un hombre mayor lee un artículo sobre la guerra. El objetivo es mostrar interés sincero escuchando. Repasaremos Una obra de amor, lección 1, punto 5, y consideraremos Santiago 1:19 y Mateo 7:12.
El punto 5 nos recuerda: “Escuche. No hable demasiado. Dele a la persona la oportunidad de expresarse. Cuando sea apropiado, haga preguntas”. Esta orientación influye tanto en cómo empezamos como en lo que hacemos después. Una buena frase inicial sirve de poco si enseguida ocupamos toda la conversación y no dejamos espacio para conocer a la persona.
Pensemos primero en nuestra disposición a escuchar. Quizá veamos una oportunidad para hablar de la Biblia y nos concentremos en lo que queremos decir. Pero necesitamos prestar atención a lo que el otro desea expresar. Para recordar qué debe ir primero, escuchemos el consejo que encontramos en Santiago 1:19.
Santiago 1:19 — Quiero que sepan, mis queridos hermanos, que todos deben ser rápidos para escuchar, pero lentos para hablar y lentos para la ira,
Este consejo nos anima a no apresurarnos a responder. Aplicado a la imagen, significa que no tenemos que explicar enseguida todo lo que sabemos sobre las guerras. Antes necesitamos descubrir si el señor quiere conversar y qué aspecto del asunto le interesa. Escuchar puede cambiar por completo la dirección que pensábamos darle a la conversación.
Observemos la imagen sin añadir detalles que no conocemos. Vemos a un hombre leyendo sobre la guerra; no sabemos qué opina, cómo se siente ni si tiene familiares afectados. Tampoco sabemos si quiere seguir leyendo en silencio. Por eso, conviene evitar preguntas personales o comentarios que den por sentidas emociones que todavía no ha expresado.
Según lo que vemos en la imagen, ¿qué podrías decir para empezar una conversación? Una posibilidad, si levanta la vista y parece dispuesto a hablar, sería comentar: “Es difícil leer noticias de guerra. Uno piensa en las personas que están pasando por eso”. Es una observación breve, relacionada con lo que está leyendo, que no exige una respuesta.
Después de ese comentario, lo importante sería detenernos y escuchar. Si contesta brevemente y vuelve al periódico, no hace falta añadir otra pregunta para retener su atención. Podemos dejarlo leer con tranquilidad. La aplicación de la lección no se mide por cuánto conseguimos hablar, sino por el interés sincero que mostramos, incluso cuando la conversación no continúa.
Si decide conversar, quizá destaque el sufrimiento de las familias o diga que le cuesta entender cómo unas personas pueden tratar así a otras. En ese caso, podríamos reconocer primero esa preocupación: “Sí, duele pensar en las familias que sufren”. No estaríamos fingiendo acuerdo con una opinión política; estaríamos reconociendo una preocupación humana que podemos compartir sinceramente.
Puede que exprese una postura política muy marcada. No tendríamos que discutirla ni aprobarla para mantener una conversación amable. Podríamos centrarnos en el sufrimiento que menciona y escuchar sin convertir el encuentro en un debate. Tampoco sería apropiado aprovechar una pausa para recitar una explicación preparada que no responda a lo que acaba de decir.
¿Qué texto mostrarías? Si la conversación se centra en cómo nos tratamos unos a otros, una opción sería Mateo 7:12. Este texto permite compartir un principio sencillo relacionado con esa preocupación, sin entrar en controversias políticas. No lo presentaríamos como una explicación de todas las causas de la guerra, porque ese no es el asunto que desarrolla.
Para enlazar con lo que el señor ha comentado, podríamos decir que sus palabras nos hacen pensar en un consejo de Jesús sobre el trato a los demás y preguntarle si le gustaría conocerlo. Solo continuaríamos si muestra disposición a escucharlo. Leamos nosotros ese consejo para ver cómo encaja con la conversación: Mateo 7:12.
Mateo 7:12 — ”Por eso, hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes. De hecho, en eso se resumen la Ley y los Profetas.
El principio nos invita a pensar en el trato que deseamos recibir y a actuar así con otros. Después de mostrarlo, bastaría una pregunta relacionada con su comentario, como: “¿Qué cambiaría si más personas trataran así a los demás?”. Entonces escucharíamos su respuesta, sin suponer que necesariamente estará de acuerdo con nosotros.
Quizá considere que es un buen consejo, pero poco realista. Podríamos reconocer que nosotros no podemos obligar a los demás a seguirlo. Aun así, el principio puede orientar nuestras propias decisiones. Por ejemplo, al discrepar con alguien, podemos tratarlo con el mismo respeto que deseamos recibir. Esa explicación responde a la dificultad planteada sin restarle importancia.
Si no desea hablar de la Biblia, respetaríamos su decisión. Si lo llaman a consulta, terminaríamos con una despedida amable, sin intentar añadir una última explicación. Así, la propuesta es natural porque nace de una situación visible; respetuosa porque no presupone sentimientos ni fuerza la conversación; y adaptable porque lo que digamos después dependerá de lo que él exprese.
La clave no es memorizar una entrada perfecta. Es observar, decir algo oportuno y dejar espacio para escuchar. En esta escena, el periódico puede abrir una conversación, pero será la respuesta del hombre la que nos ayude a decidir cómo continuar. Mostrar interés sincero incluye saber cuándo preguntar, cuándo compartir un texto y cuándo guardar silencio.
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