Tema: Una reacción natural ante una situación devastadora
Ver sufrir a alguien que amamos puede dolernos muchísimo. Y cuando ese sufrimiento está relacionado con sus propias decisiones, quizá se mezclen la tristeza, la preocupación y hasta los sentimientos de culpa. Sabemos que no podemos cambiar lo ocurrido, pero tampoco podemos dejar de sentir dolor. El libro de Lamentaciones nos ayuda a entender esa reacción. Nos muestra que sentirnos devastados no nos impide acudir a Jehová ni mantener la esperanza de que alguien cambie.
Lamentaciones contiene expresiones de profundo lamento, pero también de esperanza. Esa combinación es importante. Cuando atravesamos una situación dolorosa, no siempre nos resulta fácil ver más allá de lo que está pasando. Este libro nos permite acercarnos al sufrimiento de Jeremías y, al mismo tiempo, ver hacia dónde dirigía la atención en medio de su angustia. Para situarnos, veamos el video Información sobre Lamentaciones.
El lamento y la esperanza no tienen por qué excluirse. Una persona puede llorar por lo que ha ocurrido y seguir deseando que quienes se han alejado de Jehová vuelvan a él. Con esa idea presente, pensemos en Jeremías. No observaba el sufrimiento de su pueblo como un espectador distante. Amaba a aquellas personas, y por eso le afectaban tanto las consecuencias de que hubieran dejado de servir a Jehová.
Saber por qué alguien está sufriendo no hace que desaparezca nuestro cariño por él. Jeremías entendía que el pueblo había tomado malas decisiones. Sin embargo, eso no lo volvió insensible. Su dolor era real, intenso, y afectaba todo su ser. Al leer sus palabras, fijémonos tanto en cómo describe su angustia como en las personas cuyo sufrimiento menciona de manera especial. Leamos Lamentaciones 2:11.
Lamentaciones 2:11 — Mis ojos están agotados de tanto llorar. Se me revuelven las entrañas. Mi hígado se ha derramado en el suelo por la caída de la hija de mi pueblo, por los niños y los bebés que se desmayan en las plazas del pueblo.
Jeremías describe el agotamiento que le había producido llorar y expresa su angustia con imágenes físicas muy intensas. No se trataba de una preocupación pasajera. Le dolía profundamente la caída de su pueblo, y en particular ver a niños y bebés desfalleciendo. Estas palabras nos permiten percibir su compasión. No estaba concentrado únicamente en señalar lo que el pueblo había hecho mal. También veía el sufrimiento que había a su alrededor y lo sentía en lo más profundo.
Esto puede ayudarnos si alguien a quien queremos deja de servir a Jehová. Tal vez comprendamos que sus decisiones son equivocadas y que tendrán consecuencias dolorosas. Aun así, podemos llorar. Sentir tristeza no significa que aprobemos lo que ha hecho. Son cosas distintas. Jeremías no justificó la desobediencia del pueblo, pero tampoco dejó de amarlo. De modo parecido, podemos mantener nuestro respeto por las normas de Jehová sin exigirnos que desaparezcan de inmediato el cariño y la preocupación.
También nos ayuda a ser comprensivos con quienes pasan por esa situación. Pensemos en unos padres que sufren porque su hijo se ha alejado de Jehová. No les ayudaríamos restándole importancia a su tristeza ni esperando que se recuperen enseguida. Podemos escucharlos con paciencia, sin apresurarnos a juzgar sus lágrimas. El dolor de Jeremías nos recuerda cuánto puede sufrir quien ama. Pero su reacción no terminó en el llanto: también deseaba que el pueblo volviera a Jehová.
Jeremías tenía la esperanza de que aquellas personas entraran en razón, le oraran a Jehová con humildad y se arrepintieran. No podía tomar esa decisión por ellas. Pero sí podía dirigir su atención hacia Jehová e instarlas a acudir a él. En lugar de presentar el sufrimiento como una razón para guardar silencio, las animó a expresar lo que llevaban dentro. Escuchemos esa invitación en Lamentaciones 2:19.
Lamentaciones 2:19 — ¡Levántate! Llora durante la noche, al comienzo de las vigilias. Derrama como agua tu corazón delante del rostro de Jehová. Levanta tus manos hacia él por la vida de tus niños, que están desmayándose de hambre por las esquinas de todas las calles.
La invitación a abrirle el corazón a Jehová transmite sinceridad y urgencia. No bastaba con lamentar lo que estaba pasando; necesitaban dirigirse a él. Jeremías les señaló a quién podían acudir en medio de aquella situación devastadora. Su exhortación apoyaba la esperanza de que reaccionaran con humildad. Esto nos enseña a distinguir entre sentir dolor por las consecuencias de una mala decisión y dar pasos para recuperar la amistad con Jehová. El arrepentimiento implica algo más que estar triste.
El material de apoyo nos recuerda que Jehová no es permisivo ni tolera el pecado. Sus normas siguen siendo justas y debemos respetarlas. Pero también desea que las personas se arrepientan. Por eso, cuando los israelitas eran desobedientes, no se limitaba a esperar a que volvieran. Daba el primer paso para ayudarlos, incluso antes de que mostraran señales de arrepentimiento. Su compasión no significaba aprobar su conducta; significaba ofrecerles ayuda para que cambiaran y volvieran a él.
Los ancianos se esfuerzan por imitar esa compasión. Desean de corazón que quien ha dejado de formar parte de la congregación se arrepienta y vuelva a la organización, y no quieren hacerle difícil dar ese paso. Tratan de ayudar con paciencia, aunque no todos aceptan su ayuda. Tener esto presente puede consolarnos cuando sufrimos por alguien querido. Su situación nos duele, pero sabemos que Jehová desea su arrepentimiento y que los ancianos se esfuerzan por ayudarlo a volver.
Ahora bien, quizás, además de tristeza, sintamos culpa. La pregunta para meditar esta semana toca precisamente ese punto: ¿qué nos puede ayudar si nos sentimos responsables por las malas decisiones de otras personas? Recordemos una verdad fundamental: no podemos decidir por los demás ni protegerlos siempre de las consecuencias de sus elecciones. Podemos aconsejar, enseñar y esforzarnos por dar un buen ejemplo. Pero la decisión de servir a Jehová le corresponde a cada persona, no a nosotros.
Pensemos de nuevo en los padres cuyo hijo deja la verdad. Puede que repasen una y otra vez lo que hicieron y se pregunten qué podrían haber hecho mejor. Jehová sabe que no son perfectos; quiere que se esfuercen por ser buenos padres. Si un hijo decide dejarlo, esa decisión es responsabilidad del hijo. Los padres que se atribuyen toda la culpa se imponen una carga que Jehová no espera que lleven. Amar profundamente a alguien no nos hace responsables de todas sus elecciones.
¿Y si siguen dándoles vueltas a errores concretos del pasado? Pueden contarle a Jehová cómo se sienten y pedirle perdón. Él sabe que nadie puede volver atrás y cambiar lo ocurrido. Tampoco espera que los padres libren a su hijo de las consecuencias de sus acciones. Así que pueden abrirle su propio corazón, sin cargar con la decisión ajena. Y pueden conservar esta esperanza consoladora: si su hijo se esfuerza por volver a Jehová, él lo recibirá con los brazos abiertos.
Ante una situación devastadora, llorar es una reacción natural. Jeremías nos ayuda a ver que podemos sentir dolor sin justificar las malas decisiones, y mantener la esperanza sin decidir por otros. Si estamos sufriendo, abramos nuestro corazón a Jehová. Respetemos sus normas, confiemos en su compasión y recordemos que no nos pide cargar con decisiones ajenas. Nuestro dolor no tiene por qué apagar la esperanza de que alguien vuelva a él.
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