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Seamos Mejores Maestros para la semana del 16 al 22 de noviembre de 2026

Seamos Mejores Maestros para la semana del 16 al 22 de noviembre de 2026

Empecemos conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 2 · Naturalidad · punto 4
Objetivo didáctico: Tenga paciencia. No piense que tiene que ponerse a hablar de la Biblia enseguida. Espere al momento oportuno y saque el tema de forma natural. Quizás tenga que esperar hasta la próxima vez que hable con la persona.
Marco de circunstancias: A la salida de una clase de natación, una publicadora conversa por primera vez con otra madre mientras esperan a sus hijos, hasta que se abre la puerta y deben despedirse
Texto bíblico asociado: Eclesiastés 3:7 — un tiempo para rasgar y un tiempo para coser; un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar;
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. Empieza una conversación amigable que termina antes de que puedas predicar (lmd lección 2 punto 4).

(3 mins.) PREDICACIÓN INFORMAL. Empieza una conversación amigable que termina antes de que puedas predicar (lmd lección 2 punto 4). Lección 2 · Naturalidad · punto 4: tenga paciencia y espere el momento oportuno. Marco: primera conversación entre dos madres a la salida de una clase de natación. Texto para preparar la demostración, no para leer a la persona: Eclesiastés 3:7.

Eclesiastés 3:7 — un tiempo para rasgar y un tiempo para coser; un tiempo para quedarse callado y un tiempo para hablar;

Este principio ayuda a no precipitarse. En la demostración, la publicadora escucha y conversa con amabilidad; deja la posibilidad de hablar de la Biblia para otra ocasión.

Publicador/a: Perdona, ¿estás esperando para entrar o para recoger a alguien? No sé si estoy haciendo fila donde toca. Es la primera vez que vengo a buscar a mi hija.

Persona: Para recoger a mi hijo. Estás bien aquí; salen por esa puerta. La fila de inscripción está al otro lado. Yo también me confundí el primer día.

Publicador/a: Menos mal que pregunté. Mi marido suele recogerla, pero hoy no podía. Ella me dio todas las instrucciones antes de salir de casa, salvo por qué puerta aparecía.

Persona: Eso sí que importa. El mío me explicó tres veces dónde tenía que ponerle las gafas. Luego se dejó la mochila junto a la puerta.

Publicador/a: ¿Y te tocó volver a buscarla?

Persona: Sí, por suerte todavía íbamos por la esquina. Ahora intentamos dejarla preparada por la noche, aunque no siempre nos acordamos. Los martes salimos todos corriendo.

Publicador/a: Nosotros también estamos ajustando los horarios. Pensaba que vendríamos con tranquilidad, pero entre la merienda y buscar una toalla limpia, hemos llegado justo. ¿Lleva mucho viniendo tu hijo?

Persona: Un mes. Al principio estaba encantado; ahora dice que no quiere venir porque los demás nadan mejor. No sé si insistir o dejarlo una temporada.

Publicador/a: Es difícil decidir. ¿Lo que le molesta es quedarse atrás, o hay algo de la clase que no le gusta?

Persona: Creo que compararse. Pero tampoco quiero quitarle importancia. A mí me dicen que lo deje, que ya aprenderá, y no me ayuda mucho.

Publicador/a: Claro, tú necesitas entender qué le pasa, no decidir a ciegas. ¿Has podido hablar con la profesora?

Persona: Todavía no. Sale con tantos niños que me da apuro entretenerla. Además, no quiero que él piense que voy a quejarme.

Publicador/a: Sí, delante de todos puede resultar incómodo. Quizás en recepción sepan cuándo puedes hablar con ella un momento, sin tener que hacerlo aquí a la salida.

Persona: Eso podría preguntarlo. Pero antes quiero escucharlo a él con calma. Cuando vamos en el coche me cuenta más cosas que cuando le pregunto directamente.

Publicador/a: A mi hija le pasa al acostarse. Durante la tarde no tiene nada que contar y, cuando apagamos la luz, recuerda todo. A veces lo que necesita es que me quede un ratito escuchando.

Persona: Sí, aunque a esas horas una ya está cansada. Mira, están abriendo. Hoy tengo que salir enseguida para recoger a mi otra hija.

Publicador/a: Claro, no te entretengo. Por cierto, me llamo Elena.

Persona: Yo, Marta. Seguramente nos veremos otro martes. Ahí viene el mío, con las gafas todavía puestas. ¡Hasta luego!

Publicador/a: ¡Hasta luego, Marta! Que os vaya bien.

Hagamos revisitas

Datos de la asignación

Asignación: Hagamos revisitas
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 9 · Empatía · punto 4
Objetivo didáctico: Piense en la persona. Recuerde lo que han hablado y pregúntese:
Marco de circunstancias: Junto al carrito de publicaciones en el paseo del mercado, una mujer retoma con una publicadora conocida su preocupación por las conversaciones con su hija sobre qué estudiar
Texto bíblico asociado: Proverbios 20:5 — Los pensamientos del corazón del hombre son como aguas profundas, pero el hombre discernidor sabe sacarlos.
Material oficial: PREDICACIÓN PÚBLICA. Presenta y analiza un video del kit de enseñanza y ofrece un curso de la Biblia (lmd lección 9 punto 4).

Publicador/a: Hola, Elena. ¿Encontró al final el puesto de arreglos de ropa? La otra vez no estaba segura de haberle indicado bien.

Persona: Sí, estaba donde me dijo. Precisamente vengo de recoger una chaqueta. Hoy tengo un ratito antes de volver a casa.

Publicador/a: Qué bien. Me quedé pensando en lo que me comentó sobre su hija y la elección de sus estudios. ¿Pudieron hablar con más calma?

Persona: Lo intentamos, pero terminamos igual. Dice que no la escucho. Y yo pienso: si no la escuchara, ni siquiera sabría qué quiere estudiar.

Publicador/a: Entiendo la diferencia. Usted sabe lo que quiere hacer, pero quizá ella espera poder explicar algo más. ¿Qué cree que siente que usted todavía no entiende?

Persona: No lo sé. Supongo que por qué le gusta tanto. En cuanto empieza, yo le hablo de las salidas laborales. Me preocupa que después se arrepienta.

Publicador/a: Claro, no quiere que tome una decisión sin pensar en las consecuencias. ¿Le molestaría escuchar sus razones primero y dejar ese asunto para después?

Persona: Escucharla, no. Lo que no quiero es darle la impresión de que estoy de acuerdo con todo. Luego puede decirme que ya le había dado permiso.

Publicador/a: Tiene sentido aclararlo. Escuchar para entender no es lo mismo que aprobar una decisión. Hay un proverbio que ayuda a ver por qué merece la pena no adelantarnos. Fíjese en lo que dice Proverbios 20:5.

Publicador/a: Proverbios 20:5 — Los pensamientos del corazón del hombre son como aguas profundas, pero el hombre discernidor sabe sacarlos. La comparación con aguas profundas me hace pensar que no siempre conocemos las razones de alguien solo porque oímos su decisión. Quizá haga falta darle tiempo para explicarse.

Persona: Eso sí me pasa. A veces todavía está hablando y yo ya estoy preparando la respuesta. Pero también ella podría explicarse sin ponerse a la defensiva.

Publicador/a: Desde luego, las dos participan en la conversación. Usted no puede responder por ella, pero sí probar otra manera de empezar: preguntarle qué es lo que más le atrae y escuchar la respuesta completa.

Persona: Podría hacerlo. Aunque, si empiezo con muchas preguntas, va a pensar que estoy interrogándola para encontrarle algún fallo.

Publicador/a: Entonces quizá baste una pregunta sincera y dejarla hablar. Después podría comprobar si la entendió: “¿Lo que te ilusiona es esto?”. No para atraparla, sino para darle ocasión de corregir cualquier malentendido.

Persona: Así me resulta más natural. Yo pensaba que hablar de la Biblia sería hablar de cosas alejadas de mis problemas, no de cómo escucho en casa.

Publicador/a: Precisamente quería ofrecerle un curso de la Biblia teniendo presente lo que me contó. Antes de decidir, podemos ver un video del kit de enseñanza y comentarlo. ¿Le viene bien verlo ahora?

Persona: Sí, un video puedo verlo. Pero prefiero decirle desde ahora que no estoy buscando comprometerme con un curso.

Publicador/a: Está bien que me lo diga. Se lo muestro y después me cuenta qué le parece; no voy a dar por hecho que ha aceptado.

Persona: Bueno, después de verlo, me interesa la posibilidad de aprender. Lo que todavía no tengo claro es si un curso sería para mí.

Publicador/a: ¿Qué le gustaría aclarar de lo que acaba de ver? ¿Tiene más dudas sobre estudiar la Biblia o sobre empezar algo nuevo?

Persona: Sobre empezar. No quiero decir que sí por quedar bien y luego evitar pasar por aquí porque no he cumplido.

Publicador/a: Prefiero que me diga lo que realmente piensa. Si quiere, otro día podemos ver cómo sería estudiar juntas y después usted decide. Y si ahora prefiere dejarlo aquí, también lo respeto.

Persona: Mejor lo pienso. Por ahora quiero intentar escuchar a mi hija sin interrumpirla. Si vuelvo la próxima semana, le cuento cómo nos fue.

Publicador/a: Me parece un buen primer paso. Y, si esa conversación no sale como espera, no significa necesariamente que haya sido inútil intentarlo. Cuando vuelva, puede contarme también qué le resultó difícil. ¿Le preocupa cómo reaccionará su hija al notar que usted intenta escucharla de otra manera?

Persona: Sí, porque puede decirme: “Ahora quieres escucharme, pero ayer no me dejabas hablar”. Y tendría razón. A mí me cuesta reconocerlo sin añadir enseguida que ella también me interrumpe. No quisiera que ese intento acabara convirtiéndose en otra discusión sobre quién tiene la culpa.

Publicador/a: Podría reconocer esa situación concreta sin añadir un reproche: “Es verdad, ayer te interrumpí. Perdona. Me gustaría entender lo que no te dejé explicar”. Eso no resuelve todavía la elección de los estudios, pero puede ayudar a que hablen del asunto sin empezar defendiéndose. Y, si en ese momento ella no quiere hablar, podría preguntarle cuándo le vendría mejor.

Persona: Eso me ayuda a ser más realista. No tengo que resolverlo todo en una conversación ni esperar que ella cambie de actitud enseguida. Puedo empezar por reconocer mi parte y darle tiempo.

Publicador/a: De acuerdo, Elena. Cuando coincidamos, seguimos hablando a partir de lo que usted quiera contarme. Que le vaya bien.

¿Qué dirías?

Datos de la asignación

Asignación: ¿Qué dirías?
Duración: 5 min
Lección y punto: Lección 1 · Interés sincero · punto 4
Marco de circunstancias: En una primera visita de casa en casa, un publicador considera cómo iniciar una conversación con una persona que tiene junto a su puerta una placa de agradecimiento a Dios por su familia
Texto bíblico asociado: Hechos 17:22-23 — Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago y dijo: “Hombres de Atenas, veo que en todas las cosas ustedes parecen ser más devotos de los dioses que otros. Por ejemplo, mientras caminaba y observaba atentamente sus objetos sagrados, incluso encontré un altar que tenía la siguiente inscripción: ‘A un Dios Desconocido’. Pues yo les estoy hablando de aquel a quien ustedes adoran sin conocerlo.
Material oficial: Análisis con el auditorio. DE CASA EN CASA. Repasa brevemente Una obra de amor lección 1 punto 4b. Menciona la imagen y luego pregunta:
Según lo que vemos en la imagen, ¿qué pregunta podrías hacer para empezar una conversación?
¿Qué texto mostrarías?

Esta asignación de cinco minutos es un análisis con el auditorio sobre la predicación de casa en casa. Repasaremos Una obra de amor, lección 1, Interés sincero, punto 4b. El objetivo es observar con respeto y adaptar el comienzo de una conversación. Tendremos presente Hechos 17:22, 23 y consideraremos una primera visita a alguien que tiene junto a su puerta una placa de agradecimiento a Dios por su familia.

El punto de la lección nos invita a preguntarnos: “¿Qué me dicen su ropa, su apariencia y su vivienda sobre sus creencias o su cultura?”. Fijémonos en que observar no significa clasificar a las personas. Podemos notar algo que nos ayude a escoger una pregunta, pero necesitamos escuchar antes de sacar conclusiones. Una misma señal puede tener significados distintos para quienes viven en una casa.

Miremos la imagen: Jesús habla con una mujer en un pozo. Lo que vemos nos sitúa en un entorno cotidiano, relacionado con una necesidad que todos tenemos: el agua. No hace falta atribuir a la mujer sentimientos que la imagen no nos permite conocer. Basta con reconocer que ese entorno ofrece un punto de partida sencillo para conversar.

Según lo que vemos en la imagen, ¿qué pregunta podrías hacer para empezar una conversación? Una posibilidad sería: «¿Suele venir a buscar agua aquí?». Es una pregunta relacionada con el lugar, fácil de entender y que no exige revelar nada íntimo. No estamos diciendo que esas fueran las palabras de Jesús; estamos pensando en cómo iniciar nosotros una conversación a partir de lo que observamos.

Lo importante no sería pasar inmediatamente a una presentación preparada. La respuesta podría indicar que la persona tiene tiempo para hablar o, por el contrario, que necesita terminar pronto. Si nos cuenta una dificultad relacionada con conseguir agua, lo natural sería interesarnos por esa dificultad. Una pregunta solo demuestra interés sincero cuando estamos dispuestos a prestar atención a la respuesta.

Traslademos ese principio a la predicación de casa en casa. Imaginemos que una persona nos recibe por primera vez y vemos, junto a su puerta, una placa que agradece a Dios por la familia. No sabemos quién la colocó ni si todos en la vivienda comparten esa creencia. Podemos usarla como punto de partida, no como prueba de que conocemos a la persona.

Después de saludar, podríamos mencionar brevemente la placa y preguntar: «¿Qué le parece: conocer mejor a Dios puede ayudar a una familia?». Esta pregunta conecta con algo visible y permite expresar una opinión. No exige que la persona se identifique con una religión ni supone que tenga problemas familiares. Además, deja espacio para una respuesta distinta de la que quizá esperábamos.

Por ejemplo, podría explicar que la placa era de un familiar y que ella no es religiosa. En ese caso, no insistiríamos en tratarla como una persona creyente. Agradeceríamos la aclaración y adaptaríamos la conversación a lo que realmente piensa. También podría decir que la fe es importante para su familia. Entonces tendríamos un punto en común desde el que seguir, sin empezar señalando diferencias.

La segunda pregunta del análisis es: ¿Qué texto mostrarías? Una opción es Hechos 17:22, 23. Este pasaje permite hablar de la posibilidad de conocer a Dios y, al mismo tiempo, nos enseña cómo una observación respetuosa puede abrir una conversación. Antes de considerar cómo presentarlo en esa puerta, fijémonos en qué observó Pablo y cómo utilizó esa observación. Leamos Hechos 17:22, 23.

Hechos 17:22-23 — Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago y dijo: “Hombres de Atenas, veo que en todas las cosas ustedes parecen ser más devotos de los dioses que otros. Por ejemplo, mientras caminaba y observaba atentamente sus objetos sagrados, incluso encontré un altar que tenía la siguiente inscripción: ‘A un Dios Desconocido’. Pues yo les estoy hablando de aquel a quien ustedes adoran sin conocerlo.

Pablo había observado atentamente los objetos sagrados. Al hablar, partió de algo que sus oyentes conocían y consideraban importante. No comenzó ridiculizando sus creencias. Aquella observación le permitió introducir lo que quería explicar acerca de Dios. Para nosotros, la lección no es repetir su introducción palabra por palabra, sino fijarnos con respeto y buscar un punto de contacto sincero.

En la situación de la puerta, si la persona mostrara interés en conocer mejor a Dios, podríamos explicar que un escritor bíblico habló con personas religiosas sobre ese mismo asunto. Después pediríamos permiso para mostrarle el pasaje. Así, la lectura tendría un motivo claro. No aparecería de pronto, desconectada de lo que la persona acaba de decir, ni se impondría si no desea escuchar.

Después de leer, podríamos destacar que Pablo ofreció ayudar a sus oyentes a conocer a Dios y preguntar qué le parece esa posibilidad. Evitaríamos comparar directamente a la persona con quienes adoraban sin conocerlo. Esa comparación podría sonar despectiva y no es necesaria. El propósito sería abrir una conversación respetuosa, no juzgar cuánto sabe alguien por un detalle que vimos en su vivienda.

La propuesta resulta natural porque nace de algo observable; respetuosa porque pregunta en vez de dar por hecho; y adaptable porque la respuesta determina cómo continuar. La imagen nos recuerda el valor de un comienzo cotidiano. La lección nos anima a prestar atención a la persona, y el ejemplo de Pablo muestra cómo enlazar una observación con el mensaje. Observar, preguntar y escuchar: así damos espacio a una conversación, en lugar de limitarnos a recitar una presentación.

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