Tema: Jehová siempre es justo
Cuando alguien nos juzga sin escucharnos o solo recuerda nuestros errores, sentimos lo dolorosa que puede ser la injusticia. Por eso, nos consuela saber que Jehová nunca actúa así. Su justicia no es fría ni está separada de su amor. Ezequiel 33 nos ayuda a comprenderlo: Jehová advierte antes de actuar, examina a cada persona individualmente y tiene en cuenta cómo responde a sus advertencias. Estas maneras de actuar nos dan confianza y nos enseñan a tratar mejor a los demás.
Una advertencia dada a tiempo puede permitir que alguien evite un peligro. Pero, para que sirva de algo, la persona necesita recibirla y decidir cómo responder. Jehová no dejó a los israelitas sin saber lo que ocurriría si persistían en su mal camino. Les comunicó sus advertencias mediante profetas que actuaban como centinelas. No se trataba simplemente de anunciar una sentencia, sino de advertirles para que pudieran cambiar de rumbo. Fijémonos en el encargo que recibió Ezequiel. Leamos Ezequiel 33:7.
Ezequiel 33:7 — ”A ti, hijo del hombre, a ti te he nombrado centinela para la casa de Israel; y, cuando oigas una palabra de mi boca, los advertirás de mi parte.
Ezequiel debía transmitir lo que Jehová le comunicara, no sus propias opiniones. Y esas advertencias no llegaron cuando ya era demasiado tarde. Él comenzó a profetizar unos seis años antes de que el ejército babilonio destruyera Jerusalén. Además, no había sido el primero en advertir al pueblo. Más de cien años antes de aquella destrucción, Jehová ya había comenzado a enviar profetas que cumplieran esa función. ¡Cuánta paciencia mostró! Los israelitas tuvieron repetidas oportunidades de escuchar, reflexionar sobre su conducta y hacer los cambios necesarios.
Por tanto, las vidas que se perdieron no podían atribuirse a una falta de advertencias de parte de Jehová o de sus centinelas. Su manera de actuar había sido justa y amorosa. ¿Cómo respondemos nosotros cuando recibimos una advertencia basada en la Biblia? En vez de verla como una molestia, podemos reconocer en ella una oportunidad de corregir el rumbo. Conviene preguntarnos si estamos escuchando con disposición a cambiar. Ahora bien, aunque las advertencias se dirigían al pueblo, ¿juzgaba Jehová a todos sus integrantes de la misma manera?
Cuando muchas personas se comportan mal, puede ser fácil pensar que todas las que las rodean son iguales. Jehová no cometió ese error con los israelitas. Aunque muchísimos rechazaron el mensaje de Ezequiel, no consideró al pueblo entero como un conjunto de rebeldes sin diferencias entre ellos. Quería ver cómo respondía cada uno. Eso nos asegura que su juicio no depende de una impresión general sobre un grupo. En el siguiente versículo vemos que distingue las responsabilidades personales. Leamos Ezequiel 33:8.
Ezequiel 33:8 — Si a alguien malvado yo le digo ‘Malvado, ¡sin falta morirás!’ pero tú no le dices nada al malvado para advertirle que cambie de rumbo, él morirá como un malvado por culpa de su propio error, pero su sangre te la exigiré a ti.
Observemos que Jehová habla de alguien malvado, de una persona que debía cambiar de rumbo. Esa persona respondería por su propio error. A la vez, Ezequiel tenía la responsabilidad de advertirle y debía rendir cuentas por cumplir o no su encargo. Jehová distinguía lo que le correspondía hacer a cada uno. No confundía la responsabilidad del mensajero con la de quien recibía el mensaje. Así, este versículo nos ayuda a ver que su justicia es precisa: toma en cuenta la conducta individual, no trata a las personas como si fueran intercambiables.
Lo ocurrido en Jerusalén confirma esa imparcialidad. Entre quienes sobrevivieron estuvieron los recabitas, Ébed-Mélec el etíope, Jeremías y Baruc. Antes de la destrucción, habían demostrado que rechazaban la maldad y se aferraban a la adoración pura. Jehová no los pasó por alto porque vivieran entre personas desobedientes. Esto también orienta nuestra predicación: el origen, el aspecto, la posición social o el pasado de alguien no nos dicen cómo responderá al mensaje. Cada persona merece nuestra atención. Y esa atención individual nos lleva a otra pregunta: ¿qué sucede cuando alguien cambia de conducta?
La justicia de Jehová evita dos extremos. No permite que las buenas acciones del pasado sirvan de excusa para hacer ahora lo que está mal. Pero tampoco condena para siempre a una persona por errores de los que se ha arrepentido. Lo decisivo es cómo responde a las advertencias y qué camino sigue. Escuchemos las dos situaciones que Jehová presenta en Ezequiel 33:13-16.
Ezequiel 33:13-16 — Si yo le digo al justo “Sin duda seguirás vivo” pero él confía en su propia justicia y actúa mal, ninguno de sus actos justos será recordado, sino que morirá por el mal que ha hecho. ”’Y, si yo le digo al malvado “Sin falta morirás” pero él abandona su pecado y hace lo que es justo y recto, devuelve lo que ha tomado como garantía y también devuelve lo que robó, y anda en los estatutos de vida al no hacer lo que está mal, sin duda seguirá vivo. No morirá. No se le tendrá en cuenta ninguno de los pecados que cometió. Por hacer lo que es justo y recto, sin duda seguirá vivo’.
La primera situación contiene una advertencia para quienes llevamos tiempo esforzándonos por obedecer a Jehová. Haber hecho cosas buenas no nos da permiso para actuar mal. Los años de servicio fiel no son una reserva que compense una conducta incorrecta que ahora nos neguemos a abandonar. Por ejemplo, no sería razonable justificar una práctica deshonesta pensando que participamos mucho en la predicación. Jehová nos invita a seguir siendo humildes y obedientes. La pregunta no es solo qué hemos hecho antes, sino cómo estamos actuando ahora.
La segunda situación ofrece una esperanza muy reconfortante. Una persona que ha obrado mal puede abandonar su pecado y hacer lo que es justo. El pasaje menciona acciones concretas, como devolver lo robado. Por tanto, no habla de un arrepentimiento que se quede en palabras, sino de un cambio demostrado con hechos. Cuando alguien se arrepiente de verdad, Jehová no sigue echándole en cara los pecados que ha dejado atrás. Su justicia no impide el perdón; reconoce el cambio y permite que la persona siga adelante.
Antes de terminar, preguntémonos: ¿qué aprendo del ejemplo de Jehová? Tal vez necesite escuchar mejor sus advertencias, acercarme sin prejuicios a alguien en la predicación o dejar de recordar continuamente los errores de una persona arrepentida. También puede que necesite aceptar que Jehová está dispuesto a perdonarme. Si mis acciones demuestran arrepentimiento sincero, no debo concluir que mis pecados son demasiado grandes para su perdón. Estas lecciones se complementan: nos ayudan a tomar en serio nuestra conducta sin perder la confianza en el amor de Jehová.
Jehová siempre es justo. Lo demuestra al advertir con tiempo, al juzgar individualmente y al distinguir entre quien persiste en el mal y quien se arrepiente. Podemos confiar plenamente en él. Que esa confianza nos impulse a escuchar sus advertencias, mantenernos humildes y mirar a los demás sin prejuicios. Y, si estamos luchando con sentimientos de culpa pese a habernos arrepentido, recordemos que Jehová no es un Dios de venganza, sino un Dios de amor.
Disfruta todas las funciones Premium
Más comodidad para preparar tus reuniones y usar todas las herramientas del sitio.
- Navegación sin anuncios
- Mi Grabadora y transcripción en vivo
- Revisión de asignaciones
- Academia completa
- Entradas en audio y lupa de lectura
- Comentarios guardados y sincronizados
- Apoyas el proyecto y ayudas a mantenerlo
Plan mensual
3 € al mesSe renueva cada mes. Cancela cuando quieras.
Elegir mensualPlan anual
30 € al añoPago único durante 12 meses. Sin renovación automática.
Elegir anual









