Tema: ¡Qué importante es tener buenos pastores!
Imagine un rebaño en una zona peligrosa. Hay ovejas débiles, otras heridas y algunas que se han alejado. Si el pastor es atento, las busca, las cura y las protege. Pero, si solo piensa en sí mismo, el rebaño queda expuesto y termina dispersándose.
La Biblia usa esta comparación para hablar de quienes tienen la responsabilidad de cuidar al pueblo de Dios. En tiempos de Jeremías, muchos pastores y profetas de Judá fracasaron gravemente. En vez de proteger a las ovejas, las perjudicaron. Su mal ejemplo nos ayuda a valorar todavía más el cuidado que Jehová da hoy mediante Jesucristo y mediante superintendentes cristianos que se esfuerzan por imitarlo.
Primero, veamos cómo los pastores de Judá descuidaron al pueblo de Dios.
Jeremías 23:2
“Porque esto es lo que Jehová, el Dios de Israel, dice contra los pastores que pastorean a mi pueblo: ‘Ustedes esparcieron mis ovejas; no dejaron de dispersarlas y no las cuidaron’. ‘Por eso a ustedes los castigaré por sus malas acciones’, afirma Jehová”.
Jehová llamó a los israelitas “mis ovejas”. No eran propiedad de los reyes, los sacerdotes o los profetas. Eran de Jehová. Por eso, quienes tenían la responsabilidad de cuidarlas debían tratarlas con ternura y respeto.
Sin embargo, aquellos pastores habían esparcido y dispersado al pueblo. En vez de acercarlo a Jehová, su conducta y sus decisiones lo alejaron de él. Ezequiel describió con más detalle lo que hacían.
Ezequiel 34:2-5
“Hijo del hombre, profetiza contra los pastores de Israel. Profetiza y diles a los pastores: ‘Esto es lo que dice el Señor Soberano Jehová: “¡Ay de los pastores de Israel, que se han estado alimentando a sí mismos! ¿Acaso no es al rebaño a quien los pastores tienen que alimentar? Ustedes se comen la grasa, se visten con la lana y matan al animal más gordo, pero al rebaño no lo alimentan. No han fortalecido a las ovejas débiles ni han curado a las enfermas ni han vendado a las heridas ni han traído de vuelta a las descarriadas ni han buscado a las perdidas; en vez de eso, las han dominado con dureza y tiranía. Así que fueron dispersadas por no tener pastor; fueron dispersadas y se convirtieron en alimento para todos los animales salvajes del campo”’”.
La imagen es clara. Aquellos hombres se beneficiaban del rebaño, pero no lo cuidaban. Las ovejas débiles, enfermas y heridas quedaban abandonadas. Tampoco buscaban a las que se perdían ni ayudaban a las descarriadas a volver. Al contrario, dominaban con dureza y tiranía.
Esto nos enseña que un buen pastor no se limita a dirigir. Se interesa por cada oveja. Se fija en la que está débil, en la que se siente sola y en la que quizá se ha alejado. Jehová espera que quienes cuidan de su pueblo reflejen su compasión.
El segundo punto muestra que con sus palabras y su mal ejemplo, los falsos profetas animaban a la gente a hacer cosas malas.
Jeremías 23:14, 15
“Y he visto cosas horribles en los profetas de Jerusalén. Cometen adulterio y viven en la mentira; apoyan a los malvados y no se arrepienten de sus maldades. Para mí, todos son como Sodoma, y los habitantes de ella son como Gomorra”. “Por lo tanto, esto es lo que dice Jehová de los ejércitos contra los profetas: ‘Voy a hacer que coman ajenjo y voy a darles de beber agua envenenada. Porque los profetas de Jerusalén han esparcido la apostasía por todo el país’”.
Los profetas debían enseñar la verdad y ayudar al pueblo a mantenerse cerca de Jehová. Pero ellos mismos cometían adulterio, vivían en la mentira y apoyaban a los malvados. En vez de corregir la conducta incorrecta, la justificaban.
El efecto de su ejemplo fue devastador. Si quienes supuestamente representaban a Jehová practicaban lo malo sin arrepentirse, muchas personas podían pensar que su conducta no era tan grave. Así, la apostasía se extendió por todo el país.
La historia de Israel y Judá demuestra lo peligroso que es seguir a guías espirituales que no respetan la Palabra de Dios. El pueblo terminó escuchando a sacerdotes y profetas que usaban palabras suaves y mensajes falsos. Esos hombres no ayudaron a la nación a volver a Jehová, “la fuente de agua viva”. La llevaron a la inmoralidad y finalmente a la destrucción.
Algo parecido sucede cuando un dirigente religioso rebaja las normas bíblicas para agradar a la gente. Puede parecer tolerante, pero deja a las personas sin protección espiritual. Un buen pastor no cambia la verdad para evitar incomodidades. Enseña con claridad, pero con bondad, y ayuda a comprender que las normas de Jehová nos protegen.
Esto nos lleva al tercer punto: los superintendentes cristianos pastorean el rebaño de Dios con dedicación y se esfuerzan por ser buenos ejemplos.
1 Pedro 5:2, 3
“Pastoreen el rebaño de Dios que está a su cuidado, sirviendo de superintendentes; no lo hagan por obligación, sino de buena gana ante Dios; tampoco lo hagan por amor a ganancias deshonestas, sino con empeño, ni lo hagan actuando como si fueran los amos de los que son la herencia de Dios, sino convirtiéndose en ejemplos para el rebaño”.
Este consejo establece un contraste muy claro con los pastores infieles de Judá. Los ancianos cristianos saben que el rebaño pertenece a Dios. Ellos no son los dueños de los hermanos.
Por eso sirven de buena gana y con empeño, no por prestigio ni por ganancias. Tampoco actúan como amos ni imponen sus gustos. Usan la Biblia para orientar, escuchan con paciencia y tratan de comprender la situación de cada hermano.
Y algo muy importante: se convierten en ejemplos para el rebaño. Si animan a los hermanos a predicar, ellos participan con entusiasmo. Si hablan de la importancia de las reuniones, procuran estar presentes. Si enseñan humildad, la demuestran al aceptar sugerencias y reconocer sus límites.
Claro, los ancianos son imperfectos. Pero cuando imitan al Pastor Principal, Jesucristo, pueden ser una verdadera fuente de ánimo y protección. Nosotros colaboramos con ellos cuando hablamos con confianza, aceptamos los consejos bíblicos y oramos por ellos.
La sección para investigar pregunta: “¿Cómo beneficia al pueblo de Dios el cumplimiento de Jeremías 23:5, 6?”.
Jeremías 23:5, 6
“‘Miren, se acercan los días —afirma Jehová— en que haré que surja de David un brote justo. Y un rey gobernará y mostrará entendimiento y defenderá la justicia y la rectitud en la tierra. En sus días se salvará a Judá, e Israel vivirá seguro. Y este es el nombre con el que se le llamará: Jehová Es Nuestra Justicia’”.
Este “brote justo” es Jesucristo, el Rey que Jehová hizo surgir de la línea de David. A diferencia de los malos pastores de Judá, Jesús gobierna con entendimiento, justicia y rectitud.
¿Cómo beneficia esto al pueblo de Dios? Primero, Jesús protege espiritualmente a las ovejas y las alimenta mediante la Palabra de Dios. Segundo, bajo su dirección, la congregación disfruta de seguridad espiritual. Y tercero, Jesús utiliza a hombres que se esfuerzan por cuidar al rebaño con humildad y amor.
La expresión “Jehová Es Nuestra Justicia” nos recuerda que la salvación y la justicia no proceden de seres humanos imperfectos. Proceden de Jehová mediante el Rey que él ha nombrado.
Por eso, qué importante es tener buenos pastores. Los pastores infieles de Judá dispersaron a las ovejas, y los falsos profetas extendieron la apostasía. Pero Jehová no dejó abandonado a su pueblo. Prometió un Rey justo y sigue cuidando a sus ovejas mediante Jesucristo y mediante superintendentes que se esfuerzan por ser buenos ejemplos.
Valoremos ese cuidado. Acerquémonos a Jehová, confiemos en la dirección de Cristo y apoyemos a quienes trabajan con dedicación para cuidar el rebaño de Dios.
Descubre más desde Comentarios para la Reunión TJ
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.











