Tema: Tengamos un punto de vista equilibrado de la protección de Jehová
Cuando sufrimos una dificultad, es natural pedirle a Jehová que nos proteja. Confiamos plenamente en que él tiene el poder de ayudarnos y que se interesa de verdad por nosotros. Pero esa confianza necesita ir acompañada de equilibrio. Jehová puede librar a sus siervos de un peligro, pero no ha prometido eliminar todos los problemas de la vida actual. Los sucesos de Jeremías capítulos 40 y 41 nos ayudan a entender esta realidad con claridad.
En esos capítulos vemos dos experiencias muy distintas. Jeremías fue protegido después de la destrucción de Jerusalén. En cambio, Guedalías, un hombre que temía a Dios, murió violentamente. ¿Significa eso que Jehová protegía a Jeremías, pero no se interesaba por Guedalías? De ningún modo. Al considerar estos relatos, veremos por qué podemos sentirnos seguros bajo el cuidado de Jehová sin esperar que él nos libre milagrosamente de toda prueba.
Jeremías había servido fielmente a Jehová en una época muy peligrosa. Durante años transmitió mensajes que muchos no querían escuchar. Fue rechazado, amenazado y maltratado. Sin embargo, después de la caída de Jerusalén, el jefe de la guardia babilonia lo liberó y le dio la posibilidad de elegir dónde vivir. Fijémonos en cómo reconoció que la calamidad había ocurrido tal como Jehová había dicho y en la libertad que ofreció a Jeremías.
Jeremías 40:2-4 — Entonces el jefe de la guardia apartó a Jeremías y le dijo: “Jehová tu Dios predijo esta calamidad contra este lugar, y Jehová la ha traído tal como había dicho, porque ustedes pecaron contra Jehová y desobedecieron su voz. Por eso les ha pasado esto. Hoy te quito las esposas que traes en las manos. Si te parece bien venir conmigo a Babilonia, vente y yo te cuidaré. Pero, si no quieres venir conmigo a Babilonia, no vengas. ¡Mira! Tienes ante ti el país entero. Vete adonde prefieras”.
Jehová protegió a Jeremías, aunque no impidió que pasara por situaciones dolorosas antes de aquel momento. La protección divina no siempre consistió en apartarlo de toda oposición. Más bien, Jehová sostuvo a su profeta y, cuando llegó el momento, hizo posible que fuera liberado. Este desenlace confirma que Jehová nunca pierde de vista a quienes le sirven con lealtad, incluso cuando sus circunstancias parecen muy inciertas.
También aprendemos de la manera sensata en que Jeremías actuaba ante el peligro. No era un fanático ni buscaba enfrentamientos innecesarios. Cuando el falso profeta Hananías reaccionó con furia y rompió el yugo que Jeremías llevaba, Jeremías se fue por su camino. Más tarde volvió con el mensaje que Jehová le mandó. Su confianza en Jehová no lo llevó a ser imprudente; lo ayudó a saber cuándo retirarse y cuándo hablar con valor.
Nosotros podemos imitar ese equilibrio. Oramos por protección, pero además evitamos riesgos innecesarios y actuamos con buen juicio. Quizás una conversación se está volviendo hostil, o quizás percibimos una situación que podría ponernos en peligro físico o espiritual. No demostraríamos más fe por ignorar las señales de alerta. Con humildad podemos tomar precauciones razonables y seguir confiando en que Jehová ve nuestros esfuerzos por hacer lo correcto.
Ahora bien, el hecho de que Jehová protegiera a Jeremías no significa que siempre impida que sus siervos sufran. Pensemos en Guedalías. Después de la destrucción de Jerusalén, el rey de Babilonia lo nombró gobernador de los judíos que quedaron en Judá. Guedalías residía en Mizpá, donde Jeremías también se puso a morar. Animó al pueblo a vivir pacíficamente, servir al rey de Babilonia y recoger los productos de la tierra.
Guedalías temía a Dios, pero se enfrentó a una conspiración. Johanán y otros jefes militares le avisaron que Ismael planeaba asesinarlo. Incluso le propusieron intervenir para frustrar el complot. Pero Guedalías pensó que las acusaciones eran falsas y no tomó precauciones. Cuando Ismael llegó con diez hombres, Guedalías los recibió para comer. El relato muestra el trágico resultado de aquella confianza mal puesta.
Jeremías 41:1-2 — En el séptimo mes, Ismael —hijo de Netanías, hijo de Elisamá—, que era de linaje real y uno de los hombres principales del rey, llegó con 10 hombres para ver a Guedalías hijo de Ahicam en Mizpá. Mientras comían juntos en Mizpá, Ismael hijo de Netanías y los 10 hombres que lo acompañaban se levantaron y mataron a espada a Guedalías, hijo de Ahicam, hijo de Safán. Así fue como él mató a quien el rey de Babilonia había puesto al mando del país.
La muerte de Guedalías no indica que Jehová hubiera dejado de amarlo o que no tuviera poder para salvarlo. Vivimos en un mundo donde las malas decisiones, la violencia y la imperfección causan mucho dolor. Jehová no ha prometido impedir milagrosamente todas esas consecuencias. Este relato también nos recuerda que confiar en Jehová no equivale a desatender consejos prudentes ni a ignorar información seria que puede ayudarnos a protegernos.
Esta realidad puede tocarnos profundamente. Un siervo fiel puede enfermar, perder a un ser querido, afrontar pobreza o padecer las consecuencias de una guerra. Es normal que nos duela y que le roguemos a Jehová ayuda. Pero no debemos concluir que hemos perdido su favor si la prueba no desaparece. Jehová sigue cerca de sus siervos y puede darles la fuerza, la guía y el apoyo necesarios para mantenerse fieles durante las circunstancias más difíciles.
Jehová tiene poder para realizar milagros, y en tiempos bíblicos a veces los hizo. Sin embargo, no se ha comprometido a darnos una vida sin problemas en este sistema. Si siempre eliminara de forma milagrosa cada dificultad, podría parecer que le servimos solo para recibir protección. Lo servimos porque lo amamos y reconocemos que su manera de gobernar es justa. Por eso, una fe madura confía en Jehová tanto cuando libra como cuando permite que aguantemos una prueba.
Aun así, Jehová nos protege hoy de formas muy reales. Una de ellas es mediante la sabiduría que nos da en su Palabra. Esa sabiduría puede defendernos de decisiones que traerían consecuencias dolorosas. Nos ayuda a elegir bien las amistades, a evitar conductas peligrosas y a responder con calma cuando estamos bajo presión. Leamos el consejo de Proverbios sobre el valor protector de conseguir sabiduría y entendimiento.
Proverbios 4:5-6 — Consigue sabiduría, consigue entendimiento. No te olvides ni te alejes de lo que te digo. No abandones la sabiduría, que ella te protegerá. Ámala, que ella te defenderá.
Para recibir esta protección, no basta con saber lo que dice la Biblia. Tenemos que amar la sabiduría y no abandonarla. Eso implica dejar que los principios de Jehová influyan en nuestras decisiones diarias. Por ejemplo, tal vez un consejo bíblico nos parezca sencillo, pero seguirlo puede ahorrarnos mucha angustia. Cuando acudimos a Jehová en oración, estudiamos su Palabra y aceptamos guía espiritual, demostramos que valoramos la protección que él nos brinda.
Jehová también nos protege mediante la congregación. En momentos de enfermedad, tristeza o debilidad, los hermanos pueden convertirse en una ayuda muy concreta. Una visita, una comida, unas palabras de ánimo o ayuda práctica pueden aliviar una carga pesada. No son simples gestos de amabilidad. Jehová puede usar el amor de la congregación para sostenernos cuando nuestras propias fuerzas parecen agotarse. Por eso, todos podemos preguntarnos cómo ayudar a quienes están pasando por una prueba.
La congregación no solo brinda consuelo a quienes están deprimidos o sufren. También puede protegernos si recibimos una advertencia bondadosa cuando estamos dando un paso imprudente. Para que esa ayuda funcione, hace falta amor por parte de quien aconseja y humildad por parte de quien recibe el consejo. Notemos la amplia y equilibrada exhortación que el apóstol Pablo dirigió a los hermanos.
1 Tesalonicenses 5:14 — Por otra parte, hermanos, les rogamos que adviertan a los indisciplinados, consuelen a los deprimidos, apoyen a los débiles y sean pacientes con todos.
Estas palabras nos invitan a mirar más allá de nuestras propias necesidades. Quizás alguien necesita una advertencia respetuosa; otro, consuelo; y otro, apoyo paciente. Cuando damos esa ayuda, colaboramos con Jehová en proteger a nuestros hermanos. Y cuando nosotros somos quienes necesitamos ayuda, no tenemos por qué aislarnos. Podemos aceptar con gratitud el cariño y el apoyo de la congregación, convencidos de que Jehová sabe cómo cuidar de cada uno de nosotros.
Así que mantengamos un punto de vista equilibrado de la protección de Jehová. Él puede liberarnos, como hizo con Jeremías; pero no siempre evita los problemas, como muestra el caso de Guedalías. Sin importar lo que ocurra, Jehová nos protege mediante su sabiduría y mediante la congregación. Procuremos buscar esa sabiduría, tomar precauciones sensatas y apoyarnos unos a otros. De ese modo, sentiremos cada día el cuidado fiel de nuestro Padre celestial.
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