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Seamos Mejores Maestros para la semana del 14 al 20 de diciembre de 2026

Seamos Mejores Maestros para la semana del 14 al 20 de diciembre de 2026

Empecemos conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 4 · Humildad · punto 5
Objetivo didáctico: Sea apacible. No se empeñe en demostrar que usted tiene la razón. Nuestro objetivo no es discutir. La humildad lo ayudará a mantener la calma y a saber cuándo es hora de retirarse (Prov. 17:14; Tito 3:2). Si usted responde de forma amable y muestra apacibilidad, puede que la persona esté dispuesta a conversar con nosotros en otra ocasión.
Marco de circunstancias: En un paseo deportivo, una ciclista se dirige por primera vez a una publicadora que está junto a un carrito para preguntar por una fuente y después cuestiona su actividad religiosa
Texto bíblico asociado: Tito 3:2 — que no hablen mal de nadie, que no sean conflictivos, que sean razonables y que siempre sean apacibles con todos los hombres.
Material oficial: PREDICACIÓN PÚBLICA. La persona quiere discutir (lmd lección 4 punto 5).

Persona: Perdone, ¿sabe si hay otra fuente por aquí? La que está junto a las bicicletas no funciona y tengo la botella vacía.

Publicador/a: Hay una junto a la entrada del parque, al final del paseo. Aunque no sé si esa estará funcionando.

Persona: Bueno, probaré allí. Oiga, al ver los libros… ¿ustedes son testigos de Jehová? Siempre me pregunto por qué se ponen en estos sitios.

Publicador/a: Sí, somos testigos de Jehová. Estamos aquí para conversar sobre la Biblia con quien tenga interés. También puede mirar las publicaciones sin llevarse nada.

Persona: Interés no tengo, se lo digo claramente. Lo que no entiendo es que cada religión diga que tiene razón. Luego todos hablan de paz, pero terminan discutiendo.

Publicador/a: Hablar de paz y después tratar mal a quien piensa distinto sería contradictorio. No quiero que nuestra conversación termine así. ¿Le molesta especialmente que intenten convencerla sin escucharla?

Persona: Exactamente. En mi familia pasa mucho. Uno empieza hablando de religión y acaba dando un sermón. Si no estás de acuerdo, parece que eres mala persona.

Publicador/a: Debe ser incómodo no poder expresar su opinión sin sentirse juzgada. Usted me ha dicho que no tiene interés, y lo respeto. No tiene que pensar como yo para que la trate con amabilidad.

Persona: Eso suena bien, pero usted también cree que yo estoy equivocada. Si no, no estaría aquí intentando que la gente cambiara de religión.

Publicador/a: Tengo mis convicciones, sí. Pero tener convicciones no me da derecho a presionarla. Hay un consejo bíblico que me recuerda cómo debo tratar a los demás. ¿Me permite leérselo? Es breve.

Persona: Bueno, si es breve, léalo. Pero no me vaya a decir después que eso demuestra que ustedes tienen razón.

Publicador/a: No lo voy a usar para eso. Me refiero a mi manera de responderle, no a ganar una discusión. Fíjese en este consejo de Tito 3:2.

Publicador/a: Tito 3:2 — que no hablen mal de nadie, que no sean conflictivos, que sean razonables y que siempre sean apacibles con todos los hombres. Eso también se aplica cuando alguien no comparte mis creencias. Si le leyera estas palabras y luego insistiera hasta que usted me diera la razón, no estaría poniendo en práctica el consejo.

Persona: Pues ahí está el problema: leerlo es fácil. En mi familia también conocen la Biblia y, cuando discutimos, nadie quiere ceder.

Publicador/a: Leerlo no basta, tiene razón. En una conversación puedo explicar lo que creo y escuchar, pero también debo aceptar que la otra persona no quiera seguir. No necesito tener la última palabra.

Persona: Pues yo podría decirle unas cuantas cosas sobre su religión. A ver si entonces sigue tan tranquila. Porque preguntas difíciles tengo muchas.

Publicador/a: No me molestan las preguntas. Pero no quiero que esto se convierta en un enfrentamiento. Prefiero que lo dejemos aquí. Si otro día desea conversar con calma, podemos hacerlo.

Persona: No creo que vuelva. Voy a buscar la fuente.

Persona: Pero decir que lo dejamos aquí es una manera de evitar mis preguntas, ¿no? Así cualquiera mantiene la calma. En cuanto la conversación se pone difícil, se termina.

Publicador/a: Entiendo que pueda parecerle eso. Una pregunta difícil merece una respuesta bien pensada, no una contestación para salir del paso. Y si no sé la respuesta, lo honrado es reconocerlo. Lo que quiero evitar es que acabemos atacándonos en vez de escucharnos.

Persona: Entonces, ¿cómo podría preguntarle algo sin que usted lo tomara como un ataque? Porque no voy a darle la razón de antemano.

Publicador/a: No hace falta. Por ejemplo, podría decirme qué creencia le cuesta entender y por qué. Eso nos ayudaría a centrarnos en su duda. Pero no tenemos que hacerlo ahora.

Publicador/a: De acuerdo. Que le vaya bien.

Hagamos revisitas

Datos de la asignación

Asignación: Hagamos revisitas
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 9 · Empatía · punto 4
Objetivo didáctico: Piense en la persona. Recuerde lo que han hablado y pregúntese:
Marco de circunstancias: En la puerta de su vivienda, una mujer recibe de nuevo a una publicadora con quien había hablado sobre los desacuerdos con su marido al repartir las tareas de casa
Texto bíblico asociado: Filipenses 2:4 — mientras buscan no solo sus propios intereses, sino también los de los demás.
Material oficial: DE CASA EN CASA. Ofrécele a la persona una revista sobre el tema del que hablaron en la visita anterior (lmd lección 9 punto 4).

Publicador/a: Hola, Marta. Quedamos en que pasaría el sábado por la mañana. ¿Le viene bien ahora? Recordé lo que me contó sobre lo difícil que les estaba resultando organizarse en casa desde que le cambiaron el horario de trabajo.

Persona: Sí, tengo unos minutos. El horario sigue igual, pero lo que más me pesa es llegar y encontrar todo pendiente. Ayer discutimos otra vez por la cena. Parece una tontería, pero termina siendo lo de siempre.

Publicador/a: Por lo que me contó, no es solo preparar la cena, sino sentir que tiene que estar pendiente de todo. ¿Eso es lo que más le molesta, o la entendí mal?

Persona: Es eso. Mi marido me dice que le pida ayuda, pero yo pienso: ¿por qué tengo que organizarlo todo? Él también vive aquí. Y no quiero pasar el rato que estamos juntos dando instrucciones.

Publicador/a: Claro, pedir ayuda cada vez no es lo mismo que compartir la responsabilidad. Pensé en traerle una revista sobre la convivencia familiar, por nuestra conversación anterior. Pero no quisiera ofrecerle algo sin escuchar cómo están las cosas.

Persona: La puedo mirar. Aunque, si el consejo es que tenga más paciencia, ya le digo que paciencia he tenido. No me parece justo que para llevarnos bien tenga que callarme yo.

Publicador/a: No quisiera darle a entender eso. Su cansancio también cuenta. Precisamente hay un consejo bíblico que no se dirige solo a quien está haciendo más, sino que cada uno puede aplicarse.

Persona: ¿Y qué consejo es? Porque a veces parece que pensar en los demás significa dejar siempre lo de uno para después. Eso tampoco puede funcionar durante mucho tiempo.

Publicador/a: Entiendo la diferencia que señala. Fíjese en cómo Filipenses 2:4 tiene en cuenta tanto nuestros intereses como los de los demás. Se lo leo; es una frase muy breve.

Publicador/a: Filipenses 2:4 — mientras buscan no solo sus propios intereses, sino también los de los demás. No está diciendo que sus necesidades no importen. Aplicado a lo que me cuenta, cada uno tendría que tomar en consideración el cansancio y las responsabilidades del otro. No sería una obligación únicamente suya.

Persona: Dicho así, estoy de acuerdo. Pero yo no puedo hacer que él lo aplique. Además, él también llega cansado; no digo que se pase el día sin hacer nada.

Publicador/a: Y usted está teniendo eso en cuenta. Es verdad que no puede decidir por él. Quizás sí puedan hablar de una situación concreta en un momento más tranquilo, en vez de intentar resolverlo todo cuando ya están agotados.

Persona: Ayer lo hablamos justo cuando abrí la nevera y vi que no había nada preparado. Él acababa de entrar. Reconozco que empezamos mal, pero la cena había que hacerla igualmente.

Publicador/a: Sí, elegir otro momento no resuelve por sí solo la cena. Pero podría permitirles acordar antes quién se ocupa. Por ejemplo, decidir cómo organizarse las noches en que usted sale más tarde, sin tener que negociarlo cada día.

Persona: Eso sería más útil que decirle que nunca me ayuda. Porque no es verdad que nunca haga nada. Lo que necesito es saber que hay cosas de las que no tengo que encargarme yo.

Publicador/a: Entonces esa sería una necesidad concreta que podría explicarle. No conocemos todos los detalles de lo que vive cada familia, y un consejo no arregla todo de inmediato. ¿Le gustaría quedarse con la revista sobre el tema que habíamos comentado?

Persona: Sí, déjemela. La leeré yo primero. No quiero recibirlo esta noche con una revista en la mano, como si se la hubiera traído para demostrarle que tengo razón.

Publicador/a: Claro, léala con calma. Si vuelvo otro sábado, podemos comentar lo que le haya resultado útil o alguna idea con la que no esté de acuerdo. ¿Esta hora suele venirle bien?

Persona: Sí, mejor a esta hora. Entre semana voy con mucha prisa. Podemos hablar otro sábado, aunque no le prometo haberla leído entera.

Publicador/a: Podemos partir de lo que más le preocupe. Por ejemplo, ¿cree que acordar cómo repartirse la cena les bastaría, o hay alguna dificultad que todavía tendrían que tener en cuenta?

Persona: A veces cualquiera de los dos se retrasa. Me preocupa que hagamos un reparto y, cuando uno no pueda cumplirlo, acabemos discutiendo sobre a quién le tocaba.

Publicador/a: Entonces podrían prever también esos imprevistos. Por ejemplo, acordar que quien se retrase avise y que esas noches preparen algo más sencillo. Así, el acuerdo serviría para ayudarse, no para buscar culpables. Tener en cuenta al otro también puede implicar adaptar juntos lo que habían planeado.

Persona: Eso me parece más realista que esperar que todo salga perfecto. Leeré lo que pueda de la revista y otro sábado le cuento qué me pareció.

Publicador/a: De acuerdo, no hace falta fijar cuánto tiene que leer. Cuando nos veamos, me cuenta si pudo echarle un vistazo. La dejo seguir con su mañana, Marta.

¿Qué dirías?

Datos de la asignación

Asignación: ¿Qué dirías?
Duración: 5 min
Lección y punto: Lección 1 · Interés sincero · punto 4
Marco de circunstancias: Ante el auditorio, se considera cómo iniciar un primer contacto de casa en casa a partir de la imagen de una vivienda con un jardín cuidado, sin personas visibles
Texto bíblico asociado: Hechos 17:22-23 — Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago y dijo: “Hombres de Atenas, veo que en todas las cosas ustedes parecen ser más devotos de los dioses que otros. Por ejemplo, mientras caminaba y observaba atentamente sus objetos sagrados, incluso encontré un altar que tenía la siguiente inscripción: ‘A un Dios Desconocido’. Pues yo les estoy hablando de aquel a quien ustedes adoran sin conocerlo.
Material oficial: Análisis con el auditorio. DE CASA EN CASA. Repasa brevemente Una obra de amor lección 1 punto 4b. Menciona la imagen y luego pregunta:
Según lo que vemos en la imagen, ¿qué podrías decir para empezar una conversación?
¿Qué texto mostrarías?

Esta asignación, «¿Qué dirías?», es un análisis con el auditorio de cinco minutos sobre la predicación de casa en casa. Repasamos Una obra de amor, lección 1, «Interés sincero», punto 4b. La situación es un primer contacto, y relacionaremos la observación respetuosa del entorno con el ejemplo de Hechos 17:22, 23.

El punto de la lección nos invita a preguntarnos: «¿Qué me dicen su ropa, su apariencia y su vivienda sobre sus creencias o su cultura?». Observar puede ayudarnos a elegir nuestras primeras palabras. Pero una pista no es una certeza, y no sustituye lo que la propia persona nos cuente.

Fijémonos en la imagen. Vemos una casa moderna con un jardín hermoso y muy bien cuidado. Hay un sendero de piedra, flores, rocas ornamentales y abundante vegetación. Destaca un arce de hojas rojas. No aparecen personas; por tanto, no podemos observar su ropa, su apariencia ni lo que están haciendo.

El jardín nos ofrece un tema cotidiano para empezar. Sin embargo, la imagen no nos permite saber quién lo cuida, cuánto tiempo lleva allí o qué significa para quien vive en esa casa. Tampoco permite afirmar cuáles son sus creencias, su cultura o su situación económica.

La primera pregunta es: «Según lo que vemos en la imagen, ¿qué podrías decir para empezar una conversación?». Una posibilidad sería saludar y comentar: «Buenos días. Me ha llamado la atención el árbol de hojas rojas; contrasta mucho con el resto del jardín. ¿Le gusta la jardinería?».

Esta propuesta parte de algo visible y hace una pregunta sencilla, nada íntima. No atribuye al residente el trabajo de mantener el jardín. Tampoco da por hecho que le gusten las plantas. Le permite explicarnos si ese tema le interesa, y nosotros podemos decidir cómo continuar después de escucharlo.

Si comenta que disfruta cuidándolo, podríamos preguntarle qué le gusta más de esa actividad. No haría falta encadenar preguntas sobre todas las plantas. Bastaría con escuchar su respuesta y reaccionar a ella. El interés sincero se demuestra atendiendo a lo que dice, no solo eligiendo una buena frase inicial.

También podría aclarar que el jardín lo atiende otra persona o que apenas le presta atención. En ese caso, aceptaríamos la aclaración sin insistir. Podríamos agradecer que nos lo haya explicado y expresar brevemente el motivo de nuestra visita, si tiene tiempo. No necesitamos defender la apertura que habíamos preparado.

¿Por qué sería natural este comienzo? Porque comentar un detalle bonito del entorno puede abrir una conversación cotidiana. ¿Por qué sería respetuoso? Porque no adjudica sentimientos ni creencias a un desconocido. ¿Y por qué sería adaptable? Porque la respuesta de la persona, no nuestra impresión inicial, determina el siguiente paso.

La segunda pregunta es: «¿Qué texto mostrarías?». Una opción es Hechos 17:22, 23, el pasaje propuesto para esta asignación. Nos ayuda a ver cómo Pablo observó su entorno y aprovechó algo concreto para presentar su mensaje. Fijémonos al leerlo en qué había observado y cómo lo utilizó para empezar a hablar.

Hechos 17:22-23 — Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago y dijo: “Hombres de Atenas, veo que en todas las cosas ustedes parecen ser más devotos de los dioses que otros. Por ejemplo, mientras caminaba y observaba atentamente sus objetos sagrados, incluso encontré un altar que tenía la siguiente inscripción: ‘A un Dios Desconocido’. Pues yo les estoy hablando de aquel a quien ustedes adoran sin conocerlo.

Pablo había observado objetos sagrados y un altar con una inscripción concreta. Por eso pudo referirse a un elemento relacionado con la adoración de sus oyentes. En nuestra imagen, en cambio, vemos un jardín. No sería correcto atribuirle un significado religioso que no aparece en ella.

Lo que podemos imitar es su atención al entorno y su manera de encontrar un punto de partida para hablar de Dios. No se trata de repetir sus primeras palabras en cualquier puerta. Se trata de observar con cuidado y escoger un comienzo que tenga sentido para la persona que tenemos delante.

¿Cómo podríamos ofrecer este pasaje al residente? Si la conversación permite explicar que compartimos un mensaje bíblico, podríamos decir: «En la Biblia hay un ejemplo de alguien que se fijó en lo que había en un lugar antes de hablar con sus habitantes. ¿Le gustaría verlo?». Después esperaríamos su respuesta.

Esa invitación explica por qué proponemos la lectura y permite que la persona decida. Si acepta, podríamos mostrarle el pasaje y destacar que Pablo utilizó algo que sus oyentes conocían para comenzar a hablarles de Dios. No presentaríamos estos versículos como un texto sobre jardines, porque no lo son.

Si la persona no desea leer la Biblia, respetaríamos su decisión. Y si nos dice que tiene prisa, no intentaríamos completar a toda costa la conversación imaginada. Una observación acertada no nos garantiza una conversación larga. Mostrar interés sincero también incluye reconocer cuándo conviene terminar con amabilidad.

Por tanto, tenemos una apertura concreta: mencionar el contraste del árbol de hojas rojas y preguntar si le gusta la jardinería. Y tenemos un texto: Hechos 17:22, 23, que muestra cómo Pablo aprovechó una observación real para introducir su mensaje. La conexión requiere tacto; no es automática.

La lección no consiste en aprender a deducir la vida de alguien mirando su casa. Consiste en prestar atención para acercarnos con interés sincero. Observamos lo que realmente está ahí, preguntamos sin presuponer y dejamos que la persona se dé a conocer. Así, nuestras palabras pueden resultar naturales, respetuosas y adaptadas a ella.

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