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Tesoros de la Biblia para la semana del 25 al 31 de enero de 2027

Tesoros de la Biblia para la semana del 25 al 31 de enero de 2027

Tema: Somos responsables ante Jehová de nuestras acciones

Cuando alguien a quien queremos toma una mala decisión, podemos sentirnos culpables. Y, cuando somos nosotros quienes nos equivocamos, quizá nos resulte más fácil pensar en lo que hicieron otros. Para mantener el equilibrio, necesitamos entender cómo nos ve Jehová. Él distingue entre nuestra responsabilidad y la de los demás. Esa distinción nos ayuda a aceptar nuestros errores sin cargar con culpas que no nos corresponden.

El capítulo 18 de Ezequiel explica con claridad esa responsabilidad personal. En cuanto aprendemos lo que está bien y lo que está mal, Jehová nos considera responsables de nuestras acciones. No nos juzga simplemente por pertenecer a una familia. Lo que hacemos nosotros tiene importancia para él. Escuchemos la base de este principio en Ezequiel 18:4.

Ezequiel 18:4 — Miren, todas las almas me pertenecen. Tanto el alma del padre como el alma del hijo me pertenecen. El alma que peca es la que morirá.

Tanto el padre como el hijo pertenecen a Jehová. Por eso, cada uno debe responder ante él por su propia conducta. El texto no atribuye la culpa indistintamente a toda la familia: identifica como responsable a quien peca. Así, todo el que tiene uso de razón es juzgado según su actuación. Esto nos recuerda que conocer las normas de Jehová no basta; necesitamos permitir que orienten nuestras decisiones de cada día.

Pensemos, por ejemplo, en una situación en la que decir la verdad pueda perjudicarnos. Quizá otros nos animen a ocultarla y nos aseguren que todo el mundo lo hace. Pero, si sabemos qué espera Jehová, la decisión sigue siendo nuestra. En vez de buscar una excusa en la conducta ajena, podemos preguntarnos: «¿Qué debo hacer yo para agradarle?». Reconocer nuestra responsabilidad nos ayuda a actuar con honradez, incluso cuando a nuestro alrededor otros eligen un camino diferente.

Ahora bien, este principio no solo nos exige responder por nuestros actos; también nos alivia. Si Jehová distingue nuestras decisiones de las ajenas, no nos hace responsables de lo que hacen los demás. Veamos cómo lo explica mediante el caso de un padre y su hijo. Leamos Ezequiel 18:14-20.

Ezequiel 18:14-20 — ”’Por otro lado, supongamos que un padre tiene un hijo que ve todos los pecados cometidos por su padre y, aunque los ve, no hace lo mismo. No come lo que se sacrifica a ídolos en las montañas, no levanta la mirada hacia los ídolos repugnantes de la casa de Israel, no comete adulterio con la esposa de su prójimo, no maltrata a nadie, no se queda con lo que le han dado como garantía, no roba nada, le da su propia comida al hambriento y viste al que no tiene ropa, no oprime al pobre, no presta cobrando interés ni sacando beneficio, cumple con mis decisiones judiciales y anda según mis estatutos. Un hombre así no morirá por el pecado de su padre. Sin duda, él seguirá vivo. En cambio, su padre, como se dedicó al fraude, robó a su hermano e hizo lo que estaba mal en medio de su pueblo, morirá por su pecado. ”’Pero ustedes dirán: “¿Por qué no carga el hijo con la culpa del pecado de su padre?”. Como el hijo ha hecho lo que es justo y recto y ha cumplido y obedecido mis estatutos, sin duda seguirá vivo. El alma que peca es la que morirá. El hijo no cargará con la culpa del pecado del padre y el padre no cargará con la culpa del pecado del hijo. La justicia del justo se le tomará en cuenta solo a él y la maldad del malvado se le tomará en cuenta solo a él.

El hijo ve la mala conducta de su padre, pero decide no imitarla. En lugar de maltratar o robar, ayuda a quienes lo necesitan y obedece a Jehová. ¿Lo condena Jehová por proceder de aquella familia? No. Toma en cuenta sus propias decisiones. Y también deja claro lo contrario: el padre no carga con la culpa del hijo. El parentesco no transfiere la culpa de una persona a otra. ¡Qué manera tan justa de tratar a cada uno!

Esto puede consolarnos si un familiar decide dejar de servir a Jehová. Podemos quererlo mucho y sufrir por su decisión, pero ese dolor no significa que seamos culpables de su pecado. Cada miembro dedicado y bautizado de la familia debe llevar su propia carga de responsabilidad. Nos corresponde examinar nuestra conducta, no asumir la responsabilidad ajena ni buscar a alguien a quien culpar. También respetaremos la disciplina de Jehová y a los pastores que protegen a la congregación, aunque la situación nos resulte dolorosa.

Pero ¿qué ocurre si somos nosotros quienes hemos actuado mal? ¿Significa ser responsables que ya no podemos cambiar nuestra situación ante Jehová? Su justicia no lo lleva a buscar únicamente el castigo. Él quiere ayudarnos a hacer lo correcto. Leamos Ezequiel 18:21-23.

Ezequiel 18:21-23 — ”’Ahora bien, si alguien malvado abandona todos los pecados que ha cometido, obedece mis estatutos y hace lo que es justo y recto, sin duda seguirá vivo. No morirá. No se le tendrá en cuenta ninguna de las ofensas que haya cometido. Seguirá vivo por hacer lo que es justo’. ”‘¿Acaso me causa algún placer la muerte de alguien malvado? —afirma el Señor Soberano Jehová—. ¿Acaso no prefiero que abandone sus caminos y siga vivo?’.

Jehová no resta importancia al pecado. El cambio que describe incluye abandonar la mala conducta, obedecer sus normas y hacer lo justo. Pero tampoco considera que quien ha pecado esté condenado a seguir siendo el mismo para siempre. Tiene en cuenta su arrepentimiento y su nueva manera de actuar. Si necesitamos corregir algo, no pensemos que intentarlo carece de sentido. Podemos reconocer el error, abandonarlo y aceptar la ayuda de Jehová para seguir un rumbo diferente.

Así vemos a un Padre tierno pero firme, no a un juez frío que solo piensa en castigar. Recordar esto también influye en nuestra lectura de la Biblia. Vale la pena preguntarnos: «Cuando leo la Biblia, ¿por qué es importante que recuerde que Jehová nunca es injusto?». Algunos israelitas cuestionaban su manera de actuar. Escuchemos la respuesta que les dio en Ezequiel 18:25.

Ezequiel 18:25 — ”’Pero ustedes dirán: “El camino de Jehová es injusto”. ¡Escucha, por favor, oh, casa de Israel! ¿Es mi camino el que es injusto? ¿Acaso no son los caminos de ustedes los que son injustos?

Si un relato nos plantea preguntas, recordemos que la Biblia no siempre da todos los detalles. Jehová sí conoce todos los hechos. Además, la imperfección puede empañar nuestro sentido de la justicia. Por eso, antes de concluir que una decisión suya fue injusta, necesitamos reconocer los límites de nuestra información y de nuestro propio criterio.

Jehová tampoco tiene la obligación de explicarnos cada decisión ni necesita nuestra aprobación. Eso no impide que busquemos entender mejor su manera de actuar. Al conocerlo y conocer sus normas, nuestra confianza crece. Aunque quede alguna pregunta sin respuesta, sabemos lo suficiente de su justicia y su compasión para seguir confiando en él.

Somos responsables ante Jehová de nuestras acciones. Esa verdad nos anima a tomar buenas decisiones, nos libera de cargar con los pecados ajenos y nos da esperanza cuando necesitamos corregirnos. Jehová no es un juez frío que solo busca castigar. Es un Padre justo, tierno y firme. Aceptemos nuestra responsabilidad, confiemos en su manera de juzgar y dejémonos ayudar por él para hacer lo que está bien.

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