Empecemos conversaciones
Datos de la asignación
Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 3 · Bondad · punto 3
Objetivo didáctico: Muestre empatía. Trate de imaginar cómo se siente la persona.
Marco de circunstancias: En la puerta de su vivienda, una vecina recibe por primera vez a una publicadora y le pide hablar bajo porque su marido duerme después del turno de noche
Texto bíblico asociado: Filipenses 2:4 — mientras buscan no solo sus propios intereses, sino también los de los demás.
Material oficial: DE CASA EN CASA. Ofrece un curso de la Biblia (lmd lección 3 punto 3).
Publicador/a: Buenos días.
Persona: Buenos días. Hable bajito, por favor, que mi marido está durmiendo. Ha llegado hace un rato de trabajar de noche.
Publicador/a: Claro, disculpe. Si el timbre lo ha molestado, lo siento. Puedo volver en otro momento.
Persona: No, no se preocupe, está al fondo. Aquí podemos hablar. ¿Qué quería?
Publicador/a: Quería ofrecerle un curso de la Biblia. Precisamente permite conversar sobre ideas que pueden ayudarnos a tener más en cuenta a quienes viven con nosotros.
Persona: Pues eso hace falta. Aunque yo ahora estoy pendiente de no hacer ruido, y luego, cuando él se levanta, me toca salir a trabajar. Casi no coincidimos.
Publicador/a: Entonces no es solo respetar el descanso; también les cuesta encontrar un momento para estar juntos.
Persona: Exacto. Y a veces, cuando digo que estoy cansada de organizar todo según sus horarios, parece que no comprendo que él necesita dormir. Pero yo también necesito hacer mis cosas.
Publicador/a: Claro, usted también tiene necesidades. No quisiera darle un consejo rápido sin conocer sus circunstancias. Hay una idea bíblica que no presenta el interés por los demás como algo de una sola dirección. ¿Le puedo leer esa frase?
Persona: Sí, una frase sí. Pero espero que no diga que una tiene que aguantarlo todo.
Publicador/a: Entiendo su preocupación. Fíjese en cómo Filipenses 2:4 habla de tener en cuenta tanto las necesidades propias como las ajenas. Dice:
Publicador/a: Filipenses 2:4 — mientras buscan no solo sus propios intereses, sino también los de los demás. No dice que sus necesidades no importen. Nos anima a ampliar la mirada. Usted ya está pensando en el descanso de su marido; también sería importante que él entendiera lo que estos horarios suponen para usted.
Persona: Así lo entiendo mejor. Aunque una cosa es leerlo y otra ponerse de acuerdo cuando los dos estamos cansados.
Publicador/a: Sí, leer una frase no cambia los turnos de trabajo. Pero puede ayudar a enfocar la conversación: en vez de decidir quién se sacrifica más, pensar qué necesita cada uno y qué podrían ajustar.
Persona: Como dejar algunas tareas para otro momento, pero acordarlo, no dar por hecho que siempre las voy a cambiar yo.
Publicador/a: Eso es, buscar un acuerdo que tenga en cuenta a los dos. En el curso bíblico podemos hacer algo parecido a lo que acabamos de hacer: leer un pasaje, conversar sobre su significado y pensar cómo aplicarlo.
Persona: ¿Y tendría que contarle nuestros problemas? Porque esto se lo he comentado por lo del ruido, pero no me gustaría entrar en asuntos personales.
Publicador/a: No tiene que contarme nada que prefiera reservarse. Podemos centrarnos en lo que enseña la Biblia. Si le parece, otro día le muestro brevemente cómo sería el curso y usted decide.
Persona: Podría ser el sábado por la tarde. Pero solo para verlo; todavía no quiero comprometerme.
Publicador/a: De acuerdo, solo para mostrárselo. ¿A las cinco les viene bien, o coincide también con su descanso?
Persona: A las cinco está bien. Ese día no trabaja de noche.
Publicador/a: Entonces pasaré a esa hora. Me llamo Ana.
Publicador/a: Perfecto. Para esa primera conversación, ¿hay algo sobre la Biblia que le gustaría aclarar? Podemos partir de una pregunta que usted tenga.
Persona: Pues sí: ¿cómo puedo saber si estoy entendiendo bien lo que leo? No conozco mucho la Biblia y me daría apuro equivocarme.
Publicador/a: Es comprensible. No se trata de examinarla. Podemos leer con calma y fijarnos en el contexto: por ejemplo, qué se está explicando antes y después de una frase. Eso ayuda a no sacar conclusiones apresuradas. Y puede preguntar lo que no entienda.
Persona: Así me sentiría más cómoda. El sábado podemos probar de esa manera.
Persona: Yo soy Isabel. Hasta el sábado.
Hagamos discípulos
Datos de la asignación
Asignación: Hagamos discípulos
Duración: 5 min
Lección y punto: Lección 11 · Sencillez · punto 5
Objetivo didáctico: Elija bien los ejemplos que usará. Antes de usar un ejemplo, pregúntese:
Marco de circunstancias: En el comedor del publicador, un estudiante con quien mantiene un curso bíblico habitual explica que quiere aplazarlo tras una discusión con su madre
Texto bíblico asociado: Mateo 10:36 — Así es, los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
Material oficial: Anima a un estudiante de la Biblia que está afrontando oposición de la familia (lmd lección 11 punto 5).
Publicador/a: Vi tu mensaje. Podemos cambiar el día del estudio. ¿El horario de los jueves ya no te viene bien?
Persona: No es por el horario. Mi madre volvió a enfadarse cuando le dije que venía. Pensé en cancelar, pero prefería explicártelo aquí. Quizá sea mejor dejar el curso durante una temporada.
Publicador/a: Gracias por decírmelo con claridad. Antes de seguir con el estudio, podemos hablar de eso, si quieres. ¿Qué es lo que más le preocupa a tu madre?
Persona: Dice que voy a dejar de querer estar con ellos. El domingo llegué tarde a comer porque me quedé hablando contigo. Para ella, eso confirma que ahora la familia me importa menos.
Publicador/a: Entiendo. Llegar tarde le dio un motivo concreto para preocuparse, aunque esa no fuera tu intención. Y a ti te duele que piense que la quieres menos.
Persona: Sí. Pero tampoco fue solo por eso. Antes ya hacía comentarios cuando me veía leyendo la Biblia. Yo pensaba que estudiar algo bueno no podía traer tantos problemas en casa.
Publicador/a: Que aparezcan dificultades en la familia puede desanimar mucho. Jesús habló de esa posibilidad; no la pasó por alto. Voy a leerte sus palabras en Mateo 10:36, y después podemos comentar lo que te hacen pensar. Hay un pasaje que viene muy al caso. ¿Le parece si leemos Mateo 10:36?
Publicador/a: Mateo 10:36 — Así es, los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. Jesús reconoció que podía haber oposición incluso dentro de la propia casa. Así que encontrar resistencia no significa, por sí solo, que estés haciendo algo malo al estudiar la Biblia.
Persona: Pero eso de los enemigos suena muy fuerte. No quiero empezar a mirar a mi madre como si estuviera contra mí en todo. Ella siempre me ha ayudado.
Publicador/a: Claro. No estamos leyendo una instrucción de tratar a tu madre como enemiga. Jesús estaba advirtiendo de una situación dolorosa. Puedes reconocer su oposición sin olvidar todo lo que ha hecho por ti ni dejar de quererla.
Persona: Eso me tranquiliza. Ayer acabé diciéndole que no entendía nada. Luego me sentí mal, porque ella estaba hablando de nuestra familia y yo solo quería demostrarle que estaba equivocada.
Publicador/a: Has identificado algo importante: estabais hablando de preocupaciones distintas. Tú defendías lo que estás aprendiendo, y ella quería saber si iba a perder la cercanía contigo. ¿Llegaste a preguntarle qué cambios le daban miedo?
Persona: No. En cuanto dijo que me estaban apartando de ellos, la interrumpí. Le expliqué varias cosas del curso, pero cuanto más hablaba, más se enfadaba. Al final, ninguno escuchaba.
Publicador/a: Piensa en dos personas que intentan conversar con una radio a todo volumen. Si ambas levantan la voz, quizá solo consigan más ruido. Bajar la radio no resuelve sus diferencias, pero les permite escucharse.
Persona: Ya, pero en casa no hay un botón para bajar el enfado. A veces basta con que vea la Biblia encima de la mesa para empezar otra vez.
Publicador/a: Es verdad; el ejemplo tiene ese límite. No puedes controlar su reacción. Pero sí puedes evitar añadir más ruido con una interrupción o un reproche. No se trata de abandonar lo que aprendes, sino de intentar hablar sin heriros.
Persona: Entonces podría empezar por disculparme por cómo le hablé. Aunque me preocupa que entienda que le estoy dando la razón y que voy a dejar de estudiar.
Publicador/a: Puedes ser específico. Pedir perdón por haberla interrumpido no es lo mismo que pedir perdón por estudiar. ¿Cómo se lo dirías con tus propias palabras, sin empezar otra discusión sobre el curso?
Persona: Algo como: Mamá, ayer te hablé mal y lo siento. Me importa lo que piensas. Quiero seguir aprendiendo de la Biblia, pero no quiero que eso te haga sentir que ya no me importa la familia.
Publicador/a: Eso expresa las dos cosas sin atacarla. Después podrías dejarla hablar. Si menciona lo del domingo, ¿hay algo concreto que puedas reconocer y cambiar?
Persona: Que tendría que haber avisado. Y que puedo organizarme para llegar a tiempo. Esa comida es el único rato de la semana en que estamos todos juntos; sé que para ella cuenta mucho.
Publicador/a: Entonces cumplir con ese compromiso puede respaldar lo que le digas. No como una manera de obligarla a aceptar el curso, sino porque de verdad quieres cuidar tu relación con ella.
Persona: ¿Y si hago todo eso y sigue diciendo que no estudie? No quiero pensar que una conversación tranquila va a arreglarlo todo, porque conozco a mi madre.
Publicador/a: No podemos asegurar que cambie de opinión. El texto que leímos tampoco promete que no habrá oposición. Pero puedes seguir mostrándole cariño y respeto, aunque todavía no comprenda tu decisión de estudiar.
Persona: No había pensado que podía mantener mi decisión y, a la vez, reconocer que yo también tengo cosas que corregir. Estaba viendo solo dos opciones: discutir o dejar el curso.
Publicador/a: No tienes que resolverlo todo esta tarde. Podemos dejar aquí la conversación y retomar el estudio otro día. ¿Qué te vendría mejor?
Persona: Mantengamos el jueves próximo. Hoy quiero volver pronto y hablar con ella, si está tranquila. No para convencerla de todo; primero quiero disculparme y escucharla.
Publicador/a: Y si al escucharla te pregunta algo sobre el curso que todavía no sabes explicar, ¿cómo podrías responder sin sentir que tienes que defenderlo todo en ese momento?
Persona: Eso me preocupa. Si le digo que no sé, quizá piense que estoy aceptando cosas sin entenderlas. Por eso a veces intento darle una respuesta aunque no la tenga muy clara.
Publicador/a: Reconocer una duda es más sincero que improvisar. Podrías decirle: Esa pregunta también me interesa. No quiero contestarte cualquier cosa; prefiero entenderlo bien antes de hablarlo contigo. Así reconoces que su pregunta merece atención, sin afirmar algo de lo que aún no estás seguro.
Persona: Puedo hacerlo. Si surge una pregunta así, la apuntaré para el próximo estudio. No necesito tener todas las respuestas para empezar a escucharla mejor.
Publicador/a: De acuerdo. El jueves me cuentas cómo te fue, si te apetece. Y procuraremos que el horario del curso no interfiera con tus compromisos familiares.
Discurso
Datos de la asignación
Asignación: Discurso
Duración: 4 min
Marco de circunstancias: Ante la congregación reunida, un orador explica la diferencia entre un cambio de gobierno humano y el reemplazo que anuncia la Biblia
Texto bíblico asociado: Daniel 2:44 — ”En los días de esos reyes, el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será destruido ni pasará a manos de ningún otro pueblo. Este reino hará añicos y pondrá fin a todos esos reinos, y será el único que permanecerá para siempre, / Salmos 2:7-9 — Voy a proclamar el decreto de Jehová; él me dijo: “Tú eres mi hijo; hoy he llegado a ser tu padre. Pídemelo, y te daré naciones como herencia y los confines de la tierra como propiedad. Las quebrarás con un cetro de hierro y las harás pedazos como a una vasija de barro”.
Material oficial: lmd apéndice A punto 22. Título: El Reino de Dios reemplazará a todos los gobiernos humanos (th lección 6).
Un cambio de gobierno no significa que cambie todo. Pueden cambiar quienes toman las decisiones, pero la autoridad sigue en manos humanas. Cuando la Biblia habla del Reino de Dios, anuncia algo muy distinto. No presenta simplemente otro gobierno humano. Anuncia un Reino establecido por Dios que reemplazará a todos los gobiernos humanos.
Esa diferencia es importante. Si pensamos que el Reino solo ayudará a los gobiernos actuales a funcionar mejor, no habremos entendido lo que promete la Biblia. Para aclararlo, fijémonos en tres detalles: quién establece ese Reino, qué hará con los demás gobiernos y cuánto durará. Leamos Daniel 2:44 y busquemos esas respuestas.
Daniel 2:44 — ”En los días de esos reyes, el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será destruido ni pasará a manos de ningún otro pueblo. Este reino hará añicos y pondrá fin a todos esos reinos, y será el único que permanecerá para siempre,
Mantengamos el texto a la vista. Primero, ¿quién establece el Reino? Daniel señala a Dios, no a los seres humanos. Por tanto, su origen es diferente del de cualquier gobierno humano. Nuestra confianza en ese Reino no depende de la capacidad de una persona para alcanzar el poder, sino de la decisión de Dios de establecerlo.
Segundo, observemos lo que hará con los otros reinos. Daniel no dice que se unirá a ellos ni que se limitará a aconsejarlos. Explica que acabará con ellos. Ahí está la relación directa entre este versículo y el tema: el Reino de Dios reemplazará a los gobiernos humanos; no será un gobierno más junto a ellos.
Tercero, fijémonos en su duración. A diferencia de los gobiernos que pueden desaparecer o ser sustituidos, este Reino tendrá permanencia. Daniel descarta tanto su destrucción como que su autoridad termine en manos de otro pueblo. No se trata, pues, de una solución provisional. Dios no anuncia una nueva etapa de cambios interminables de gobierno.
Ahora bien, alguien podría preguntarse si esa autoridad tendrá límites geográficos. ¿Reemplazará el Reino a unos gobiernos, mientras otros conservan su poder? Otro pasaje nos ayuda a comprender el alcance de lo que Dios ha decidido. Al leer Salmos 2:7-9, fijémonos en lo que Jehová le concede a su Hijo y en la comparación que utiliza.
Salmos 2:7-9 — Voy a proclamar el decreto de Jehová; él me dijo: “Tú eres mi hijo; hoy he llegado a ser tu padre. Pídemelo, y te daré naciones como herencia y los confines de la tierra como propiedad. Las quebrarás con un cetro de hierro y las harás pedazos como a una vasija de barro”.
El alcance es muy amplio: Jehová pone las naciones y toda la tierra bajo la autoridad de su Hijo. Eso nos permite entender que la promesa no se limita a un solo país. Estamos hablando de una autoridad que recibe de Dios y que abarca la tierra entera, no de una influencia restringida a una región.
Pensemos también en la comparación entre el hierro y el barro. Una vasija de barro no puede resistir un golpe de un cetro de hierro. La imagen destaca la diferencia de poder. Las naciones no podrán impedir que se cumpla la decisión de Jehová. El cumplimiento no depende de que los gobiernos humanos acepten entregar su autoridad.
Los dos pasajes se complementan. Daniel explica el reemplazo de los gobiernos humanos y la permanencia del Reino. El salmo muestra el alcance de la autoridad que Jehová concede a su Hijo y que ninguna nación podrá resistirse a ella. No necesitamos especular sobre acontecimientos políticos para entender esta enseñanza: los textos expresan con claridad la decisión de Dios.
¿Cómo nos ayuda saberlo? Nos permite distinguir entre esperar un cambio humano y confiar en una promesa divina. Sin tomar partido en las disputas políticas, podemos mantener nuestra confianza en Jehová. Cuando hablamos del Reino, no defendemos a un gobierno humano frente a otro. Señalamos la solución que Dios mismo ha anunciado.
Así que recordemos estas tres certezas: Dios establece el Reino, ese Reino reemplazará a todos los gobiernos humanos y su gobierno será permanente. Nuestra esperanza no descansa en que los seres humanos logren conservar el poder o usarlo mejor. Descansa en que Jehová cumplirá su palabra. Esa es una razón sólida para confiar en su Reino.
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