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Seamos Mejores Maestros para la semana del 12 al 18 de abril de 2027

Seamos Mejores Maestros para la semana del 12 al 18 de abril de 2027

Empecemos conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 2 · Naturalidad · punto 4
Objetivo didáctico: Tenga paciencia. No piense que tiene que ponerse a hablar de la Biblia enseguida. Espere al momento oportuno y saque el tema de forma natural. Quizás tenga que esperar hasta la próxima vez que hable con la persona.
Marco de circunstancias: En un centro cultural, una publicadora y otra mujer conversan por primera vez mientras esperan que abra el aula de un curso de dibujo para principiantes
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. Empieza una conversación amigable que termina antes de que puedas predicar (lmd lección 2 punto 4).

Publicador/a: Perdona, ¿esta es la puerta del curso de dibujo? He dado una vuelta por el pasillo y creo que he acabado otra vez en el mismo sitio.

Persona: Sí, es aquí. Yo también he dudado. El cartel es tan pequeño que casi no se ve. Todavía no ha llegado la profesora.

Publicador/a: Entonces no voy tarde. Gracias. ¿Tú has venido otras veces o empiezas hoy?

Persona: Hoy. Y ya estaba pensando en marcharme. He visto a una señora con una carpeta de dibujos estupendos. Yo traigo un cuaderno que tenía por casa.

Publicador/a: Yo también empiezo hoy. En la información decía que no hacía falta saber nada. Eso fue lo que me animó a apuntarme; si no, tampoco estaría aquí.

Persona: Pues espero que sea verdad. Porque una cosa es decir que eres principiante y otra que te salga una taza como una maceta torcida.

Publicador/a: Bueno, mientras no nos pidan retratos el primer día… ¿Qué te dio por probar el dibujo?

Persona: Mi nieta. Se sienta a dibujar en mi cocina y siempre quiere que haga algo con ella. Yo le saco punta a los lápices, pero dice que eso no cuenta.

Publicador/a: Quiere que participes también. ¿Le has contado que te has apuntado?

Persona: No, porque entonces querrá ver todo lo que haga. Prefiero enseñarle algo cuando me salga medianamente bien. Ella no tiene vergüenza; yo sí.

Publicador/a: Te entiendo. A mí no me importa equivocarme en casa, pero que alguien mire por encima de mi hombro mientras dibujo ya es otra cosa.

Persona: Exactamente. Mi hija me dice que mire vídeos y aprenda sola. Lo intenté, pero quien explicaba ya tenía medio dibujo hecho cuando yo encontraba el lápiz.

Publicador/a: Yo puse uno en pausa tantas veces que terminé perdiendo el hilo. Por eso prefiero venir. Aquí podremos pedir que nos expliquen algo otra vez.

Persona: Si me atrevo a levantar la mano. Siempre pienso que voy a retrasar a los demás.

Publicador/a: Puede que alguna vez yo tenga la misma duda y me venga bien que preguntes. Pero primero veremos cómo da la clase; todavía ni hemos entrado.

Persona: Eso es verdad. Ya me estoy imaginando problemas. ¿Tú has traído todos los materiales de la lista?

Publicador/a: Solo el lápiz y el cuaderno. El mensaje decía que lo demás nos lo explicarían hoy. No quise comprar cosas que después no fuera a usar.

Persona: Menos mal. Tengo una caja de pinturas guardada desde hace años, pero no sabía si servía. Mi nieta ya me ha dicho que se la quede ella.

Publicador/a: Ya tiene planes para la caja. Por cierto, me llamo Clara.

Persona: Yo, Isabel. ¿Vienes desde muy lejos?

Publicador/a: No, vivo a diez minutos andando. Me viene bien el horario de los miércoles. ¿A ti también?

Persona: Sí, los miércoles puedo. Mira, ya están abriendo. Voy a entrar para preguntar dónde me siento; necesito estar cerca para ver bien.

Publicador/a: Claro, pasa. No te entretengo. Me ha gustado conocerte, Isabel.

Publicador/a: Sí, mejor buscar un sitio desde donde veas bien la explicación. ¿Prefieres estar justo delante o a un lado, cerca de la ventana?

Persona: Cerca de la ventana estaría bien por la luz, pero depende de dónde se ponga la profesora. Si me siento delante y luego me tapa lo que está dibujando, tampoco gano mucho.

Publicador/a: Eso lo puedes comentar cuando entres. Por ejemplo, puedes preguntarle dónde pondrá el modelo si vamos a dibujar un objeto. Así eliges el sitio según lo que necesites ver, no solo por estar en primera fila.

Persona: Buena idea. Voy a preguntárselo ahora, antes de que se siente todo el mundo. Parece que ya podemos pasar.

Persona: Igualmente, Clara. Ya nos veremos por aquí.

¿Qué dirías?

Datos de la asignación

Asignación: ¿Qué dirías?
Duración: 5 min
Lección y punto: Lección 1 · Interés sincero · punto 4
Objetivo didáctico: Sea observador. Pregúntese: “¿Qué está haciendo la persona en este momento? ¿En qué estará pensando?”. “¿Qué me dicen su ropa, su apariencia y su vivienda sobre sus creencias o su cultura?”. “¿Es un buen momento para conversar?”.
Marco de circunstancias: En una visita de casa en casa en una zona rural, un publicador se acerca por primera vez a una mujer que cocina afuera de su vivienda mientras dos niños juegan y tres personas mayores charlan cerca
Texto bíblico asociado: Mateo 7:12 — ”Por eso, hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes. De hecho, en eso se resumen la Ley y los Profetas.
Material oficial: Análisis con el auditorio. DE CASA EN CASA. Repasa brevemente Una obra de amor lección 1 punto 4. Menciona la imagen y luego pregunta:
Según lo que vemos en la imagen, ¿qué podrías decir para empezar una conversación?
¿Qué texto mostrarías?

¿Cómo podemos mostrar interés sincero antes de empezar a hablar? En este análisis de cinco minutos, el marco es la predicación de casa en casa. Repasaremos Una obra de amor, lección 1, punto 4: ser observadores. Nos fijaremos en la situación de la imagen y consideraremos cómo podríamos utilizar Mateo 7:12.

La lección nos invita a pensar en qué está haciendo la persona y en qué podría estar pensando. También nos anima a observar lo que su ropa, apariencia y vivienda pueden indicar sobre sus creencias o cultura. Y plantea una pregunta decisiva: ¿es un buen momento para conversar?

Miremos la imagen. Afuera de una casa humilde, en una zona rural, una mujer está cocinando. Cerca de ella hay dos niños jugando y tres personas mayores conversando. La escena ofrece distintos detalles que podríamos tener en cuenta, pero no nos dice qué preocupa a cada persona ni qué relación hay entre ellas.

Por eso, observar no significa sacar conclusiones apresuradas. No sabemos si los niños son hijos de la mujer, si está preparando comida para todos o si dispone de tiempo. Lo que sí sabemos es que está ocupada. Nuestra manera de acercarnos debería demostrar que respetamos lo que está haciendo.

Según lo que vemos en la imagen, ¿qué podrías decir para empezar una conversación? Una posibilidad sería saludar y comentar con sencillez: «Buenos días. Veo que está preparando la comida; no quisiera interrumpirla. ¿Prefiere que pase en otro momento?». No es una fórmula obligatoria, sino una manera de reconocer su situación.

¿Por qué podría ser una entrada natural? Porque parte de algo visible, no de una suposición sobre sus sentimientos. Además, le permite decidir si desea conversar. No le estamos pidiendo que deje de cocinar ni dando por sentado que puede atendernos simplemente porque se encuentra afuera de su vivienda.

Si indica que está ocupada, lo respetaríamos. Podríamos despedirnos brevemente y, si resulta oportuno, preguntar cuándo le vendría mejor. Insistir en presentar todo lo que habíamos preparado no demostraría que hemos observado bien. A veces, el interés sincero se nota precisamente en nuestra disposición a dejar la conversación para otra ocasión.

Ahora bien, quizá diga que puede hablar mientras termina. En ese caso, podríamos hacer una pregunta sencilla relacionada con su actividad, como si le gusta cocinar. Después escucharíamos. Tal vez disfrute de hacerlo; tal vez explique que ese día tiene prisa. Su respuesta, y no nuestro plan inicial, orientaría la conversación.

Supongamos que menciona lo mucho que agradece que los demás tengan en cuenta sus tareas. Ahí habría un terreno común: todos valoramos que respeten nuestro tiempo. Podríamos reconocerlo diciendo que una pequeña muestra de consideración puede hacer más agradable el día. No haría falta exagerar ni felicitarla por cualidades que todavía no conocemos.

Pasemos a la segunda pregunta: ¿qué texto mostrarías? Si la conversación ha tomado ese rumbo, Mateo 7:12 sería una buena opción. Podríamos explicar que Jesús enseñó un principio sencillo sobre cómo tratar a los demás. Para ver por qué encaja con lo que estamos comentando, leamos lo que dice Mateo 7:12.

Mateo 7:12 — ”Por eso, hagan por los demás todo lo que les gustaría que hicieran por ustedes. De hecho, en eso se resumen la Ley y los Profetas.

Este principio nos invita a pensar en el trato que nosotros agradeceríamos y a tomar la iniciativa en tratar así a otros. En esta situación, su aplicación empieza por nosotros: si estuviéramos preparando la comida, seguramente valoraríamos que una visita respetara nuestro tiempo y nos permitiera decidir si podemos conversar.

Después de leerlo, podríamos preguntarle qué le parece esa manera de tratar a las personas. Sería una pregunta breve, que le permite expresar su opinión. No necesitaríamos añadir enseguida varias explicaciones. Escuchar su respuesta nos ayudaría a saber si le interesa el tema o si es mejor terminar la visita.

También podría señalar que ella procura ser considerada, pero que otros no siempre hacen lo mismo. No habría que discutir ni prometer que todos responderán bien. Podríamos reconocer que esa situación puede resultar difícil y explicar que el consejo de Jesús orienta nuestra propia conducta, aunque no podamos decidir cómo actuarán los demás.

¿Y si su comentario inicial nos lleva a otro asunto? Entonces no tendríamos que forzar la conversación para usar el texto elegido. Ser observadores incluye seguir atentos mientras la persona habla. Lo que nos diga puede aclarar sus intereses mucho mejor que lo que habíamos deducido al acercarnos a la casa.

Los demás detalles de la imagen también requieren tacto. Que haya personas mayores charlando no significa que quieran participar, y que los niños jueguen cerca no nos autoriza a hacer preguntas personales sobre ellos. Podemos ser amables con todos sin invadir su espacio ni convertir cada detalle que vemos en un tema de conversación.

La lección recuerda que Jesús empezó una conversación con una mujer que había ido a sacar agua. Su manera de comenzar estaba relacionada con aquella situación. Nosotros también podemos partir de lo cotidiano, sin apresurarnos a introducir un asunto que quizá no tenga relación con lo que la persona está haciendo.

Así que no necesitamos memorizar una entrada para cada casa. Necesitamos observar, comprobar si es un buen momento y escuchar de verdad. La propuesta será natural si nace de la situación, respetuosa si permite a la persona decidir y adaptable si estamos dispuestos a cambiar de rumbo según lo que nos diga.

Discurso

Datos de la asignación

Asignación: Discurso
Duración: 5 min
Marco de circunstancias: En el Salón del Reino, un hermano se dirige a la congregación y considera las dudas que pueden surgir cuando uno mismo o alguien querido está sufriendo
Texto bíblico asociado: Deuteronomio 32:4 — Él es la Roca, todo lo que hace es perfecto, porque todos sus caminos son justos. Es un Dios fiel que nunca comete injusticias. Él es justo y recto. / Santiago 1:13 — Que nadie diga durante una prueba: “Dios me está probando”. Porque, con cosas malas, nadie puede probar a Dios ni él prueba a nadie.
Material oficial: lmd apéndice A punto 24. Título: Dios no es el culpable de nuestro sufrimiento (th lección 20).

Cuando alguien está sufriendo, una explicación puede aliviarlo o hacer que su dolor sea todavía mayor. Pensemos en una persona que atraviesa una enfermedad y escucha que Dios se la ha enviado para enseñarle algo. Quizás quien lo dice quiera consolarla. Pero ella podría quedarse pensando: ¿Por qué querría Dios hacerme pasar por esto?

No es una pregunta sin importancia. Si atribuimos nuestro sufrimiento a Dios, puede resultarnos difícil confiar en él. Y cuando estamos angustiados, esas dudas pueden pesarnos mucho. Por eso necesitamos una respuesta que no dependa de opiniones personales. La Biblia nos permite conocer cómo es Jehová y si sería capaz de actuar así.

Para empezar, pensemos en esta cuestión: ¿qué nos dice la manera de ser de Jehová sobre su forma de tratar a las personas? No basta con saber que tiene poder; también necesitamos saber cómo lo utiliza. Fijémonos en la descripción que hace de él Deuteronomio 32:4.

Deuteronomio 32:4 — Él es la Roca, todo lo que hace es perfecto, porque todos sus caminos son justos. Es un Dios fiel que nunca comete injusticias. Él es justo y recto.

Este versículo presenta la justicia como una característica constante de Jehová. No dice que actúe bien solo algunas veces, ni que su conducta dependa de las circunstancias. Todo lo que hace está de acuerdo con lo que es justo. Por tanto, al pensar en nuestro sufrimiento, no debemos atribuirle una conducta contraria a su personalidad.

Además, se le compara con una roca. Esa imagen nos hace pensar en firmeza y estabilidad. Cuando una situación dolorosa cambia nuestra vida, nuestros sentimientos pueden variar de un día para otro. Pero la justicia de Jehová no cambia con ellos. Podemos sentirnos desorientados sin que eso signifique que él haya dejado de ser digno de confianza.

Pensemos en un ejemplo sencillo. Si alguien acusara a una persona que conocemos bien de haber cometido una crueldad, no aceptaríamos la acusación sin examinarla. Recordaríamos cómo ha tratado siempre a los demás. Del mismo modo, antes de culpar a Jehová, conviene detenernos y tomar en cuenta lo que la Biblia revela sobre él.

Claro, saber que Dios es justo no hace desaparecer automáticamente nuestras preguntas. Alguien podría pensar que no está acusándolo de ser cruel, sino que cree que le manda dificultades para poner a prueba su fe. ¿Es correcta esa idea? La Biblia trata directamente esa cuestión. Escuchemos lo que dice Santiago 1:13.

Santiago 1:13 — Que nadie diga durante una prueba: “Dios me está probando”. Porque, con cosas malas, nadie puede probar a Dios ni él prueba a nadie.

Santiago se refiere precisamente a lo que alguien podría pensar mientras atraviesa una prueba. En esos momentos, cuando el dolor parece no tener explicación, sería fácil concluir que Dios lo está provocando. Pero el versículo descarta esa conclusión: Jehová no utiliza cosas malas para poner a prueba a las personas.

Esto nos ayuda a distinguir dos ideas. Una persona puede afrontar una dificultad y demostrar que tiene fe. Pero eso no significa que Dios haya causado esa dificultad para comprobar su fidelidad. La manera en que respondemos a una experiencia dolorosa no demuestra quién la causó. No debemos confundir una cosa con la otra.

Los dos pasajes se complementan. Deuteronomio nos ayuda a conocer la personalidad de Jehová: es fiel y justo. Santiago aclara cómo no actúa: no nos pone a prueba mediante cosas malas. Así, la afirmación de que Dios no es el culpable de nuestro sufrimiento tiene una base bíblica clara, no es simplemente una frase tranquilizadora.

Quizás todavía nos preguntemos por qué ha ocurrido una desgracia concreta o por qué no se ha evitado. No siempre podremos explicar todos los detalles de una situación. Pero reconocer lo que no sabemos es muy distinto de atribuírselo a Dios. Podemos seguir buscando respuestas sin abandonar lo que estos textos sí dejan claro acerca de él.

¿Cómo podemos usar esta enseñanza? Si estamos pasando por un momento difícil, podríamos volver a leer estos dos versículos con calma. En lugar de sacar conclusiones sobre Jehová únicamente a partir de nuestro dolor, pensemos en lo que dicen sobre su forma de actuar. Eso puede ayudarnos a no alimentar una acusación injusta contra él.

Y si quien sufre es otra persona, escuchemos antes de explicar. No necesitamos resolver todas sus dudas en una sola conversación ni corregirla con dureza si expresa enojo. Podemos reconocer que su situación es dolorosa y, cuando sea oportuno, compartir uno de estos pasajes para ayudarla a comprender que Dios no le ha enviado ese sufrimiento.

Evitemos, por tanto, explicaciones que responsabilicen a Jehová del daño que alguien está padeciendo. Aunque se digan con buena intención, pueden dificultar que esa persona confíe en él. Es mucho mejor ofrecer el consuelo que realmente sostienen las Escrituras y dejar espacio para que la persona exprese lo que siente.

Recordemos la idea principal: Dios no es el culpable de nuestro sufrimiento. Es justo y no nos prueba con cosas malas. Cuando aparezcan las dudas, volvamos a estos textos y permitamos que orienten nuestra manera de pensar. Y al consolar a otros, ayudémoslos con cariño a conservar su confianza en Jehová.

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