Empecemos conversaciones
Datos de la asignación
Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 2 · Naturalidad · punto 5
Objetivo didáctico: Sea adaptable. Puede que la conversación tome un rumbo inesperado. En vez de usar la idea que usted tenía en mente, esté dispuesto a adaptar el mensaje a lo que le preocupa a la persona.
Marco de circunstancias: En el jardín comunitario del edificio, dos vecinos que nunca han hablado de la Biblia conversan mientras riegan las plantas, y uno cuenta que está preocupado por el cuidado de su madre
Texto bíblico asociado: 1 Pedro 5:7 — mientras echan todas sus inquietudes sobre el, porque el se preocupa por ustedes.
Material oficial: PREDICACIÓN INFORMAL. Muéstrale una de las verdades del apéndice A del folleto Una obra de amor a un vecino (lmd lección 2 punto 5).
Publicador/a: ¿También se te está secando la menta? La mía estaba estupenda y, en dos días, mira cómo se ha quedado. No sé si le falta agua o le sobra sol.
Persona: La mía está igual. Mi madre sabría qué hacer; siempre ha tenido unas plantas preciosas. Yo bastante tengo con acordarme de regarlas.
Publicador/a: Pues tendremos que pedirle algún consejo. Con este calor, da gusto imaginar un futuro con todo verde, sin tanta sequía.
Persona: Sí… Aunque ahora mismo no pienso mucho en el futuro. Mi madre está enferma y estamos organizándonos para cuidarla. Ayer olvidé hasta venir a regar.
Publicador/a: Vaya, no lo sabía. Lo de las plantas puede esperar. ¿Has podido compartir el cuidado con alguien de la familia?
Persona: Mi hermana viene cuando sale del trabajo. Nos llevamos bien, pero los horarios no encajan. Y cuando estoy en casa, sigo pensando si habré olvidado alguna cosa.
Publicador/a: Claro, salir de allí no significa dejar de preocuparte. No quisiera darte consejos como si conociera toda la situación. A mí me ayuda poder hablar con Dios de lo que me preocupa.
Persona: Yo antes rezaba. Últimamente, no sé. Pienso que hay gente con problemas mucho peores. Y tampoco quiero estar pidiendo que todo se arregle como yo quiero.
Publicador/a: Entiendo esa diferencia. Una cosa es contar lo que sentimos y otra exigir una solución. La Biblia enseña algo sencillo: Dios quiere que le oremos. ¿Te puedo leer una frase que explica por qué podemos contarle nuestras preocupaciones?
Persona: Sí, si es cortita. Todavía tengo que subir a preparar la cena.
Publicador/a: Es muy breve. Fíjate en la razón que da 1 Pedro 5:7 para hablar con Dios de lo que nos inquieta. Hay un pasaje que viene muy al caso. ¿Le parece si leemos 1 Pedro 5:7?
Publicador/a: 1 Pedro 5:7 — mientras echan todas sus inquietudes sobre el, porque el se preocupa por ustedes. A mí me anima que el motivo sea su interés por nosotros. No dice que nuestras inquietudes tengan que ser mayores que las de los demás para poder contárselas.
Persona: Eso sí me llama la atención. Pero mañana voy a tener los mismos horarios y mi madre seguirá necesitando que estemos allí.
Publicador/a: Sí, y no sería honrado prometerte que por orar desaparecerá todo eso. El texto destaca que le importamos a Dios. Piensa en cuando hablas con tu hermana: quizá no podéis cambiar un horario, pero saber que te escucha tiene valor.
Persona: Sí, aunque solo sea para decirle que estoy agotado. Hay cosas que no le cuento a mi madre para no preocuparla más.
Publicador/a: Precisamente de ese cansancio puedes hablarle a Dios, sin buscar palabras especiales. No hace falta fingir que estás bien. Eso es lo que quería compartir contigo: tus preocupaciones también le importan.
Persona: Me quedo pensando en eso. No te prometo nada, pero puedes apuntarme dónde está esa frase. Prefiero leerla después con calma.
Publicador/a: Por supuesto. Puedes leerla sin prisa. ¿Te resulta nueva la idea de hablar con Dios de algo tan concreto como el cansancio de cuidar a tu madre?
Persona: Sí. Y me pregunto si acabaría diciendo siempre lo mismo. Por ejemplo, cada noche me preocupa cómo vamos a organizarnos al día siguiente. ¿No sería repetirme demasiado?
Publicador/a: Que una preocupación vuelva no significa que no puedas hablar de ella otra vez. La Biblia nos anima a orar con frecuencia. Puedes contarle qué te preocupa esa noche en particular: quizá un cambio de turno o algo que te cuesta hablar con tu hermana. No necesitas buscar un problema distinto cada vez.
Persona: Entiendo. Si todavía me preocupa, puedo volver a hablarle de ello. Voy a pensar en eso cuando lea la frase.
Publicador/a: Claro, te la apunto: Primera de Pedro, cinco, siete. Y no te entretengo más, que tienes la cena pendiente.
Hagamos revisitas
Datos de la asignación
Asignación: Hagamos revisitas
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 8 · Paciencia · punto 4
Objetivo didáctico: No compare a nadie. Cada persona es diferente. Si un familiar o alguien del territorio no está seguro de comenzar un curso bíblico o de aceptar una enseñanza de la Biblia, pregúntese por qué. ¿Es posible que la persona esté muy apegada a alguna creencia religiosa? ¿Será que sus familiares o vecinos la están presionando? Dele suficiente tiempo para que piense en lo que han hablado y llegue a valorar lo que la Biblia enseña.
Marco de circunstancias: En la puerta de su casa, una vecina recibe de nuevo a la publicadora después de reparar el timbre y expresa sus reservas sobre estudiar la Biblia por la posible reacción de su familia
Texto bíblico asociado: 1 Corintios 3:6-7 — Yo planté, Apolos regó, pero Dios siguió haciéndolo crecer, así que ni el que planta ni el que riega son algo, sino Dios, que lo hace crecer.
Material oficial: DE CASA EN CASA. Ofrece un curso de la Biblia (lmd lección 8 punto 4).
Publicador/a: Buenos días, Clara. Esta vez sí ha sonado el timbre. La semana pasada no sabía si había llamado o no.
Persona: Sí, por fin lo arreglaron. Ahora suena hasta demasiado. Pase, bueno, mejor hablamos aquí, que tengo todo el pasillo lleno de cajas.
Publicador/a: Aquí estamos bien. Me dijo que a esta hora le venía mejor. ¿Dispone de unos minutos o la encuentro ocupada?
Persona: Unos minutos sí. Me acuerdo de lo que hablamos. Usted dijo que podía ayudarme a entender la Biblia, pero después me quedé pensando en eso.
Publicador/a: Precisamente quería ofrecerle un curso de la Biblia. Podemos conversar sobre sus preguntas y examinar lo que dice. Pero, antes de explicarle más, ¿hubo algo que le preocupara?
Persona: La palabra curso me impone un poco. Una cosa es conversar un rato y otra empezar a estudiar con ustedes. Yo tengo mi religión, aunque no vaya mucho.
Publicador/a: Entiendo la diferencia. Que le guste conversar sobre la Biblia no significa que haya decidido empezar un curso. ¿Le preocupa más lo que supondría para usted o cómo lo verían otras personas?
Persona: Las dos cosas. Mi madre nos enseñó a rezar desde pequeños. Y mi hermana diría que estoy dejando atrás lo que aprendimos en casa. No quiero discutir con ella.
Publicador/a: Esos recuerdos tienen mucho valor para usted. No quisiera tratarlos como si no importaran. ¿Su hermana le ha dicho algo, o es una reacción que teme que pueda tener?
Persona: Todavía no le he contado que hablamos. Pero conozco su opinión. Además, yo misma me pregunto si estudiar con ustedes sería faltarle al respeto a mi madre.
Publicador/a: Gracias por explicármelo. Antes pensaba que quizá le preocupaba encontrar tiempo, pero hay algo más importante para usted. No hace falta que me dé una respuesta sobre el curso ahora.
Persona: ¿Y no va a intentar convencerme? Se lo pregunto porque a veces uno dice que tiene dudas y la otra persona empieza a darle razones sin dejarlo terminar.
Publicador/a: No quiero hacer eso. Hay un pasaje que me recuerda que mi papel no es forzar los resultados. Si le parece bien, se lo leo y le explico por qué.
Persona: Sí, léalo. Me interesa saber qué tiene que ver con lo que estamos hablando.
Publicador/a: Pablo usó el ejemplo de una siembra para hablar de la labor de enseñar. Fíjese en lo que escribió en Primera a los Corintios, capítulo tres, versículos seis y siete.
Publicador/a: 1 Corintios 3:6-7 — Yo planté, Apolos regó, pero Dios siguió haciéndolo crecer, así que ni el que planta ni el que riega son algo, sino Dios, que lo hace crecer. Pablo reconocía que ni él ni Apolos eran quienes producían el crecimiento; era Dios. Eso me recuerda que puedo ayudarla a examinar la Biblia, pero no debo presionarla ni fijarle un plazo.
Persona: Aunque usted tenga paciencia, mi hermana podría seguir molestándose. Eso no cambia por leer ese pasaje.
Publicador/a: Tiene razón. El pasaje no nos dice cómo va a reaccionar ella. Se lo leí para explicarle cómo quiero tratarla yo. No conozco todas sus circunstancias, y necesito escucharla, no decidir por usted.
Persona: Eso sí me parece importante. Tampoco quiero decirle que voy a hacer el curso por quedar bien y después estar buscando excusas cuando venga.
Publicador/a: Prefiero que me diga sinceramente lo que piensa, como está haciendo. ¿Hay alguna pregunta que le gustaría aclarar antes de decidir si quiere conocer cómo sería el curso?
Persona: Me gustaría saber si puedo preguntar cuando algo no me convenza. No soy de aceptar una explicación solo porque alguien me diga que es así.
Publicador/a: Claro que puede preguntar y decir si algo no le convence. Podemos detenernos en lo que no entienda y examinarlo en la Biblia, sin pasar al siguiente tema por terminar.
Persona: Bueno, por ahora prefiero pensarlo. Si vuelve, podemos hablar un poco, pero no lo tome como que ya he aceptado estudiar.
Publicador/a: De acuerdo. Queda pendiente, sin dar nada por hecho. ¿Le parece que pase la próxima semana a esta hora?
Persona: Sí, a esta hora suele venir bien. Y, si tengo alguna pregunta, la apunto para que no se me olvide.
Publicador/a: Entonces hablamos la próxima semana. La dejo seguir con sus cosas. Hasta luego, Clara.
Expliquemos nuestras creencias
Datos de la asignación
Asignación: Expliquemos nuestras creencias
Duración: 5 min
Marco de circunstancias: Ante la congregación, el orador explica cómo tratar a quienes nos muestran hostilidad y considera la situación de una mujer que recibe gritos de su compañera de trabajo
Texto bíblico asociado: Mateo 5:44 — Pero yo les digo que amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen. / Mateo 5:45 — Así demostrarán que son hijos de su Padre que está en los cielos, ya que él hace salir su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos. / Lucas 6:27-28 — ”Pero a ustedes, los que me escuchan, les digo que amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen y oren por los que los insultan.
Material oficial: Discurso. ijwbq artículo 195. Título: ¿Qué significa el mandato de Jesús “amen a sus enemigos”? (th lección 3).
Cuando alguien nos habla con desprecio o nos trata injustamente, ¿qué nos sale de forma espontánea? Tal vez responder con la misma dureza. Por eso, el mandato de Jesús de amar a nuestros enemigos puede parecernos difícil. ¿Cómo podemos amar a alguien que nos hace daño?
Para entenderlo, necesitamos distinguir entre amar a una persona y aprobar su conducta. No son lo mismo. Jesús nunca aprobó la maldad. Sin embargo, enseñó que nuestra manera de tratar a los demás no debe depender únicamente de cómo nos traten ellos. Escuchemos sus palabras en Mateo 5:44.
Mateo 5:44 — Pero yo les digo que amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen.
¿A quiénes incluye este mandato? No solo a quienes piensan diferente de nosotros, sino también a quienes nos odian, nos persiguen o nos tratan injustamente. Jesús nos pide que les demostremos amor. Ese amor se hace visible en lo que decimos y hacemos, incluso cuando estamos dolidos.
Pero ¿por qué deberíamos actuar así? La razón principal es que deseamos imitar a Jehová. Él no reserva todas sus muestras de bondad para quienes lo aman. Jesús explicó cómo trata nuestro Padre incluso a las personas que no le agradecen nada. Fijémonos en Mateo 5:45.
Mateo 5:45 — Así demostrarán que son hijos de su Padre que está en los cielos, ya que él hace salir su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos.
¿Hace Jehová una distinción entre buenos y malos cuando proporciona estos beneficios? No. Eso no significa que apruebe la injusticia. Significa que es bondadoso. De igual manera, podemos rechazar una mala acción y, al mismo tiempo, tratar con bondad a la persona que la cometió.
Además, nuestra amabilidad puede ayudar a que alguien cambie. Si respondemos a la hostilidad con más hostilidad, el conflicto puede continuar. En cambio, una respuesta bondadosa puede hacer que la otra persona se detenga a pensar. No garantiza un cambio, pero puede sacar lo mejor de ella.
Ahora bien, ¿cómo se demuestra ese amor en una situación concreta? Jesús no dejó esta enseñanza en una idea abstracta. Mencionó acciones que podemos llevar a la práctica cuando alguien nos trata mal. Leamos las indicaciones que encontramos en Lucas 6:27, 28.
Lucas 6:27-28 — ”Pero a ustedes, los que me escuchan, les digo que amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen y oren por los que los insultan.
Notemos tres maneras de actuar: hacer el bien, hablar con bondad y orar por quienes nos ofenden. No basta con decir que no sentimos odio. El amor nos impulsa a tomar la iniciativa para hacer algo bueno, aunque la otra persona no haya dado el primer paso.
Las ilustraciones del artículo presentan una situación que nos ayuda a entenderlo. Una mujer recibe gritos de su compañera de trabajo y escucha sin perder la calma. Después ora en su puesto de trabajo. Más adelante, le ofrece una taza de té a esa misma compañera.
¿Significa ese gesto que estuvo bien gritarle? Por supuesto que no. La mujer no está justificando el maltrato. Está eligiendo no devolverlo. Una muestra sencilla de consideración le permite demostrar que no quiere alimentar el enfrentamiento. Su compañera se sorprende al recibir ese trato.
Nosotros podemos preguntarnos: si esa persona necesitara ayuda, ¿estaría dispuesto a ofrecérsela? Si tuviera hambre o sed, ¿la ayudaría? El artículo explica que atender necesidades como estas es una manera de amar a nuestros enemigos. La bondad se demuestra con acciones, no solo con sentimientos.
También importa cómo hablamos. Ante un insulto, podemos evitar otro insulto y responder con consideración. Eso requiere paciencia y autodominio. Pero pensemos: si usamos las mismas palabras hirientes que nos han lastimado, ¿estaremos contribuyendo a romper el ciclo del odio o estaremos prolongándolo?
¿Y por qué orar por quien nos ofende? Porque, en lugar de alimentar deseos de venganza, podemos pedir que Dios lo perdone. Jesús puso el ejemplo: cuando lo estaban ejecutando, pidió perdón para quienes lo maltrataban. Sus acciones mostraron que practicaba lo que había enseñado.
Renunciar a la venganza tampoco significa pensar que la injusticia no importa. Significa dejar el asunto en manos de Jehová, que siempre actúa con justicia perfecta. Nosotros no tenemos que devolver el daño. Podemos concentrarnos en mantener una conducta paciente, bondadosa y respetuosa.
Este mandato también explica por qué los seguidores de Jesús no van a la guerra para luchar contra sus enemigos. Cuando Pedro recurrió a la espada, Jesús le ordenó guardarla. Amar a nuestros enemigos no es compatible con tomar las armas para combatir contra ellos.
Entiendo que no debemos hacerles daño. Pero hay algo que me cuesta reconocer: si a alguien que me ha tratado mal le sale algo mal, a veces me alegro. Pienso: ahora sabe lo que se siente. ¿Cómo puedo cambiar esa reacción?
Es bueno que reconozcas lo que sientes. Hay un matiz importante: además de no vengarnos, la Biblia nos enseña a no alegrarnos por las desgracias de un enemigo. Pensemos en un ejemplo: un compañero que suele burlarse de ti comete un error y otros empiezan a ridiculizarlo. ¿Qué podrías hacer para no alimentar esa satisfacción?
Podría evitar sumarme a las burlas o contarles lo ocurrido a otros para dejarlo en ridículo. Si a mí me pasara, no querría que todos aprovecharan mi error para humillarme. Aunque todavía me doliera lo que me hizo, podría decidir no tratarlo así.
Exacto. No se trata solo de contener una respuesta cuando nos atacan. También importa cómo actuamos cuando la otra persona está pasando un mal momento. Recordar cómo nos gustaría ser tratados nos ayuda a elegir una reacción bondadosa, en vez de disfrutar de su sufrimiento.
Así que, ¿qué significa amar a nuestros enemigos? No significa aprobar lo malo que hacen. Significa imitar la bondad de Jehová: ayudar cuando sea posible, hablar con consideración y orar por ellos. La próxima vez que alguien nos trate mal, preguntémonos: ¿cómo puedo demostrar ese amor ahora?
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