Tema: ¿Qué aprendemos de la historia de Oholá y Oholibá?
La fidelidad es uno de los regalos más valiosos que podemos ofrecer a alguien que nos ama. Y una traición duele precisamente porque existe una relación que debería haberse protegido. Esa idea nos ayuda a comprender la historia de Oholá y Oholibá. Aunque contiene expresiones fuertes, nos permite conocer mejor los sentimientos de Jehová y pensar en cómo podemos demostrarle que valoramos su amor.
Jehová utilizó la historia de dos hermanas para mostrar la gravedad de la infidelidad de su pueblo. No estaba describiendo simplemente errores aislados, sino la traición de quienes tenían una relación especial con él. Las hermanas representan a dos ciudades y a los reinos de los que eran capitales. Veamos cómo las identifica Jehová y qué dice de su conducta. Leamos Ezequiel, capítulo 23, versículos 4, 5 y 11.
Ezequiel 23:4-5,11 — La mayor se llamaba Oholá y su hermana Oholibá. Ellas llegaron a ser mías y dieron a luz hijos e hijas. El nombre de Oholá representa a Samaria y el nombre de Oholibá representa a Jerusalén. ”Oholá empezó a prostituirse mientras era mía. Deseó ardientemente a sus apasionados amantes, a sus vecinos, los asirios. ”Cuando su hermana Oholibá vio esto, se volvió aún más pervertida en su lujuria, y su prostitución fue peor que la de su hermana.
Oholá representa a Samaria, la capital del reino de Israel, formado por diez tribus. Oholibá representa a Jerusalén, la capital del reino de Judá. Pero hay un detalle todavía más importante que sus nombres: ambas pertenecían a Jehová. La ilustración las presenta como esposas suyas que después lo traicionaron. Por eso, su conducta no era una simple preferencia por otras costumbres. Era una grave infidelidad al Dios con quien estaban vinculadas.
El versículo 5 muestra que Oholá dirigió sus deseos hacia los asirios mientras todavía pertenecía a Jehová. Ahí está el doloroso contraste: tenía una relación que debía cuidar, pero buscaba en otros lo que la apartaba de su Dios. Jehová llamó prostitución a esa conducta. Así dejó claro que la adoración no puede separarse de la lealtad. No bastaba con pertenecer a su pueblo si el corazón se alejaba de él.
¿Y qué hizo Oholibá? Según el versículo 11, vio la conducta de su hermana, pero no aprovechó aquella advertencia. Siguió sus pasos y llegó a ser peor que ella. Esto nos invita a preguntarnos cómo reaccionamos ante las advertencias de Jehová. Cuando vemos las consecuencias de alejarse de él, ¿las tomamos en serio? Aprender del mal ejemplo de otros puede ayudarnos a proteger nuestra amistad con Jehová antes de causarle dolor.
No leemos esta historia para sentirnos superiores a aquellos israelitas, sino para comprender cuánto valora Jehová la fidelidad. Él no es indiferente a las decisiones de sus siervos. Su relación con ellos tiene mucho valor para él. Ahora bien, al entender lo que representan estas hermanas, surge una pregunta importante: ¿debemos dar un paso más y decir que también representan a determinadas organizaciones religiosas de nuestros días?
Antes, nuestras publicaciones explicaban que las dos hermanas eran modelos proféticos de las dos divisiones principales de la cristiandad: la religión católica y la protestante. Sin embargo, después de muchas oraciones y un estudio más profundo, se reconoció que esa explicación no encajaba con detalles fundamentales del relato. Recordemos el versículo 4: las hermanas habían pertenecido a Jehová. ¿Podría decirse lo mismo de la cristiandad? Esa pregunta resulta decisiva para entenderlo.
La cristiandad nunca fue esposa de Jehová ni estuvo en un pacto con él. Ni siquiera existía cuando Jesús actuó como Mediador del nuevo pacto con el Israel espiritual. Tampoco llegó a formar parte de esa nación espiritual de cristianos ungidos. Surgió en el siglo cuarto, mucho después de la muerte de los apóstoles, como una organización apóstata y corrupta. Por tanto, falta un elemento esencial para establecer aquella correspondencia profética.
Hay otra diferencia importante. Jehová dio a las ciudades infieles de Samaria y Jerusalén la esperanza del perdón. Aunque en el capítulo 23 esa esperanza es menos clara que en el 16, en ambos prometió poner fin a la prostitución de su pueblo. La Biblia no ofrece una esperanza semejante a la cristiandad. A ella le espera el mismo final que al resto de Babilonia la Grande, el imperio mundial de la religión falsa.
Así que no identificamos a Oholá y Oholibá con la cristiandad. Esta aclaración nos ayuda a distinguir entre lo que el relato representa y las lecciones que podemos extraer de él. No hace falta convertir cada detalle en una predicción sobre nuestros días para beneficiarnos de la Biblia. Y aquí llegamos a una enseñanza de enorme valor: la historia revela qué siente Jehová cuando alguien desprestigia su nombre y rebaja sus normas.
La conducta descrita en los versículos 5 y 11 nos permite ver que la infidelidad no le resulta indiferente a Jehová. Le duele que quienes deberían honrarlo actúen en contra de él. Por eso, aunque las hermanas no sean modelos proféticos de la cristiandad, el relato sí nos ayuda a comprender lo que él siente por quienes afirman representarlo, pero cuentan mentiras acerca de él o no respetan sus normas de adoración pura.
Las religiones de la cristiandad dicen representar al Dios de la Biblia y tener a Jesucristo como líder. Sin embargo, contradicen esas afirmaciones al presentar a Jesús como parte de una trinidad y al no mantenerse separadas del mundo. Su idolatría y su participación en la política deshonran a Jehová. La lección no es simplemente que llevar un nombre religioso sea insuficiente, sino que la adoración debe concordar con lo que Dios enseña.
Pero no queremos limitarnos a observar los errores de otros. Los cristianos verdaderos nos tomamos en serio estas advertencias y las aplicamos personalmente. Jamás quisiéramos herir a Jehová como lo hicieron Judá y Jerusalén. Por eso evitamos la idolatría en todas sus formas, incluidas la codicia y el materialismo. Algo material no tiene que convertirse en una imagen religiosa para ocupar en nuestro corazón un lugar que debería corresponderle a Jehová.
Por ejemplo, al pensar en una compra o en dedicar más tiempo a ganar dinero, podemos examinar nuestros motivos. ¿Se trata de atender una necesidad, o está creciendo en nosotros un deseo de tener cada vez más? ¿Qué efecto tendrá esa decisión en nuestra adoración? No juzgamos las circunstancias de los demás. Cada uno puede revisar sus propias prioridades con sinceridad y hacer ajustes que demuestren cuánto valora su amistad con Jehová.
Además, queremos cultivar gratitud. Gracias a su misericordia, Jehová ha restaurado la adoración pura en estos últimos días y no permitirá que vuelva a contaminarse. Su pacto permanente con el Israel espiritual no se romperá por infidelidad. Esa garantía no nos invita a bajar la guardia, sino a valorar nuestro privilegio. Pertenecer a un pueblo limpio es un regalo que cuidamos cuando rechazamos lo que Jehová rechaza y respetamos sus normas.
Pensemos, entonces, en esta reflexión: si Jehová se sintió tan herido cuando los israelitas le fueron infieles, ¿cómo se sentirá cuando decidimos mantenernos fieles a él? Esta pregunta da un sentido muy personal a nuestras decisiones. Al rechazar una práctica que él desaprueba o corregir una prioridad equivocada, no estamos simplemente cumpliendo una norma. Estamos demostrando amor a alguien que nos ama y cuyos sentimientos nos importan de verdad cada día.
La historia de Oholá y Oholibá nos recuerda que nuestra fidelidad le importa profundamente a Jehová. No necesitamos buscar correspondencias proféticas que la Biblia no establece para aprender de ella. Queremos conocer sus sentimientos, respetar sus normas y cuidar nuestra relación con él. Valoremos siempre el privilegio de pertenecer a su pueblo limpio y démosle, con nuestras decisiones, razones para sentirse feliz.
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