Cargando…

8%

Tesoros de la Biblia para la semana del 22 al 28 de febrero de 2027

Tesoros de la Biblia para la semana del 22 al 28 de febrero de 2027

Tema: Aprendamos de cómo los israelitas trataron a otras naciones

Cuando alguien de nuestra familia no comparte nuestras creencias, deseamos conservar su cariño sin debilitar nuestra amistad con Jehová. Pero no siempre es fácil mantener ese equilibrio, sobre todo si nos presiona o critica nuestras decisiones. La relación de Israel con algunas naciones vecinas nos ayuda a ver cómo lograrlo. Aquellos pueblos tenían lazos familiares, pero eso no impidió que surgieran graves conflictos. Su historia nos enseña a mantenernos firmes sin dejar de mostrar amor.

Para empezar, pensemos en quiénes eran los ammonitas, los moabitas y los edomitas. No eran pueblos sin relación con Israel. Compartían antepasados y parte de su historia. Por eso, al leer lo que Jehová dijo sobre ellos, conviene tener presente ese parentesco. Sus acciones no afectaban simplemente a unos vecinos, sino a personas con las que tenían vínculos familiares. Escuchemos cómo se menciona a estas naciones en Ezequiel, capítulo 25, versículos 2, 8 y 12.

Ezequiel 25:2,8,12 — “Hijo del hombre, vuelve tu rostro hacia los ammonitas y profetiza contra ellos. ”Esto es lo que dice el Señor Soberano Jehová: ‘Ya que Moab y Seír han dicho “¡Mira! La casa de Judá es como todas las demás naciones”, ”Esto es lo que dice el Señor Soberano Jehová: ‘Edom ha sido vengativo con la casa de Judá y, al vengarse de ellos, se ha hecho gravemente culpable.

Estos versículos identifican a las naciones y dejan ver su actitud hacia Judá. Para comprender mejor la gravedad de esa actitud, recordemos sus orígenes. Los ammonitas descendían de Lot, el sobrino de Abrahán, por medio de su hija menor. Debido a ese parentesco, Jehová había mandado a Israel que no entrara en guerra con Ammón. Sin embargo, los ammonitas no correspondieron a ese trato: en distintas épocas se unieron a otros pueblos para atacar u oprimir a Israel.

Los moabitas también descendían de Lot, pero por medio de su hija mayor. Jehová igualmente había indicado a los israelitas que no entraran en guerra con Moab. Aun así, cuando Israel se dirigía a la Tierra Prometida, el rey moabita Balac contrató a Balaam para que lo maldijera. Después, siguiendo el consejo de Balaam, se hizo caer a hombres israelitas en la inmoralidad sexual y la idolatría. El parentesco no garantizó una influencia buena.

El vínculo con Edom era todavía más cercano. Los edomitas descendían de Esaú, el hermano mellizo de Jacob. Jehová describió su relación con Israel como la de hermanos. Sin embargo, cuando Jerusalén fue destruida, se alegraron del sufrimiento de sus parientes. Incluso bloquearon las vías de escape para capturar a quienes huían y entregarlos al enemigo. Ahora entendemos mejor por qué Jehová consideró tan grave la actitud vengativa de Edom que acabamos de leer.

¿Qué nos enseña este contraste? Jehová pidió a Israel que respetara los lazos familiares, aunque aquellas naciones no siempre actuaran con bondad. El trato correcto no debía depender de recibir lo mismo a cambio. Pero tampoco había que confundir parentesco con seguridad espiritual. Esta distinción nos prepara para otra lección importante: la conducta de una nación no definía necesariamente a cada uno de sus habitantes.

Antes de pensar en esas diferencias individuales, fijémonos en lo que Jehová observó en los ammonitas. No se trataba de una simple falta de ayuda. Habían expresado alegría ante el sufrimiento de Israel. Su actitud nos permite comprender lo dolorosa que puede resultar la hostilidad de personas emparentadas con uno. También muestra que Jehová se fija en cómo se trata a su pueblo. Leamos Ezequiel 25:6.

Ezequiel 25:6 — “Porque esto es lo que dice el Señor Soberano Jehová: ‘Diste palmadas con las manos y golpeaste el suelo con los pies, y te alegraste de la calamidad de la tierra de Israel con un desprecio enorme.

Jehová vio sus gestos y el desprecio que expresaban. Pero ¿significa eso que todas las personas de aquellas naciones fueran enemigas suyas? No. Zélec el ammonita e Itmá el moabita aparecen entre los guerreros poderosos de David. Y Rut, que también era moabita, llegó a adorar lealmente a Jehová. Estos ejemplos nos recuerdan que el origen de una persona no determina la decisión que tomará respecto a servir al Dios verdadero.

Pensemos en lo que esto significa para nosotros. Si un familiar se burla de nuestras creencias, podríamos llegar a pensar que nunca cambiará. O quizá supongamos que toda una familia reaccionará igual porque uno de sus miembros se opone. Los ejemplos de Zélec, Itmá y Rut nos ayudan a evitar esas conclusiones. Cada persona puede decidir por sí misma. No sabemos quién terminará escuchando y desarrollando amor por Jehová.

Por eso, sin restar importancia a una oposición dolorosa, no cerremos la puerta a la esperanza. Podemos seguir siendo respetuosos y mostrar interés sincero por nuestros familiares. No tenemos que aprobar sus creencias para quererlos. Tampoco tenemos que responder a sus comentarios con dureza para defender nuestra fe. Ahora bien, ¿cómo combinar ese cariño con la firmeza necesaria para proteger nuestra amistad con Jehová?

La primera precaución es no bajar la guardia. Cuando los israelitas permitieron que las prácticas religiosas de sus parientes entraran en su vida, sufrieron graves consecuencias. La adoración al dios moabita Baal de Peor es un ejemplo. Nosotros también podríamos sentir la tentación de ceder para complacer a alguien querido. Quizá nos diga que participar una sola vez en cierta celebración no tiene importancia. Pero el cariño familiar no convierte en aceptable lo que desagrada a Jehová.

Por ejemplo, un familiar podría insistir en que celebremos un cumpleaños o participemos en una costumbre religiosa. Tal vez lo haga con buenas intenciones y no comprenda nuestra postura. Podemos explicarle con calma que lo queremos, pero que nuestra decisión nace del deseo de ser leales a Jehová. También podemos buscar otras ocasiones para pasar tiempo juntos o demostrarle afecto. Así dejamos claro que rechazamos una práctica, no a la persona que nos invita.

Otra lección es evitar las peleas. Jehová había mandado a Israel que no entrara en guerra con sus parientes, y nosotros tampoco queremos vivir discutiendo con los nuestros. Si alguien hace un comentario hiriente, no necesitamos contestar del mismo modo. Podemos hablar con serenidad o dejar la conversación para un momento más tranquilo. Evitar una discusión no significa ceder en nuestros principios. Significa que deseamos defender nuestras convicciones sin convertir el trato familiar en una batalla.

Además, incluso cuando no exista oposición abierta, debemos preguntarnos qué influencia pesa más en nuestras decisiones. ¿La opinión de nuestros familiares o lo que Jehová desea? El material nos recuerda la enseñanza de Jesús recogida en Mateo 10:37: nuestro amor por la familia no debe desplazar la lealtad a él. Mantener esa prioridad no exige ser fríos ni distantes. Exige decidir de antemano que el deseo de agradar a otros no estará por encima de agradar a Jehová.

Antes de la próxima conversación difícil, podríamos reflexionar: ¿cómo puedo expresar mi cariño sin renunciar a mis convicciones? ¿Qué puedo hacer para no alimentar una discusión? Nuestra firmeza bondadosa puede ayudar a un familiar a entender mejor lo que significa servir a Jehová. No podemos asegurar que cambie, pero tampoco debemos darlo por perdido. Como muestran los casos de Zélec, Itmá y Rut, alguien que no comparte nuestra adoración puede llegar a unirse a nosotros.

Aprendamos, entonces, de cómo los israelitas trataron a otras naciones. Los lazos familiares no deben llevarnos a bajar la guardia, pero las dificultades tampoco deben hacernos perder el cariño ni la esperanza. Mantengamos a Jehová en primer lugar, evitemos las discusiones y tratemos a cada familiar como una persona que puede llegar a amarlo. Así demostraremos que la lealtad a Jehová y el amor a la familia pueden ir de la mano.

★ Premium

Disfruta todas las funciones Premium

Más comodidad para preparar tus reuniones y usar todas las herramientas del sitio.

  • Navegación sin anuncios
  • Mi Grabadora y transcripción en vivo
  • Revisión de asignaciones
  • Academia completa
  • Entradas en audio y lupa de lectura
  • Comentarios guardados y sincronizados
  • Apoyas el proyecto y ayudas a mantenerlo

Plan mensual

3 € al mes

Se renueva cada mes. Cancela cuando quieras.

Elegir mensual
2 meses gratis

Plan anual

30 € al año

Pago único durante 12 meses. Sin renovación automática.

Elegir anual

Deja un comentario

Scroll al inicio
Mi Grabadora