Tema: Ayudemos a otros a sobrevivir al Armagedón
Cuando sabemos que alguien corre peligro, el cariño nos impulsa a ayudarlo. No nos conformamos con estar nosotros a salvo; queremos que esa persona también lo esté. Ese sentimiento nos ayuda a comprender la importancia de nuestra predicación. El tema «Ayudemos a otros a sobrevivir al Armagedón» nos invita a mirar a las personas con interés sincero y a aprovechar las oportunidades de acercarlas a Jehová.
En los días de Ezequiel, Jerusalén estaba a punto de recibir el castigo de Jehová. La ciudad y su templo habían llegado a estar contaminados por prácticas detestables. Pero quedaban personas fieles. ¿Serían destruidas junto con los malvados? La visión que recibió el profeta dio una respuesta tranquilizadora. Jehová veía las diferencias entre unas personas y otras. Escuchemos la instrucción que aparece en Ezequiel 9:4.
Ezequiel 9:4 — Jehová le dijo: “Recorre la ciudad, recorre Jerusalén, y pon una marca en la frente de todos los que suspiran y se lamentan por todas las cosas detestables que se están haciendo en la ciudad”.
Aquella marca era simbólica y tenía un propósito protector. ¿Qué distinguía a quienes la recibían? No se trataba simplemente de personas descontentas con las dificultades de la vida. Estaban profundamente angustiadas por las cosas que ofendían a Jehová. Les dolían la idolatría que se practicaba en el templo, la violencia, la inmoralidad sexual y la corrupción que reinaban en Jerusalén. No habían llegado a ver la maldad como algo normal.
Su reacción revelaba lo que tenían en el corazón. Además, es probable que no escondieran lo que pensaban. Con sus palabras y acciones demostraban que se aferraban a la adoración pura y estaban en contra de aquellas prácticas. Jehová no pasó por alto esa fidelidad. Les tendría misericordia y las salvaría. Qué alivio para Ezequiel saber que los justos no serían eliminados junto con los malvados.
Esto nos ayuda a pensar en las personas a quienes predicamos. Quizás alguien nos hable con tristeza de la violencia o de la corrupción. En vez de apresurarnos a dar una respuesta, podemos escucharlo y tratar de comprender lo que le preocupa. Ese dolor puede ofrecer una oportunidad para hablarle de Jehová y explicarle que él tampoco es indiferente al sufrimiento ni aprueba la maldad.
Claro, ayudar a alguien implica más que coincidir en que el mundo está mal. Queremos ayudarlo a conocer a Jehová y a comprender por qué vale la pena ponerse de su parte. Aquellos israelitas fieles no solo lamentaban lo que ocurría: se aferraban a la adoración pura. La siguiente parte de la visión muestra por qué esa diferencia era tan importante y por qué nosotros debemos tomarla en serio.
La visión no describía una simple advertencia sin consecuencias. La sentencia contra Jerusalén se ejecutaría, y la marca distinguiría a quienes serían protegidos. Para apreciar la seriedad de lo que estaba en juego, leamos Ezequiel 9:5, 6. Fijémonos especialmente en la orden que recibieron los ejecutores con respecto a quienes tenían la marca.
Ezequiel 9:5-6 — Y en mi presencia les dijo a los otros: “Recorran la ciudad detrás de él hiriendo de muerte a la gente. Que sus ojos no sientan lástima, no tengan ninguna compasión. Exterminen a todos, a los viejos, los jóvenes, las vírgenes, los niños y las mujeres. Pero no se acerquen a nadie que tenga la marca. Comiencen por el santuario”. De modo que comenzaron con los ancianos que estaban delante del templo.
Son palabras fuertes. Los que no tenían la marca murieron durante la destrucción de la ciudad. En cambio, los ejecutores no debían acercarse a quienes la tenían. Jehová había establecido una diferencia clara. La orden de comenzar por el santuario también mostraba que estar cerca del templo no garantizaba protección. Lo decisivo no era la apariencia religiosa, sino la postura que cada persona adoptaba ante Jehová y la maldad.
Esta parte del relato nos ayuda a mantener un sentido de urgencia. Predicar no es simplemente cumplir con una actividad ni transmitir información interesante. Estamos ayudando a personas a conocer a Jehová y a ponerse de su parte. Por eso, cuando alguien muestra interés, vale la pena atenderlo. Podemos recordar qué le preocupaba, preparar una conversación útil y volver a hablar con él cuando le venga bien.
Pero la urgencia no debe convertirse en dureza. No nos corresponde decidir quién responderá favorablemente ni dar a nadie por perdido. La seriedad del mensaje debe movernos a ayudar, no a presionar. Y aquí surge una pregunta importante: ¿hasta cuándo podremos seguir ofreciendo esa ayuda? Para responder, no debemos trasladar automáticamente todos los detalles de lo ocurrido en Jerusalén al tiempo del fin. Tenemos que considerar lo que explicó Jesús.
Según la aclaración que hemos recibido sobre Mateo 24:14, el fin que Jesús relacionó con la predicación de las buenas noticias es el fin definitivo del mundo de Satanás en el Armagedón. Por tanto, seguiremos predicando hasta justo antes de ese fin definitivo. Esto corrige la idea de que la predicación de las buenas noticias terminaría cuando Babilonia la Grande fuera destruida y comenzara la gran tribulación.
¿Qué significa esto para las personas? Que puede ser que todavía tengan la oportunidad de aceptar las buenas noticias después de la destrucción de Babilonia la Grande. No debemos afirmar que únicamente podrán sobrevivir quienes ya hayan demostrado su fidelidad antes de comenzar la gran tribulación. La experiencia de los judíos fieles nos enseña que Jehová protege a sus siervos, pero no establece por sí sola ese límite de tiempo.
Quienes se pongan de parte de Jehová después de la destrucción de Babilonia la Grande tendrán el honor de apoyar a los hermanos de Cristo que todavía estén en la Tierra y así ser considerados ovejas. Esa oportunidad estará abierta solo hasta poco antes de que empiece el Armagedón, cuando los ungidos que queden en la Tierra reciban su recompensa celestial. Por eso, nuestra labor de ayudar sigue teniendo sentido.
Esta aclaración no es una razón para posponer la predicación ni para sugerirle a alguien que espere. Más bien, nos anima a perseverar con esperanza. Pensemos en un familiar que hasta ahora no ha querido conversar de la Biblia. No sabemos cómo responderá más adelante. Podemos seguir tratándolo con cariño y respeto, sin convertir cada encuentro en una discusión, y estar disponibles si llega a expresar una inquietud espiritual.
También puede haber alguien que en otro momento escuchó con interés, pero dejó de hacerlo. Si las circunstancias lo permiten, podríamos retomar el contacto con amabilidad. No para reprocharle su falta de interés, sino para saber cómo está y ofrecerle ayuda. Nuestro objetivo no es ganar una discusión ni conseguir una respuesta inmediata. Es ayudarlo a conocer a Jehová y darle razones para confiar en él y ponerse de su parte.
Podemos preguntarnos: ¿hay alguien a quien podría escuchar con más atención o volver a visitar? ¿Refleja mi manera de predicar tanto la urgencia del mensaje como el deseo sincero de ayudar? No sabemos quién responderá ni cuándo lo hará. Pero sí sabemos que seguiremos anunciando las buenas noticias hasta justo antes del fin definitivo. Mientras tengamos la oportunidad, queremos aprovecharla con una actitud paciente, positiva y compasiva.
La visión de Ezequiel nos recuerda que Jehová distingue a quienes aman la adoración pura y rechazan la maldad. También nos enseña que sus juicios son serios. Pero conocer estas verdades no debe llevarnos a mirar a otros con dureza, sino a tenderles la mano. Sigamos predicando con paciencia, urgencia y cariño. Mientras la oportunidad siga abierta, ayudemos a otros a ponerse de parte de Jehová y a sobrevivir al Armagedón.
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