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Tesoros de la Biblia para la semana del 19 al 25 de abril de 2027

Tesoros de la Biblia para la semana del 19 al 25 de abril de 2027

Tema: Dos palos que llegarían a ser uno

Unir dos objetos puede ser sencillo. Unir a personas que llevan mucho tiempo separadas es algo muy distinto. No basta con reunirlas en un mismo lugar; hace falta que compartan un propósito y aprendan a trabajar juntas. Jehová utilizó dos palos para mostrar que él podía lograr precisamente eso con su pueblo. Aquella imagen nos ayuda a valorar la unidad de la que disfrutamos y a preguntarnos cómo podemos fortalecerla.

Para entender el significado de aquella imagen, pensemos primero en lo que representaba cada palo. No eran simplemente dos objetos con nombres diferentes. Representaban dos reinos que habían formado parte del pueblo de Dios, pero que estaban divididos. Jehová le pidió a Ezequiel que hiciera algo muy sencillo de observar y fácil de recordar. Leamos cómo se lo indicó en Ezequiel 37:15-17.

Ezequiel 37:15-17 — Recibí de nuevo las palabras de Jehová. Me dijo: “Y tú, hijo del hombre, toma un palo y escribe en él: ‘Para Judá y para los del pueblo de Israel que están con él’. Luego toma otro palo y escribe en él: ‘Para José, el palo de Efraín, y para todos los de la casa de Israel que están con él’. Entonces júntalos, el uno con el otro, para que en tu mano lleguen a ser un solo palo.

El palo que representaba a Judá correspondía al reino de dos tribus: Judá y Benjamín. Sus reyes eran descendientes de David. Además, este reino estaba estrechamente relacionado con el sacerdocio, pues los sacerdotes de la tribu de Leví servían en el templo de Jerusalén. Así que, al pensar en ese palo, debemos tener presentes tanto a los reyes de la familia de David como al servicio de los sacerdotes.

El otro palo representaba al reino de Israel, formado por diez tribus. ¿Por qué se relacionaba con Efraín? Porque Jeroboán, el primer rey de ese reino, pertenecía a esa tribu, y con el tiempo Efraín llegó a ser la tribu más influyente de Israel. A diferencia del reino de Judá, aquel reino no incluía ni reyes de la familia de David ni sacerdotes de la tribu de Leví.

Ahora comprendemos mejor la fuerza de la representación. Ezequiel debía juntar los palos en su mano. La separación no iba a durar para siempre. Jehová estaba anunciando que quienes habían pertenecido a dos reinos llegarían a estar unidos. Pero juntar dos palos era una cosa; reunir a un pueblo disperso era otra muy distinta. ¿Quién podría conseguirlo? La explicación que Jehová dio a continuación responde esa pregunta.

La unidad prometida no dependería solo de la voluntad o de la capacidad de los exiliados. Jehová mismo se encargaría de hacerla posible. Prestemos atención a quién realiza la acción y en qué mano quedarían unidos los palos. Leamos Ezequiel 37:19.

Ezequiel 37:19 — respóndeles ‘Esto es lo que dice el Señor Soberano Jehová: “Tomaré el palo de José, que está en la mano de Efraín, y las tribus de Israel que están con él, y los juntaré con el palo de Judá. Haré de ellos un solo palo; formarán uno solo en mi mano”’.

En la representación, los palos estaban en la mano de Ezequiel. En la explicación, Jehová indicó que estarían unidos en su propia mano. Ese detalle dirige la atención al verdadero responsable de la reunificación. Desde una perspectiva humana, liberar a los judíos exiliados y volver a unirlos parecía totalmente imposible. Sin embargo, Jehová no estaba expresando un deseo. Estaba anunciando lo que él haría, y cumplió su palabra.

El cautiverio en Babilonia terminó en el año 537 antes de nuestra era. Tiempo después, judíos de ambos reinos llegaron a Jerusalén para ayudar a restaurar la adoración pura. Entre quienes se establecieron allí había descendientes de Judá, Benjamín, Efraín y Manasés. Por tanto, no se trató únicamente del regreso de un grupo aislado. Miembros de los dos antiguos reinos volvieron a encontrarse, esta vez para participar juntos en la adoración a Jehová.

Además, Jehová reunió a israelitas que estaban en diversas naciones, no solo en Babilonia. En la explicación de la profecía ya no los presentó como dos grupos separados, Judá y Efraín, sino como un solo pueblo, los hijos de Israel. La procedencia de cada uno no tenía por qué seguir siendo una barrera. Lo importante era que todos pertenecían a Jehová y podían colaborar en la restauración de la adoración pura.

Jehová también les proporcionó ayuda para mantenerse unidos. Les dio pastores espirituales, como Zorobabel, Josué, Esdras y Nehemías, y profetas que los animaron a obedecerlo. Además, los protegió frente a planes enemigos. No solo los reunió; les dio lo necesario para trabajar juntos. Esa manera de cuidar a su pueblo nos prepara para comprender la unidad que Jehová ha hecho posible en nuestros días.

La profecía también nos ayuda a entender la relación entre los ungidos y las otras ovejas. Antes de considerar cómo colaboran, escuchemos lo que Jesús dijo sobre sus ovejas y la unidad que existiría entre ellas. Leamos Juan 10:16.

Juan 10:16 — ”Y tengo otras ovejas, que no son de este redil; a esas también las tengo que traer, y ellas escucharán mi voz. Formarán un solo rebaño con un solo pastor.

Jesús no describió dos grupos que seguirían caminos independientes. Aunque habló de otras ovejas que no pertenecían al mismo redil, explicó que todas escucharían su voz y estarían bajo su cuidado. Esto apoya la idea central de la profecía: Jehová une a sus siervos. Los ungidos, que tienen la esperanza de vivir en el cielo, son como el palo que representaba a Judá, la tribu de la que se escogían los reyes.

Por su parte, quienes esperan vivir en la Tierra son como el palo de Efraín. Jehová ha unido a ambos grupos para que sirvan bajo su único Rey, Cristo Jesús. Sus distintas esperanzas no los convierten en comunidades separadas. Cada año asisten a la Conmemoración como miembros del mismo rebaño, bajo el cuidado del mismo Pastor. Comparten la adoración a Jehová y trabajan en unidad.

Esa unidad merece algo más que nuestra admiración. Merece nuestro cuidado. Por eso, preguntémonos: ¿Qué puedo hacer para que mi congregación esté más unida? Podemos empezar por algo tan cotidiano como nuestras conversaciones antes y después de las reuniones. Si siempre hablamos con las mismas personas, podríamos proponernos acercarnos también a alguien con quien tenemos menos trato. Escucharlo con interés puede ayudarnos a conocerlo mejor y a estrechar nuestra amistad.

También podemos fortalecer la unidad al predicar con hermanos de distintas edades o circunstancias. En vez de fijarnos solo en lo diferentes que somos, podemos valorar lo que compartimos: el deseo de servir a Jehová y seguir la dirección de Jesús. Y, si surge una diferencia de opinión sobre un asunto personal, podemos preguntarnos si realmente merece crear distancia. Cuidar la unidad implica no permitir que nuestras preferencias sean más importantes que nuestros hermanos.

Pensemos en una acción concreta que podamos realizar esta semana: acercarnos a un hermano, invitarlo a predicar o escucharlo con más atención. No tenemos que esperar a que otro dé el primer paso. Si Jehová ha hecho tanto para unir a su pueblo, cada uno de nosotros tiene buenas razones para contribuir a que esa unidad se note en la congregación.

Los dos palos transmiten una enseñanza sencilla y poderosa: Jehová puede unir a su pueblo y darle lo necesario para permanecer unido. Lo hizo con los israelitas y lo vemos hoy entre los ungidos y las otras ovejas. Valoremos esa unidad y cuidémosla con nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestra manera de tratar a cada hermano.

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