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Seamos Mejores Maestros para la semana del 19 al 25 de abril de 2027

Seamos Mejores Maestros para la semana del 19 al 25 de abril de 2027

Empecemos conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 4 min
Lección y punto: Lección 1 · Interés sincero · punto 3
Objetivo didáctico: Sea flexible. En vez de empezar conversaciones con lo que le interesa a usted, mejor empiece con lo que le interesa a la otra persona. Así que abra su mente, cambie el chip y pregúntese:
Marco de circunstancias: En la puerta de una vivienda, una persona que está separando libros para donar conversa por primera vez con una publicadora sobre su interés por las biografías
Texto bíblico asociado: Juan 4:6-9 — De hecho, allí estaba el pozo de Jacob. Y Jesús, que estaba cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos). Pero la samaritana le preguntó: “¿Cómo es que tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?”. (Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos).
Material oficial: DE CASA EN CASA. Ofrécele un curso bíblico de forma directa a alguien que muestra interés (lmd lección 1 punto 3).

Publicador/a: Buenos días. ¿Puedo hablar con usted un momento, o le viene mal ahora?

Persona: Un momento sí. Estaba separando estos libros para donarlos, pero ya casi termino. El problema es que empiezo a hojearlos y no avanzo.

Publicador/a: Es fácil entretenerse así. ¿Y hay alguno del que no quiera desprenderse?

Persona: Las biografías se quedan. Me interesa saber cómo eran las personas, no solo lo que consiguieron. Sobre todo, cómo trataban a los demás cuando tenían problemas.

Publicador/a: Claro, eso dice mucho de alguien. A mí me gusta fijarme en ese detalle cuando leo los relatos sobre Jesús: cómo reaccionaba ante personas que tenían costumbres distintas.

Persona: De Jesús conozco algunas cosas, pero nunca he leído esos relatos por mi cuenta. Aunque, sinceramente, cuando pienso en la Biblia, pienso más en normas que en personas.

Publicador/a: Entonces quizá le interese conocer esa parte. Quería ofrecerle un curso bíblico. Podemos leer un relato, comentarlo y ver qué aprende usted de él. Podríamos empezar por cómo trataba Jesús a los demás.

Persona: ¿Un curso? No sé si quiero meterme en eso. Me gusta leer y sacar mis conclusiones, pero no que me digan de antemano lo que tengo que pensar.

Publicador/a: Entiendo. No tendría sentido pedirle que repitiera una respuesta sin estar convencida. Puede decir lo que piensa y preguntar lo que no le encaje. Si quiere, vemos ahora un ejemplo y decide si le interesa.

Persona: Bueno, un ejemplo sí. Me interesa lo que dijo de las costumbres distintas. A veces basta con que alguien venga de otro sitio para que ya lo miren con desconfianza.

Publicador/a: Precisamente este relato presenta una situación así. Jesús se encuentra con una mujer junto a un pozo. Voy a leerle Juan 4:6-9; fíjese en cómo empieza a hablar con ella y en lo que a ella le sorprende.

Publicador/a: Juan 4:6-9 — De hecho, allí estaba el pozo de Jacob. Y Jesús, que estaba cansado del viaje, se sentó junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos). Pero la samaritana le preguntó: “¿Cómo es que tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?”. (Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos). Jesús empieza pidiéndole algo tan cotidiano como agua. Y la mujer se sorprende de que le hable siendo judío. ¿Qué impresión le da a usted ese comienzo?

Persona: Que no la evita. Aunque también estaba cansado y tenía sed. Pedir agua no me parece, por sí solo, algo extraordinario.

Publicador/a: Es verdad, tenía una necesidad real. Lo significativo es que no dejó que la separación entre judíos y samaritanos le impidiera dirigirse a ella. La reacción de la mujer muestra que no era lo habitual.

Persona: Sí, por eso ella se lo pregunta. Él no empieza discutiendo sobre sus diferencias. Eso me gusta más que entrar diciéndole a alguien que está equivocado.

Publicador/a: Y ese detalle nos da algo en lo que pensar. A veces, antes de conocer a una persona, ya la hemos clasificado. Empezar con una conversación sencilla puede ayudarnos a dejar de verla como una etiqueta.

Persona: Me pasó con una vecina. Pensaba que era muy seca porque apenas saludaba. Un día hablamos de unas plantas y resultó que le daba vergüenza hablar porque todavía estaba aprendiendo español.

Publicador/a: Al hablar con ella pudo entender lo que pasaba. Ese es el tipo de reflexión que podemos hacer al estudiar la Biblia: observar el relato con cuidado y pensar cómo llevar a la práctica lo que aprendemos.

Persona: Así sí me interesa probar. Pero preferiría seguir con este relato antes de pasar a otro tema. Quiero saber cómo continúa la conversación.

Publicador/a: Podemos continuar desde ahí. ¿Le parece que vuelva otro día y dedicamos unos minutos a leer lo que sigue?

Persona: El jueves por la tarde puedo. Probamos ese día, pero todavía no le prometo seguir con el curso.

Publicador/a: De acuerdo, después usted decide. ¿A las cinco le viene bien?

Publicador/a: Está bien. Y cuando sigamos leyendo, ¿hay alguna pregunta que le gustaría tener presente, además de saber cómo continúa la conversación?

Persona: Sí. Cuando leo biografías, a veces me pregunto si estoy entendiendo a la persona o atribuyéndole mis propias ideas. ¿Cómo podemos evitar eso al leer sobre Jesús?

Publicador/a: Podemos distinguir entre lo que cuenta el relato y lo que nosotros suponemos. Por ejemplo, aquí se menciona que Jesús estaba cansado, pero no que estuviera de mal humor. Conviene no añadir ese detalle. Si algo no queda claro, podemos dejar la pregunta pendiente y seguir leyendo.

Persona: Eso me parece razonable. Probemos así el jueves y luego veo si quiero continuar.

Persona: Sí, a las cinco. Para entonces espero haber terminado con estas cajas.

Empecemos conversaciones

Datos de la asignación

Asignación: Empecemos conversaciones
Duración: 3 min
Lección y punto: Lección 2 · Naturalidad · punto 5
Objetivo didáctico: Sea adaptable. Puede que la conversación tome un rumbo inesperado. En vez de usar la idea que usted tenía en mente, esté dispuesto a adaptar el mensaje a lo que le preocupa a la persona.
Marco de circunstancias: En la puerta de su vivienda, una mujer que espera una entrega de la farmacia conversa por primera vez con una publicadora y menciona su preocupación por la enfermedad de su esposo
Texto bíblico asociado: 1 Pedro 5:7 — mientras echan todas sus inquietudes sobre el, porque el se preocupa por ustedes.
Material oficial: DE CASA EN CASA. Enseña una verdad bíblica. Si quieres, puedes utilizar una de las que aparecen en el apéndice A del folleto Una obra de amor (lmd lección 2 punto 5).

Persona: Ah, perdone, creía que era la entrega de la farmacia. Me dijeron que vendrían esta mañana. Dígame.

Publicador/a: No se preocupe. Seré breve para que pueda seguir pendiente. Quería compartir una idea de la Biblia sobre el futuro, algo que puede darnos esperanza.

Persona: Pues yo ahora mismo no pienso mucho en el futuro. Mi marido está enfermo y bastante tengo con organizar las medicinas y las citas de esta semana.

Publicador/a: Siento que estén pasando por eso. Entonces, lo que necesita ahora es ayuda para afrontar el día a día, más que hablar de planes para el futuro.

Persona: Exactamente. Mi hermana me ayuda cuando puede. Ella me dice que rece, pero a veces estoy tan cansada que no sé ni qué decir.

Publicador/a: Qué bueno que pueda contar con su hermana. Sobre lo de rezar, hay una idea sencilla en la Biblia: Dios quiere que le contemos lo que nos preocupa. No tenemos que ocultarle cómo nos sentimos.

Persona: Yo antes rezaba más. Ahora empiezo y termino pensando en los resultados de las pruebas. Y luego me pregunto si sirve de algo, porque mi marido sigue igual.

Publicador/a: Cuando lo que una desea es que alguien querido mejore, cuesta pensar en otra cosa. No quisiera darle a entender que orar garantiza que él se cure ahora. ¿Puedo leerle unas palabras sobre por qué podemos acudir a Dios?

Persona: Sí, si es algo breve. Me interesa saber qué dice, aunque tengo mis dudas.

Publicador/a: Claro. Este pasaje relaciona la oración con el interés que Dios tiene en nosotros. Fíjese en lo que dice 1 Pedro 5:7.

Publicador/a: 1 Pedro 5:7 — mientras echan todas sus inquietudes sobre el, porque el se preocupa por ustedes. La razón que da es que le importamos. Así que esas preocupaciones por las pruebas que le vienen a la cabeza también pueden formar parte de lo que le cuente a Dios.

Persona: ¿Aunque termine diciendo todos los días lo mismo? Porque mis preocupaciones no cambian mucho. A veces solo pienso que estoy agotada y que tengo miedo.

Publicador/a: Puede hablarle de eso con sinceridad. Piense en su hermana: si vuelve a contarle algo que todavía le duele, no es porque no tenga nada nuevo que decir, sino porque sigue necesitando su apoyo. Este texto nos anima a confiarle a Dios nuestras inquietudes.

Persona: Con mi hermana sí me pasa. A veces no puede solucionar nada, pero puedo hablar sin tener que ordenar primero las ideas. Con Dios no lo había pensado así.

Publicador/a: No necesita preparar un discurso. Puede contarle qué le pesa y pedirle ayuda para sobrellevarlo. Eso no sustituye los cuidados de su marido; es acudir también a alguien que se interesa por los dos.

Persona: Voy a pensar en eso. Apúnteme dónde está, por favor. Ahora tengo que entrar; he dejado unas cosas a medias.

Persona: Pero me cuesta pedir ayuda para mí. El que está enfermo es él. A veces me siento egoísta por pensar que necesito descansar o tener un rato para mí.

Publicador/a: Entiendo. Pero el pasaje no limita las inquietudes que podemos contarle a Dios. Su cansancio también cuenta. Hablarle de lo que usted necesita no significa que quiera menos a su marido.

Persona: Por ejemplo, cuando mi hermana viene, podría aprovechar para descansar, pero me siento mal por dejarla a ella pendiente de todo.

Publicador/a: Puede contarle a Dios incluso ese sentimiento. No tiene que esconderlo. Aceptar ese rato de ayuda de su hermana también puede permitirle seguir cuidando de su marido.

Publicador/a: Claro, le anoto la referencia: Primera de Pedro, capítulo cinco, versículo siete. Así podrá buscarla con calma. La dejo seguir. Espero que llegue pronto la entrega.

Expliquemos nuestras creencias

Datos de la asignación

Asignación: Expliquemos nuestras creencias
Duración: 5 min
Marco de circunstancias: En el Salón del Reino, un hermano se dirige a la congregación y la invita a pensar en cómo atender las necesidades de los demás siguiendo el ejemplo de Jesús
Texto bíblico asociado: Juan 15:13 — Nadie tiene amor más grande que quien da su vida por sus amigos. / Mateo 20:28 — Eso fue lo que hizo el Hijo del Hombre. Él no vino para que le sirvieran, sino para servir a los demás y para dar su vida como rescate a cambio de muchas personas”. / Juan 13:34-35 — Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; que, así como yo los he amado, ustedes se amen unos a otros. De este modo todos sabrán que ustedes son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros”.
Material oficial: Discurso. ijwbv artículo 32. Título: ¿Qué significa Juan 15:13? (th lección 13).

Quizás nos haya pasado: alguien necesita hablar con nosotros justo cuando pensábamos descansar. Queremos escuchar, pero también estamos cansados. En momentos así, el amor deja de ser una idea bonita y se convierte en una decisión. El ejemplo de Jesús nos ayuda a tomarla con generosidad.

Cuando pensamos en el amor de Jesús, seguramente recordamos que entregó su vida por nosotros. Fue una muestra extraordinaria de amor. Pero entender por qué lo hizo también puede ayudarnos a decidir cómo usar nuestro tiempo, nuestras fuerzas y nuestra atención en favor de otras personas.

Situémonos en la última noche de su vida en la Tierra. Jesús estaba dando consejos a sus once apóstoles fieles. Le quedaban pocas horas antes de morir. Aun así, se concentró en preparar a sus amigos y enseñarles cómo debían tratarse unos a otros.

Les había mandado que se amaran siguiendo su propio ejemplo. No se refería simplemente a sentir simpatía o a llevarse bien cuando todo resultara fácil. Para comprender hasta dónde debía llegar ese amor, escuchemos las palabras de Jesús que encontramos en Juan 15:13.

Juan 15:13 — Nadie tiene amor más grande que quien da su vida por sus amigos.

Jesús estaba hablando de un amor tan fuerte que llevaría a alguien a entregar la vida por sus amigos. Sus discípulos debían estar dispuestos a amarse hasta ese grado. Era un amor sacrificado, sin egoísmo, que ponía el bienestar de los demás por encima del propio.

Jesús no les estaba pidiendo algo que él no practicara. Durante su ministerio había dedicado sus energías a enseñar sobre el Reino de Dios y a sanar enfermos. Las necesidades de la gente le importaban. Su manera de actuar demostraba que su amor no se limitaba a las palabras.

También estuvo dispuesto a realizar tareas humildes. Aquella misma noche les lavó los pies a sus discípulos. Aunque era su Maestro, no consideró que servirlos estuviera por debajo de su dignidad. El amor lo impulsó a hacer algo útil por ellos, sin buscar una posición de comodidad.

Aquí encontramos una aplicación muy práctica. En casa o en la congregación puede haber tareas necesarias que pasan desapercibidas. Podemos preguntarnos: ¿hay algo que yo pueda hacer para aliviar la carga de alguien? Imitar a Jesús incluye estar disponibles para ayudar, aunque lo que hagamos no reciba atención.

Por ejemplo, si un familiar está agotado, podríamos encargarnos de una tarea que normalmente realiza él. Si un hermano necesita expresarse, podríamos dedicarle un rato para escucharlo sin apresurarlo. Son maneras sencillas de poner sus necesidades por delante de nuestra comodidad, dentro de nuestras posibilidades.

Sin embargo, Juan 15:13 apuntaba a algo mucho mayor que esos actos cotidianos de servicio. Pocas horas después de pronunciar esas palabras, Jesús entregó su vida. Él mismo había explicado el propósito de su sacrificio. Fijémonos en cómo lo expresó en Mateo 20:28.

Mateo 20:28 — Eso fue lo que hizo el Hijo del Hombre. Él no vino para que le sirvieran, sino para servir a los demás y para dar su vida como rescate a cambio de muchas personas”.

Su muerte fue un rescate a cambio de muchas personas. Jesús no solo enseñó lo que era el amor sacrificado: lo demostró de la manera más grande. Al entregar su vida, probó que amaba a los demás más que a sí mismo. Meditar en ello fortalece nuestro agradecimiento.

Podríamos pensar que dar la vida por alguien es una situación muy alejada de nuestra experiencia diaria. Pero no tenemos que esperar a una circunstancia extrema para cultivar ese amor. Podemos aprender a ser generosos ahora, en las decisiones pequeñas que tomamos al relacionarnos con nuestros hermanos.

Esto no significa que todos podamos ayudar de la misma manera. Nuestras fuerzas y circunstancias son distintas. La cuestión es mirar a los demás con interés sincero y pensar qué podemos ofrecer. A veces será ayuda práctica; otras, tiempo para escuchar o unas palabras de ánimo.

Jesús ama a todas las personas, pero sentía un cariño especial por sus discípulos fieles. Habían obedecido sus instrucciones y permanecido a su lado durante las pruebas. Los consideraba amigos íntimos. Esa amistad nos recuerda el valor de acompañar a nuestros hermanos también cuando atraviesan dificultades.

Los cristianos del siglo primero tomaron muy en serio este ejemplo y estuvieron dispuestos a entregar la vida unos por otros. Ese amor no sería un detalle secundario de su adoración. Jesús explicó que permitiría reconocer a sus verdaderos discípulos. Leamos Juan 13:34, 35.

Juan 13:34-35 — Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; que, así como yo los he amado, ustedes se amen unos a otros. De este modo todos sabrán que ustedes son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros”.

El amor entre los discípulos debía ser visible. No bastaba con afirmar que seguían a Jesús; tenían que tratarse como él los había tratado. Cuando ayudamos con generosidad y nos interesamos sinceramente unos por otros, nuestras acciones muestran que deseamos aprender de nuestro Maestro.

Ese amor también nos mueve a compartir las buenas noticias del Reino. Jesús dedicó su ministerio a ese mensaje. Imitarlo incluye pensar en las necesidades de quienes nos escuchan, prestar atención a sus preocupaciones y explicarles con amabilidad cómo puede ayudarles lo que enseña la Biblia.

Así que Juan 15:13 nos enseña cuánto nos ama Jesús y qué clase de amor debemos cultivar. Pensemos en alguien a quien podamos ayudar esta semana y en una acción concreta a su favor. No esperemos una ocasión extraordinaria: empecemos por mostrar hoy un amor generoso y sacrificado.

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